martes, julio 24, 2012

Deseos no preñan. ----Fábula --


Se le acababa el tiempo y no se atrevía a repetir la clase, el esposo terminaría por sospechar lo obvio. Si él pormenorizaba sus malos humores, la incomodidad súbita en respuesta a lo de siempre, su vida en común, le caería el centavo en la hendija. Si vuelvo a la clase me pongo en evidencia,  concluyó. Pasó la última semana del seminario consumida hasta la asfixia entre la infidelidad y el desvelo, no se le ocurría nada. ¿Infidelidad? Esa etiqueta tonta. Llegó el día, la separación determinada y el reinicio  del nuevo semestre. Buscó una sustituta, quiso creer que estaba haciendo una última travesura. Le dijo a una la amiga  entusiasta de la poesía y de las letras de las canciones: tienes que tomar la materia, serás mi vicaria, te sentarás delante suyo, lo mirarás de esta y de esta otra manera. Sobre todo, harás notar lo que tienes al frente. Las compararon y celebraron con poco entusiasmo las similitudes. Y así ocurrió, pero las cosas siguieron el curso normal, él tipito apenas se paseo por aquella cara e ignoró el lenguaje gestual. Ni siquiera ensayó una ironía. Ella tuvo noticias de aquel desgano en el claustro y lo tomó como desplante, sus rabietas fueron intensas, la dejaron preñada.