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viernes, julio 24, 2015

Sofa

by me

I remember when sister Gertrude came to us with the story about viejo Roberto's other family. I only recall her distressed face when she asked me: "what is going to happen with Melissa, manito?" She told us about José, he went to Maracay for school and he met his own brother there. This would be their first encounter. "They had the same name, the same surname, it was a crazy thing. They even attended the same lecture.”
“Manito, Melissa can't go through a divorce.” —And we are talking about the 90's, when practically everyone in Caracas was going through a divorce and all caraqueñas (and caraqueños) were laying on Chirinos' sofa. Nevertheless, sister Gertrude was a conservative and pragmatic woman. "She had to go over this matter with her daughter Melissa without hesitation or guilt." she said. "She is the wife, the other one is the mistress, or… just the other", clucked sister Gertrude. 


Time went by and everything was left in the past. Viejo Roberto's son became best friends with his brother. None of them were considered bastards, everything was peaceful and bright, until Melissa started dating her nephew in law and started to rest her head twice a week on Dr. Chirinos' divan. You know what they say, if you have bad thoughts about family the only thing that is left for you to do is to think on Dr. Chirinos, the psychiatrist, and sitting in his caraqueño's sofa. 

lunes, agosto 06, 2012

Colorado





L estuvo intercambiando secretos con S. Estoy muy viejo para engañarme. Hay indicios y eso me motiva

Se supone que estoy en Colorado, es así,
Denver es Colorado, en las montañas al oeste.

Al frente del hotel hay una plaza, se reúne la gente desde temprano,
el clima es bueno, generoso, fresco en el desierto.
Desde esta mañana estos parias no se mueven de una mesa de hierro, entramada por
rejillas, un par de tipos, un par de vagabundos. Los demás van y vienen, cruzan las peque
ñas veredas,
coloridas. Me dijeron que esta gente es de desierto y tiene costumbres de desierto.
La tar
de y cada minuto, pada
lento.
Es otro tiempo. El tiempo de los desiertos. Bajo un álamo se reúne otro grupo, sentados en posición tribal, parecen nativos de alguna pradera,

algo así


Recuerdoque dije es un horror. Esunhorror
pasar las horas así, tomándole el pulso a nuestros miedos ¿ quieres que te revele mi mie

do?

 Sencillo, no tienes por qué pagarle a un chaman, ni andar preguntando por allí a
quienes
 leen
oráculos, 
a estas alturas no sé si estoy siguiendo un discurso de pensamiento
honesto, o si poso para ser considerado por una divinidad, por eso, por mi miedo, estar
escribiendo como si te interesara, como si fueras tu la remitente de estas líneas, el miedo es
sencillo, un poder que he adquirido con la vejez, hacerme invisible a la belleza,
¿Lo ves?
 /
Vaya tontería, una de las grandes. Saber que será imposible esa oportunidad, el momento que pido.
El segundo. Un año. Funcionaba. Solía funcionar. Dame un año de tu vida.
Funcionaba y  ahora, pasado el tornado, devastado como me siento, suena  improbable. Improbable todo, lejos. Incluso lo que seguramente he vivido.
Y tú  me lo recuerdas. De eso se trata. Una inmediata y sumaria negativa. De eso se
 trata, una carencia absoluta de poder.  A eso voy, al tema de la vejez.
Al momento de  salir  y despegar, al momento de volar hace unos días, ceñido por los
miedos más avergonzantes, pensé, volveré por ella, me creí capaz de hacerlo, de
decirme, volveré
para conquistarla a ella, dibujar sobre vidrios molidos una nueva historia de amor,
la última, claro que me perdonaría a mi mismo al recordarme que sería la última. Caía
en cuenta del asunto, de cierta manera, era un ruego. Luego a dos días de haber llegado, la vi, pequeña como un hada, una bruja, una lumbre del bosque, así te sueño, y la vi tras la
tela de su vestido se dibujaban sus nalgas pequeñas, entonces una gran erección,
el cálido sentido del ser en el objeto deseado
aparece, lo prefigura todo,  cogerla desde atrás, la expresión de la mujer mientras es penetrada desde atrás, su vientre recibiendo desde atrás, los labios velados por  humores
espesos, su boca contra todo y lejos de mi,  esa gota, esa gota, la piel y esa
desde atrás y desde cualquier parte
el placerquemepodríasdar o que me negarías o que le arrojaría a tus dedos, pude sentir la piel
de mi pene a punto de
reventar en tu piel rendida, recordé la penetración lenta y sostenida, todo lo que no
sucedía desde hace tiempo, acontecía entonces ante mi, los actos de lujuria y de
crueldad,   el amor de nuevo abultando mi bragueta, mi estómago,
el desorden de ansiedad
me puso tonto a morir o a ano querermorir,
sostuve una pelea por permanecer en ella, entre sus piernas sobre su cuerpo, dentro de
su envolvente trajín, eso, la palabra no suena, pero es la palabra, la fuerza y mi
complejo, la tristeza, el convencimiento, la renuncia.
La carta debería tener este cierre, o el bosquejo de la historia de amor, pero debo decir
que moriría por su boca, es bella,
sólo tiene sentido imaginarla sometida por mi cuerpo, o sometiendo, es así, es poder, no hay otra filosofía – Nigualdad, niJustiaCia -. Hambrienta y cruel como estas notas para escribir cuando llegue sobre eso que llamas recuerdo. Vaya permanencia,
vaya multitud de complejos. Vaya cantidad de frustraciones, todasresumidas en tu
pequeño cuerpo, en tu mirada redonda y luminosa,. Vaya cantidad de mierda.   

Ella frente al hotel, se prefigura en el parque, más bien una pequeña plaza,  ella se
Levanta de la mesa y desde unos bancos los vagabundos le silban, los mariguaneros, la gente del desierto, se van reuniendo, ocupando los espacios, reciben al sol y se
encumbra  sobre ellos, lagartijos en el tardío verano. Estaban ellos allí, con sus cosas de indigentes, y yo en el hotel pensando en el regreso hacia cualquier parte menos a tus
brazos. Si tuvieras brazos para mi, no serían realmente para mi. Esa es la vedad a la que nos resistimos hasta que la comprendemos y lanzamos una soga sobre la viga. Es el
complejo, es también mi verdad. Si tuvierasbrazos y piernas, si tuvieras amor para mi,
un año. Un maldito año. Los vagabundos de la plaza encienden sus primeros cachos del día, beben de sus  botellas a medio llenar de alcoholes fuertes, alcoholes de quemar y
mariguana.
Mariguana.

