miércoles, diciembre 09, 2009

Horroris vacui

Repican las campanas. No hay quietud. Se intenta el sosiego mínimo para la conformidad necesaria, no saltar, no tomar entre las manos nada, a no ser para protegerlo. La comodidad entre los tuyos y en el paisaje, es extraña y la certeza de la incidencia en la realidad imperceptible, para no decir inválida; entonces comienza el pensamiento a ser un eco, se reitera la palabra, vete.
Sal de aquí .

No protege lo gregario, la pertenencia es un insulto, humilla. Exige demasiado.
Vete.
Nadie dirá nada. El dolor es tuyo, no es de nadie más.
Y la vida, todos los días, el resto. Un poco, también, al menos cree en eso, es algo tuya.

Las nuevas drogas son de diseños y todos participamos en sus bacanales, una dosis cada segundo, un prensón digital. La dosis en un touch, un touch y estamos integrados, el asunto es estar en algo, esa siempre ha sido la vaina de una y de otra generación, estar en algo junto a otros muchos; y ahora movemos bites, damos palmadas sobre nuestras arterias y nos pinchamos con bites, más interesante porque no es posible mover montañas. Tiempos hubo, las otras percepciones, la búsqueda del mar de China, La seda tendida en el desierto mongol, el fuego o un cierto orden en el universo. La cosas en serio, morirse a los treinta o morirse sabio y desencantado en una ermita. Cortarse las venas dentro de una tina de agua caliente de puro desencanto se han quedado en los signos de las páginas: viene esa voz y dice, es hora de abandonar un poco. De buscar perspectiva.

Cuando se hable de la droga de esta última década, dentro de poco, nadie estará limpio, y probablemente a todos nos llegue tarde la buena intención de rehabilitarnos.

Amor, es inútil todo, son las razones del desatino, los desencuentros. Échale la culpa a los astros o a la condición civil - casado, soltero, divorciado, maricón, disfuncional, promiscuo, errático, adicto, transgenérico, carente de ideas, comprometido- ; a la funcionalidad y al rollo de los roles, búscate a un Dios o hurga mis lacras y échanos la culpa porque ha debido ser entonces cuando pretendíamos morir, amor, de amor. Amor. Luego, podemos sumar cobardías, trampas y cuentos villanos.

Se afirma la existencia una pluralidad de universo, algo imposible de procesar por la mente humana, nació de una realidad cuántica. No es un mundo paralelo, son múltiples universos y hay una frontera, un portal, el límite de Bekenstein, un lugar tope desde el cual nadie puede asomarse. En este mundo cuentan los políticos y los sociólogos, tres o cuatro mundos, y en Caracas hay cientos de Guetos, en la realidad humana cada quien pone la frontera, nadie sabe quien pone las fronteras entre los universos. En consecuencia, esas fronteras, las humanas siempre son deleznables.

Y tu amor, sigues con ese juego. No se trata de madurar ni de otra cosa; si vives lo sufieciente, verás tus saldos, tantos en rojos, tan pocos en azul y algunos no reflejados, el olvido, el olvido: estrías, celulitis arrugas. Naranja china, limón francés.

Te amé, te amé, su supieras hasta qué punto el ridiculo y la exaltación aparecía el límite, en El límite de Bekenstein y te hubiera dicho todas esas tonterías, absolutamente todas sin ruborisarme, dos, tres muchos años en El límite de Bekenstein.


Es bestial el asunto, hombres alfas, abejas reinas -y pescados ( tu has tenido tus pescaditos)-. Estamos en algo, de nuevo, aplauden a la envidia como una herramienta para la superación personal sin estar muy claros si existe una envidia buena y una envidia mala o si existen matices, nadie sabe cuál es la frontera porque morimos sin ser infinitos. Nadie debe estar claro, no existe la claridad, la claridad enloquece. Esa es la prédica.



El país debe estar muy disgustado conmigo. Yo estoy muy, muy disgustado con el país. El sentimiento es reciproco e intenso. Y por eso,

capum.

martes, diciembre 01, 2009

Dos capítulos de Vida y Destino - Un retrato del totalitarismo-



(50)


