lunes, julio 06, 2009
Cerca de San Antonio, Texas
- y yo – dice ella- quise una lámpara art decó.
Ahora tienes una lámpara y la alimentas con las luces tenues y melancólicas de los desvelos; imaginarte ajustar el bombillo en las madrugadas me agobia con una ternura imposible de expresar,
-hubiese querido que fuese mía,
-Piel de uso
La tibieza y esas cosas, las sábanas tan limpias, el color salmón y los dibujos kitch de parejas amándose, enmarcados por listones baratos - los espejos, tu boca laboriosa y los espejos -, un recuerdo de niñez y a cada instante el cucú suena en la biblioteca o vuela un ave entre las ramas del álamo.
De nuevo bailarás por las cornisas trastornada por el folk y te expondrás al disparo de los aficionados.
Espero el retorno de las yeguas, queriéndote tanto.
miércoles, julio 01, 2009
Poema de Elisa Yabrudy de Centeno
Peor que morir es la torturadel recuerdo cruel, desesperante
y es beber sollozando la amargura,
beberla y morir a cada instante
Si el amor, el verdadero no fenece,
si es divina su escencia indestructible
si con el correr de los años crece
¿Cómo el suyo murió? ¡ Cómo es posible !
sábado, junio 27, 2009
El jardín del Edén
miércoles, junio 24, 2009
domingo, junio 21, 2009
El padre de Neftalí
"Se hizo corsario del placer, sin amor y sin amistad..."Perplejo y en búsqueda de las posibilidades del lenguaje para expresar el sentimiento, el joven subió a la calesa y dio la orden al conductor a que se internase en el encinar, así ha debido comenzar el asunto, y derivar hacia la médula de la anécdota, pero hay cosas que deben decirse y no mostrarse; entonces acá los autores miméticos cargan de retórica sus historias, de giros fáciles y descarados arrebatos de remedo con el rótulo de originalidad; uno se harta de esos tipos, dijo Neftalí, son una ladilla, si fuesen solo gruñones y disconformes, una extraña deformación maldiciente, su necesidad imperiosa por descalificar siempre con un sentido de oportunidad sutil los convierte en pescados nauseabundo, les hiede la boca y las axilas; no todo el mundo sabe detractar adulando ni formar círculos íntimos, los torpes van barriga con barriga y con bañadores peninsulares, ya sabe usted Neftalí, espejados, una copia a contraluz uno del otro, abusan de la manera bolsiclona al vestir y ya pinchan las bolas con eso de la posmodernidad retro, el colorido mediocre y esas rabietas retóricas, usted sabe ¿Y Neftalí no se había muerto? ¿No se ahogó en una playa prohibida entre Anare y Los Caracas? Encontraron su cuerpo descoyuntado, abatido entre las rocas filosas donde revientan las olas, estaba pescando Neftalí y perdió el equilibrio usted sabe, era uno de esos hombres libres, herederos hasta de las desgracias, él se internaba en las playas pedregosas y trepaba formaciones extrañas de rocas horadadas sembradas en el mar abierto y desde uno de sus agudos cantos lanzaba el nailon con el anzuelo, como un pescador adolescente, estaba ebrio Nefatalí, había abandonado el hogar, dejó a su hermana, estaba disgustado, luego del parto de nuevo sola; él, la hermana y la criatura, dando vueltas y mirándose, no aguantaba esa mirada, la mirada de las víctimas, qué culpa tengo yo y luego un impulso incestuoso lo hacía exclamar, me voy de pesca, deberías ser algo más que la madre de sus hijos, habló como un marinero y tomó el rollo de nailon y un sombrero y más tarde se balanceaba en el canto de la roca; un pelícano pasó como un figurín de cartón entre las remotas nubes que se alzaban en el horizonte y él, apenas batió las alas un par de veces y lo hizo sentir en otro continente en medio de fiordos y cercano al frío glaciar de los mares del norte; las salpicaduras de agua espumosa cubrían su torso desnudo: Neftalí y el sol embriagados y lejos de una realidad insoportable; perplejo pensó en su padre, un hombre de mar, el señor de una marina, el dueño de tantos barcos deportivos y de las instalaciones y de los casinos, su muerte fue dulce, dicen los amigos, sus amigos ,también deben disfrutar del sexo con viejos travestis, murió en brazos de Cupido, un Cupido viejo Neftalí y te dejo esa fortuna vaga y un yerno, el hijo del viejo amante: arregló la boda de tu hermana, no sólo los árabes hacen eso, los católicos de buena estirpe arreglan las bodas de sus hijas con gallos capones, las nubes cubrieron al sol y el mar comenzaba a aquietarse para recibir a la tormenta, mareado sonrió y antes del fulgor trepidante de una serie de relámpagos, el canto de la roca fue barrido por una blanca ola y quedó desnudo y chorreante, buscaron al cuerpo día y noche ;es difícil rastrear en esa zona entre Anare y Los Caracas; no me hablen del día de ayer, ha sido un día terrible, siempre le estuve hablando a la gente y la gente no se daba por enterada y ahora tu Neftalí, ni te enteras y continúas esperando el inventario de las cosas que pasan , renuncio, el cuerpo apareció verde, desnudo y sin vida, batido entre unas rocas enormes, una de esas rocas de mar adentro buenas para la pesca, con las formas de animales de trompas o de ángeles porosos, e insistes coño: hay gente tan corrosiva, son mezquinos hasta para hablar de literatura.
