Mostrando las entradas con la etiqueta Crónicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Crónicas. Mostrar todas las entradas

lunes, julio 23, 2007

Crónicas inconclusas de Taylor

Tratar de reseñar las aventuras de Taylor no es fácil, así me lo ha dicho un cronista, él se ha abandonado a recoger unas notas y a reescribirlas al azar; ninguna reseña es fácil, traté de argumentar, ésta es particularmente (no me gusta usar el adverbio) difícil; insiste. Pienso en mi amigo, está inhibido, el miedo es el peor de los tiranos, me viene la frase con ligereza y recuerdo a un pensador, el despotismo perfecto no necesita de muertos, encarcelados y torturados, sólo del miedo, el miedo le da pulcritud a las sujeciones. Los ojos de mi amigo se apagan y su estado de ánimo lo mantiene en la conversación con la vitalidad nostálgica de la gente triste. Hoy quería avanzar en mi trabajo, dice, tengo un par de notas, debería desarrollarlas, él ha estado nervioso, poco coherente, Taylor tiene la capacidad de procurar tensión y expectativas y luego diluirse con frivolidad como una niña inmadura y caprichosa, su vida es una serie de inutilidades, empecinamientos y deserciones; repite el cronista y cree tener el control de su mundo, nadie tiene el control, no puedo creer lo que escucho, el maldito y coño de madre control pasa por los hornos crematorios, el hostigamientos, los tribunales populares, el ostracismo, el puto líder; su oralidad me previene; a pesar del respeto y de los años de consideraciones mutuas mi incomodidad va en aumento, le pido las historias, díscolas, incoherentes, no importa, trata de esbozar algo de las crónicas, es imposible, pero valga todo esfuerzo para mantener viva la distorsión en el tiempo, la distorsión es un rompecabezas ordenado y desordenado una, otra vez y al final, por momentos, aparece la imagen, la idea original, clara: un canto de la gracia; la verdad es un fogonazo y sólo por segundos se la percibe, me aburre toda la consideración del preámbulo y le exijo con amabilidad los fragmentos de sus acopios