Antes del sacrificio del ganado infectado deben adoptarse varias medidas preventivas: el transporte, la concentración de puntos adecuados, la instrucción de personal cualificado, la excavación de fosas y zanjas.
La población que colabora con las autoridades para llevar el ganado infectado a los mataderos o para capturar los animales dispersos no lo hace por un odio cerval hacia los terneros y las vacas, sino por instinto de conservación.
Asimismo, en los casos de exterminios masivos de personas, la población local no profesa un odio sanguinario contra las mujeres, los ancianos y los niños que van a ser aniquilados. Por ese motivo, la campaña para el exterminio masivo de personas exige una preparación especial. En este caso no basta tan sólo con el instinto de conservación: es necesario incitar en la población el odio y la repugnancia.
Fue precisamente en una atmósfera de odio y repulsión como se preparó y llevó a cabo la aniquilación de los judíos ucranianos y bielorrusos. En su momento, en aquella misma tierra, después de haber movilizado y atizado la ira de las masas, Stalin abanderó la campaña para la aniquilación de los kulaks como clase, la campaña para la destrucción de los degenerados y saboteadores trotskistas-bujarinistas.
La experiencia había mostrado que la mayor parte de la población, tras ser expuesta a empresas similares, está dispuesta a obedecer hipnóticamente todas las indicaciones de las autoridades. Luego hay una minoría particular que ayuda activamente a crear la atmósfera de la campaña: fanáticos ideológicos, sanguinarios que disfrutan y se alegran ante las desgracias ajenas, gente que actúa en beneficio propio en la rapiña de objetos, apartamentos y la ocupación de eventuales puestos vacantes. A la mayoría, sin embargo, la horrorizan las ejecuciones masivas, y esconden su propio estado de ánimo no solo a sus más allegados, sino a sí mismos. Estas personas llenan salas donde se celebran reuniones dedicadas a las campañas de exterminio pero, por frecuentes que sean las reuniones y grandes las dimensiones de las salas, no existe casi ningún caso en que alguien haya infringido la tácita unanimidad del voto. Y, naturalmente, todavía es más extraordinario que un hombre, ante un perro que acaso tenga la rabia, no aparte la mirada de sus ojos suplicantes, sino que lo acoja en la casa donde vive junto a su mujer e hijos. Sin embargo también hubo casos así.
La primera mitad del siglo XX será recordada como una época de grandes descubrimientos científicos, revoluciones, grandiosas transformaciones sociales y dos guerras mundiales.
Pero la primera mitad del siglo XX entrará en la historia de la humanidad como la época del exterminio total de enormes extractos de población judía, un exterminio basado en teorías sociales o raciales. Hoy en día se guarda silencio sobre ello con una discreción comprensible.
En ese tiempo, una de las particularidades más sorprendentes de la naturaleza humana que se reveló fue la sumisión. Hubo episodios en que se formaron enormes colas en las inmediaciones del lugar de la ejecución y eran las propias víctimas las que regulaban el movimiento de las colas. Se dieron casos en que algunas madres previsoras, sabiendo que habría que hacer cola desde la mañana hasta bien entrada la noche en espera de la ejecución, que tendrían un día largo y caluroso por delante, se llevaban botellas de agua y pan para sus hijos. Millones de inocentes, presintiendo un arresto inminente, preparaban con antelación fardos con ropa blanca, toallas, y se despedían de sus más allegados. Millones de seres humanos vivieron en campos gigantescos, no sólo construidos sino también custodiados por ellos mismos.
Y no ya decenas de miles, ni siquiera decenas de millones, sino masas ingentes de hombres fueron testigos sumisos: cuando era preciso votaban a favor de la aniquilación en medio de un barullo de voces aprobador. Había algo insólito en aquella extrema sumisión.
Por supuesto, hubo resistencia, hubo valentía y tenacidad por parte de los condenados, alzamientos, incluso sacrificios llegado el caso cuando, para salvar a un hombre desconocido y lejano, otros hombres arriesgaban su propia vida la de su familia. Pero la sumisión de las masas es un hecho irrebatible.
¿Qué hemos aprendido? ¿Se trata de un nuevo rasgo que brotó de repente en la naturaleza humana? No, esta sumisión nos habla de una nueva fuerza terrible que triunfó sobre los hombres. La extrema violencia de los sistemas totalitarios demostró ser capaz de paralizar el espíritu humano en continentes enteros.
Una vez puesta al servicio del fascismo, el alma del hombre declara que la esclavitud, ese mal absoluto portador de muerte, es el único bien verdadero. Sin renegar de los sentimientos humanos, el alma traidora proclama que los crímenes cometidos por el fascismo son la más alta forma de humanitarismo, y está conforme en dividir a los hombres en puros y dignos e impuros e indignos. La voluntad de sobrevivir a cualquier precio se expresa en el oportunismo del instinto y la conciencia.
En ayuda del instinto acude la fuerza hipnótica de las grandes ideas. Apelan a que se produzca cualquier víctima, a que se acepte cualquier medio en aras del logro de objetivos supremos: la futura grandeza de la patria, la felicidad de la humanidad, la nación o una clase, el progreso mundial.
Y al lado del instinto de supervivencia, al lado de la fuerza hipnótica de las grandes ideas, trabaja también una tercera fuerza: el terror ante la violencia ilimitada de un Estado poderoso que utiliza el asesinato como medio cotidiano para gobernar.
La violencia del Estado totalitario es tan grande que deja de ser un medio para convertirse en un objeto de culto místico, de exaltación religiosa.
¿Cómo sino cabe explicar las posiciones de algunos pensadores e intelectuales judíos que juzgaron necesario el asesinato de los judíos para la felicidad de la humanidad, que afirmaron que, a sabiendas de eso, los judíos estaban dispuestos a conducir a sus propios hijos al matadero para la felicidad de la patria, dispuestos a realizar el sacrificio que en un tiempo había realizado Abraham?
¿Cómo sino cabe explicar que un poeta, campesino de nacimiento, dotado de razón y talento, escribiera con sentimiento genuino un poema que exalta los años terribles de sufrimientos padecidos por los campesinos, años que han engullido a su propio padre, un trabajador honrado y sencillo?
Uno de los medios de los que se sirve el fascismo para actuar sobre el hombre es la total, o casi total, ceguera. El hombre no cree que vaya al encuentro de su propia aniquilación. Es sorprendente que aquellos que se encontraban al borde de la tumba fueran tan optimistas. Sobre la base de la esperanza –una esperanza absurda, a veces deshonesta, a veces infame- surgió la sumisión, que a menudo era igual de miserable y ruin.
La insurrección de Varsovia, la insurrección de Treblinka, la insurrección de Sobibor, las pequeñas revueltas y levantamientos de los Brenner nacieron de la desesperación más absoluta. Pero, naturalmente, la desesperación total y lúcida no generó sólo levantamientos y resistencia: engendró también el deseo –extraño en un hombre normal- de ser ejecutado lo más pronto posible.
La gente discutía por el puesto en la cola hacia la fosa sangrienta, mientras en el aire resonaba una voz excitada, demente, casi exultante:
- Judíos, no tengáis miedo. No es nada terrible. Cinco minutos y todo habrá terminado.

