miércoles, julio 18, 2007

Las aventuras de Placer


a Lemur por su pronta recuperación



Estamos hablando de lo imposible. Tengo en mis manos trozos de revistas, páginas sueltas y oxidadas de las verdaderas historias de los superhéroes, defensores del orbe, de la vida sana y del buen vestir; si alguna vez se desplumó el gallo con lascivia insidiosa sólo fue posible frente a los sostenes de copa de La chica Maravilla, nadie es capaz de asegurarlo, por eso me siento colmado de retribuciones al poder ver al sesgo las piernas, las pantaletas azules, estrelladas y merlinescas de las mujeres defensoras del último imperio, la pax de la civilización que terminó legándonos al olvido, el orden imposible y desbordado a pesar de los esfuerzo de paladines (entre ellos el redimido superboy o el presbítero y peregrino superpantostado)

A continuación voy a copiar una nota, no puedo establecer si epistolar o ensayística, porque hemos perdido los parámetros académicos para clasificar o colgar etiquetas a los trabajos intelectuales de una civilización devorada por sus contradicciones menos relevantes, las de clase:

“ (...)Soy Placer, Superplacer, pertenezco a la última generación de héroes que combatió a las pandillas en las calles de Caracas, utilizo el término pandilla en un intento por globalizar el concepto, tengo la certeza de la próxima desaparición de una parte del planeta, y de nosotros como garantes de un modo de vida; me gustaría haber aprendido algún tipo de jerga universal, el esperanto de los malhechores, el aguara de la Iglesia Mormona, el cuti de las esposas desesperadas o la blaslabia de los gobernantes latinos, de los creadores de la multipolaridad (sic) y del futuro de los pobres; pero no tuve tiempo para los detalles trascendentes, el mundo giraba y no debía dejar de girar. En aquellos días las parrandas de malandros hacían orgías en donde los agarrara la aventura, eran cortesanos alegres como los chicos del viejo Robin de Sherwood; ellos armaban caballero a una figura de poder, antiguo déspota del desorden y se juntaban en torno a él a promover el caos y partir lanzas, por ejemplo, en un estadio de fútbol, un centro de acopio de comida o en las verbenas conmemorativas de fechas gloriosas y deleznables. Era pertinente el bate de béisbol para acariciar la dentadura de un bello discrepante, el pica hielo para ablandar el abdomen de los metrosexuales hijos de papá y el legendario Smith and Wesson para los disociados pedigüeños de libertad y derechos civiles. Decía el más sabio de los alcaldes, alardeando de su tono gorrión: -me han elegido para acabar con la indigencia y no reparo en métodos.

En búsqueda de la multipolaridad(sic) el mundo se polarizaba y los superhéroes, igual que los escritores, los artistas plásticos, los cineastas y danzarines de música autóctona, no escapaban a ello, nos vimos enfrentados y en más de una oportunidad probamos las descalificaciones audaces de nuestros antiguos compañeros. No eran los tiempos de la Bonachona Rosa, paladina de fatua mirada y verbo superficial, maestra del maquillaje y artera reprobadora, ella usaba métodos de reparo, el ridículo y la censura para desmoralizar a sus amantes hasta convertirlos en mendigos y en pusilánimes, pero siempre en nombre del amor (una causa noble a fin de cuentas) y de Afrodita, la robot nipona que regalaba sus senos a quienes la adversaban y se acostaba con los bastardos y los intocables de las islas Urales o de un barrio en Macarao. Vivíamos el blanco y el negro, el oeste contra el este, latinos contra gringos, militares contra civiles, la dialéctica forzando sus contradicciones al caletre de los manuales reinterpretados de un alemán resentido que murió con pústulas en el culo y un mal humor capaz de continuar inspirando a sus seguidores hasta las postrimerías del mundo. La situación era insostenible, habíamos librado todo tipo de contienda, las refriegas fueron cruentas y la espada no dejó de hacer su trabajo al lado del fuego, entonces tuve tiempos para el amor, pero es otra historia, mis aventuras eróticas con la mujer elástica: cuántas maromas, cuántas osadías y orgasmos.