a) Huella. Oval, concéntrica. Huella, impresión de millones de ejemplares.
b) Guamache es un pueblo fértil, aromático, abre el apetito del continente, llama la atención del la gente apática, inquieta al extraño y motiva al lerdo. Por cada adulto que transita sus calles, se cuentan quince niños, niños que cabalgan las espaldas de sus padres (niños) y se ahorcajan en las cinturitas de las madres (adolescentes). La gente vive de la recolección de frutos del mar.
c) Amaneceres y fertilidad. El sol.
d) Hoy me siento sin nada, Dios.
e) Cuando niño me enamoraba de mujeres mayores, amores imposibles, ahora continúo con la tendencia. Imposible, invertida. No me enamoro de las mujeres mayores.
f) Un paso delante de mí, un paso detrás de mí, hubo un tiempo en el que no quería vivir más, ni pensar en lo que había vivido, el amor nunca a mi paso.
g) La china Yukio se parece a Marita, la hermana de Aida, es flaca; una vara, una espiga de capim melao. Cuando se maquilla la china Yukio dibuja un amanecer rojo y barato en sus mejillas, camina junto a Kelly, la toca apenas, acaso sonríen, bajan sus párpados y las pestañas hablan. Entre ellas hay una china mestiza, tiene rasgo guarichos y los dientes incisivos largos y blancos, de vampira, los visitantes la consideran bella, es generosa, hace sentir poderosos a hombres y a mujeres ; hombres y mujeres a los que castiga y premia. Kelly es hermética, tiene los hombros romos y los senos pequeños, en ella puede terminar el mundo, cada mujer es el fin, lo comprende y lo dice al bajar los párpados y amagar la sonrisa, es un dibujo animado, un rubor; no comprenderá jamás lo que comprende, me repito y deseo morir, el amor siempre va un paso atrás, el amor siempre va un paso adelante, todas las mujeres juegan y cuando están juntas establecen complicidades frágiles, se acarician y sonríen.
h) Un puente atraviesa a una autopista, los grandes camiones de largas bateas y cargas altas colisionan contra las vigas del puente, los funcionarios competentes han tomado cartas en el asunto, crearon una vía, cavaron y asfaltaron una depresión a un costado, los camiones al tomar por ese canal de tránsito disminuyen de nivel y pueden pasar bajo el puente sin rozarlo, asunto solucionado, pero los camiones insisten en llevarse por delante las vigas del puente a pesar de las alcabalas de acero y los travesaños con medidas especificas levantados cien metros antes del puente para detener a los tercos hombre del transporte: ellos arremeten contra las alcabalas de acero y los travesaños y chocan, de nuevo, con las vigas. No es un asunto de ley, sensatez o justicia, el puente no debe estar allí, comenta uno y comenta otro. Ayer ( cualquier ayer es válido para esta historia) un camión chocó la viga del puente y muchos oficiales del ejercito y de tránsito terrestre se ocuparon de vaciarle las llantas para sacarlo de circulación y solventar la tranca consecuente en la autopista, hay un embotellamiento de los mil demonios y un motorizado choca contra la parte trasera de un auto, el motorizado no cae, pero salta sobre la vía como un profesional de la acrobacia; de inmediato unos cincuenta, setenta, cien motorizados saltan junto a él y bailan la coreografía del terror; sin forma marchan sobre las ventanas y las puertas del auto chocado, las golpean con puños y pie, sacan al conductor por la pechera de su camisa y lo castigan, sobran trompadas y golpes marraneros; las motos rugen, los policías y oficiales del ejercito se concentran en su labor de espichar las llantas del camión, los otros conductores, muchos, los suficientes para contrarrestar una agresión, suben el vidrio de las venillas de sus carros y ponen al máximo el aire acondicionado, no dejan de escuchar sus radios y ipods, algunos, sólo algunos, sienten un aleteo en el pecho, ganas de saltar y protestar el linchamiento, pero cada vez llegan más motorizados; rugientes y desafiantes hacen parar y rodar sobre una rueda a sus motos, giran en torno al auto sitiado como indios en torno de una caravana en el lejano oeste de un país remoto; el hombre agredido logra abrirse paso a manotazos de ahogado, golpes suaves de ciego, cree recordar que una vez le dijo a su hermana: golpes de niña me saben a piña. Piña, piñazo. Coño, coñazo. Lo han perdonado, se acomoda como puede la camisa, el pelo, ha perdido los lentes; tembloroso y salpicado por su sangre entra al carro, lo enciende y entre improperios avanza con lentitud, vaya suerte, (en vez de contarla) puede callarla. En la radio de uno de los vehículos parsimoniosos, alguien escucha un programa de opinión, un especialista de algo habla sobre el miedo, de como se va instalando en las personas, es más cómodo habituarse que desafiar, dice, capaz y nunca nos toque la lotería.
i) Gerundio sólo es, teniendo al otro en el pensamiento de uno, poder estar en el pensamiento del otro.



martes, julio 10, 2007

Who killed Bambi?





Fumaba y tomaba té, té negro y fumaba, Coronel conoció a Betania y ninguno fue feliz, así le echaron el cuento a Israel. Una mañana de invierno, habíamos pasado la noche jugando ajedrez en casa de Lanz, salimos a caminar por Camdem Town, a mirar a las barcas pastar, así decía Ron, las barcas pastan en el Union Canal, buena letra. Donatella tenía las tetas más jugosas de principios de los ochenta y a Coronel también le gustaba Donatella, dijo mientras le tiraba trozos de pan a las barcas, son tan blancas y calientes, son tan rosados sus pezones, suspiraba y daba asco. Pasamos el día entre Camden y Adelaide, fue un día gris y cayó escarcha sobre las hombreras de nuestros sacos, dormimos sobre los bancos y no pensábamos en el futuro, comenzábamos a dejar de ser de izquierda, sólo éramos postergados situacionistas, nadie lo supo hasta estudiar sobre las tendencias sociales y filosóficas de los Sex Pisxtols. No crucé el Atlántico para matar a Bambi, dice Cruz, bosteza y abraza a Lanz, Lanz le habla de Borges, filmaré esa película, nos invita al cine: esta noche en La Pantalla sobre la colina a un late night, dos películas… "la causa universal actúa como un torrente, lo arrastra todo ¡Qué seres tan vulgares estos hombrecitos….!"

