jueves, enero 31, 2008

Amok *

Saltó inquietante al claro del bosque el pequeño hombre de Siam; el sorog estaba raído y brillaba en la cintura el cris envainado; las sombras desplazaron a la cálida humedad de la selva, la isla se estremecía, los dioses dejaban de ser propiciatorios y desde el cráter del volcán bajaba un delta ígneo; la esclava miró a su amo caminar entre los salvajes malayos, la noche anterior deseó ver su cadáver entregado a las tinieblas y no aceptar la consumación de un destino adverso en los brazos de la princesa Tamihat; su corazón se debatía en inciertas contradicciones. La gente corría por sus vidas, el pequeño hombre de Siam se plantó en medio de la confusión, sacó el cris de empuñadura de oro y con un preciso movimiento hirió en la garganta al traficante holandés, el golpe certero lo apartó de la princesa y lo derribó de espalda sobre el piso fangoso, los ruidos cesaron por un segundo y en silencio, el guerrero tomó a Tamihat por la cintura, se la echó a la espalda como un fardo de bambú seco y se perdió con ella entre las breñas en búsqueda del mar; la esclava salió desde la maleza donde a escondidas observaba las terribles consecuencias de su traición, se lanzó sobre el cuerpo del hombre blanco, él trató de hablarle pero la sangre lo ahogaba, fluía a borbotones por la herida y por su boca; el lodo fue tiñéndose de purpura y aquellas dos figuras, una sobre otra, quedaron abandonadas en el claro del bosque. La roca fluida se petrificó en las faldas de la montaña, las cenizas tiznaron al ocaso, los botes desdibujaban sus estelas sobre el plateado y reverdecido océano, las olas se sucedieron como las páginas de un libro, el mismo ruido cortante, el mismo destello de plata. Fabiola echó sus brazos en torno al cuello de Rafael, le dio la espalda a la ensenada de Carupano y lo besó con rabia a contraluz del sol poniente; Tamihat primera, la reina del carnaval saludaba desde su carroza en el bulevar de los árabes, buscaba en la multitud a un hombre disfrazado de traficante holandés, en su lugar vio a un príncipe malayo, la saludaba con la mirada lasciva de los predadores embrutecidos por el alcohol, la tierra comenzaba a temblar, Rafael se liberó del abrazo posesivo de Fabiola y corrió por la rampa del mirador hacia el lugar donde se dispersaba la comparsa.



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*Palabra malasia que significa súbita y espontánea eclosión de rabia salvaje, que hace que la persona afectada corra locamente, armada, y ataque, hiera o mate indiscriminadamente a los hombres y animales que aparezcan a su paso