jueves, julio 26, 2007

Taylor se despide de la mano de Jacques Jerome Casanova


Al escribir se produce una especie de gorgoreo, un ruido imperceptible e insano; me gustaría llamarlo catarro de la escritura; las palabras tienen una aspereza e irritan, producen flema y afonía, las palabras pierden peso y sentido, por uso, abuso, pérdida de perspectivas y carencia de creatividad. Ha sucedido, un escritor se descubre en un rebullicio promiscuo, frente a muchos otros, todos se turnan para decir lo mismo, o escriben al mismo tiempo y se desfiguran por ansiedad o vanidad, nadie sabe. A veces ponerse a un lado y volver a leer en silencio, retornar sobre las primeras e ingenuas historias, redescubrir los signos y explorar sus significados, tomarse un segundo para respirar - olvidamos como se hace y nos hiperventilamos-, practicar yoga tántrico, despertar el chacra del verdadero deseo; callar porque se está mudo y se hace ruido; buscar en un anaquel los diarios y las cartas escritos en la intimidad y en el silencio, revelados por impúdicos herederos, devuelve a quien ha desesperado, la sanidad, una comunicación sutil y la fe en la palabra; ellas se reacomodan y se hacen amables, cálidas o crueles y despiadadas, pero dejan de ser la gota sobre la gota sobre la mancha sobre la piedra sobre la misma piedra la mancha y la gota sobre la gota, la piedra.
A propósito de la mentira, hay que vivir en ella para tener deseo de lo verdadero, si viviéramos en la verdad qué necesidad tendríamos en buscarla. Estas afirmaciones las podría hacer un idealista inglés, puedo estar echando mano al plagio, ya he destruido mis amores con pies y manos, lo demás es irrelevante ¿Quién se atreve luego a quemar las barcas? La ilusión es una forma de realidad, el tránsito entre un destino y otro ¿De qué sirve entonces el destino? De mazo, de piedra imantada, de poco; alcanzado agobia. En vez de cultivar una arruga cultivemos la ilusión, por eso justamente leo ahora el breviario de Giacomo Casanova, he buscado algunas respuestas en los filósofos canónicos, más me vale hurgar un poco en la hez de la ilustración:


El hombre es libre, pero deja de serlo si no cree en su libertad

De la emoción al amor, el camino es fácil

Si en el infierno no hay esperanzas, tampoco debe haber deseos, ya que concebir deseos sin esperanza, es algo peor que la locura

Nuestra relación no era posible, ya que jamás hubiera resultado ni un amante cómodo ni un marido complaciente

No he tenido escrúpulos para engañar a los bobos, los granujas y los necios cuando me ha parecido. Pero por lo que respecta a las mujeres, los engaños siempre han sido recíprocos, por lo que no entran en la cuenta, ya que cuando el amor está de por medio es cosa común que los unos engañen a los otros



Las cuatro notas del Breviario del aventurero, filósofo y gran cojedor, tirador, culeador (etc) veneciano, tienen el propósito desvalido de darle vuelta a la moneda hasta hacerla caer del lado más adecuado, el de mi sigilosa retirada de escena; pasaré unos días curando el catarro de mi prosa pública, escribiendo en silencio, oculto del mundo, sin vitrina de exhibición, como era costumbre en tiempos mejores; no me resisto a los cambios, volveré sobre este buque y lo haré cruzar las aguas del mar Caspio, un extraño, tibio y urgente solaz me reclama holgura, el pudor me ha vuelto invisible, solo se puede citar sin ser banal o cursi, habiendo vivido las citas, de tal manera, la cita nace de ti, es tuya, te pertenece; lo contrario, como me señala una querida amiga, sería una impostura, una infamia.




Gran poeta es el amor: su materia es innegable, pero si no alcanza el fin al cual está dirigido se cansa y se vuelve mudo.