Vivimos en Londres en los años muertos, en los años de la recesión, en los años de la de la inserción de la A de la anarquía en el alfabeto, Israel me contó que soñó con La Tatcher, la vi, se reía, estuvo riéndose toda la noche, era su cara inmensa y su cabeza bien peinada, su dientes pulcros, una obscenidad al lado de su marido, dos cabezas, dos globos, dos caricaturas en el Sun, tengo una merengada en el cerebro, cerveza negra, sidra, el Black Sabbath y la Fania, Donatella se irá de nuestras vidas y envejecerá en un pueblo de Italia, hablará el dialecto de sus padres y olvidará su bautizo de semen una noche en Stockwell, ¿Quién te crees tu para recordarnos? Londres es mi ciudad nos diría una mujer más tarde, no deben volver a ella. Volaban los bares con dinamita o C-4 y los terroristas secuestraban embajadas y los escuadrones especiales liquidaban a los terroristas, nada de eso sucedía para los dormilones, se puede llevar una vida por los corredores, dormir en los bancos de los parques y matar a Bambi, eran los años muertos, Bob cantaba en los bares en el sur, en Brixton y cuando vimos La gran estafa en La pantalla de... ya Sid Vicius le había quitado la vida a Nancy y se había muerto empapado de heroína, no sé por qué Máximo le decía El Pato sobre la colina, era La pantalla... así aparecerá en una novela que escribe Israel, la leí, cuántas maromas hace para evitarnos, su Londres es irreconocible, no tomaría café ni té ni fumaría con él, es un farsante y ha perdido mi respeto ¿Cómo aparecerá? No sé si reconoceríamos la melodía de Sid & Nancy - Love Kill, pero sabríamos de qué se trata, en la casa que habitamos vivía un polaco chiflado, se comunicaba desde el sótano, cada noche, con una red de espionaje en Berlín oriental, tenía una tarjeta de presentación: Kazimierz agente de espionaje y decía saber de qué se trataban nuestras vidas, todas las vidas se tratan de lo mismo, se volverán conservadores y creerán haber sobrevivido a los infiernos una vez recuerden los infiernos, reía y desaparecía por los corredores sin luz de la casa que habitábamos. Vamos, eran los años de transición, ningún ícono que mear, ninguna revolución que hacer, de vuelta sobre los bancos de los parques para dormir, destruir en sueños, destruir a los ídolos sin convertir al sueño en el ídolo destructor de ídolos. Qué locura, qué aburrimiento. Hay una ecuación, te ve y te mide, te pesa, sabe el alto el medio y el bajo, primero debes hacerle entender que eres distinto, luego que es imposible pero sucede, es un milagro, tu mundo y mi mundo nos son los mismos mundos sobre el mundo, dice, luego te da golpes, pequeños, tímidos, se retrae e inventa un espacio, larga la invisible seda, el dulce aliento, besa y se entrega con la zarpa abierta, se retira y golpea de nuevo, esta vez da un golpe preciso, doloroso, el golpe de la ausencia, estoy, no estoy, estoy, no estoy, así hasta convencerte de que has ideado una jugada original (risitas), será tu jugada (más risas), con esto la jodes, eres genial, armas la escena, somos bestias cazadoras con sentido escénico, eso es una frase, es redonda, siempre debes creer, actúas para alguien, alguien te mira, te mira Dios y San Pedro, te ven los ángeles de la corte celestial y Lucifer, sus demonios, ellos te miran desde el palco contrario, armas la ejecución de tu acto infeliz, entras en el juego del círculo vicioso, lo entiendes, una vez lo emprendas será muy difícil liberarte, lo más relevante de todo es que será imposible que el otro se libere, es criminal lo que has hecho, te dirán, te acusarán, te perderán las consideraciones, te juzgarán y te procesarán ¿Quién ha ganado?
Te hicieron creer que tu juego era autónomo, de eso se habló en Londres en aquellos años muertos, de la autonomía individual, de la libertad absoluta, pincharse las venas, transgredir las costumbres, romper el cristal del mundo y morir de amor. El amor no te hace libre ni el odio, los sentimientos tiranizan y la falta de sentimientos destruye sistemáticamente a los hombres, los condena a los campos de concentración, a los hornos, es preferible perder la libertad a convertirse en genocida, eran las grandes discusiones mientras nos solazábamos en los bancos de los parques, el extremo lleva a la punta de la soga y la soga ahorca al rebaño cuando suspende en el aire al individuo. Esa mañana salimos a caminar, era una mañana de invierno y algunos decidieron rendir sus armas, algunos filmarían sus películas, otros se burlarían de la futura Princesa de Gales y los más tremendos se masturbarían sobre las páginas amarillistas del Sun, Betania negó sus labios de corazón a Coronel, El amor mata, no recuerdo la letra ni la música, y tu ¿qué recuerdas de todo aquello? La guitarra distorsionante y estimulante de Jones, la tensión entre la batería y los instrumentos de cuerda, la entrevista de Ronnie Biggs (el tipo del gran robo del tren de Londres) con Sex Pistols, la orgía en Brasil, todos fuimos, tardíamente y en aquellos años muertos, los asesinos de Bambi, no queda otro ídolo por destruir, Israel le ha contado la historia (con su estilo muy cuestionable de contar las cosas) a su sobrino y a su hija menor y nosotros levantamos el vuelo ¿el amor mata al amor o a Sid & Nancy?) Miramos todo en perspectiva, nos reservamos nuestras conclusiones, somos los muertos.