Todo. Todo engendraba sumisión, tanto la esperanza como la desesperación. Sin embargo, los hombres, aunque sometidos a la misma suerte, no tienen el mismo carácter.
Es necesario reflexionar sobre qué debió de soportar y experimentar un hombre para llegar a considerar la muerte inminente como una alegría. Son muchas las personas que deberían reflexionar, y sobre todo las que tienen tendencia a aleccionar sobre cómo debería de haberse luchado en unas condiciones de las que, por suerte, esos frívolos profesores no tienen ni la menor idea.
Una vez establecida la disposición del hombre a someterse ante una violencia ilimitada, cabe extraer la última conclusión, de gran relevancia para entender la humanidad y su futuro.
¿Sufre la naturaleza del hombre una mutación dentro del caldero de la violencia totalitaria? ¿Pierde el hombre su deseo inherente a ser libre? En esta respuesta se encierra el destino de la humanidad y el destino del Estado totalitario. La transformación de la naturaleza misma del hombre presagia el triunfo universal y eterno de la dictadura del Estado; la inmutabilidad de la tendencia del hombre a la libertad es la condena del Estado totalitario.
He aquí que las grandes insurrecciones en el gueto de Varsovia, en Treblinka y Sobibor, el gran movimiento partisano que inflamó decenas de países subyugados por Hitler, las insurrecciones post-estalinianas en Berlín en 1953 o en Hungría en 1956, los levantamientos que estallaron en los campos de Siberia y Extremo Oriente tras la muerte de Stalin, los disturbios en Polonia, los movimientos estudiantiles de protesta contra la represión del derecho de opinión que se extendió por muchas ciudades, las huelgas en numerosas fábricas, todo ello demostró que el instinto de libertad en el hombre es invencible. Había sido reprimido, pero existía. El hombre condenado a la esclavitud se convierte en esclavo por destino, pero no por naturaleza.
La aspiración innata del hombre a la libertad es invencible; puede ser aplastada pero no aniquilada. El totalitarismo no puede renunciar a la violencia. Si lo hiciera, perecería. La eterna, ininterrumpida violencia, directa o enmascarada, es la base del totalitarismo. El hombre no renuncia a la libertad por propia voluntad. En esta conclusión se halla la luz de nuestros tiempos, la luz del futuro.

(51)

Una máquina eléctrica puede efectuar cálculos matemáticos, memorizar acontecimientos históricos, jugar al ajedrez, traducir libros de una lengua a otra. Supera al hombre en su capacidad de solucionar con mayor rapidez problemas matemáticos; su memoria es impecable.
¿Existe un límite al progreso que crea máquinas a imagen y semejanza del hombre? Evidentemente la respuesta es no.
Se puede imaginar la máquina de los siglos y milenios futuros. Escuchará música, sabrá apreciar la pintura, ella misma pintará cuadros, compondrá melodías, escribirá versos.
¿Hay un límite a su perfeccionamiento? ¿Podrá ser comparada a un hombre? ¿Lo sobrepasará?
La reproducción del hombre por parte de la máquina necesitará cada vez más electrónica, volumen y superficie.
El recuerdo de la infancia, las lágrimas de felicidad, la amargura de la separación, el amor a la libertad, la compasión hacia un perrito enfermo, la aprensión, la ternura maternal, la reflexión sobre la muerte, la tristeza, la amistad, la esperanza repentina, la suposición feliz, la melancolía, la alegría inmotivada, la turbación inesperada…
¡Todo, la máquina lo reproducirá todo! Sin embargo, sobre la Tierra no habrá lugar suficiente para colocar la máquina, esa máquina cuyas dimensiones siempre continuarán creciendo en medida y peso como si intentara recrear las particularidades de la mente y el alma del hombre medio, del hombre insignificante.
El fascismo aniquiló a decenas de millones de hombres.


Vasili Grossman

“Vida y Destino”

Random House Mondadori, ediciones de bolsillo, 2009
Capítulos 50 y 51.

domingo, noviembre 29, 2009

Los superiores --Cuando modernidad y premodernidad terminan siendo lo mismo.

Hay un problema existencial y si acaso, denotativo del ser opositor alimentado de manera descarada por Hugo Chávez y sus estrategas. El complejo de superioridad.
Muchas personas, siempre sesudas y audaces, califican el fenómeno político que vivimos de una manera adjetiva. Lo conceptúan descalificando, acusan la falta de argumentos con pobres argumentos o con otros descalificativos. A una abstracción le oponen otra abstracción. Tienen explicaciones simplistas, muy básicas, por ejemplo: quienes dirigen esta revolución, no tienen consistencia intelectual, son cuanto menos ineficientes y bastante brutos. Perfecto. Entonces ¿Dónde quedan aquellos inteligentes que han diseñado las más diversas estrategias y discursos de oposición, luego de once años de fracasos? Excusas siempre habrá, pero un hombre o mujer de a pie, un profano, sentirá al menos desconfianza si no rechazo y estimará aún más incapaces e inconsistentes a los que se desgañitan por la libertad en abstracto y verá con recelo sus propuestas.
Ha sido una constante decir que este gobierno militarista y autocrático de vocación totalitaria, es premoderno. También habría que preguntarse, luego de once años de dinámica política, en la que hemos visto convertirse marchas combativas en bailoterapias, insurrecciones en actos autodestructivos, alzamientos en parodia, elecciones y referéndums en fraudes sin padres ni hijos, populismo bueno y libertario contra populismo malo y comunista; y ante las promesas de una parte de quedarse por siempre en el poder se contrapone la peomesa de la otra parte negociadora siempre a punto de retomar el camino de una democracia civilizada.
¿Qué tan premodernos lucen los modernos al armar sus agendas políticas a partir de los reality show del dictador?
El complejo de superioridad a veces esconde muchas carencias, una autoestima golpeada y otras patologías más bizarras. Flojera intelectual, apatía y plagio. Otras veces sencillamente oculta una hedionda mediocridad.
Cubrir con la luz, la verdad pontificia del predicador “moderno” a una parte y a la otra con la sombra, la maldad y la brutalidad desnudas, nos ha impedido avanzar con más asertos en la comunicación real con la gente, generar menos rechazo, salirnos del esquema de la lucha de castas o de clases, nos ha dificultado escuchar y leer al país, vencer la polarización para continuar reafirmandonos soberbios y acríticos junto a los mariscales de la derrota, intrépidos peritos en la elaboración de agendas y luego, junto a las muchas viudas del proceso en curso, inscribirnos como legiones angelicales en esa luz oscurecedora: la verdad.

