miércoles, noviembre 01, 2006

El fuego que prende un Cerillo en el caos

“Me parece un cuadrado, cada angulo recto es un cuarto de circulo. Dentro del recinto todo anda mezclado pero como en el cielo las tragedias son las estrellas. Sólo el que padeció la selva puede apreciar en todo su explendor el dulce anonimato de la civilización”

Hoy recojo las frases de Cerillo y las hago mía; qué agregar. No mucho. Nadie agrega. Por allí escuché hablar sobre la verdad y las cosas bellas; no era un socrático tan cuadrado quien hablaba, era un desquiciado y parecía romboide o un jugador de malabares; decía que sólo por sustracción se crea, y por sustracción aparece la belleza. Enseguida pensé en los ladrones y en aquel ofrecimiento: antes de que finalice el día estarás conmigo en el cielo; luego le di vuelta a la idea y encontré que por sustracción se hace no muerto el vampiro, o por sustracción se suma al revés. Hablaba del Dante, de la mitad del camino de la vida y no pensaba en la selva oscura ni en la tragedia de las estrellas; por sustracción me ha quedado El Ávila (el mío) Londres, El Paseo Maragall y el glamour de Clementina en Barcelona; lugares donde ciertamente amé como escribía por allí en mi correspondencia virtual, hace tres o cuatro vidas: amé allá como un pendejo loco, pero cuando vuelvo por Paseo Maragall o por Londres, todo vuelve de cierta forma, con cierto talante, y aún como un pendejo loco puedo ser y hacer, como un loco, pero no llego ahora (que no por ahora,) a comerme el platito de lentejas.
"A mitad del camino de la vida,
en una selva oscura me encontraba
porque mi ruta había extraviado.

¡Cuán dura cosa es decir cuál era
esta salvaje selva, áspera y fuerte
que me vuelve el temor al pensamiento! "




Frase aparte Urriola, en estos días mi neurosis se ha vuelto un coagulo desagradable, una tina espesa donde se bañan algunas obsesiones, me he vuelto urdidor y me castigo armando trampas inauditas, tengo los dedos destrozado por tanto trabajar la cetrería; creo que los resultados son varios y pintos, Me he encontrado a Pablo Castel, el personaje de El Túnel ha dado vuelta, se ha movido, es una linda mujer ( Y María Iribarne soy yo, el malo) demasiado hermosa; a veces insoportable e irritante, mi consejero cercano me dijo, las mujeres hermosas a tu edad irritan la uretra y recienten la próstata, son como la dieta de los puntos, llenan de pequeños ateromas el alma; no se puede escuchar consejos, amigo urdidor, porque no te dejarán llegar a viejo a tu aire y hay que darle unos cuantos ceros a la libertad, tu me entiendes; sin embargo, connoto y delimito, para evitar que me gane la partida la irritación, sustraigo y me retraigo, veo al sesgo, me he vuelto un prodigioso pronosticador, mira, al menos sé que a partir del mediodía me sentiré abrumado por un bajón súbito, que estaré más solo que un ojo y que se mantendrá el mal tiempo por una semana; debo encontrar la terapéutica, el remedio para el abandono: la sustracción, ir a mi sitio de poder a dos mil cuatrocientos metros y encontrar los referentes en el paisaje hostil de los páramos. Sigue en pie el asuntillo aquel de robarle la individualidad a la fulana diva, secuestrarla y hacer de ella un personaje que se corresponda a las aquiescencias donde la limitaremos, la despojaremos de libertad y la haremos esclava del argumento, ella siempre lo ha sido y de guionistas muy malos, lo comprende y sufre, a veces no soporta el jugo de naranja que le hacen tomar cada mañana, se hastía y se lleva sus manos al pecho, tiene muchas pecas en el pecho, y quiere exclamar unas líneas de Marlowe o de Shakespeare y es castigada por La Jaula de Oro de Lila Morillo. Hoy, más tu que yo, debemos hacer algo; como te dije, tengo los dedos lleno de mordeduras y estaré tan vacío como un punto equidistante en el espacio. No la abandones Urriola, así termines convirtiéndola en la novia de Frankestein, no la abandones.