Pongámoslo de esta manera, todo lo anterior es pura mierda, ahora no soy capaz de
producir algo menos asqueroso que esta serie de plastas. Sin embargo, insisto, el asunto es sexual. Necesidad, pura necesidad de tener entre mis brazos la carne deseada, es todo, así de animaldevulgar, lo veo, y valga la redundancia, es una mujer hermosa, rosada,
abierta es una herida, abierta con sus rosarios y sus cantos al eterno. Hace días cuando
estaba paralizado por el miedo,
antes de que despegara mi avión pensé mientras el aparato se deslizaba por la pista: al
volver me la cojo, es mía. Como dije, pura mierda, no me la cogí, nunca fue mía y viví momentos de
exagerada y deprimente frustración. Necesito asirme a la carne, a la mujer que da y
recibe y esposa, madre de familia, gente decente, tu sabes o a la pequeña solterita que se va quedando vieja de tanto trabajar, más porquería escrita, quería confundir mis
tribulaciones con la imagen del amor o del salvajismo. He llegado al
colmo de la autocompasión, rezar y pedir una última oportunidad para gozar con la
plenitud de mis mejores años, incluso he soñado con ABC, ha vuelto con sus olores y
sus genitales húmedos, exigentes e  insaciables de mujer etc . Luego pensé, me estoy enamorando pero de nadie en particular, me estoy enamorando del deseo, y la extraño;
cuando la extraño, no la extraño a ella, extraño al deseo, o el deseo permanecer extraño poder saciarlo hasta la inconciencia, hasta la pérdida absoluta de la sensatez. Ahora me
ronda el mismo amor por  la pequeña extraña, siento amor, siento amor por GCH  la
pequeña, blanca, rosada, roja. Puedo olerla e imaginarla si estoy preso por el
miedo, se entrega y la da, la   recibe, se deja rondar y no, yo la rondo a ella. En unos
minutos me levantaré de acá y cerraré tras de mi la puerta de cristal y dejaré todas estas
secuencias en su cuarto, las sabanas sucias, arrugadas, una tarde de amor, los mordiscos, las quejas, todo fuera del portazo. Amor. Amor de mierda.

 Tenía pensado, hacer algo con las notas anteriores, pero me han surgido nuevaspropuestas y, ando en ellas, el tema del amor sigue allí, cada vez con más  variaciones
Pero en estos momentos, me piden trabajos más lineales.       #Lol.          Que vaina, acciones coherentes, como si el amor no se tratara de 

eso

de actuar, 
y cómo

martes, julio 24, 2012

Deseos no preñan. ----Fábula --


Se le acababa el tiempo y no se atrevía a repetir la clase, el esposo terminaría por sospechar lo obvio. Si él pormenorizaba sus malos humores, la incomodidad súbita en respuesta a lo de siempre, su vida en común, le caería el centavo en la hendija. Si vuelvo a la clase me pongo en evidencia,  concluyó. Pasó la última semana del seminario consumida hasta la asfixia entre la infidelidad y el desvelo, no se le ocurría nada. ¿Infidelidad? Esa etiqueta tonta. Llegó el día, la separación determinada y el reinicio  del nuevo semestre. Buscó una sustituta, quiso creer que estaba haciendo una última travesura. Le dijo a una la amiga  entusiasta de la poesía y de las letras de las canciones: tienes que tomar la materia, serás mi vicaria, te sentarás delante suyo, lo mirarás de esta y de esta otra manera. Sobre todo, harás notar lo que tienes al frente. Las compararon y celebraron con poco entusiasmo las similitudes. Y así ocurrió, pero las cosas siguieron el curso normal, él tipito apenas se paseo por aquella cara e ignoró el lenguaje gestual. Ni siquiera ensayó una ironía. Ella tuvo noticias de aquel desgano en el claustro y lo tomó como desplante, sus rabietas fueron intensas, la dejaron preñada. 

sábado, febrero 16, 2008

Agarofobia

apuntes para una película francesa


Ha tomado la ampolla, la golpea dos veces con la uña del índice y parte la cápsula, un segundo y María es historia, leí a san Agustín en un momento de la vida, leí sobre el tiempo, decía algo así: es familiar e inexplicable, lo más familiar y lo más inexplicable, corrige, antes de la decisión, una u otra, debo llenar la jeringuilla, golpearla y liberar las burbujas, amaneció con el efecto opresivo de la falta de aire, tu vida limitada me asfixia, fue parte de la riña, lo hicimos como leopardos durante la brevedad del tiempo, repite, brevedad del tiempo y piensa de nuevo en san Agustín, más tarde cuando gira el torso sobre su cintura y atenaza con la mano izquierda la parte superior del glúteo, mira al hombre, fue revelado, lo vi limpio y quise tenerlo, entonces hablaste de la predestinación, ustedes no deciden, lo escribió y lo dijo y lo creyó, el pinchazo fue leve, tengo buena mano conmigo misma, hizo presión al émbolo y cerró los ojos, de inmediato sintió el sabor debajo de la lengua, los glóbulos de adrenalina, el hálito de la droga, lento, en un segundo la sacará, de nuevo el tiempo y los ojos de él, no su mirada, está en un lugar de la habitación, escribe, es un hombre decidido a olvidar, me duele cómo lo ha dicho, daré vuelta y no miraré atrás, nada nos compromete ni la predestinación ni aquella tontería de las almas gemelas, se pone los lentes y se marcha, fue la última vez que lo vio, cruzó la frontera e hizo el gesto o el movimiento, no estoy segura, expandió su pecho y entraron dos, tres bocanadas de aire , quedé afuera, así de fácil, él le dijo, no soportan esto, no lo soportan, dos meses después supe que tenía algo en la válvula mitral, el émbolo topa con el fin, es leve el mareo, es sutil la liberación, tu vida limitada, vuelve la frase y María ve doblar las campanas en la catedral, somos distintos, tontería, nunca las vi antes ni las escuché, estuve cien veces en esa ciudad, ¿Realmente estuviste? me pregunta, vi las terribles gárgolas y las sombras de los cipreses ¿Las viste? las campanas doblan, saca la aguja, la carne tiembla, ella cae de espalda sobre la cama, el estupor la adormece, va a llorar, tiene un pensamiento, quedar indiferente tuvo un sentido cuando te lo dije, nunca me hubiese dado cuenta del complejo o de la inutilidad de la arrogancia, voilà, el aire corre dentro hacia sus pulmones hasta sofocarla, no soportan esto, no lo soportan.