Si no lo hubiese hecho Pilatos, me atrevería a preguntar ¿Qué es la verdad?

Descalificar al teniente coronel a priori y con una reactividad empapada en adrenalina, por ejemplo, nos imposibilita ver en contexto el fenómeno, nombrarlo, darle un marco en el escenario geopolítico. Esto que vivimos no es un delirio montonero del siglo XIX, es una visión del mundo, un eje que se estructura, no sólo en parte del continente, es una visión universal sobre el poder. No es casual, no es un delirio, ni una improvisación el alineamiento con los sueños nacionalistas del Nasserismo, el entronque con el ideario de aquellos grupúsculos marginales y violentos como el ejército Rojo de la Alemania de los sesenta (Baader-Meinhof), el núcleo matricial dónde se forma y crece Carlos “El Chacal”. También son los movimientos de liberación nacional del África, (allí se explica la oda a Idi Imin Dada y la carpa de Gaddafi) y la dinámica del fundamentalismo shiita junto al revisionismo neo nazi antisemita que se engrana en un oportunista y resentido discurso más antinorteamericano que anticapitalista para articular una contraofensiva de las corrientes del pensamiento totalitario, derrotadas el siglo pasado en dos guerras mundiales y en el desmantelamiento del bloque estalinista.
Sería interesante que todas aquellas personas quienes se apresuran a hablar de inconsistencia, de debilidad intelectual y de quincallería ideológica, repasaran los diarios y el pensamiento político del Che, porque los tenía, buscasen además en los archivos de Gamal Abdel Nasser y se detuvieran a estudiar los documentos y el proyecto de la Tricontinental, movimiento auspiciado por Cuba en los años sesenta, que escudriñaran en los discursos de Nasser, y en las notas del libro verde de Mohamed el Gaddafi, los contrastaran con el leninismo permutado, el revisionismo neo nazi de este siglo y luego supieran, apartando esa mirada de inteligente modernidad, establecer el baremo para mesurar el cuerpo, el volumen y el radio de estas realidades, que tal como lo soñara Ernesto Guevara, buscan sembrar al mundo no de uno, ni dos, ni tres, sino de muchos Viet Nams.
Que lo hagan antes de exclamar, Chávez bruto, animal. Dictador. Vete ya.
Otra consideración distinta, a mi humilde entender, sería provinciana y quizá aún más premoderna que la que nos marcan el paso, con rigor marcial y a través de un show dominical.
A veces la razón de la sinrazón encarna al ver a tanta gente pendiente del programa presidencial, más que para analizarlo, para hacer catarsis, largar alaridos, exhibir superioridad de conceptos y dar su óbolo en la lucha contra el régimen en unas cuantas exclamaciones, tacles, frases hechas y otras más felices o creativas.
Es bueno hojear el Manifiesto del Partido Comunista, aquel panfleto del viejo Marx, para no olvidar que todo movimiento que se conciba y autodenomine revolucionario, además de guerrerista, aunque su bandera sea la paz de los pueblos, parte de la premisa de la universalidad de su concepto y visión del mundo. La Internacional, el remake de “proletarios de todos los países uníos” más que una consigna, es un mandato que nace cada vez que alguien, o una asociación totalitaria a lo largo y ancho del mundo, por modesta que sea, se plantea el asunto de la destrucción y de los cambios de los paradigmas globales.

domingo, noviembre 22, 2009

Neftalí entre el karma y el dharma





Israel Centeno

Ya se había cerrado la puerta de La Gata y Darío buscó un quicio orillado a la calle, allí estaba sentado Neftalí con una botella de aguardiente translúcido a medio llenar, las arrugas de su frente, la cara perdigonada por las cicatrices de un agresivo acné y el rasguño de un navajazo -una cortada en forma de equis -, hacían un juego de muecas. Sin saludarlo, Darío se acomodó a un lado y miró hacia el foco quemado de un poste, la oscuridad caía y sólo los faros de las motos se rezagaban como olas sobre el océano mal pavimentado de la calle. Desde algunas ventanas se escuchaban murmullos, músicas confusas y las erráticas voces siguiendo con bajo desespero las letras de las canciónes.

- Y no me quiere en su casa – dijo Darío.

- Así son los culos, por eso yo no tengo casa.- Tomó un trago de la botella y se la ofreció a su interlocutor. Al lado, sobre un papel marrón, tenía trozos de queso blanco, cortados con simetría impecable.- tuve una buena semana, papá.

- Ya gastaste todo en las taguaras de La Casanova – soltó Darío aceptando el trago.

- Poca rumba, papá. Hice una inversión.

- ¿Vas a mover la bolsa en San Pastor?

- Algo para eso, pero esto fue una cosa importante – le brillaron los ojos luego de empinarse la botella, se enjugó la boca y carraspeó con fuerza.

La Gata abrió la ventana y asomó medio cuerpo cuando pasó la moto de Ricardito, Mojón de Goma.

- La puta reconoce su moto entre todas las otras motos – aceptó de nuevo la botella de Neftalí, luego de beber se le quebró la voz y sacó de su bolsillo una cebollita – está buenísimo, date sólo una llave, que tiene poco corte.

Neftalí sacó de su bolsillo una llave, abrió el pequeño envoltorio de plástico y con agilidad encarriló un poco de polvo, se lo llevó a la nariz y aspiró como un trompetista antes de largar la primera nota.

- Invertí el dinero en una cosa buena.

Darío pensaba en La Gata, en la moto que se le había incendiado en La Planicie y en toda su vida reciente.

- Neftalí, tienes el güebo piche pana, deja de hablar pendejadas, no hay cosas buenas.