Los pueblos oprimidos dejaron de hablar, y los desheredados de la tierra, el pobre de siempre, los esclavos de las minas de alquitrán, los balleneros del capitán Ahabb, los recolectores de drogas en los muelles de Hong Kong, los practicantes del sexo oral en los baños públicos, las mamadoras de la trastienda del sastre del Tolón, los sumisos a sus obsesiones, los jibaros de las esquinas en La Mohedano, las obreras textiles, las ociosas ocupadas en las tardes sin sentido de sus vidas redondas como la tierra, las anoréxicas modelos sobre sus eternas pasarelas, las víctimas de los extremismos de género, los adictos a los carbohidratos, las figuras de Hollywood y los pocos enamorados verdaderos fueron despojados de sus voces y con sus voces y la voz de un héroe del pasado guerrero, de poca estatura y grandes patillas, se expresó la voz mesiánica de un supertenientillo que nos condujo a librar de manera impostergable el Armagedón.

Acá es entonces cuando comienza el cuento. Dispuestos a decidir de una vez por todas el destino irresoluble, nos aprestábamos a hacer armas con nuestras mejores superfacultades y de esa manera, cual legión de ángeles, convertir la última batalla, en la última batalla. Cada cual tenía su misión devastadora, todo verde y azul, toda diversidad y diferencia, cualquier punto de vista debería ser incinerado para hacer prevalecer nuestra diferencia de los otros; el regimiento estaba listo, pero recibimos una carta de nuestra mejor superfigura; en ella manifestaba su retiro de la lucha y nos encomiaba a hacer lo mismo; debimos enfrentar la desolación, recordamos a Bonachona Rosa y a sus artes inmaduras, alabamos a Nuestra Señora de La Patada, imploramos el perdón a las indiferencias de Las Santas Damas Calculadoras y entonces yo recibí la encomienda de leerle al resto de mis compañeros una carta distractora y edificante dirigida al amable desertor: en momentos cruciales los hombres y mujeres dudamos, no sé si escribirte como al superhéroe o como al gris funcionario de una trasnacional que opera furtivamente en una de las empresas básicas del glorioso estado revolucionario. Si tuviese tiempo, buscaría en los cánones y zanjaría el problema; sin embargo y a pesar de tu libérrima decisión debo insistirle a mis compañeros en la posibilidad muy cierta de que hayas sucumbido al maleficio de una piedra debilitadora. Inteligencia ha descartado a la Kriptonita y al crack, éstas solo afectan a la estirpe de Superman. Reconocemos tu gesto y hemos gritado al unísono deplorándolo, lucharemos en contra de Oni-dex, le doblaremos el brazo en una embestida que cantarán trovadores y rufianes en los siglos futuros y le haremos firmar nuestros pasaportes. Danzaremos y clamaremos por los cazadores primordiales, ellos nos han legado sus habilidades, hemos pasado parte de la existencia pescando con la lanza goteante en mares y ríos, comprendimos en una noche de lobos y cucarachas que la edad espléndida en la que se debe penetrar al salmón con el agudo filo del hierro es a cierta edad que no revelaremos a los profanos. Estamos en nuestros mejores momentos para demostrar que el mundo es una rabia irresoluta y un amor indispuesto, no cejaremos en el combate hasta sacarle el espantoso aullido a la bestia, estamos embrutecidos por los torrenteros de nuestras incursiones y por las quebradas primordiales de la sublime montaña: ay de aquella que ponga a prueba nuestra ira o nuestra indiferencia, hemos dejado el consumo de infusiones alucinógenas y sólo llevamos en las alforjas de diseño, té descafeinado y chicle con Splenda, la orden es la batalla y la batalla es el hombre y la caza, aquí estaremos para cuando botes la piedra y decidas restituirte en los fragores de las cetrería, levantamos nuestros bellos espíritus, nos forramos con el uniforme y gritamos la gloria, no sin antes decirte que las mujeres ya no se conmueven con labia, labia no es lengua invencible amigo, y si no muestras la lengua no entras, debe ser una lengua rosada, húmeda e inquieta como los dedos de un león marino(… )

Es momento de interrumpir la copia y la lectura, debo guardar silencio porque comprendo que ante sucesos trascendentes e improbables de la historia primitiva de la anterior humanidad, debemos asignarnos la piadosa y estoica prueba de la ignorancia obligada. Dios es grande.