Dos poemas Alejandro Salas
40
Cógeme con tu falda levantada, en la confusión de las ropas y de la carne
cógeme con tus nalgas obstinadas, netas
bandadas de pájaros suspendidas en un árbol de carne
y con tu boca cógeme y en cualquier sitio cógeme
agua de los gemidos, nazco, nulo
entre mucosas y derrumbes
41
Exta
sí
amela encárna
mela perfóra
mela úntame
la lámeme
la quiébra
mela
atás
camela pú
dremela está
llamela asóta
mela incúlcame
la rómpeme
la hasta que ce
da
amor
sábado, mayo 10, 2008
Erotia
martes, abril 29, 2008
Verano
Son diez mil pasos, eso dicen, diez mil trancadas al galope digo yo, es el vuelo a pecho con la cabeza tirada hacia adelante, al remate grita Dalila; una vuelta entre los sicomoros y las acacias, dos vueltas bajo los caobos y los apamates; las chicharras están que revientan, claman como profetas y mi cuerpo se empegosta envuelto por un turbión de polen; me agrede cada mañana, lo alivio devolviéndole las agresiones - es un toma y dame-; si me vas a joder encuentra obstáculos cabrón; un combate desleal; tiro diez mil zancadas más. La tabla periódica de química baja a chorros por mi piel , entonces los bronquios a punto de colapsar se expanden al máximo y me importa una mierda que la relojería se vuelva loca y haga cucú; la llovizna de luz entre el bosquecillo de las esculturas es amarilla y purpura; los culitos húmedos de las maratonistas que se preparan para ir a Nueva York despiden un aroma a vainilla y a corteza de cardón; el mareo y el goce, a pesar de la sal que expelen las corredoras, es más de montaña que de mar, de lugar basáltico y paramero, sin oxígeno y lleno de presagios; enredadas entre sí sobre la tierra seca por el verano se abrazan o estrangulan las raíces de los árboles más viejos y así mi fatiga se desprende a campo traviesa, un paso más y despierto.
sábado, abril 26, 2008
Calor
Y le dijo,
-Faltan dos horas
- Lo sé y ya no me asfixio
Y le dijo,
-Es cosa de darse cuenta, uno se pasa la vida buscando al agresor afuera, es cosa de darse cuenta
- Lo he superado
Y le pregunta,
-¿Qué, el miedo?
- No, siempre tengo miedo, de un tiempo a esta parte siento pánico ¿Sabes de lo que se trata?
Y le contesta
-Es un absurdo
- Se dispara
- Como un fogonazo en algún lugar. Me dice Ana que ella lo siente en la piel, luego el mundo se le viene encima. La muerte, la locura. Tú sabes
- Yo siento una daga. La daga es un cuchillo de doble filo, lo sabes, Una daga fría me hiere, a veces caliente, es lo mismo, entra desde la parte posterior, atrás, abajo, donde finaliza el cuello, entra con precisión y sube hasta el centro; entonces sé que me voy a morir
Y afirma,
-Y no te mueres
- Algún día lo haré. Uno no se muere, a uno lo matan.
Y pregunta,
-¿Cómo es eso?
- Si no te mata otro, te mata tu cuerpo
Y dice,
-Es el enemigo,
Se encoge de hombros y pregunta,
-¿Quieres tomar algo? ¿Tequila?
Y dice,
-Dame algo seco
-Sólo tengo Tafil y unas líneas de coca
Y dice,
-¿No tienes una pastilla de regaliz?
- Por allí en la guantera debe quedar una, busca en el altar
Y pregunta,
¿Sigues adorando a estas figuras que armas en todas partes?
-Absolutamente
Y pregunta.
-¿Te hace bien?
- Ese no es el propósito, es otro. Me hace mal, algunas veces es intolerable resolver las contradicciones.
Y pregunta,
-¿Has adorado a alguien?
- Ya no
Y dice,
-la adoración es como el cuerpo
-¿Tu dices?
- Sí. Me gusta el sabor del regaliz
- ¿Has subido alto por la cresta de Cachimbo?
Y contesta
Hasta el final,
-Entonces puedes arriesgarte a todo
Y pregunta,
-¿No has sentido pánico cuando estás arriba?
- Claro, siempre que me siento en las piedras de cara al mar, algo, una sombra de nubes o de sol me llena de pánico, me tomo el pulso y me dejo caer de espaldas, como si me muriera allá arriba. Es lo mejor
Y afirma,
-Es como estar sobre un altar
- ¿Tu dices?