- Eso dicen.

- ¿En verdad te vas a meter a mover la bolsa en san Pastor con Valdemar?

- Metí una fuerza allí, lo suficiente. - Se llevó la llave a la nariz e hizo una profunda aspiración, era un resoplido invertido – está buena, es de las mías, seguro. –Hizo una pausa, ninguno de los dos hombres habló y se comenzaban a escuchar las mandíbulas tronar – Uno tiene que compensar, esa es la palabra, Darío, uno no compensa con La Gata ni con ninguna otra plancha de zinc, por más buenas que estén, solo detienen tu pensamiento un segundo y vuelven algunas imágenes. Esas cosas, los errores ¿has matado a alguien por error? -No lo dejó contestar. -Uno tiene que compensar.

- El buenas noches te puso a filosofar y suena a habladera de paja, toda filosofía es eso. Yo soy práctico.

La noche caía oscura desde los postes, los sonidos se volvían estruendosos, un intercambio de balas en La Cruz, algo más explosivo en La Plana, la oscuridad descendía desde los postes de alumbrado y las motos bajaban o subían por la calle, sin luz.

- Es la hora de las motos fantasmas.

- Yo invertí mi dinero.

- Para qué. ¿Te ves viejo, Neftalí, cobrando esas utilidades?

- Para compensar.

- No entiendo.

- Le compré una enciclopedia a la vieja. Una enciclopedia británica. En inglés.

- Sigo sin entender.

- Uno comete errores, loco, vi una enciclopedia así en el apartamento que limpiamos hace una semana. A veces matas a alguien por error. Todo muerto tiene su costo.

Ambos se miraron a través de la oscuridad, Neftalí barrió, del papel del quicio, con el dorso de la mano , los trozos de queso picados con simetría perfecta, los pateó. La Gata cerró las dos alas de su ventana con un golpe que se confundió con dos detonaciones y desde algún lugar alguien largaba una mentaba la madre.

El grito:

“¡Cadena de este loco, cadena de nuevo! ¿Es que el marico presidente no me va a dejar ver este final Caracas Magallanes?”

Los dos hombres, al borde de la calle, abrían otra botella, dejaron de hablar, un aire fresco bajaba desde La Felicia, las palabras fueron sustituidas por el estallido de sus mandíbulas, se trababan y destrababan en un juego de sonidos interiores. Y desde ese quiebre articular de la mandíbula de Darío surgió la pregunta:

- Pero Neftalí, tu vieja no sabe leer. No sabe un coño de inglés. ¿de qué inversión hablas? Pana, te soyaste.


Silencio.


-Aquella vieja leía, y seguramente leía esos idiomas yanquis.

lunes, noviembre 16, 2009

Revolución para Dummies


¿Qué es la lucha de clases?
Un eufemismo para promover el enfrentamiento de pueblo contra pueblo hasta que una de las partes aplaste a la otra. Es una victoria, si la parte aplastante es la que grita revolución.
¿Por qué una revolución enfrenta a pueblo contra pueblo?
Porque es una revolución.
¿Por qué no dialogan?
Revolución no dialoga, se impone.
Pero las revoluciones son algo bueno, progreso.
Mito: no es buena ni mala, Revolución es destrucción de un paradigma.
Destrucción
¿Es que son ineficientes al gobernar?
Revolucionario no gobierna, hace una revolución.
¿Por qué no desarmamos a la gente?
La revolución cree en su gente en armas.
¿Cuál es la primera confiscación de una revolución?
Lo primero que expropia es la voz del pueblo. Luego con esa voz, expropia todo lo demás.
¿Cuál es la consigna necesaria?
La lucha es de clases de pobres contra ricos
¿La revolución es futuro?
Las revoluciones invocan un pasado de gloria e igualdad para destruir un presente indigno e inhumano y marchar hacia el futuro de gloria e igualdad invocado desde el pasado. La revolución en su narrativa sólo es actante en el pasado.

¿Son liberales los líderes revolucionarios?
No hubo un ser más conservador que Maximiliem Robespierre, y tanto o más, lo fueron Stalin, Mao, Pol Pot y Castro
¿Las revoluciones son malos gobiernos con talante militar y autoritario?
No, las revoluciones, no son malos gobiernos, cuando son efectivas, son buenas revoluciones. Acaban, destruyen, devastan lo establecido. Hacerle frente a una revolución con las mismas estrategias con las que se adversan a los malos gobiernos, es si no una estupidez, una ingenuidad.
¿Son místicos los revolucionarios?
El revolucionario de aparato es obtuso, sólo admite su verdad. Por lo tanto sus horizontes son estrechos e imponen con la autoridad y la fuerza conferida, la verdad.

¿Las revoluciones son puras?
Las revoluciones se corrompen con la celeridad vertiginosa del crecimiento de su burocracia. Al líder le es transferido, o se apropia de todo el poder de un Estado hipertrofiado. La corrupción es absoluta en un Estado absoluto, con un líder absoluto instituyendo su verdad absoluta.
¿La revolución es siempre mayoría?
La revolución es siempre mayoría, y desconoce y desaparece e ignora a las minorías. La mayoría de una revolución la expresa su vanguardia, su partido, el líder.
¿Por qué son íconos populares los revolucionarios?
Porque siempre prometen a los idealistas, el retorno a un estadio puro y original: El Edén
¿Por qué son tan bien vistas en el llamado primer mundo?
Quienes apoyan a las revoluciones desde las democracias liberales, lo hacen con un sentimiento nada solidario, es una mezcla de conmiseración, culpa y racismo. Consideran que es lo mejor que estos pueblos pueden hacer por sí mismos. A veces, si consiguen a un mandamás rico, obtienen promoción, proyección y pagan algunas cuentas.
¿Las revoluciones son movidas por sed de justicia?
Algunas, las mayorías son engendradas por el resentimiento capitalizado por un liderazgo resentido.

