lunes, marzo 14, 2011

A good choice baby

 Fue al dispensador, arrojó el resto de su cena y lavó el plato.. Dejó caer el agua tibia sobre la losa y las manos.  Recorrió con su lengua la parte inferior del labio dos veces, lamió la leche y los restos de una fresa deshidratada; sobre sí filtraba la luz fría en la cocina,  se sintió parte de una naturaleza muerta; los pasos de la vecina, sin rostro, siempre agitada, bulliciosa, elocuente en el placer o el dolor; una queja, el gemido, la comunicación entre extraños por los ductos del aire, por las tuberías, los intersticios del edificio, un laberinto sin precisiones, un sueño en la realidad solitaria a mitad de la vida, en medio de la nada. Recobró el sentido de la soledad y volvió sobre la mesa de trabajo, comenzó a dibujar circunferencias y elípticas en torno a un punto, esta es la teoría del caos, gran asunto, pensó y recordó entonces uno de sus periplos, viajaba su primera madurez por esas calles bulliciosas de Caracas a finales del siglo pasado, había estado cenando carne blanca con aceite de oliva y pimentón y se daba besos con Luisiana, besos de aceite de oliva y pimentón morrón, desde otro lugar del trazo, en el tiempo, puede resultar asquerosamente excitante, la ignición necesaria para unas pajas sin culpas, pajas bestiales de adolescente en la segunda madurez, justo antes de dar la tercera vuelta al pliegue y hundirse desde atrás en el pelo de la mujer más flaca del mundo, en el hueso del perro maluco de la preciosa infiel de los martes; de eso va el tema, de volver sobre tí cuando quiera, por más que te vistas ya has sido – no has estado, has sido desnuda ante mí – es sencillo el asunto, gires de nuevo y caigas en cualquier punto, el calor, la carne que presiona, se contrae, aprieta, duele y da  su golpe mortal;  lo recuerda justo al tratar de no cruzar otra raya, manchar inútilmente el papel y sin embargo te ve a contra luz con toda el hambre de la tierra, tragando sables y escupiendo fuego, pasado el tiempo detiene su trabajo, comprende que hacer esa novela sobre ti no le costará mucho, rayar una y otra vez las pantallas, los lienzos, la arena; reencontrarse con el brillo de los ojos de Luisiana justo antes de ser penetrada, sentir su aura sobre el glande, la corona húmeda de la reina exangüe, ella  quien se ha ido por nada a la nada hacia la esclavitud habitual, porque a pesar de toda su rebeldía seguirá en el puño, entre los dedos que sostienen el bolígrafo , obstinado por las torsiones del tiempo que no existe; Luisiana, donde permaneces atemorizada por las consecuencias de haber sostenido la mirada más allá del segundo necesario.  Es hora de recoger el desorden, de buscar un lugar para estos diccionarios, ordenar los libros en la biblioteca, de retirarse porque  en el trazo siguiente se escuchará el pistoletazo irresponsable y una bala cruzará dos o tres pisos y terminará encarnada en el espaldar de una cama ajena; se detendrá el juego hasta que se tienda y disponga de nuevo la mesa para trabajar en los tonos menos escandalosos de la historia, esos capítulos, los siguientes donde te conviertes en cautiva de aquel bonito señor.