lunes, junio 25, 2007

Una variación sobre arañas

Las arañas. Ellas saliban sus tejidos, mantienen hasta ocho partes de su cuerpo en labores; una araña construye el lecho y la otra lanza sus telas hacia adelante o hacia los costados; inventa, ambas recelan, pero una cederá y se acostará en el lecho improvisado y neutral de la otra, aceptará el capullo, se dejará hacer cosas de arañas, la perspicaz escapará y largará sus tendidos protectores, sus tramas; allí caerán las moscas de la mañana, los insectos del día, las luciérnagas de la noche; la otra no insistirá, añora el lecho humedecido para la ocasión, vulgar, no diferenciado; sabe cómo pierden fluidez y viscosidad las telas abandonadas; tiene miedo a ser devorada; su orgullo le impide reconsiderar el mandato de los instintos ¿Morir envenenada por una arañita tramposa? Jamás.






El silencio es como el negro, en él están contenidos todos los sonidos; un paso en el silencio, la respiración, el murmullo de un ave espantada en la sombra, el amor y sus ausencias. Las ausencias son como el negro; he hecho de mi blog una botella partida, de muchos picos; un capricho particular, mi expresión más descuidada y errática; polimorfo, heterogéneo y he ido cerrando mis máscaras, las travesuras o las maldades, los meandros posibles; nunca he creído en la honestidad y en el altruismo de un creador, pienso como uno de los heterónimos de Pessoa: sólo lo hace, crea, recrea, el daño es la contraparte, lo colateral; soy un hombre viejo y me debo circunspección; así va esto, no busco el diálogo ni el debate; me es suficiente el interior, el cotidiano con el entorno, el mundo no mejorará un ápice por un cometario entre millones, ni la vida dejará de ser la irracional expresión de un Dios. Detesto la multitud, es la negación de la palabra, la bulla o el tormento, deploro los púlpitos y a los predicadores, a veces me escandalizan los más escandalizados, estas conclusiones no me hacen menos ciudadano, menos político, menos beligerante; pero no me llamo a engaños, mi espacio es una voluntad expresada, es mínimo, nadie vino a triunfar, el triunfo es contingente y relativo; a veces logramos exlamar ¡no! como el hombre rebelde de Albert Camus y debería bastar porque comenzamos a ser diferentes y rebeldes. Ayer el día estuvo azul nubloso, pocas nubes y siempre blanco el azul; el día presagiaba la tormenta de la madrugada inmediata, alguien me dijo: se aprende a leer el tiempo; lo hice y supe, tendremos un día bueno para caminar, puedo rehacer mi itinerario por el cerro: aun no han abierto el acceso por Los Naranjitos a Papelón e hice el camino por el cortafuegos hasta la pica de Loma del Cuño y desde allí hasta las antenas, todo un periplo; me gustan los periplos, las soledades y sus incertidumbres; pensar mientras camino, pensar con la cabeza llena de hormonas y de espiritualidad ebria; he estado leyendo tragedia y he vuelto sobre el suicidio de Ayax, la contraposición de su delirio a su lucidez, clave de un buen drama, Hamlet de Shakespeare; sólo los hombres libres encaran los dilemas, a veces la resolución es drástica; Ayax el rebelde, el loco, el lúcido, reconoce la deshonra; su orgullo se ha roto, el equilibrio es imposible y actúa en consecuencia; sino puedo procurar la muerte de los que me humillan, me niego a someterme a sus voluntades, es el suicidio vindicador, el triunfo compensador del narcisismo humillado; el tema. A Oscar Wilde no lo calla la Inglaterra victoriana, me niego a pensar en su derrota, Oscar Wilde, entre el delirio y la lucidez ( podemos precisar su ánima en La balada de la cárcel de Riding y en De profundis), ha tomado la decisión libre de quitarse la vida o la palabra, y entre sus grandes citas (ha sido leído más como un hombre de grandes citas y no como un autor de grandes obras), se lee: cuando no conocía la vida, escribía; ahora que conozco su significado, no tengo nada más que escribir. Al igual que Ayax es humillado y exige la reparación en la desmesura de la tragedia y en la dolorosa lucidez; ya pasaron los tiempos del desvarío; resta el silencio, el suicidio; Oscar Wilde se muere antes de morir y en París, se muere, se calla a sí mismo; el silencio es como el negro, el negro es como la soledad, la soledad es como el amor, los caminos son muchos y son los medios del destino, de cualquier destino; el camino no es culpable de los extravíos, ni la ausencia de caminos es ausencia de destino; o la cobardía el bombardeo de los pretextos; es una nota pensar con la cabeza inundada de hormonas y escribir mal en una libreta Moleskine; por ejemplo, en una parada, ayer bajo un árbol barbado, mientras miraba a dos arañas tirar, construí un despropósito, el amor puede darse vuelta y descubrirse tan feo como un monstruo grabado en una catedral, las ilusiones son las expectativas de una víctima; la victima termina inculpada, es inevitable el crimen de la víctima; no tiene sentido escribir a mano, no entiendo mi letra; no tiene sentido llegar hasta el final de mis desbarres, sobre todo el de estos últimos días, son infelices y no dicen sino pendejadas, ustedes entenderán, en un mundo, en una comunidad de millones de escribidores, todos los dicientes imbuidos en la certeza de agregar y en un país beligerante e inteligente; no decir nada, sustraer, puede ser ofensivo. Se ha perdido el sentido de arriesgar la máxima pretensión del arte, la sustracción o una tontería; decir: me usaste y me gustó; me gustó tanto e hice trampa para ser usado de nuevo. Retomo el sentido del límite, de él dependió siempre no ir más allá, al delito.