¿Las revoluciones promueven la paz?

Las revoluciones son verdades universales en combate en contra de la mentira universal, eso las hace hegemónicas, sólo el triunfo final es posible si es universal; esto obliga al líder de una revolución a propagarla, a embarcarse en aventuras bélicas e idear la expansión de su pensamiento y poder.

viernes, noviembre 06, 2009

La Gallina Jamaica


Cuando un novio de una de las hermanas de José llegaba a la calle, La Gallina saltaba sobre el capote del carro y comenzaba a cacarear. A Jamaica la llamaban La Gallina. Es extraño su nombre, Jamaica. Era una púber inquieta, y no sólo embestía a los novios de las hermanas de José si no que a todos los novios de las mujeres del barrio. Era flaca, siempre se echaba encima un vestido pobre, su culo parecía un balón y alzaba los vuelos posteriores al trapo permitiéndonos mirar el envés de la rodilla o recorrer sus muslos hasta el nacimiento de las nalgas. Qué nalgas tenía Jamaica.

En las tardes nos íbamos a pelear un todo contra todos en el salón de estar del edificio Roma. Luisito, José y yo, a veces iba Máximo; girábamos las manos, lazábamos patadas voladoras y hacíamos alarde de nuestras mejores llaves de lucha libre, o nos poníamos los guantes y tratábamos de fracturarnos el tabique de la nariz. Queríamos tener rostros de boxeadores. Luego, agotados nos lanzábamos a fumar en un rincón sobre el frío piso de granito y a mirar el techo. El novio de de Márgara se atrevió con La Gallina. Se estaba echando unos palos en el Bar Osiris y al salir, ella cacareaba sobre el capote de su carro. Y qué más, inquirió Luisito, ella movía la cola, esa inmensa cola, lo hace porque le sale ¿cómo es eso? No se aprende, viene, y el tipo le abrió la puerta del carro y se la llevó en su descapotable, cruzaron la avenida y se comieron los rayados. ¡Gallina, Gallina! Gritábamos todos y comenzábamos cacarear con las manos sofocando las entrepiernas.

Sofía nos daba besitos si le prometíamos ir a sus clases de catecismo, tienen que comulgar. Mi hermano era audaz y cuando la catequista venía del liceo de monjas de Santa Rosalía le decía, voy a comulgar y de inmediato le lanzaba los brazos a la cintura, la acompañaba al zaguán, levantaba las faldas del uniforme; ella se dejaba tocar debajo, arriba, entre las piernas ¿cómo es? Muy tibio, casi tan caliente como una fiebre, decía mi hermano, coño, dinos ¿y entonces? eso, contestó y se fue. Una tarde luego de leernos todo sobre los sacramentos, nos pasó a cada uno sus manos por el pelo, sentía una gran ternura, nunca nos lavábamos bien la cara y andábamos sudados de tanto jugar pelota; sin embargo ella puso su boca tibia, si coño, sobre nuestros labios y fueron calientes y húmedos los suyos ¿Probaste su lengua? la saliva es distinta en su lengua, es dulce, empalagosa ¿y qué? José se quedó pensando un rato, y resbaladiza. Comenzamos a amar la saliva de las mujeres a partir de los besos de Sofía.

Mi viejo me regaló un telescopio, le dije a Máximo, vamos a la azotea de mi casa a ver a la hermana de José, es Margara coño ¿Y qué? Ese carajo es una rata, el otro día le robó una pantaleta a Márgara y nos cobró dos bolívares por tocarla y un bolívar más si nos las dejaba un rato ; Luisito le dijo, quiero comprártela; no puedo guevón, se va a dar cuenta y me van a singar a palo. Pero ¡huélela, huélela ¡ -parecía un turco- y por dos bolívares más, una entrada al cine, tres tiques para el súper tobogán de Las Mercedes o un plato de espagueti Boloña en la Pizzería, la olimos todos. Olía distinto a cualquier prenda. A qué huele, coño, a qué huele: a almendras, mentira, huele a carne con pasas, pajúo, a bologna, es salado y dulce, una lágrima. Aún Aquel olor me acompaña cuando miro el techo en las noches pálidas por el desvelo.

Debajo del apartamento de Márgara vivían las tres Da Silva, cuando la hermana de José no salía a la terraza, metíamos el ojo por sus ventanas, y a veces las mirábamos en sostenes. Y el gordito medio calvo, el mariquinqui, su hermano ¿No nos querrá vender por un rato con sus sostenes?

Han pasado los años y mi corazón no tiene una fibra sana, lo he sometido a todas las pasiones y ha regresado de esos laberintos escaldado y duro, como un veterano de una guerra cruel. Hace poco me encontré a La Gallina. Mejor dicho, la vi, ya me habían contado sobre sus cosas, el culo se le vino abajo junto a la picardía y la desfachatez. Se había metido a revolucionaria, se cubría con un hábito rojo, los íconos usuales de los rebeldes y una gorra de beisbolista. Recuerdo, cuando ella era La Gallina y todos los huevos de oro querían empollar en su nido; por aquella época, a la hora de más tránsito, pasaba siempre por la acera de la avenida una mujer cerrada de blanco, la adeca, le gritábamos ¡Adeca, adeca! Iba bien peinada, con el cabello muy teñido de negro, no existía un negro así, parecía una enfermera, ella daba un giro y solo nos miraba con furia.

La Gallina Jamaica tuvo una vida de excesos, avances y travesías, era famosa por sus deslealtades y oportunismos amorosos, nunca se metió en líos, la política era algo inaudito e improbable para su ruta de vuelo; pero la gente envejece, la mamá de José luego de las disipaciones sofocadas de aquellos tiempos, se metió a testigo de Jehová y ahora predica de puerta en puerta, y La Gallina Jamaica es una monja mística de la revolución, ha hecho votos de castidad; cambió su mirada de zorra la por la de una recalcitrante inquisidora y su lengua morada de esbirro se pasea fina por su pico abierto.