martes, febrero 12, 2008

Febrero 14



¿Cuántos pétalos tiene una margarita? Ése era el tipo de pregunta que Dimas no formularía jamás, se acomodaba en el sillón de mimbre y miraba desde el corredor de la casa crecer la mala hierba en el solar. Solar, pensaba, y le sonreía al sueño, me gusta descubrirme en sueños, soñar que soy Dimas o Gilberto y que vivo en una casa abandonada en el campo, la casa de cuatro corredores largos, sombríos y húmedos, con naranjos y cerezos al frente y a los costados y un corral para animales al fondo. Muy típico, el verano o el invierno, el sueño y tú con el vuelo del vestido sincopando la danza de la desolación respondes, es como un trébol de cuatro hojas. A Virginia la hace feliz saber que Dimas o Gilberto han formulado la pregunta vedada, pero las margaritas tienen cinco o seis pétalos, se recuesta sobre la barandilla, pliega el torso de cara al abandono, las briznas hacen remolinos, las hojas secas y el polvo levantan el velo, ella sueña con la escena, el hombre sentado en un sillón de mimbre, en el corredor, cerca de una alberca donde chapotea un niño. ¿Es nuestro? En ese momento te despiertas, es tarde y tienes fuerza aún para acariciar una almohada, el silbido de la respiración crispa la media noche, Laura mira por la ventana. Si no me encontrase en esta situación, ambos estaríamos recostados sobre el marco, miraríamos las luces amarillas y muertas iluminar el trazo aceitoso de la avenida, escucharíamos los ruidos que van y vienen junto a los perros y los errabundos buscadores de aluminio y basura, fumaríamos o beberíamos algo, te comentaría el sueño, la casa de campo, la alberca, el niño y no podría decirte nada porque lo conozco, decirte es hablar de Gilberto y en tu estado sería una crueldad, hay cosas que se deben hacer. Nos pudimos ahorrar el amor y estos años si te hubieras atrevido a preguntar cuántos pétalos tiene una margarita.

jueves, enero 31, 2008

Amok *

Saltó inquietante al claro del bosque el pequeño hombre de Siam; el sorog estaba raído y brillaba en la cintura el cris envainado; las sombras desplazaron a la cálida humedad de la selva, la isla se estremecía, los dioses dejaban de ser propiciatorios y desde el cráter del volcán bajaba un delta ígneo; la esclava miró a su amo caminar entre los salvajes malayos, la noche anterior deseó ver su cadáver entregado a las tinieblas y no aceptar la consumación de un destino adverso en los brazos de la princesa Tamihat; su corazón se debatía en inciertas contradicciones. La gente corría por sus vidas, el pequeño hombre de Siam se plantó en medio de la confusión, sacó el cris de empuñadura de oro y con un preciso movimiento hirió en la garganta al traficante holandés, el golpe certero lo apartó de la princesa y lo derribó de espalda sobre el piso fangoso, los ruidos cesaron por un segundo y en silencio, el guerrero tomó a Tamihat por la cintura, se la echó a la espalda como un fardo de bambú seco y se perdió con ella entre las breñas en búsqueda del mar; la esclava salió desde la maleza donde a escondidas observaba las terribles consecuencias de su traición, se lanzó sobre el cuerpo del hombre blanco, él trató de hablarle pero la sangre lo ahogaba, fluía a borbotones por la herida y por su boca; el lodo fue tiñéndose de purpura y aquellas dos figuras, una sobre otra, quedaron abandonadas en el claro del bosque. La roca fluida se petrificó en las faldas de la montaña, las cenizas tiznaron al ocaso, los botes desdibujaban sus estelas sobre el plateado y reverdecido océano, las olas se sucedieron como las páginas de un libro, el mismo ruido cortante, el mismo destello de plata. Fabiola echó sus brazos en torno al cuello de Rafael, le dio la espalda a la ensenada de Carupano y lo besó con rabia a contraluz del sol poniente; Tamihat primera, la reina del carnaval saludaba desde su carroza en el bulevar de los árabes, buscaba en la multitud a un hombre disfrazado de traficante holandés, en su lugar vio a un príncipe malayo, la saludaba con la mirada lasciva de los predadores embrutecidos por el alcohol, la tierra comenzaba a temblar, Rafael se liberó del abrazo posesivo de Fabiola y corrió por la rampa del mirador hacia el lugar donde se dispersaba la comparsa.



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*Palabra malasia que significa súbita y espontánea eclosión de rabia salvaje, que hace que la persona afectada corra locamente, armada, y ataque, hiera o mate indiscriminadamente a los hombres y animales que aparezcan a su paso

domingo, enero 13, 2008

Pego


(Un cuento de navidad para reyes)

Publicado en la revista El Grinch



Los hombres cuando nos enamoramos de una mujer muy hermosa no la tomamos como referencia para reafirmar esto o aquello, pero cuando andamos con una mujer inteligente, además, apuntalamos: según Carlota, usar eufemismos para referirnos al coito o a las partes del cuerpo es obsceno.

A Carlota le gusta tirar, no hacer el amor, de cara al amante. Le gusta ver los ojos de quien la penetra o le acaricia sus belfos, dice que valora gran parte de su disfrute acompañando al otro en la caída, en el instante en el que se abate en los abismos convirtiéndose en un ángel hermoso.

La noche anterior a la navidad me pidió:

-Bésame la espalda -y comprendí. Me apreté a su cuerpo con violencia, lamí la comisura de sus labios hasta su cuello y luego, a través de su pelo mojado por el sudor y la saliva, recorrí con la punta de la nariz y el hocico, cada una de sus vertebras, crucé un suave y lechoso desierto desde la cintura hasta las nalgas con una conciencia excesiva del gusto y del olfato. En la madrugada soñé con una mina de estaño, con un lugar de metales rancios y desperté a medias; una de mis manos hormigueaba, estaba entumecida sobre un pezón de Carlota. La luz amarilla de los postes se filtraba entre el cortinaje de la habitación, sentí miedo por el peso del silencio, un estremecimiento o la fisura de la existencia, pero ganó el cansancio y el sueño.

Amanecimos empiernados, tenía muchas ganas de orinar y sin embargo no pude dejar de rozar las nalgas de aquella mujer vulnerable, siempre de espaldas. Ella se abrió de nuevo, viscosa, sin agobios, con pereza como una boa y me tragó. Luego de un forcejeo agresivo, inútil y placentero nos rendimos a la abulia. La mañana estaba fría y nublada, me paré pegando saltos, me dolía el tronco del pene y las ganas de mear resultaban inaguantables. Me quedé largo rato, con la palma de la mano derecha extendida sobre la losa de las paredes frente a la poceta, mirando caer con indiferencia el chorro estrecho y divergido de orina.

-Cómo arde - exclamé.