lunes, junio 15, 2009
Primera experiencia Gotha
Amigos del grupo posada literaria Gotha, ayer concluimos la primera experiencia en Galipán, cerro El Ávila y retornamos motivados, en una tonalidad menos épica, con el mismo espíritu que sopló a los griegos al encarar al Mediterráneo en su retorno desde Persia; allí, en la cima del picacho de Galipán o en las terrazas azules, bermejas y verdes de la posada Naná Coco, se abrió El Caribe entre nubes cumulares y empedradas: siempre ha estado allí, como siempre ha estado el cerro y de tal modo hemos tenido a mano a los románticos alemanes, ingleses y franceses, pero de pronto la sutilidad de un pensamiento se hizo evidente y clara, sólo el viaje, sus desplazamientos plurales, la decantación del pensamiento que se mueve junto a nuestras migraciones nos dio, en cierto modo, la propiedad del ser; lo que en todo momento ha estado ES: aquel majestuoso océano mar nuestro, El Caribe, el cerro El Ávila; los románticos y sus desmesuras fueron con la propiedad del ser y desde los caminos, entre verbenas y orladas ramas de eucaliptos, sentimos el pulso apenas de la existencia paradójica, maravillosa y trágica de lo efímero trascendente; más allá del deleite, buscamos la concienciación del viaje: su significado ontológico; la consagración de la buena posada, de la mesa en tránsito y los cuentos de hostería junto a los compañeros de viaje, todos aquellos quienes embarcamos una mañana cualquiera frente al hotel Ávila con el buen ánimo de internarnos en la realidad y en su seno para entramar la nuestra, en cierto modo errante con un sentido leve de huella y paso. Vivir en las honduras de esas nubes ascendentes y mudables, como toda experiencia nómada, expandió el sentimiento y el pensamiento. Hoy lunes volvemos a nuestra cotidianidad con la certeza y la necesidad de la libertad, sobre todas las cosas, que nos regala el viaje.
Pronto nos embarcaremos de nuevo.
Se pueden ver fotos en la galería del grupo.
martes, junio 09, 2009
Una calle llamada Tania
miércoles, junio 03, 2009
Gotha

lunes, junio 01, 2009
Lulú

Nadie podría precisar cuando la gata emprendió sus rondas por los tejados y las platabandas de las casas de El Ramal.
Muchos decían que era la gata de la bruja.
La luna cuando está llena cruza sobre una línea de árboles, ficus, apamates y espigas urticantes, cerca de los baldíos, al borde del valle; y, al menguar o crecer declina un poco, al Este o hacia el Oeste; por allí hacía sus recorridos zigzagueante Lulú.
Tenía una cola sinuosa, parda y blanca, el cuerpo tierno y maleable, un ojo verde y otro azul. Su mirada era un susto hermoso, una bella acechanza.
Los grafiteros de la cuadra entre los telones de la marihuana se contaban una leyenda: la mujer gato.
Por lo lados del pequeño centro comercial, cuando la panadería baja sus santamarias, una mujer joven y esbelta se escurre por el largo pasillo hacia la baranda norte, desde donde observa titilar las luces de la ciudad dilatada en el valle.
- Es una joven señora
- He visto el anillo de boda brillar en su anular
- ¿Y? Es una joven señora caliente y desposada
Lorenzo, el más viejo de los grafiteros, la abordó en el novilunio. Encubrió en las sombras sus ademanes colmados de una cadencia voluptuosa, nadie sabe exactamente lo ocurrido, pero al día siguiente Lorenzo se recluyó en un obstinado ensimismamiento y no volvió a rayar paredes ni a salir detrás de los ventanales que dan al pequeño jardín de su casa. Malvino y José lo intentaron e igual se recluyeron de distintas maneras. Laura, la única trazadora de arañas del grupo, paseo la lengua por sus labios y manifestó estar intrigada por la seductora figura, la abordó en cuarto creciente, luego comenzó a salir con extraños hombres, jinetes de poderosas motos negras.
Cuando la luna cruzaba por segunda vez sobre la estela de copas ensombrecidas del baldío, Lulú brincó de una de sus ramas a una platabanda y de la platabanda a la acera donde nos reuníamos a fumar un poco de yerba y a jugar truco, había perdido la arrogancia, su cuello era una broma inexistente en un cuerpo rechoncho y su cola apenas oscilaba
- Mírale la tripa
- Está llena
Los grafiteros le lanzaron un trozo de pizza y ella se abalanzó a lamer el jamón y los peperones.
Juan Alberto, vaya nombre, estaba decidido a resolver el enigma de la dama de las galerías. Subió las escaleras apenas escuchó al panadero tirar de las santamarias, cruzó iluminado por el destello plomizo del plenilunio el largo corredor, dejaba pasear su mano por la barra de hierro negro y hacía sonar su dedo anular con el pulgar, como si estuviera convocando a una musa o a Lulú, la gata rechoncha.