- Una vez tuve un accidente y me tendí sobre una de las piedras, llovía con truenos y relámpagos. Era como estar en un altar – Y pregunta – ¿Te has visto fuera del cuerpo?
- Cuándo hago el amor y soplo la pequeña aleta de tiburón
Y exclama,
-¡Qué imagen tan rara! – y pregunta -¿Siempre?
- No siempre, me acabo de recordar de algo
Y pregunta,
-¿De qué?
De un velero
Y dice.
-Es una figura fálica
Para nada, dije velero, piensa lento y acertarás siempre
-Ah no. Tus respuestas son rápidas –afirma-
-Pero mis procesos lentos
Y pregunta,
-¿Listo?
- Casi
Y dice
-Hoy habrá mucha humedad y mis ojos me pesan cuando hay humedad – pregunta – ¿Superaste el asunto?
- Siempre, no es nadie
Pregunta,
-¿No sientes remordimiento?
-imposible
Y pregunta
-¿Y ahora?
-Ya casi, falta calzar el peine
Y dice,
- Está por llegar
- Sólo calzar el peine
- ¿Le pusiste las trece balas?
- No
Y pregunta,
-¿Tienes idea del juego?
- ¿Acabar con la eternidad? Si no lo hacemos nosotros lo hará su cuerpo
Y dice,
No comprendo esta vaina.
Recoge las diminutas figuras del altar improvisado, las pone en un bolsillo de su saco y abre con violencia la puerta del auto
-Yo tampoco
jueves, abril 10, 2008
Guatajel y los orgasmos multiples en Facebook
En ellas no caben sus deseos urgentes por la depilación, pero sí cuánto ama u odia por ejemplo, comer burritos y hacer el amor en una hamaca sin mosquitero; formula ambos términos, amor-odio, a la usanza del común, celebra o deplora el silencio de las guacharacas o las desgracias indecibles pero trascendentes e íntimas del día a día; ha vencido la incomunicación y la soledad y al resolver cada test cree acercarse a una verdad aún no revelada. Disfruta caminar por esa vitrina y tongonear sus máscaras como si las llevara en el culo; está en contra de todo y a favor de todo y hasta celebra el encuentro con sus más alocadas pasiones amorosas. El mundo se entera de sus osadías y nada es mejor para la visibilidad que el diálogo de sordos en las comunicaciones supersónicas. Pasa el día en un sobresalto creativo ¿cómo actualizar las oraciones del What are you doing right now ? Un maestro del arte de las frases de exposición le dijo en un furtivo mensaje electrónico: déjate llevar por los impulsos, es como si te vieras en un espejo, remarca las distorsiones favorables, se supone que todo tus amigos se mueren por saber si lograste al fin conocer La Cueva del Guácharo o cuánto detestas a Chávez; incluso, hasta dónde eres capaz de llevar tus irreverencias en idiomas como si te hubiese bajado el espíritu santo.
martes, abril 08, 2008
Gracián y Prosperina
Gracián tenía dos plumas para escribir, una la mojaba en tinta azul, la dejaba correr sobre el papel amarillento y escabroso de pergamino donde anotaba sus ideas menos concluyentes; no alcanzaba a escribir un pliego, le disgustaba volver sobre el tintero; entonces, su pensamiento desfilaba al vuelo del elegante estilete negro, picado con destreza en sus partes blancas y señalado por indicios ambiguos sólo para dibujar verdades a medias. Mi trabajo es hermético, le dijo a Prosperina, el tiempo del arte no es el tiempo de los hombres, tampoco el de Dios respondió ella y le regaló una pluma Waterman dorada, precisa, de ajustado trazo y él alcanzaba a llenar con nervioso pulso una libreta verde de veinte páginas, para la posteridad, sonreía al pensarlo, no somos nada y nada nos contiene, cuán vanidosas peonzas, querida, miseria irrelevante, estas son las cosas que guardamos para escribirla en una línea difícil y sutil. Ella le dijo una tarde húmeda de invierno tropical, Gracián te quiero un poco más que a mi gato, toda una reina, sabía besar desprevenidamente; recordaron así un pasaje de Ricardo III, eran intensos, descuidados, frívolos pero intensos: la reina cautiva a veces, abeja reina sólo con los amantes. Qué forma de reír y consumirse en el orgullo de sus contiendas malcriadas, estamos hechos el uno para el otro: concederlo sería una derrota, la tuya o la mía. Gracián se ocultaba en sus despacho, el lugar donde guardaba con celo una Bereta 9 mm de trece tiros y su computador portátil, a veces entre un capitulo y otro de la novela que escribe abría un compartimiento de su pequeño escritorio y acariciaba la pistola, era una caricia voluptuosa que le recuerda, cada día lo hace una vez más, un determinado episodio del Decamerón, el señor mira inflamado de orgullo a su halcón dar vueltas en el cielo azul del mediodía