jueves, agosto 09, 2007

Cantata criolla de Bonnie and Clyde

Tumbado sobre la cama, estrecha como un catre o una litera de un viejo submarino, resopla ceñido por el sopor de la tarde en un antiguo puerto de mar. Cartago o Cartagena. Está al fondo, a la sombra, habita el cuarto, un lugar oscuro y caliente, esconde una mano detrás de la cabeza y con la otra se acaricia el pecho cubierto por el guardacamisa; lo recorre con la palma abierta y los dedos crispados, en trance, con drama, dibuja los bordes cerca de las axilas, baja hasta el cinto del pantalón, juega con las trabillas, se retoca el vientre y hace un esfuerzo sólo por rozar con el envés al glande purpurino; se empapa de sal y saca la punta de la lengua. Si tuviera un cigarrillo, piensa, lo desea, se imagina al corto cilindro pendiendo en sus labios y la ve a ella desnuda, dos veces, dos jornadas, desnuda y mirando, a través de una celosía, el declive de la luz de una tarde lluviosa; serenos los hombros, átomos o figurines para recortar. Gala en un cuadro de Dalí. Oh, quiero que seas tan coño de su madre como Gala. Mi Gala, mi Gala. Le gritaba entonces, deseo el amor, su soberbia, su maña, su negación, su valentía; trepar el atalaya del orbe y estar sobre las esferas porque has debido ser como Gala y oler a animal de pelambre áspera, a la gran hija de puta que me amó con impropiedad, usurpación y mentiras. Insensata, Gala o tú, siendo mil veces Gala, siendo Bonnie, Bonnie, Bonnie. Las historias no son. O son historias de imposibles. Si tuviera el maldito cigarrillo.

Sus voces vienen por él, lo arrastran atado de manos, esas voces son circunstancias o Las Parcas vestidas de uniforme. En el momento en el que penda y vaya al ritmo del oleaje, el mundo se acabará para todos, oh belleza, no hormonarán más a las vacas y las arañas continuarán sus labores, los tornados recorrerán los desiertos de Mongolia, Clyde se acomodará el sombrero y ajustará el saco de lino, seremos literales: me dirás güebón, te responderé, mamagüebo, a ver, dime, a ver ¿Quién gana? somos la única especie en riesgo: farsante, te responderé: veraz, quit pro quo. La rosa no es la rosa y el poema es un callo en la boca del estómago, el amor es una rosa diminuta y sus cuatro pétalos, como el amor petulante, leerán la derrota en el jardín de una pequeña rosa; entonces, penderé y no tendré tiempo para responder, llevaré la lengua afuera, seré el perro envenenado, el de los besos, muerto, sin rabia ni mal que acongoje, no he podido vivir otro día en paz (sin ti), los amantes no deben sobrevivir, deben morir con el botín en las manos, acribillados en su último asalto.