I remember when sister Gertrude came to us with the story about
viernes, julio 24, 2015
Sofa
I remember when sister Gertrude came to us with the story about
lunes, agosto 06, 2012
Colorado
martes, julio 24, 2012
Deseos no preñan. ----Fábula --
sábado, febrero 16, 2008
Agarofobia
martes, febrero 12, 2008
Febrero 14

¿Cuántos pétalos tiene una margarita? Ése era el tipo de pregunta que Dimas no formularía jamás, se acomodaba en el sillón de mimbre y miraba desde el corredor de la casa crecer la mala hierba en el solar. Solar, pensaba, y le sonreía al sueño, me gusta descubrirme en sueños, soñar que soy Dimas o Gilberto y que vivo en una casa abandonada en el campo, la casa de cuatro corredores largos, sombríos y húmedos, con naranjos y cerezos al frente y a los costados y un corral para animales al fondo. Muy típico, el verano o el invierno, el sueño y tú con el vuelo del vestido sincopando la danza de la desolación respondes, es como un trébol de cuatro hojas. A Virginia la hace feliz saber que Dimas o Gilberto han formulado la pregunta vedada, pero las margaritas tienen cinco o seis pétalos, se recuesta sobre la barandilla, pliega el torso de cara al abandono, las briznas hacen remolinos, las hojas secas y el polvo levantan el velo, ella sueña con la escena, el hombre sentado en un sillón de mimbre, en el corredor, cerca de una alberca donde chapotea un niño. ¿Es nuestro? En ese momento te despiertas, es tarde y tienes fuerza aún para acariciar una almohada, el silbido de la respiración crispa la media noche, Laura mira por la ventana. Si no me encontrase en esta situación, ambos estaríamos recostados sobre el marco, miraríamos las luces amarillas y muertas iluminar el trazo aceitoso de la avenida, escucharíamos los ruidos que van y vienen junto a los perros y los errabundos buscadores de aluminio y basura, fumaríamos o beberíamos algo, te comentaría el sueño, la casa de campo, la alberca, el niño y no podría decirte nada porque lo conozco, decirte es hablar de Gilberto y en tu estado sería una crueldad, hay cosas que se deben hacer. Nos pudimos ahorrar el amor y estos años si te hubieras atrevido a preguntar cuántos pétalos tiene una margarita.
jueves, enero 31, 2008
Amok *
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*Palabra malasia que significa súbita y espontánea eclosión de rabia salvaje, que hace que la persona afectada corra locamente, armada, y ataque, hiera o mate indiscriminadamente a los hombres y animales que aparezcan a su paso
domingo, enero 13, 2008
Pego
(Un cuento de navidad para reyes)
Publicado en la revista El Grinch
Los hombres cuando nos enamoramos de una mujer muy hermosa no la tomamos como referencia para reafirmar esto o aquello, pero cuando andamos con una mujer inteligente, además, apuntalamos: según Carlota, usar eufemismos para referirnos al coito o a las partes del cuerpo es obsceno.
A Carlota le gusta tirar, no hacer el amor, de cara al amante. Le gusta ver los ojos de quien la penetra o le acaricia sus belfos, dice que valora gran parte de su disfrute acompañando al otro en la caída, en el instante en el que se abate en los abismos convirtiéndose en un ángel hermoso.
La noche anterior a la navidad me pidió:
-Bésame la espalda -y comprendí. Me apreté a su cuerpo con violencia, lamí la comisura de sus labios hasta su cuello y luego, a través de su pelo mojado por el sudor y la saliva, recorrí con la punta de la nariz y el hocico, cada una de sus vertebras, crucé un suave y lechoso desierto desde la cintura hasta las nalgas con una conciencia excesiva del gusto y del olfato. En la madrugada soñé con una mina de estaño, con un lugar de metales rancios y desperté a medias; una de mis manos hormigueaba, estaba entumecida sobre un pezón de Carlota. La luz amarilla de los postes se filtraba entre el cortinaje de la habitación, sentí miedo por el peso del silencio, un estremecimiento o la fisura de la existencia, pero ganó el cansancio y el sueño.
Amanecimos empiernados, tenía muchas ganas de orinar y sin embargo no pude dejar de rozar las nalgas de aquella mujer vulnerable, siempre de espaldas. Ella se abrió de nuevo, viscosa, sin agobios, con pereza como una boa y me tragó. Luego de un forcejeo agresivo, inútil y placentero nos rendimos a la abulia. La mañana estaba fría y nublada, me paré pegando saltos, me dolía el tronco del pene y las ganas de mear resultaban inaguantables. Me quedé largo rato, con la palma de la mano derecha extendida sobre la losa de las paredes frente a la poceta, mirando caer con indiferencia el chorro estrecho y divergido de orina.
-Cómo arde - exclamé.