A Carlota le gusta que la nombre verga. A veces se pone de mal humor si le digo que me ha dejado el pene hecho un desastre ¿el güebito? Me pregunta entre dientes y con rabia; entonces deseo arrancarle los labios de un mordisco.

Puse la greca hasta el tope. Uno, dos café. Un café para Carlota y a la cama, hacía frío, pero debía fijar el lavamanos del cuarto de visitas antes de las fiestas, se le prometí. He pasado una semana rastreando un quilo de pego por las ferreterías de Caracas; ahora las ferreterías venden cosas de plástico, asuntos para cañería, silicón, cajas de herramientas; herramientas, nada útil para fijar un lavabo a una pared: "no trabajamos con ese tipo de material" me dijo el dispensador pulcro, con su camiseta corporativa bien metida bajo sus pantalones, parecía un chulo de la Habana vieja o de la calle de los hoteles en Los Chaguaramos. Me encogí de hombros y fui a buscar en las constructoras, allí puede ser que consiga señor, me recomendó alguien y tampoco, en las constructoras solo venden ladrillos y cabillas, lo demás, por saco. ¿Quién necesita un puto saco de cemento y otro de arena? Me devolví a casa, me encontré al vecino y le expresé sin mucho énfasis mi frustración, él me prometió enviar a su plomero. Han pasado los días y no ha venido. Un maldito plomero, quién lo necesita.

Es tarde. Mediodía. Gotean los surtidores del fregador, ¿y a mi qué? Mi idea era pasar las fiestas abrazado a Carlota, bajo las colchas sucias. Recordé haber leído un poema: los amantes se entrelazan/ sobre colchas, gastadas, se aman. Qué pobreza. Me acaricié las manos y sonreí. Le llevé café a Carlota.

-Tenía al Orinoco dentro, apenas dijo y me dio la espalda de nuevo. Cuando me deslizaba bajo la manta, junto a ella, sonó el timbre de la puerta. "Mierda, que se pudra el mundo. "habría podido exclamar.

-En la mesa de noche dejo el café, no te duermas - era inútil, ella había pasado un brazo sobre su cabeza y dejaba colgar la mano. Quise caer muerto sobre su espalda.

El vecino:

-¿Puedes creer? Tampoco hay plomeros.

-Todo escasea – le dije con amargura, casi cerrándole la puerta en la cara.

Él dibujó una sonrisa completa en su rostro amplio de gran angular:

-No todo, te conseguí pego. Vamos, te ayudo a montar ese lavamanos – se abrió paso y entró. Allí estaba yo, inerme, desclaso, sin lavarme, en camiseta e interiores. Todos los fluidos de mi sexo con Carlota crujían como papas fritas sobre mi cuerpo,

– Huele bien ¿acabas de colar café?

Saqué un recipiente de estaño y preparé la mezcla, "sólo agua y ya está." El vecino me miraba hacer, a veces me sugería que le agregara un poco más de pego.

-No me vas a arruinar.

"¡Jódete!" quise rugir, sin embargo estaba agradecido, o debería estarlo. De cuclillas y agradecido, vaya grosería. Lo dejé afuera, tomando café y mirando hacia los cuartos como si buscara el olor de Carlota.

-Carlota es un nombre de gata -me dijo ella cuando la conocí.

-De perra- le repliqué

Así hemos pasado el tiempo que hemos vivido juntos, debatiendo si su nombre es nombre de gata o de perra.

-No le des coces a mi corazón.

-No lo haré.

-No pidas que te diga nada

-Todo, incluso lo feo

-Como tú quieras, menos te amo porque soy un hombre que no debe exponer su corazón a otra coceada.

Se encogió de hombros

-Terminarás por decímelo y no tendré la culpa

-¡Puta!

- De las que no se nombran


De cualquier manera, Carlota despedía un olor bonito, salobre; metálico y dulzón. Un aroma a ebanistería, a tiendas árabes y a estudio de copista, a cuero seco, higos, dátiles y tinta. Tomé la espátula y caminé seguido del vecino hacia el baño de visita, él insistía en supervisar la obra a pesar de lo poco que agregaba al trabajo. Pedía permiso para encender cigarrillos y alzaba su nariz en busca de un olor. Me entraron ganas de largarle una palada de mezcla.

Recordé una tarde, llovía mucho fuera del hotel y estaba comenzando a escaparme con Carlota, ella apartó su boca, dejó de besar, de tenerme dentro y en una décima de segundo, nunca puede ser antes o después, cuando mi glande se henchía desmedidamente; se retiró lo necesario para no perder cuatro flagelos de semen: en su pelo, en la cara, entre sus tetas, y en un brazo. Luego me regañó:

- Tienes que ser más creativo, faltó que golpearas con la cabeza mi lengua. No podemos permitirnos repetir las escenas mentirosas y poco placenteras de las películas porno.

Ahora, retocaba los bordes con la espátula e ignoraba al indeseable visitante, trataba de hacer mi trabajo con precisión y celeridad, deseaba volver a la cama, hacía frío.

¿Sabes? – Me dijo – colocando la taza de café sobre la jabonera de dibujo del lavamanos. "Por qué no te pones esa misma taza caliente en el culo", quise gritarle– me gustaría que tu y la mujer, digo…

-Carlota – Carlota apenas comenzaba a vivir conmigo, la había metido en casa a pesar de las amenazas de mi esposa (si lo haces te voy a dejar en la calle) hacía poco menos de un mes.

-Si, que tu y Carlota nos acompañaran la noche de Navidad, tu sabes…

"¿Yo sé qué, cabrón?" Redefinía un detalle por los bordes

-Tenemos demasiada comida y bebida para dos en casa y Leti se aburre, tú sabes…

"Va a seguir con el ya tu sabes de mierda ¿qué es tu sabes?" Pensé en Leti, su mujer, era la segunda esposa, tiene cara de putona aburrida: va a terminar metiendo a un maestro de música a la casa, me dijo otro vecino que me puso al tanto sobre las costumbres del que fastidiaba, "siempre le gustó ser un hombre de mente abierta. Con la anterior esposa armaba buenas fiestas y hacía correr el vino, la hierba buena y perico para el despeje. En sus saraos hay intercambios, a él le gustan esas vainas." Por un momento me imaginé detrás de una poltrona, vestido de látex o cuero negro, pellizcando con una pinza de sacar cejas las recogidas nalgas de Leti.

El susto me zarandeó.

-Es el frío – no sé por qué me excusé. El vecino me puso su mano regordeta y peluda en el hombro – ¿Lo vas a pensar?

- No te prometo nada, debo consultarlo.