viernes, junio 22, 2007

Menos que un gato

Mis historias pudieron tener su comienzo en San Agustín, no he escrito nada sobre San Agustín; hace poco recordé las noches en la casa del pasaje dos, oscuras, pálidas y amarillas; en las noches ladraban los perros; aullaban y eran presagios; las trompetas en Marín colaban parsimoniosas junto a las voces de los viejos marihuaneros; los gatos caminaban sobre las cornisas; dos o tres eran los fantasmas o aparecidos que en verdad me quitaban el sueño; a uno de ellos lo vi correr desde el pasaje hacia el zaguán de la casa de José María; la mamá de José María era muy vieja y daba miedo; su casa, lúgubre, un fantasma. En Catia las noches fueron diferentes, no las he recordado mucho; ebrias, eufóricas; repletas de sueños estúpidos, el futuro, irse al Brasil o a Nicaragua, navegar en un barco mercante y desembarcar en Helsinki, conquistar mujeres en Ámsterdam; morder la vida a grandes dentelladas y hacer revoluciones; ebrias fueron las noches. En El Marques fui violento, anduve buscando pleitos por las calles y me enamoré de Jimena en una fiesta; la mamá de Jimena era una mujer de mente abierta, hacía fiestas y tenía amantes que hablaban en las radios; a mi me gustaba Jimena, oler su pelo y bailar muy pegado a ella, el mundo quedaba afuera y nos contábamos cosas muy tontas; ahora no las recuerdo; las conversaciones se mueren como se muere la gente. La gente se muere; a veces las encontramos en el supermercado o en un centro comercial y están muertas, son como los aparecidos frente a la casa de José María pero no dan miedo ni asombran. Jimena se fue y yo me largué; ambos morimos y andamos por allí, la he visto cuando subo al cerro por el puesto de La Julia; estamos muertos. Hoy no quería levantarme de la cama, el día está agradable, me duelen los brazos, como si hubiese nadado en la nada; ya he vivido cuatro o cinco vidas, eso creo; nadie se da cuenta, sólo permanece, viviremos para siempre, cuatro o cinco veces; en el recuerdo se vence al exilio y las vidas establecen un diálogo y encontramos solución de continuidad, he tenido vida en Madrid, en Barcelona, en Londres; he tenido muchas y todas han terminado siendo esta que se ha vuelto una locura, me extraña y me hastía, debería ser más optimista; optimista somos todos, de una u otra forma; cada quien en sus refriegas y con sus tiempos; incluso los más tristes, los que han perdido el gusto y el tacto. El tiempo corre, grita el conejo de Alicia y mira el reloj, hoy baja la gracia y me hace comprender por qué siempre anda apurado. Cometemos errores graves cuando nos abandona una vida, las vidas humillan cuando se van sin explicaciones (Las vidas no dan explicaciones), el ardid es suicida; la inmolación genial, al final se sacan cuentas y seguimos en cero, todos pierden o nadie gana; nadie sabe cuándo comienzan las historias, San Agustín fue un invento, Palermo, Garibaldi o Coayacan; Ulises no fue el único tramposo, ni Ayax el suicida heroico; dentro de un rato iré a comer paella por Bello Monte; tomaré dos o tres copas de oporto, un tequila si me animo; vendrán las ganas, son mareas; ayer fue el día más largo del año, me acosté sobre el piso, abrí las ventanas, estaba en un cuarto que fue mío hace tiempo; me gusta ver declinar la tarde el día más largo del año; oscurece, lo hace con elegancia, el día más largo del año es la vida digna, los recuerdos se diluyen en un azul muy oscuro, en tinta china