Las demás mujeres de la calle han ido envejeciendo con nosotros, hacemos maromas por mantener la dignidad y conservar las sensaciones, esa única parte del recuerdo presente y tangible, la que se queda contigo hasta el final de los días.

miércoles, octubre 28, 2009

La revolución o Terminator, notas

El revolucionario es eficiente haciendo una revolución. Es el destructor de un orden.

Al revolucionaro no se le puede criticar si gobierna dentro de esos criterios. Una revolución, según Trostky, es una inspiración devastadora y voraz , no pretende mover los paradigmas, busca destruirlos.

Gobernar es un asunto conservador e institucional. Quien gobierna una revolución, impone un orden revolucionario. El orden revolucionario, es una contradicción y sólo se resuelve en la requisa totalitaria donde el fin es el medio para mantener el sueño: el fin.

La revolución encarna en un líder, como Dios en su hijo unigénito. La encarnación de la revolución no se entrega para ser crucificada y trascender, pretende perpetuarse personificada en su estado deífico y en el poder hasta el final de los días. Contrario a lo que se cree, la revolución es contingente.

Si la encarnación tuviese el poder para acabar al mundo al ser tocada por el ángel de la muerte, lo acabaría, no concibe al mundo sin su encarnación; mientras, juega seriamente a ser el ángel de la muerte.

Quien gobierna instituciones ciudadanas, busca sus puntales en una constitución ajustada a los derechos ciudadanos, es un servidor transitorio, preserva a las instituciones eficientes para el beneficio sus gobernados. Eso no es la revolución

Quien gobierna una revolución sólo busca preservar la revolución, abolir, batallar, devastar; luego la revolución es la subjetiva voluntad del revolucionario gobernante, del líder dueño del poder. La revolución se sirve a sí misma y quien la dirige gobierna su permanencia y perpetuidad demoledora.

El líder de la revolución lo confisca todo en nombre de la revolción. La revolución es pueblo, partido, comité central, buró político, asambleas, gabinete de gobierno; es la suma de todo, luego el todo desaparece y queda Él (unigénito) .

Muchos creen que los racionamientos, por ejemplo, la falta de agua, electricidad , servicios y diversidad de bienes de consumo - alimentos-, es causa de la ineficiencia . No. No es así. es parte de lplan estratégico de una revolución. El desmantelamiento revolucionario. Una revolución se consolida en la misma proporción que desmantela.

La Unión Soviética, luego del la revolución de octubre, mantuvo, no por ineficiennte, durante más de setenta años un racionamiento radical y sistemático. La prosperidad o la comodidad, generan bienestar individual y el bienestar individual, según la revolución, es una desviación burguesa o pequeño burguesa, búsquese la etiqueta conveniente, y estas desviaciones atentan en contra de la revolución; léase la encarnación de la revolución, el mando único del líder indiscutido.

El racionamiento es planificación, un estadio revolucionario, un fin. Quebrar toda empresa individual un objetivo. Las empresas estatales, deben administrar y perpetuar hasta el final de los días el desmantelamiento y la clausura. Generar riqueza atenta contra los principios anteriores. Eso es la revolución.

El pensamiento diverso no es revolucionario, es “egoísta” reafirma la individualidad, la individualidad genera diversidad y egoísmo, atenta en contra de la empatía indiscutible de la masa, o colectivo, con su líder. El único egoísmo revolucionario, es el egoísmo de la revolución. La única individualidad, la revolución encarnada en el líder indiscutido del proceso.

La persecución del pensamiento diverso, también es revolucionaria. En una revolución tanto el caos como el orden, son necesarios y manipulados.

La revolución es insaciable, ninfomaníaca, incapaz de sentir satisfacción o gratificación, siempre desea y quiere más. Más. más. más, no pares, más.-

Por lo tanto, creer enfrentar a un mal gobierno cuando se enfrenta a un gobierno revolucionario, no sólo es un error o ingenuidad: es parte solidaria, consciente o no, de la revolución, porque toda revolución es impulsada por su reacción, si no existiese la reacción. ella buscaría por todos los medios inventarla, no puede vivir sin ese elemento, como nosotros no podemos vivir sin el oxígeno, y el hombre libre sin la libertad.

Las revoluciones son monstruos contradictorios y poderosos, por lo general no se tumban desde fuera, se marean, se caen, cuando las contradicciones gangrenan al cuerpo de la revolución, se desprenden sus carnes e implotan, ellas mismas se tumban desde su centro gravitacional


(-al margen- ) Fue un consigna revolucionaria comunista: "agudicemos las contradicciones del capitalismo" A mi entender, al menos esta revolución militarista socio chavista del siglo XXI, y las comunistas en general, son un criadero de contradicciones irreconciliables. Tiene sentido aplicar la consigna a la inversa, agudicemos las contradicciones del militarismo socialista del siglo XXI