Lo acompañé hasta la puerta, lo despedí con monosílabos, me devolví a la cocina, preparé más café, lo serví en un pocillo y fui al baño a abrir el grifo del agua caliente para ducharme. Esperé a que calentara el agua. En la mañana, antes y después de acabar dentro de Carlota, de susurrarle y decirle perra, gata o ulululú, dejé el cálido gozo de nuestros fluidos secarse sobre mi piel, salí de ella y me tendí boca arriba, deseaba quedarme así, con los ornamentos de su olor íntimo, pasar la noche buena y la navidad huraño y astroso, sujeto al almidón y al almizcle de nuestra alquimia. Ahora quedaba curtido de cal, arena y el cemento del maldito pego y debía sacar el cáustico mucílago de mi piel. Probablemente el vecino y sus amables intenciones de hacer orgías al estilo Play Boy tv o tristes fiestas navideñas, terminarían arruinado el goce de estos días. Mientras repasaba todo mi cuerpo bajo la regadera con un guante de cocuiza y gel, no dejé de rogar porque en los pesebres de Carlota la viscosidad de los aljibes me aguardara en glutinosa ebullición.





lunes, noviembre 12, 2007

Fotografías

Nadie excepto tu puede tomar la foto, siempre sales en gran angular, ahora pasado el tiempo te miro y reconozco un parecido a pepe grillo. Fabricio no recuerda su cara, apenas los dedos de sus manos, son diez, dijo, son diez, eso creo; abre los ojos y siente el reclamo abstruso de la luz de la mañana, siempre invernal, desde hace años invernal, son diez y tres malas experiencias; desea quedarse tendido sobre la cama, moverse entre las sábanas y las almohadas, ayer vi a un hombre viejo, comía con firmeza de convicción, tenía el hambre de los viejos, un hambre inútil, come y sus huesos son frágiles, su abdomen se abulta, su mirada pierde sentido, come para morirse sin dolor en el estómago; eso piensa Fabricio, sus pensamientos no son los verdaderos, son confusos. Antonia es flaca, se ha marcado los huesos en la piel, hubo un tiempo en el que las mujeres se marcaban algunos músculos o dejaban hacer voluptuosidades a sus carnes; ella se marca los huesos, la amo, dice a sus amigos, persiste el amor cada vez más emputecido, afirma a quienes no saben la historia porque nunca la va a contar, serán dos; ahora expresa amargura, tiene estrías allí donde nace el brazo y debería dibujarse la curva de los bíceps; la recuerdo, estira la mano se toma una foto, es narizona y tiene estrías en los bíceps y ha engordado más de lo que nunca hubiera querido, lleva una caja de cartón cubierta con celofán a cuesta por el mundo como un caracol, va bien envuelta. Su mundo es un pañuelo, un pañuelo más pañuelo que el de los demás. El asunto es la moral, Laura. Laura era una especie de militante de la luz, tenía unas cuantas causas justas y se empinaba con ellas y también las causas justas se convertían en una casa del caracol que la ausentaba de esa vida ruda e infeliz, de las poluciones, del recalentamiento, de las ciudades terminales; Laura era medio imbécil, dibujaba a veces un sueño tan extraño y perverso como una lámina de una revista mormona; era un calco de la histérica de Freud. Ramiro dijo una vez, el bucolismo de esa mujer es un infierno, me quedo con el jardín de las delicias de Antonia. ¿A cuenta de qué viene Laura? He aprendido a ser tan caprichoso como Antonia, y Laura es uno de sus caprichos, nada más, una putada. Dos actos fallidos, dos veces ha tratado de despertar, dos veces ha abierto los ojos y le duele todo el cuerpo, la vejez llega de golpe una mañana y llega cuando estás tan joven y redecorando la casa por quinta vez, llega cuando no se justifica el marco para un cuadro ni el río de una ciudad mirado siempre desde el mismo lugar, siempre, el que me espera, el río del mismo lugar de la gran ciudad, la misma; a veces voy con la caja de celofán a las fiestas y me muevo dentro de ella como una muñeca macabra, la libertad es eso, tener mis espacios bien delimitados, mis temores medidos y pesados y hasta los caprichos al cálculo; te permito el caprichito en tu relato. Ese podría haber sido su pensamiento, despierta al fin Fabricio y Laura la salvadora de castores, el capricho, tira piedras a un estanque, un estanque pequeño, de aguas turbias, las piedras se hunden, no ha aprendido hacerlas deslizar sobre la superficie de las aguas estancadas, escucha, ponle tus prejuicios a ese artificio, el mundo perfecto sin la especie humana, los faunos muertos, las víctimas de ceras, los museos y las dignidades de las bestias en sus bosques, cúbrete de la lluvia con impermeables de plástico, continúa ese tránsito hacia la niñez más vieja, más ridícula en la muerte de tu pasado y cree sobre todo, en el salto moral que te coloca en los púlpitos más absurdos ¿A quién le hablas? A ti ¿a mi? No, a Laura. Coño con esa Laura. ¿No me la estarás inventando? No, te lo juro. Silbas en los callejones, debajo de los puentes, a la salida del metro. Ambas creen haber superado a Fabricio y Fabricio cree haberlas superado a ambas y los tres se superan cada día, vuelven a la sombra y se increpan ¡Más! Una mujer no puede bailar bien porque lo decida y afirme, ni puede amar ni esperar en el discurso vaporoso de un tema musical su redención. Fabricio le dijo a Ramiro, me he dado cuenta de mi aridez porque me he olvado las letras de las canciones, sólo me interesan las imágenes de los clásicos. Abre los ojos por tercera vez, no posterga más el día, pondrá los pies sobre el piso, caminará arrastrando el pijama y se meterá una hora bajo la ducha, si se anima, se masturbará bajo la ducha, como aquel personaje de “Belleza Americana”, recuerda, todos al final vivimos una vidita; incluso los generales y las emperatrices, los filósofos que han desentrañado algunos misterios, voltea y se regodea. El momento es lo que tengo y se pudre como un queso o un pan, casi escucha el quejido de Antonia ¿Aquel inmortal? no. ¿Aquel cuando cayó de espalda sobre él? no. El quejido del las poleas de un viejo ascensor, ese es el quejido que escucha, una puerta, la sublime cobardía de la especie o del confort más elemental, el quejido de ella, no el de la farsante (hay una farsante). Duelen las estrías, su libertad dentro de la caja, la caja a cuesta, la caja y sobre todo le duele la cara angular, la cara de grillo, no la tengo así, lo sabes y mis labios son más húmedos y reales y mi sonrisa no se repite como en las fotos que conservas, una tras otras como una mueca, una muerte, un ya pasó y no duele ¿viste? Tu conoces mi sonrisa y mis pequeños delirios, desnuda me conoces, ante nadie, empapada y feliz contigo dentro, me conoces, rómpelo todo, incluso el recuerdo. Pudiera mostrarme más promiscua de lo tolerable, más perversa y prevenida, más superficial que las otras mujeres que se disputan conmigo la belleza sirviente de un fornido y hormonado atleta de prostíbulo o plató porno. No mostraría nada a estas alturas, ni la desvergüenza maquillada ni la hipocresía victoriana, una vez te pregunté, explícame la hipocresía victoriana, eso no se explica, eso se manifiesta, creo que dijiste, eso viene con un tipo de vida y no es victoriana, es de otra índole, una gracia de la nobleza y tu no eres noble, tu riqueza es reciente, por eso eres tan cobarde. En todo momento le buscaste cuatro patas al gato cuando sabes que tiene cinco ¿no es así? Dos fracasos. Tan cobarde, mira quien lo dice, el rey del pecado frito. Fabricio sale del baño, se mira la cara al espejo, dos momentos casi penúltimos de la sinfonía, la última. Rasguñar con las garras el pudor o la estima de alguien es censurable ¿por quién? Nada, me ha provocado decirlo, mientras más irrelevante más cáustica es la saliva del beso. Los besos que das cuando el otro voltea no molestan a nadie. Los besos que no guardas, se te bajan a las tetas. Y los besos que te niegas, te hacen cada vez más vieja. Mírate ahora como se te ha puesto la mirada, y esas líneas paralelas cerca de los ojos. El día será así, lleno de contradicciones, como todos los días, las contradicciones nunca se resuelven, y el amor no deja de ser una perla al fondo de un baúl de ornatos; al menos borra las fotos, rómpelas, desparécelas, y si no tienes el valor, confróntame a la vuelta de cualquier esquina cuando la sirvienta que te hace la cama doble las sábanas o cuando, como siempre, el mundo bostece y gire para aligerar la digestión.