miércoles, junio 13, 2007

Performance



La vida pudo haber sido distinta, nunca; no pudo, no existe el atenuante, la especulación es ociosa. En estas noches soñaba; caminaba por las calles de Londres o de Caracas; hace años y no ahora a pesar de ir al lado de Álvaro; hace años que no veo a Álvaro y él vive en Londres, caminábamos como siempre; en mi sueño él había cambiado; fue una paseo en el presente andado hace tiempo. Han cambiado muchas cosas; entonces el mundo estaba dividido en dos bloques muy definidos (dos poderes detestables), Bob Marley cantaba con su banda en un pub de Brixton y en el lugar donde filmaron los conciertos de Nueve Orgasmos vimos películas de Sex Pistols. No tenía nada claro sobre mi vida, ni siquiera vivirla, me levantaba y vagaba por los parques o me iba a una academia de pintura a ver a las jóvenes de Adelaide hacer bosquejos de anatomía en carboncillo; al día su óbolo, su oración; caminábamos y cuestionábamos al poder, más tarde haríamos lo mismo en Caracas, eran largas caminatas, comíamos ponqués de cannabis, el cielo se cruzaba de relámpagos sobre las estructuras victorianas, sobre las casas de ladrillos rojos de Belzeizes Park; los parroquianos iban con aires de Boris Karloff, sombríos; nos reíamos de esas tonterías, del sepia, del blanco y negro, de la azulada tormenta de la noche londinense; desembocábamos al oeste, llegábamos hasta más allá de Kensington; los comercios hindúes dejaban escapar el irritante olor de sus especias, el sauna del curry; los negros de Trinidad vivían en Portobelo y en Portobelo vivieron mis amigos antes de conocerlos, vivió mi tío cuando tuvo que vivir en Londres, fue el espacio de las primeras comunas en los sesenta. Álvaro me contó que en la casa en la que ellos estuvieron, Mick Jagger filmó una película sobre gánsters ingleses; no es lo mismo, son gansters distintos, creo que me insistió: un hombre duro del Soho se esconde en una comuna y allí vive experiencias al límite con Mick, los hongos, el sexo y el ácido; era una película de bajo presupuesto: Performance. Los sueños duran poco, dicen que no más de dos o tres minutos, pero yo estuve soñando toda la noche, cada vez que me despertaba y me desperté muchas veces, soñaba lo mismo, andaba con Álvaro, era mi tío, eso me dijo una noche de diciembre hace muchos años: fui a una fiesta y me enamoré de una pelirroja de Zimbawe, el amor no duraba más que unas horas y tuvimos malos entendidos, no nos comunicábamos muy bien, a lo mejor era activista contra el apartheid, yo me empeñaba en verla como una segregacionista blanca, pudo haber sido el amor de mi vida, adoré sus ojos transparentes, las pecas de su cara, sus labios grandes; por Dios, qué sabía yo de segregacionismo, por entonces repetía muchas frases hechas, no supe hablar con ella y no había leído a autores surafricanos, me volví a casa y anduve con un peso doloroso sobre las puntas de los pies, caminaba a rastras y en mi ánimo imperaba la obstinación, todos hacían diligencias para que yo entrara a una academia a estudiar cine, tenía que enseriarme, aprender bien el Inglés, irme a casa de unos amigos de Gales y hacer vida de campo, el