sábado, septiembre 17, 2005

Ars amatoria


®Israel Centeno

Practicar una disciplina artística es una de las tantas formas de ejercer el poder: El poder que busca legitimidad en el otro debe ser administrado con sabiduría.

Lo contado unge al narrador del poder de lo que cuenta.Narrar es administrar el poder del lenguaje en beneficio de la historia que se cuenta.

Piensa un cuento, luego explora las diversas formas en que puede ser contado. Opta por la certera e inequívoca. El narrador es una voz particular que narra una acción.

La inacción es inenarrable.

El narrador puede ser equiparado al amante que seduce o cautiva e incluso tiraniza y engaña al amado.

El engaño nunca es concienciado por el objeto amoroso (lector): la verdad incuestionable del engaño somete al amante. Si el amado conciencia el engaño deplora al amante (narrador).

El amado no conciencia, acepta. El amante enajena. El amado es enajenado. Las historias verosímiles avasallan por más descocadas que sean.

No se debe ocultar una historia si no se maneja el arte de sugerir o mostrar a medias sus partes íntimas y deseadas. Si el narrador no logra despertar el deseo inapelable por el oscuro objeto, quedará solo en el ejercicio de la autocomplacencia.

Un narrador no debe explicar lo narrado. Lo narrado debe explicarse a sí mismo.Lo narrado debe cobrar el carácter de un universo autónomo y diferenciado; en ocasiones, lo narrado, es una visión inversa o distorsionada de cualquier realidad o posibilidad ficticia, sostenida con terquedad por una coherencia inherente.

El narrador debe ser honesto sólo consigo mismo, con el lenguaje que usa y con la historia que cuenta. Por ello debe aprender a escucharse.