italiano, Gracián vuelve la cara hacia la ventana y ve parte del cerro que lo sobrecoge, le hace pensar en un paisaje común a algunos países que extraña, en esos momentos decide doblegarse, qué importancia tiene hincar las rodillas sobre los abalorios de Prosperina, concederle todas las victorias en un mundo sin triunfos duraderos, el verdadero amor, es este, la abraza y recorre con la lengua sus pezones, lame sus muslos, sopla y sopla hasta derrumbar todas las fortalezas, lo pone al vuelo en el pergamino porque desea esconderlo del entendimiento profano, todo lo que conocemos se ha construido con traiciones Prosperina, la lealtad es contraria a la naturaleza humana, esas son frases tramposas, vuelve al pasaje del Decamerón, piensa en los Colonnas y en los Orsinis, Prosperina, Properina qué voy a hacer contigo, que vas a hacer conmigo: lealtad entre desleales a las sombras de los cipreses, la de Lucrecia y Cesare: el príncipe plagió las cartas a una dama de Florencia y se hizo pasar por ella, dicen, causó gran amargura a su hermana y le redituó celos y pasión, muy enfermo, muy torcido; darle la vuelta a un año, a dos años y sentir exactamente igual rehace la esperanza en el sinsentido; a Gracian le gustan las armas, las plumas y los animales de cetrería, a Prosperina ¿Qué le gusta a Prosperina?
sábado, abril 05, 2008
La tradición insolente
El País/ babelia
La literatura latinoamericana más radical ocupa una posición cada vez más hegemónica en el mercado. ¿Se puede ser excéntrico y central a la vez?, se pregunta Damián Tabarovsky. Apelando a una amplia nómina de transgresores, el narrador argentino rebate el Decálogo de Vicente Verdú sobre la novela contemporánea.
Hace unos días pasó por Buenos Aires Vargas Llosa. El jefe de Gobierno le otorgó el diploma de huésped de honor, junto con una medalla recordatoria con el escudo de la ciudad. ¿Qué interés puede tener un escritor en ser recibido por el alcalde? ¿Es allí, en el apretón de manos oficial, que el escritor consuma su legitimidad? (el otro punto de consagración es novela llevada al cine. Como si la literatura necesitara de un reconocimiento externo a ella misma -el estado o el mercado- para alcanzar su propia legitimidad). A mediados de los ochenta, Cortázar pasó también por Buenos Aires, proveniente de su residencia parisina. En esa época, la de los primeros años de la democracia, el escritor oficial era Ernesto Sábato y el presidente Alfonsín sólo tenía ojos para el autor del Informe sobre ciegos. Cortázar buscó infructuosamente ser recibido por Alfonsín, y al poco tiempo murió amargado por tamaña desilusión.
Volviendo a Vargas Llosa (¿pero habíamos dejado de hablar de él?) recuerdo una entrevista de televisión realizada hace cierto tiempo. Vargas Llosa establecía una especie de división internacional del trabajo intelectual. Según decía, a Europa le toca La Razón, la filosofía racionalista; y a América Latina, la literatura entendida en su faceta realista y mágica. En un sólo movimiento dejaba de lado las tradiciones más críticas y agudas de ambas orillas del océano: la filosofía europea que pone en cuestión la razón instrumental (de Wittgenstein a Adorno) y la literatura latinoamericana que sospecha del pintoresquismo, el realismo ramplón, y la hibridación cultural.
Ese olvido también parece imperar en Reglas para la supervivencia de la novela, el decálogo que Vicente Verdú publicó en este mismo suplemento en noviembre del año pasado. El corazón del artículo no está centrado en la literatura latinoamericana, sino -según me cuentan- sería una intervención en cuestiones internas de la literatura española. En verdad, coincido con algún punto del texto, como cuando señala que "la intriga debe considerarse un recurso estereotipado". Tiene razón: nunca la clave de una novela pasa por su argumento, eso es apenas un detalle. Pero me distancia cierta fascinación por la novedad proveniente de la tecnología. Si desconfiamos del Estado y del mercado como fuentes de legitimación para la literatura, ¿por qué suponer que internet, el blog o el MP4 son buenos consejeros? La fascinación por la tecnología es tan vieja como la tecnología misma, y no resulta muy alentadora para llevar a cabo un pensamiento crítico. En el capitalismo contemporáneo la tecnología nace siempre vieja, siempre hay otro modelo ya listo para reemplazar al anterior. A la literatura debemos demandarle otra relación con la temporalidad.