domingo, octubre 25, 2009

Bosquejos para un cuento de navidad




Cada navidad era lo mismo, la obligación de hacer las hallacas, una tarea impuesta al gusto de una sola persona, nunca fue el trabajo en familia, fue un trabajo piramidal, se organizaba desde un mando único y con el criterio del centralismo democrático de los partidos estalinistas; a nuestras fiestas venían los camaradas, a veces eran muchos y por ratos abandonaban la seriedad del compromiso y de la mística para darle paso a algunas emociones ; se hacían guiños o comentarios sobre mujeres hermosas y autos. Buenas hallacas, celebraban. Buena la ensalada, y se repartía con sentido equitativo, tres, cinco, diez para ellos, algunos héroes todavía anónimos y muy lejanos del poder (siempre es una quimera o un reto, muchos los llamados, pocos los elegidos) y una para nosotros. A veces nos dejaban repetir un bollo. A eso de las tres de la tarde se comenzaba a escuchar a Mercedes Sosa, esa voz nos causaba sentimientos de mierda, pobre, nada que ver la negra Sosa con esos sentimientos, pero sí todo lo demás. Más tarde la radio; eran tiempos de radio y por esos aparatos a veces con discos, se colaba un recuerdo de París y Los Hermanos Arriagada. Era patético. Visto desde ahora es patético y desde cualquier momento sería patético, pero en el tejido de aquellos períodos de lapas se colaba la ternura. No. Una mierda. Y eso era la ternura, el sentimiento pequeño burgués de querer ir a abrazar al abuelo (de tener permiso). Los visitantes recordaban, lloraban o pasaban los días de ocio revolucionario leyendo o discutiendo cosas sobre la revolución en Cambodia. En una de esas navidades, una tía nos regaló una bicicleta o un par de patines, éramos tres patinadores; luego seis pies. Entendíamos el criterio de compartir el pan, pero ¿los patines? Nos daban permiso o nos escapábamos para lanzarnos en bicicleta por la explanada frente al bloque, un hermano junto al otro, o el hermano y la hermana, hasta el día del descubrimiento: ¡un hueco! y la caída; la bicicleta voló y luego dio una vuelta , las piernas, las muecas, los brazos; una imagen maravillosa. Mi hermana casi se fractura los dedos y pierde los dientes. En diciembre bajaba mucha neblina desde el Junquito, era un mes perfecto, diciembre frío y con miedo, pero cuando pasábamos las fiestas al otro extremo de la ciudad, era más cálido, nos gustaban más los diciembres en el oeste o al pie del Ávila, en realidad nos gustaba pasar las navidades y despedida de año en la casa de mi abuela aunque ellos no celebraran las fiestas. Fueron muchas navidades como esas y en dos oportunidades activamos el plan de contingencia, un asunto serio muy pensado y sencillo, aprendido desde siempre, se trataba de salir pitando, sacar toda la artillería y hacer una mudanza en segundos sin dejar ningún rastro, operaciones eficientes y perfectas, sin muertos. Luego les hablaré sobre los zapatos rojos y las medias blancas de mi hermana pequeña, porque esto es sólo un bosquejo para escribir un cuento de navidad que me debo.

jueves, octubre 22, 2009

Clandestinidad


Si, recuerdo, se llamaba Tomás. Cuando nos mudamos se instaló en la escalera del bloque; se tendía a través; pesado e impertinente como una alcabala, silbaba o se comía las uñas, pedíamos permiso y él continuaba, ruye y ruye, luego escupía los pedacitos de uñas largando un ronquido de rata; no nos quedaba otra, brincar con una zancada para salvar el obstáculo y de inmediato él exclamaba con su cara renegrida por la arrogancia, mariquito. Lo dijo una vez, luego otra y pasé una noche sin dormir, sudaba y pensaba cosas, al día siguiente estaría allí, todos le tenían miedo a Tomás y él disfrutaba ese asunto. Era una rata y lo engordaba el miedo de los demás. Comerse las uñas, agarrar por el cuello a alguien con una llave doble Nelson hasta hacerlo proclamar la rendición, vanagloriarse, alardear mucho. Qué mierda, la vida no puede convertirse en eso, le dije a mi hermano, en un mariquito tras otro y luego en salvar con la cabeza gacha sus piernas tendidas como un troco sobre la escalera. El tema se convierte en una pesadilla y te desvela.

Al margen de la vereda del bloque corría una quebrada embaulada en concreto, cuando llovía el agua y el barro bajaban con furia, arrastraban trastos de latón y madera, ramas de árboles caídos, me gustaba jugar con mi hermano, saltar charcos y empaparme, al recibir las ventoleras del torrencial me sentía libre como cualquiera en el mundo; sacudir los árboles pequeños o mirarle las teticas a Condesa, sus puntas como falanges rosas bajo la camisa calada por el aguacero me hacía respirar mucho y hondo, me curaba de las mudanzas y de los encierros y el asma se me iba por una semana. A veces pasábamos días en casa, sin salir, o íbamos de la casa a la escuela y de la escuela a la casa y en el apartamento jugábamos pelota de goma contra la pared, o contra un colchón para burlar las quejas de los vecinos. Así eran las cosas entonces, andar escondidos y movernos mucho por la ciudad.

Tomás seguía allí alardeando y yo con esas pesadillas, insomne. Comencé a enfermarme. Una Tarde todo fluyó como el barrizal de la quebrada, sólo tuve que plegar la pierna hasta el muslo y dejarla volver sobre la boca de Tomás, un reflejo, un acto elemental como un relámpago dio término a la pesadilla. Le saqué los dientes delanteros. Me encerré en casa satisfecho y con la boca amarga por la exaltación posterior. Pasaron dos días, sus padres nunca vinieron y yo no dije nada a los míos, eso significaría otra mudanza antes de terminar el año escolar.

A veces nos dejaban salir. Lo hicimos un sábado en la tarde; fuimos a la cancha de beisbol a calentar los brazos, Tomás estaba con la mano sobre la boca junto a la panda del bloque, eran muchos. Mi hermano y yo comenzamos a lanzarnos la pelota, cada vez lográbamos lanzamientos más largos, altos y perfectos; nos miraron e hicieron una dilatada rueda en torno a nuestro juego, lo sabía, siempre lo supe, había pasado en las otras partes; Tomás se desdibujó, nos animaron para armar un equipo y jugar un partido, así ha sido todo el tiempo.

Antes de mudarnos de nuevo, jugamos un par de veces más con la panda del bloque y ganamos.

domingo, octubre 18, 2009

E invito a, quienes así lo deseen, a leer la entrevista que me hizo @carledonia, para Climax de Octubre con el buen augur de @cynMu. | TweetPhoto

Y aprovecho para invitar a leer la entrevista que me hizo @carledonia, para Climax con el augur de cynMu. | TweetPhoto

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