A Carlota le gusta que la nombre verga. A veces se pone de mal humor si le digo que me ha dejado el pene hecho un desastre ¿el güebito? Me pregunta entre dientes y con rabia; entonces deseo arrancarle los labios de un mordisco.
Puse la greca hasta el tope. Uno, dos café. Un café para Carlota y a la cama, hacía frío, pero debía fijar el lavamanos del cuarto de visitas antes de las fiestas, se le prometí. He pasado una semana rastreando un quilo de pego por las ferreterías de Caracas; ahora las ferreterías venden cosas de plástico, asuntos para cañería, silicón, cajas de herramientas; herramientas, nada útil para fijar un lavabo a una pared: "no trabajamos con ese tipo de material" me dijo el dispensador pulcro, con su camiseta corporativa bien metida bajo sus pantalones, parecía un chulo de la Habana vieja o de la calle de los hoteles en Los Chaguaramos. Me encogí de hombros y fui a buscar en las constructoras, allí puede ser que consiga señor, me recomendó alguien y tampoco, en las constructoras solo venden ladrillos y cabillas, lo demás, por saco. ¿Quién necesita un puto saco de cemento y otro de arena? Me devolví a casa, me encontré al vecino y le expresé sin mucho énfasis mi frustración, él me prometió enviar a su plomero. Han pasado los días y no ha venido. Un maldito plomero, quién lo necesita.
Es tarde. Mediodía. Gotean los surtidores del fregador, ¿y a mi qué? Mi idea era pasar las fiestas abrazado a Carlota, bajo las colchas sucias. Recordé haber leído un poema: los amantes se entrelazan/ sobre colchas, gastadas, se aman. Qué pobreza. Me acaricié las manos y sonreí. Le llevé café a Carlota.
-Tenía al Orinoco dentro, apenas dijo y me dio la espalda de nuevo. Cuando me deslizaba bajo la manta, junto a ella, sonó el timbre de la puerta. "Mierda, que se pudra el mundo. "habría podido exclamar.
-En la mesa de noche dejo el café, no te duermas - era inútil, ella había pasado un brazo sobre su cabeza y dejaba colgar la mano. Quise caer muerto sobre su espalda.
El vecino:
-¿Puedes creer? Tampoco hay plomeros.
-Todo escasea – le dije con amargura, casi cerrándole la puerta en la cara.
Él dibujó una sonrisa completa en su rostro amplio de gran angular:
-No todo, te conseguí pego. Vamos, te ayudo a montar ese lavamanos – se abrió paso y entró. Allí estaba yo, inerme, desclaso, sin lavarme, en camiseta e interiores. Todos los fluidos de mi sexo con Carlota crujían como papas fritas sobre mi cuerpo,
– Huele bien ¿acabas de colar café?
Saqué un recipiente de estaño y preparé la mezcla, "sólo agua y ya está." El vecino me miraba hacer, a veces me sugería que le agregara un poco más de pego.
-No me vas a arruinar.
"¡Jódete!" quise rugir, sin embargo estaba agradecido, o debería estarlo. De cuclillas y agradecido, vaya grosería. Lo dejé afuera, tomando café y mirando hacia los cuartos como si buscara el olor de Carlota.
-Carlota es un nombre de gata -me dijo ella cuando la conocí.
-De perra- le repliqué
Así hemos pasado el tiempo que hemos vivido juntos, debatiendo si su nombre es nombre de gata o de perra.
-No le des coces a mi corazón.
-No lo haré.
-No pidas que te diga nada
-Todo, incluso lo feo
-Como tú quieras, menos te amo porque soy un hombre que no debe exponer su corazón a otra coceada.
Se encogió de hombros
-Terminarás por decímelo y no tendré la culpa
-¡Puta!
- De las que no se nombran
De cualquier manera, Carlota despedía un olor bonito, salobre; metálico y dulzón. Un aroma a ebanistería, a tiendas árabes y a estudio de copista, a cuero seco, higos, dátiles y tinta. Tomé la espátula y caminé seguido del vecino hacia el baño de visita, él insistía en supervisar la obra a pesar de lo poco que agregaba al trabajo. Pedía permiso para encender cigarrillos y alzaba su nariz en busca de un olor. Me entraron ganas de largarle una palada de mezcla.
Recordé una tarde, llovía mucho fuera del hotel y estaba comenzando a escaparme con Carlota, ella apartó su boca, dejó de besar, de tenerme dentro y en una décima de segundo, nunca puede ser antes o después, cuando mi glande se henchía desmedidamente; se retiró lo necesario para no perder cuatro flagelos de semen: en su pelo, en la cara, entre sus tetas, y en un brazo. Luego me regañó:
- Tienes que ser más creativo, faltó que golpearas con la cabeza mi lengua. No podemos permitirnos repetir las escenas mentirosas y poco placenteras de las películas porno.