Pero lo que realmente me asombra es el comienzo del manifiesto de Verdú. Entre fastidiado y decepcionado, señala que los últimos cinco premios Herralde de novela han recaído sin cesar sobre escritores latinoamericanos. Como el cigarrillo a un condenado, un premio literario no se le niega a nadie (más allá de que yo no me presento a premios literarios, la idea de que haya ganadores y perdedores ya me desagrada. Y además estoy intentando dejar de fumar). Para avanzar en sus argumentos, en un tono irónico más bien fallido, Verdú escribe: "La novela que todavía se premia responde al molde tradicional y este producto no se cultiva con la debida dignidad sino en la periferia del sistema (...) La novela con argumento son productos que caducaron en territorios de la Metrópoli mucho antes de iniciarse el siglo XXI". Es curioso, pero Verdú parece no haber registrado una obviedad del mercado español. Las editoriales españolas vienen publicando con fruición, desde hace más de una década, a autores que encarnan una tradición absolutamente opuesta a la que describe Verdú: de Bolaño a Fogwill, de Aira a Bellatin, de Villoro a Levrero, cada uno con sus diferencias bien marcadas, son sin embargo autores que se salen de la linealidad narrativa, de la idea de que la novela tiene que tener una trama ascendente, personajes bien construidos, comienzos atrapantes y desenlaces inesperados. Al contrario, sus textos son raros, transgresores, eruditos, sofisticados, casi vanguardistas. Y detrás de ellos, en España se está publicando otra generación de escritores latinoamericanos más jóvenes como Carlos Labbé, Martín Kohan, Antonio José Ponte, Israel Centeno, Guadalupe Nettel u Horacio Castellanos Moya, que van en la misma dirección. Precisamente lo más interesante (y a la vez preocupante) es que el mercado español le ha dado gran lugar, quizás como nunca antes, a la más insolente tradición literaria latinoamericana: la que hace de la excentricidad su pasatiempo favorito, del desdén por los lugares comunes su carta de presentación, del malestar frente al estado de las cosas su tema de conversación y de la ruptura con las formas establecidas su tarea cotidiana. *
Si algo debería preocuparnos a los escritores latinoamericanos no es escribir bajo "el molde tradicional", como supone Verdú, porque eso sólo ocurre con los ganadores del Premio Planeta y con algún que otro escritor de taller literario, sino el hecho de que esa otra literatura, la más radical, la más desafiante, ocupe una posición cada vez más central en el mercado. ¿Se puede ser excéntrico y central a la vez? Supongo que esta pregunta debe ser demasiado compleja para Verdú, más allá de que él use términos parecidos, como "periferia del sistema" y "Metrópoli" (así, con mayúscula). En fin, todo esto me recuerda una frase de Héctor Libertella. Libertella, muerto hace un par de años, fue el más vanguardista, culto, libre, talentoso y genial escritor argentino contemporáneo (¡Todavía no publicado en España!). Decía Libertella: "Si Argentina es un país periférico en el mundo, su escritor más periférico será entonces centralmente argentino. A mí me ha costado mucho sostener esta paradoja... ¡Cuanto más marginal, más central!". -
Damián Tabarovsky nació en Buenos Aires en 1967. Sus últimas novelas publicadas son La expectativa y Autobiografía médica, ambas en la editorial Caballo de Troya.
martes, abril 01, 2008
XCI - And having thee, of all men's pride I boast
Some glory in their birth, some in their skill,
Some in their wealth, some in their body's force,
Some in their garments though new-fangled ill;
Some in their hawks and hounds, some in their horse;
And every humour hath his adjunct pleasure,
Wherein it finds a joy above the rest:
But these particulars are not my measure,
All these I better in one general best.
Thy love is better than high birth to me,
Richer than wealth, prouder than garments' costs,
Of more delight than hawks and horses be;
And having thee, of all men's pride I boast:
Wretched in this alone, that thou mayst take
All this away, and me most wretchcd make.
William Shakespeare
