jueves, octubre 05, 2006

Los poemas tontos


Todos alguna vez nos hemos enamorado de una actriz, y le escribimos poemas muy malos. Este poema lo escribí hace mucho tiempo, y me creía un hombre enamorado de una actriz. Hoy soy sólo un hombre.





Para Susan Dey las mañanas siempre han sido luminosas
San Francisco en un raso blanco
donde el café se bebe sin asombro.
Hoy su vida es un discurso carente de contrastes
Mientras se desliza sobre patines por los bulevares,
se da cuenta de las implacables estrías
que como surcos se abren paso en la piel


No cumplirá treinta años de nuevo

A pesar de haber aprendido a dominar sus chacras
de la dieta macrobiótica
de su débil creencia en la transmutación de la vida,
surge como Excalibur de un lago
el susto por el fin ineludible


Alguna vez sintió el imperio de la intensidad
y la militancia era un rigor
hoy todo es una rara y urticante nostalgia

De una casa al sur de la bahía
en la cual se fueron confundiendo los conceptos
leyendo a Marx e intentado el cultivo de la yerba
pasó sin sobresalto a Beverly Hill
donde comprendería, en el silencio de las mansiones,
la sensatez del deleite inmediato


El optimismo es otra miseria humana
- se dijo
ha aprendido a refugiarse en la levedad
hereda de Diógenes una linterna o un faro
un barril de peletería con el que cubre su cuerpo,
ya no busca al hombre

Las canchas de tenis son amables,
el sol resplandece en ellas
y hace del blanco una recurrencia.
Un primer Martín siempre es grato
Luego de un excitante set


Susan Dey tiene una agenda apretada
Cruza el Golden Gate
y cree mecerse en el mundo.
Al final,
su día es un ocaso sin lujuria
y vive siempre una recurrente inquietud
soy monógama desde hace seis años
el cuerpo de mi hombre es un frío cinturón de castidad.
Dos frases que resumen su angustia
mira a la bahía turbulenta,
nada hace ruido en su alma,
llega a una sabia conclusión:
un Hai Ku
y su precisa métrica
denotan la vida perfecta


La esperanza es vana
no volverá a conmoverse,
la historia es agua que se filtra
en la sensata madurez;
no mira al mundo con énfasis.
El exceso es una debilidad
y ha tomado distancia de la vida
la devastación y el hastío
la acompañan.

Cierra los ojos, el mundo es abolido.
Susan Day duerme y es feliz