Ahora, retocaba los bordes con la espátula e ignoraba al indeseable visitante, trataba de hacer mi trabajo con precisión y celeridad, deseaba volver a la cama, hacía frío.
¿Sabes? – Me dijo – colocando la taza de café sobre la jabonera de dibujo del lavamanos. "Por qué no te pones esa misma taza caliente en el culo", quise gritarle– me gustaría que tu y la mujer, digo…
-Carlota – Carlota apenas comenzaba a vivir conmigo, la había metido en casa a pesar de las amenazas de mi esposa (si lo haces te voy a dejar en la calle) hacía poco menos de un mes.
-Si, que tu y Carlota nos acompañaran la noche de Navidad, tu sabes…
"¿Yo sé qué, cabrón?" Redefinía un detalle por los bordes
-Tenemos demasiada comida y bebida para dos en casa y Leti se aburre, tú sabes…
"Va a seguir con el ya tu sabes de mierda ¿qué es tu sabes?" Pensé en Leti, su mujer, era la segunda esposa, tiene cara de putona aburrida: va a terminar metiendo a un maestro de música a la casa, me dijo otro vecino que me puso al tanto sobre las costumbres del que fastidiaba, "siempre le gustó ser un hombre de mente abierta. Con la anterior esposa armaba buenas fiestas y hacía correr el vino, la hierba buena y perico para el despeje. En sus saraos hay intercambios, a él le gustan esas vainas." Por un momento me imaginé detrás de una poltrona, vestido de látex o cuero negro, pellizcando con una pinza de sacar cejas las recogidas nalgas de Leti.
El susto me zarandeó.
-Es el frío – no sé por qué me excusé. El vecino me puso su mano regordeta y peluda en el hombro – ¿Lo vas a pensar?
- No te prometo nada, debo consultarlo.
Lo acompañé hasta la puerta, lo despedí con monosílabos, me devolví a la cocina, preparé más café, lo serví en un pocillo y fui al baño a abrir el grifo del agua caliente para ducharme. Esperé a que calentara el agua. En la mañana, antes y después de acabar dentro de Carlota, de susurrarle y decirle perra, gata o ulululú, dejé el cálido gozo de nuestros fluidos secarse sobre mi piel, salí de ella y me tendí boca arriba, deseaba quedarme así, con los ornamentos de su olor íntimo, pasar la noche buena y la navidad huraño y astroso, sujeto al almidón y al almizcle de nuestra alquimia. Ahora quedaba curtido de cal, arena y el cemento del maldito pego y debía sacar el cáustico mucílago de mi piel. Probablemente el vecino y sus amables intenciones de hacer orgías al estilo Play Boy tv o tristes fiestas navideñas, terminarían arruinado el goce de estos días. Mientras repasaba todo mi cuerpo bajo la regadera con un guante de cocuiza y gel, no dejé de rogar porque en los pesebres de Carlota la viscosidad de los aljibes me aguardara en glutinosa ebullición.
lunes, noviembre 12, 2007
Fotografías
miércoles, septiembre 05, 2007
Momentum
jueves, agosto 09, 2007
Cantata criolla de Bonnie and Clyde
Sus voces vienen por él, lo arrastran atado de manos, esas voces son circunstancias o Las Parcas vestidas de uniforme. En el momento en el que penda y vaya al ritmo del oleaje, el mundo se acabará para todos, oh belleza, no hormonarán más a las vacas y las arañas continuarán sus labores, los tornados recorrerán los desiertos de Mongolia, Clyde se acomodará el sombrero y ajustará el saco de lino, seremos literales: me dirás güebón, te responderé, mamagüebo, a ver, dime, a ver ¿Quién gana? somos la única especie en riesgo: farsante, te responderé: veraz, quit pro quo. La rosa no es la rosa y el poema es un callo en la boca del estómago, el amor es una rosa diminuta y sus cuatro pétalos, como el amor petulante, leerán la derrota en el jardín de una pequeña rosa; entonces, penderé y no tendré tiempo para responder, llevaré la lengua afuera, seré el perro envenenado, el de los besos, muerto, sin rabia ni mal que acongoje, no he podido vivir otro día en paz (sin ti), los amantes no deben sobrevivir, deben morir con el botín en las manos, acribillados en su último asalto.
lunes, agosto 06, 2007
CSI

miércoles, julio 18, 2007
Las aventuras de Placer

Tercer día de Cuaresma
Memento Mori Israel Centeno Si solo das cuenta del afán y los éxitos, darás cuenta del costo. No hay victoria sin precio, ni altar sin fue...
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¿Cómo lo expreso en español? Así, me dijo, fue típica la pregunta y la respuesta pudo ser demoledora, tenle misericordia a la dama, responde...