miércoles, septiembre 05, 2007

Momentum




Subí a hablar con R a la Torre Norte y de vuelta salí por Pajaritos, puse cara de funcionario y me uní a la multitud; al principio, tu sabes, es caótico, puedes querer ir hacia Metrocenter, pero hay resaca y la calle está picada, por eso terminas en el samán frente a La Asamblea; a F lo botó la corriente por Santa Teresa y terminó en medio de una disputa entre un predicador de la Iglesia Pentecostal y un militante del PSUV, peleaban en nombre de sus respectivos dioses por la tribuna de la esquina, se iban a las manos entre gritos y acusaciones de idolatría, pero esa es otra historia. Sobre la acera del antiguo cine Ayacucho estaban los tipos que compran oro o los que cambian dólares, hice un esfuerzo y logré alcanzar la parte sur del Capitolio, encontré una riada entre tarantines y sentí el frío magnético de las estructuras de hierro colado guiar mis flancos; uno nada como puede, sobre todo si se nada en seco y con la ropa encima; quien no se mueva es recogido por un sistema de retracción de rezagados y puesto a hacer barra en un acto de promoción de la reforma constitucional; si tienes suerte, podrás ver a los tiburones más sabiondos, a los que antes nadaban en mares de alcohol y resentimiento dar gracias al señor, Él les ha permitido salir de las aburridas salas de desintoxicación y dar saltos de rana, aun siendo tiburones, para alabarlo como eterno e indiscutible, pero si no tienes suerte la cagas, pudieran obligarte a repetir con otras sardinas un salmo de acción de desgracia; mi idea siempre fue escapar, aprovechar las migraciones de basura y los bancos de carteristas y policías administrativos pendientes de ajusticiamientos sumarios en los arrecifes alcantarillados; en ocasiones encuentras barcas con velámenes de guayaberas, yates de turismo, los más osados suben desde el Anauco Hilton o desde el hostal Alba a reconciliarse con la paupérrima condición humana en proceso de redención revolucionaria; los chicos alegres de Sherwood pagan caro el gesto de solidaridad, la descarga de culpa y la cura del sarampión liberal porque son paralizados con golpes fortuitos en el pecho; secos y fuertes golpes; ellos apenas dibujan una estúpida mueca mientras los despojan de sus divisas, de una cadenita y de la cámara de tomar fotos; desnudos retornan con sus culos pateados pero contentos; están convencidos que todo ha sido un inescrutable acto de justicia, muchos de ellos filmarán películas y darán entrevistas e íntimamente lamentarán no haber sido pateados por la bota de un teniente coronel de la reserva; sin embargo, insistirán en dar explicaciones sobre los extraños caminos de la liberación popular en el tercer mundo. Yo estaba en una Línea de Sombra, un lugar calmo en el ojo del caos, los sabios se refieren a este punto geográfico de la miseria urbana como el momentum, no traté de encontrarle explicación a la sentencia de los lectores de Conrad, sólo buscaba tomar aire y atrapar una oportunidad, una azarosa vaguada, una depresión anímica de la atmósfera revolucionaria, un milagrito de los que nos hace todos los días la virgen del Carmen a los que volvemos sanos a nuestras camas; sucedió, un tipo grueso y retaco, calvo o con tres pelos en la nuca, pero con un peluquín negro indoriental calzado hasta la frente, un hombre a todas vistas, por su carácter y actitud, resteado con los cambios, me pregunta si estoy dispuesto a hacerle una carrerita de taxi, no tengo carro, le digo, él no me hace caso, su pregunta fue retórica; me abre una estela de plata sobre el negro pavimento entre La Catedral y la avenida Urdaneta; tira de mí por la solapilla de la camisa, creo escucharlo repetir un mantra o una vieja canción de lobo de mar, inventamos o erramos; y, de inmediato abre el sésamo o la portezuela de un Fiat; la revolución es un instante de gracia y las epifanías son tan ilógicas como la aventura que relato, únicamente puedo contarles un episodio más, una secuencia; una vez fuera de la tormenta, en paisajes menos devastados, me sequé el sudor de la frente, retomé el ritmo de la respiración y conduje al hombre providencial al aeropuerto Caracas; me sentía agradecido, era muy probable que tuviera que caminar de regreso a mi casa, pero a cada jornada su afán; sin que nadie nos detuviese accedimos a la pista de vuelo y nos estacionamos a la vera de una avioneta; entonces me atreví a ver por el retrovisor al hombre robusto y púrpura; luego de acomodarse el bisoñé y sonreír, abrió un maletín y dio un vistazo dentro, lo golpeó con la palma de la mano, comprendí, fue una revelación, que recibiría un tiro entre los ojos o me regalarían el auto, a veces estos finales son tiernos e impredecibles.