De cara a la ciudad y de espalda al visitante, una figura recortada y extraña, se inclinaba sobre baranda, era la joven dama: transfigurada, sus ojos embutidos en el rostro cargado de carnes, una sonrisa de rata y largos brazos de barquillas o embudos, gordos desde los hombros a los codos, se extendieron hacia la nada entre ella y Juan Alberto, vaya nombre, quien por segundos sintió sus piernas flojas, fuertes retortijones, escalofríos y el fluir de un sudor helado y viscoso. Ella, conservaba sus rasgos básicos; pero, recortada por una extraña metamorfosis, retraía a esos marineros de buques fantasmas, de cinturas gruesas y piernas cortas. Sus dedos sarmentosos llamaron en la sombra a nuestro desafiante amigo, algo resplandecía en su anular derecho; lo sometía al rigor de un deseo equivoco.
Las nubes corrieron cercanas a las copas de los árboles y se ciñeron a la noche, negras y cargadas comenzaron a iluminar con la embestidas de sus relámpagos a todas aquellas calles de la colina, cubrieron la silueta del centro comercial, al valle donde se extendía la ciudad y más allá de sus cúmulos y rizos ennegrecidos, quedó la luna llena, sola en la bóveda grisácea de su reinado estelar.
Con los ojos cargados de fuego, las lenguas pastosas, torpes y las manos manchadas de pinturas, luego del primer trueno nos espantamos a la carrera, antes de la caída diluvial de la noche.
Al día siguiente la cola parda, inánime y blanca de Lulú, asomaba desde una bolsa negra en un basural de esquina
viernes, mayo 29, 2009
Habsburguesana
Lutecia respingó en busca de aire, parpadeaba e inquiría muecas sentada frente a una de las mesas de la terraza de una pastelería; ostentaba el rostro quisquilloso de la revancha; el primer hijo y la felicidad propagada hasta el énfasis por las campiñas de concreto y las vitrinas de los reductos por donde escapaba, proclamaban la dicha de su fuga con el amante y el segundo matrimonio. Decía Anna enfática: eso de “soy feliz y estoy completa” delata una vida pegada a las cuatro caras de un cubo mágico: reían; un día de estos la duquesita se encontrará con el Señor y saldrá a proclamar su palabra; risas y discretos golpes de codos. Lutecia no deseaba rebatirla. Lutecia estaba feliz, regocijada en la felicidad mínima y exultante de la vendetta. Le pasé las foto de la Habsburgo a ese de quien se ocultaba con rabia, le tomé fotos con el celular y las envié, lo imagino, es un hombre decoroso y se guarda de mostrar en público sus grimas o sus escrúpulos, avejentado habrá sentido crujir sus años, no pierde detalles; Como quien no quiere la cosa hice algunas ampliaciones, sus brazos parecían piernas, las manos fibrosas ¿Él recordará sus dedos? Lo sé todo, a pesar de simular sus cosas una entiende las mareas masculinas; sí, los recuerda con reverencia: me respondió un mensaje de texto, lo tomé como una rendición, los encuentros en sus Mensager fueron una entrega, a veces me mantengo oculta y siento sus flujos y reflujos y entonces paso el archivo, allí está ¿Cómo la verá? Mataría por saberlo. Anna se acomoda sobre la silla y apenas sorbe algo de manzanilla de su taza, la mañana estalla contra los espejos de las vitrinas y las escaleras eléctricas parecen distorsiones del paisaje. También sabe cosas, lo enterneció mucho medir la circunferencia y desentrañar la imagen de un tonel, mirar surgir de la luz revelada a una ratona obesa con la expresión chica y sus ojitos a reventar, los tobillos eran pomos crepitantes embutidos en las zapatillas apropiadas, pobres articulaciones, la amortajaba ese camisón de encajes de orlas grises , elegante, recordaba ciertos rasgo hermosos defendidos por el heroico maquillaje, no era nada sin maquillaje, desaparecieron de su rostro las expresiones más queridas, sus pómulos abotagados y el mentón romo dibujaban una fruta de agua magullada, tarde o temprano a los Habsburgo le aparece el rostro del jabalí y la sonrisa triste de los perdigueros; esa imagen fue la que más le impactó al fulanito, se la subí con el temblor de la refriega a su correo electrónico. Lutecia y Anna terminaban sus infusiones e intercambiaban folletos de ropa íntima, la bulla rasgaba la armonía de las primeras horas en el centro comercial y el día decantaba sus luces en el juego luminosos de las resolanas de verano. Casi se sale con la suya, pero junio fue imposible, ella está en casa contando esas marcas indelebles en su piel, suspiran ambas agarradas de manos, urdiendo una travesura para el véspero, de alguna manera se sentían vengadas, en otro momento Lutecia y Anna habían sido la corte de una soberana y ahora la reina camina sobre huevos por la calle de la amargura; les gustó la expresión y rieron de nuevo, acercaron sus mejillas para rozar un beso y llegaron a musitar,
-Incluso el acromegálico ha ganado centímetros de cintura: así son los Habsburgo, un detalle de realeza.