plan era perfecto; y no sé dónde comenzó el quiebre, pude haberlo conversado en estos sueños; los sueños son despóticos, dictan el libreto y nadie puede saltarse una línea, y en las líneas del sueño no estaba contemplado hablar de los desaciertos ni de los resentimientos; ambos deseábamos hablar, comentarnos cosas, pero Alvaro sólo me dijo en el sueño: me enfermé por haber tomado una pócima química; pensé en la alquimia y vi su abdomen, tenía el abdomen de quienes han tomado fósforo, eso pensé en sueños; en aquella época todo era más simple, ser de izquierda nos confrontaba con el poder, condenábamos a los soviéticos, a su intervención en Afganistán, al estado opresivo en Alemania del este; era tan aberrante como la dictadura de Pinochet, y la intervención en Vietnam fue oprobiosa; hablábamos mucho de la situación de los mineros en Escocia, la recesión, del Ejército Republicano Irlandés e íbamos a los Jumble Sale con Martin, él sabía buscar bluyines y sacos para el invierno. El Adversario era todo aquello que restringía la voluntad individual y colectiva, cualquier fuerza segregacionista, recordé a la mujer de Zimbawe, la he recordado fuera del sueño luego de tanto tiempo, y me levanté y sentía ganas de hablarle a alguien de mi sueño, no pude sino medio escribirlo en un correo electrónico, estaba movido, me desperté; el sueño no me dio la oportunidad para decirle a mi amigo, fueron buenos tiempos y debemos vernos de nuevo para hablar, estuve en Londres hace casi dos años y busqué la casa donde vivían, quería mostrarle a mi hija dónde fui feliz, y nadie me supo dar razón de ustedes, mis amigos; convirtieron los squoters en condominios, y se veían tan iluminados como siempre, cuando eran squoters; sin Franz, sin Lanz, iluminados, el 20, el 24, el 28 de Fleet Road, sin Gilbert el gato. No pude decir en el sueño: le dejé escrita una carta a Pauline, los esperé en vano en el Instituto Cervantes. Los eventos pasan y poco se puede corregir, hoy he comenzado a escribir un diario a mano, y continué obsesionado con mi vida inglesa; ahora son las cinco de la tarde, me he pasado el día esperando una llamada del centro que otorga pasaportes de emergencia, debo viajar a Albuquerque y responder a un compromiso, no llaman, sólo queda el día de mañana; veo al diario junto a mí, tomo los lentes, me revienta pasarme las tardes en casa: recuerdo una tarde de invierno, lavaba mi ropa al final de Fleet Road, donde comienza Hampstead, tomaba té o café aguado y caliente con Álvaro, era invierno y estábamos prolijos, recién bañados, estábamos bendecidos por la luz oblicua bajo el cielo transparente, felices por nada; irónicos, a él le debo la vena insoportable de la ironía, y libres; sin proponernoslo elaboramos una hipótesis, lo hicimos, estuvimos seguros o de acuerdo: los sueños son opresivos, en ellos perdemos por completo el control. No pude hablarle al amigo. También me es difícil aceptar la tiranía del pragmatismo; es tarde, no me han llamado, espero aún por el pasaporte; leo El viento de la luna y me provoca responder a cualquier pregunta, como lo hace al final el coronel de la novela de García Márquez: ¡Mierda!