jueves, agosto 09, 2007

Cantata criolla de Bonnie and Clyde

Tumbado sobre la cama, estrecha como un catre o una litera de un viejo submarino, resopla ceñido por el sopor de la tarde en un antiguo puerto de mar. Cartago o Cartagena. Está al fondo, a la sombra, habita el cuarto, un lugar oscuro y caliente, esconde una mano detrás de la cabeza y con la otra se acaricia el pecho cubierto por el guardacamisa; lo recorre con la palma abierta y los dedos crispados, en trance, con drama, dibuja los bordes cerca de las axilas, baja hasta el cinto del pantalón, juega con las trabillas, se retoca el vientre y hace un esfuerzo sólo por rozar con el envés al glande purpurino; se empapa de sal y saca la punta de la lengua. Si tuviera un cigarrillo, piensa, lo desea, se imagina al corto cilindro pendiendo en sus labios y la ve a ella desnuda, dos veces, dos jornadas, desnuda y mirando, a través de una celosía, el declive de la luz de una tarde lluviosa; serenos los hombros, átomos o figurines para recortar. Gala en un cuadro de Dalí. Oh, quiero que seas tan coño de su madre como Gala. Mi Gala, mi Gala. Le gritaba entonces, deseo el amor, su soberbia, su maña, su negación, su valentía; trepar el atalaya del orbe y estar sobre las esferas porque has debido ser como Gala y oler a animal de pelambre áspera, a la gran hija de puta que me amó con impropiedad, usurpación y mentiras. Insensata, Gala o tú, siendo mil veces Gala, siendo Bonnie, Bonnie, Bonnie. Las historias no son. O son historias de imposibles. Si tuviera el maldito cigarrillo.

Sus voces vienen por él, lo arrastran atado de manos, esas voces son circunstancias o Las Parcas vestidas de uniforme. En el momento en el que penda y vaya al ritmo del oleaje, el mundo se acabará para todos, oh belleza, no hormonarán más a las vacas y las arañas continuarán sus labores, los tornados recorrerán los desiertos de Mongolia, Clyde se acomodará el sombrero y ajustará el saco de lino, seremos literales: me dirás güebón, te responderé, mamagüebo, a ver, dime, a ver ¿Quién gana? somos la única especie en riesgo: farsante, te responderé: veraz, quit pro quo. La rosa no es la rosa y el poema es un callo en la boca del estómago, el amor es una rosa diminuta y sus cuatro pétalos, como el amor petulante, leerán la derrota en el jardín de una pequeña rosa; entonces, penderé y no tendré tiempo para responder, llevaré la lengua afuera, seré el perro envenenado, el de los besos, muerto, sin rabia ni mal que acongoje, no he podido vivir otro día en paz (sin ti), los amantes no deben sobrevivir, deben morir con el botín en las manos, acribillados en su último asalto.



lunes, agosto 06, 2007

CSI

Al llegar la vi, y creí que ella iba a llorar o a reír de la alegría, de la tristeza, de la plenitud de un sentimiento; sus pupilas estaban contraídas y los ojos destellaban el brillo instantáneo de la intensidad; eran sólo parte del conjunto; la boca grande, los labios aún húmedos, los dientes perfectos, un poco asimétricos dibujaban una sonrisa suspendida entre la euforia, la plenitud y la urgencia. El cuello desnudo, expuesto apenas, detuvo un movimiento, una sutil deglución. Parpadearía antes de congelar el gesto. Retada pudo haberse sonrojado, una oleada de calor y de frío la recorrería segundos antes; retrajo su piel que presa de la influenza, de la espera y del acecho, del último y definitivo aleteo de un deseo proscrito e íntimo, delató el contorno erecto de los pezones a través de una franelilla de algodón: yace rígida. La cuerda suena, la cuerda emite un sonido armónico, una respiración quejumbrosa que fue; y, pareció retenerlo, no dejarlo ir, mojarlo y marcar su piel con la viscosa y cristalina savia de la cerviz, quiso apretarlo hasta la anoxia. Al llegar la vi, se marcaban los músculos de sus muslos, el tendón que anida dos accidentados declives entre los pliegues inguinales, los labios de la vagina y el nacimiento de sus nalgas. Su piel parecía la hoja lloviznada de un árbol de acacias, le resta el sudor, ya no dará otra vuelta, la vida se ha acabado, sus dientes han comenzado a parecerse al marfil vulgar de un amor perdido y la mirada de sus ojos, ahora vítreos, se la ha llevado un hombre, cualquiera, el asesino.



miércoles, julio 18, 2007

Las aventuras de Placer


a Lemur por su pronta recuperación



Estamos hablando de lo imposible. Tengo en mis manos trozos de revistas, páginas sueltas y oxidadas de las verdaderas historias de los superhéroes, defensores del orbe, de la vida sana y del buen vestir; si alguna vez se desplumó el gallo con lascivia insidiosa sólo fue posible frente a los sostenes de copa de La chica Maravilla, nadie es capaz de asegurarlo, por eso me siento colmado de retribuciones al poder ver al sesgo las piernas, las pantaletas azules, estrelladas y merlinescas de las mujeres defensoras del último imperio, la pax de la civilización que terminó legándonos al olvido, el orden imposible y desbordado a pesar de los esfuerzo de paladines (entre ellos el redimido superboy o el presbítero y peregrino superpantostado)

A continuación voy a copiar una nota, no puedo establecer si epistolar o ensayística, porque hemos perdido los parámetros académicos para clasificar o colgar etiquetas a los trabajos intelectuales de una civilización devorada por sus contradicciones menos relevantes, las de clase:

“ (...)Soy Placer, Superplacer, pertenezco a la última generación de héroes que combatió a las pandillas en las calles de Caracas, utilizo el término pandilla en un intento por globalizar el concepto, tengo la certeza de la próxima desaparición de una parte del planeta, y de nosotros como garantes de un modo de vida; me gustaría haber aprendido algún tipo de jerga universal, el esperanto de los malhechores, el aguara de la Iglesia Mormona, el cuti de las esposas desesperadas o la blaslabia de los gobernantes latinos, de los creadores de la multipolaridad (sic) y del futuro de los pobres; pero no tuve tiempo para los detalles trascendentes, el mundo giraba y no debía dejar de girar. En aquellos días las parrandas de malandros hacían orgías en donde los agarrara la aventura, eran cortesanos alegres como los chicos del viejo Robin de Sherwood; ellos armaban caballero a una figura de poder, antiguo déspota del desorden y se juntaban en torno a él a promover el caos y partir lanzas, por ejemplo, en un estadio de fútbol, un centro de acopio de comida o en las verbenas conmemorativas de fechas gloriosas y deleznables. Era pertinente el bate de béisbol para acariciar la dentadura de un bello discrepante, el pica hielo para ablandar el abdomen de los metrosexuales hijos de papá y el legendario Smith and Wesson para los disociados pedigüeños de libertad y derechos civiles. Decía el más sabio de los alcaldes, alardeando de su tono gorrión: -me han elegido para acabar con la indigencia y no reparo en métodos.

En búsqueda de la multipolaridad(sic) el mundo se polarizaba y los superhéroes, igual que los escritores, los artistas plásticos, los cineastas y danzarines de música autóctona, no escapaban a ello, nos vimos enfrentados y en más de una oportunidad probamos las descalificaciones audaces de nuestros antiguos compañeros. No eran los tiempos de la Bonachona Rosa, paladina de fatua mirada y verbo superficial, maestra del maquillaje y artera reprobadora, ella usaba métodos de reparo, el ridículo y la censura para desmoralizar a sus amantes hasta convertirlos en mendigos y en pusilánimes, pero siempre en nombre del amor (una causa noble a fin de cuentas) y de Afrodita, la robot nipona que regalaba sus senos a quienes la adversaban y se acostaba con los bastardos y los intocables de las islas Urales o de un barrio en Macarao. Vivíamos el blanco y el negro, el oeste contra el este, latinos contra gringos, militares contra civiles, la dialéctica forzando sus contradicciones al caletre de los manuales reinterpretados de un alemán resentido que murió con pústulas en el culo y un mal humor capaz de continuar inspirando a sus seguidores hasta las postrimerías del mundo. La situación era insostenible, habíamos librado todo tipo de contienda, las refriegas fueron cruentas y la espada no dejó de hacer su trabajo al lado del fuego, entonces tuve tiempos para el amor, pero es otra historia, mis aventuras eróticas con la mujer elástica: cuántas maromas, cuántas osadías y orgasmos.

Los pueblos oprimidos dejaron de hablar, y los desheredados de la tierra, el pobre de siempre, los esclavos de las minas de alquitrán, los balleneros del capitán Ahabb, los recolectores de drogas en los muelles de Hong Kong, los practicantes del sexo oral en los baños públicos, las mamadoras de la trastienda del sastre del Tolón, los sumisos a sus obsesiones, los jibaros de las esquinas en La Mohedano, las obreras textiles, las ociosas ocupadas en las tardes sin sentido de sus vidas redondas como la tierra, las anoréxicas modelos sobre sus eternas pasarelas, las víctimas de los extremismos de género, los adictos a los carbohidratos, las figuras de Hollywood y los pocos enamorados verdaderos fueron despojados de sus voces y con sus voces y la voz de un héroe del pasado guerrero, de poca estatura y grandes patillas, se expresó la voz mesiánica de un supertenientillo que nos condujo a librar de manera impostergable el Armagedón.

Acá es entonces cuando comienza el cuento. Dispuestos a decidir de una vez por todas el destino irresoluble, nos aprestábamos a hacer armas con nuestras mejores superfacultades y de esa manera, cual legión de ángeles, convertir la última batalla, en la última batalla. Cada cual tenía su misión devastadora, todo verde y azul, toda diversidad y diferencia, cualquier punto de vista debería ser incinerado para hacer prevalecer nuestra diferencia de los otros; el regimiento estaba listo, pero recibimos una carta de nuestra mejor superfigura; en ella manifestaba su retiro de la lucha y nos encomiaba a hacer lo mismo; debimos enfrentar la desolación, recordamos a Bonachona Rosa y a sus artes inmaduras, alabamos a Nuestra Señora de La Patada, imploramos el perdón a las indiferencias de Las Santas Damas Calculadoras y entonces yo recibí la encomienda de leerle al resto de mis compañeros una carta distractora y edificante dirigida al amable desertor: en momentos cruciales los hombres y mujeres dudamos, no sé si escribirte como al superhéroe o como al gris funcionario de una trasnacional que opera furtivamente en una de las empresas básicas del glorioso estado revolucionario. Si tuviese tiempo, buscaría en los cánones y zanjaría el problema; sin embargo y a pesar de tu libérrima decisión debo insistirle a mis compañeros en la posibilidad muy cierta de que hayas sucumbido al maleficio de una piedra debilitadora. Inteligencia ha descartado a la Kriptonita y al crack, éstas solo afectan a la estirpe de Superman. Reconocemos tu gesto y hemos gritado al unísono deplorándolo, lucharemos en contra de Oni-dex, le doblaremos el brazo en una embestida que cantarán trovadores y rufianes en los siglos futuros y le haremos firmar nuestros pasaportes. Danzaremos y clamaremos por los cazadores primordiales, ellos nos han legado sus habilidades, hemos pasado parte de la existencia pescando con la lanza goteante en mares y ríos, comprendimos en una noche de lobos y cucarachas que la edad espléndida en la que se debe penetrar al salmón con el agudo filo del hierro es a cierta edad que no revelaremos a los profanos. Estamos en nuestros mejores momentos para demostrar que el mundo es una rabia irresoluta y un amor indispuesto, no cejaremos en el combate hasta sacarle el espantoso aullido a la bestia, estamos embrutecidos por los torrenteros de nuestras incursiones y por las quebradas primordiales de la sublime montaña: ay de aquella que ponga a prueba nuestra ira o nuestra indiferencia, hemos dejado el consumo de infusiones alucinógenas y sólo llevamos en las alforjas de diseño, té descafeinado y chicle con Splenda, la orden es la batalla y la batalla es el hombre y la caza, aquí estaremos para cuando botes la piedra y decidas restituirte en los fragores de las cetrería, levantamos nuestros bellos espíritus, nos forramos con el uniforme y gritamos la gloria, no sin antes decirte que las mujeres ya no se conmueven con labia, labia no es lengua invencible amigo, y si no muestras la lengua no entras, debe ser una lengua rosada, húmeda e inquieta como los dedos de un león marino(… )

Es momento de interrumpir la copia y la lectura, debo guardar silencio porque comprendo que ante sucesos trascendentes e improbables de la historia primitiva de la anterior humanidad, debemos asignarnos la piadosa y estoica prueba de la ignorancia obligada. Dios es grande.

Tercer día de Cuaresma

  Memento Mori Israel Centeno Si solo das cuenta del afán y los éxitos, darás cuenta del costo. No hay victoria sin precio, ni altar sin fue...