Mis ejércitos soñados, derrotados sin haber existido,


Mis cohortes aún por existir, deshechas por Dios


Fernando Pessoa

viernes, mayo 25, 2007

El síndrome Montecristo

Queramos o no, acudimos a Miguel; sobrevuela las circunstancias y se reserva el punto de vista; él manipula los antagonismos y no repite sus sentencias; por ejemplo, le dijo a Joaquín: la abulia puede ser efectiva, la cosificación libera, pero a veces no puedes ni debes liberarte de un trastorno o de la burla, la impunidad no existe; eres incapaz de ser indiferente ¿Qué hacer? Ajusta los grillos y pierde la vergüenza; le dije entonces, poniendo de manifiesto mi frivolidad: escuché una frase en Dr House, me hubiese gustado escribirla, esa frase siempre ha sido mía, nunca la pronuncié pero me pertenece: mi
orgullo es más fuerte que mis instintos; él mueve la cabeza con lentitud, parece un ave doméstica: ¿sabes? es buena frase; una frase buena reivindica a una persona que sufre, la gente feliz no necesita frases buenas; sólo es buena, no es posible; llega un momento en el que los instintos sobrepasan cualquier límite, hasta los más razonados. Miguel se despertó amable y de buen humor, ha estado en el quiosco revisando la prensa, le ha dado por leer obituarios; lo veo como un padre, un confesor, alguien a quien le puedo contar mis cosas; a veces no tenemos interlocutores y desesperamos; mantengo mi vida de bajo perfil; no soy un hombre a quien se le ve el aura, o se le descubren los secretos en el iris de los ojos, la mentira me protege, decir la verdad me ha acarreado unos cuantos zarpazos; sólo a él confieso mis cosas, estoy vuelto añicos, sufro Miguel, no me concentro y pienso que la vida se ha cumplido para mí, nada me promete; la incertidumbre ha logrado hundirme; levanta el culo y haz algo, responde y se ríe a carcajadas mientras pasa el resaltador sobre una nota de pésame en la página necrológica de un diario, me hace sentir un puto más regodeado en un tema puto; miente, oculta y administra tus miserias, subvierte las circunstancia y retoma el control; no seas marico muchacho torpe, debes saber apagar la luz; Miguel se percata de mi ruina, no se apiada, todos podemos disolvernos, dejar de existir y golpear con la ausencia, a veces el valor está allí, en la oscuridad, en el vacío, cuando vivimos sin la luz y dejamos de buscar argumentos; emplea toda su presión: no puedes cosificar sino sufres, si no muestras y exhibes el dolor: te odio, veo tu mano tejer y deploro las ilusiones compartidas, deploro la inocencia, la belleza, quiero un mundo para destruir, un paisaje para someterlo a la aridez; la deshonestidad no es exclusiva de la deshonesta, no priva en la hipócrita; antes de que los abismos se separaran, las indignidad preexistía y tu hiciste de tu historia de amor un cuento malo, usaste los silencios, las omisiones; y, aquella palabrita dicha una y otra vez: tu no sabes nada, una y otra vez te hizo saber más de la cuenta porque la ignorancia es reveladora, las posibilidades, todas, permutan y son reales ¿algo más suculento? Miguel me invita a tomar un café; no voy a escribir esto, es basura autocompasiva, pienso, pero él parece enterarse de mis pensamientos, y dice, para eso sirven los blogs, los siquiatras se arruinan cada vez más, y tu poder radica en la capacidad de ordenar un mundo verdadero en la ficción, no te lo guardes, hazlo saber, grita; serás implacable cuando seas capaz de reordenar las cosas en el lugar donde muestras el culo, no tendrás piedad. Escribe con el rigor insano de la pasión. No pueden patear tu vida y quedar indemnes como si fueran personajes poderosos e inefables de una miniserie; mantén la herida viva, el odio es un aliciente, es la felicidad heredada de las desdichas y te pertenece; sólo guarda una hendija en el tiempo para la indiferencia; es lo natural.

Comienza la mañana, recuerdo a Edmundo Dantés en If, debo hacer mil cosas, tomo el café apresurado, seguramente a la hora de los tragos, más tarde, Miguel será otro animal de presa con otras trampas, su imprevisibilidad lo convierte en un cazador invicto.

Tercer día de Cuaresma

  Memento Mori Israel Centeno Si solo das cuenta del afán y los éxitos, darás cuenta del costo. No hay victoria sin precio, ni altar sin fue...