sábado, septiembre 17, 2005

Entrevista a Manuel Caballero


Somos el único pueblo en que todo ciudadano nace limitado, porque nadie puede ser más grande que Simón Bolívar.

® Giovanna Donghia e Israel Centeno



"Yo me inicié enla vida política en 1948 combatiendo un gobierno militar, hoy cincuenta años más tarde estoy combatiendo a un militar..."

No fue difícil conseguir a Caballero. A nuestra llegada apenas pronunció palabra y nos indicó con gestos el camino a su apartamento. Sentados en el comedor observamos a Caballero luciendo su infaltable boina; un cuadro renacentista con el Ávila en perspectiva. Comienza la entrevista, y el Caballero amante de los libros y de la historia, el activista político, nos dejó deleitados un tanto por su humor y otro tanto por las reflexiónes a las que nos llama su palabra. Su nuevo trabajo sobre Rómulo Betancourt, promete explicar la prolongada influencia de este personaje en el siglo XX venezolano.

En 1959, junto con Rafael Cadenas, Jesús Sanoja, Arnaldo Acosta Bello y Jacobo Borges fundó la revista literaria Tabla Redonda. ¿qué buscaban ustedes con la revista?

Lo que busca todo joven que tiene inquietudes literarias, que consigue gente con quien relacionarse y que no se atreve muchas veces a presentarse solo, lo que, entre otras cosas, no es problema de timidez sino de dificultad para la edición. Siendo un grupo nos sentíamos más fuertes, teniendo una revista, teníamos una base de apoyo y sobre esa base la idea era publicar la revista y, eventualmente como de hecho lo hicimos, publicar algunos libros, nuestro primer libro fue nada menos que los Cuadernos del Destierro.

¿Tenían una propuesta estética como grupo?

Todos los que integrábamos Tabla Redonda éramos comunistas y habíamos pasado por la cárcel y por el exilio. No teníamos estrictamente una proposición estética, sino que éramos comunistas y defendíamos la línea del Partido Comunista. Desconfiábamos enormemente del realismo socialista, no teníamos un manifiesto, sino que se fue formando en nuestra discusión. Había dos grupos en ese momento. por un lado Cadenas, Sanoja y yo y por el otro estaban Acosta Bello, Darío Lancini y Ligia Olivieri Además de nosotros estaba el grupo Sardio, conformado por gente de la izquierda y por adecos, cuya proposición estética era mucho menos comprometida políticamente de lo que éramos nosotros, entonces nos veíamos como un grupo un poco elitesco. La idea de Sanoja, que era el teórico del grupo, era combatir un poco eso, pero a la vez nos oponíamos a lo que hoy serían los talibanes del comunismo y del realismo socialista... Teníamos una posición que no era teórica sino más bien una posición vital, publicábamos textos políticos donde se defendía la política del Partido Comunista sin caer en el lenguaje estereotipado y buscando argumentar. Esa era la razón de Tabla Redonda. Ninguno de nosotros llegaba a los treinta años, éramos jóvenes asustados, pero sólo literariamente porque en la vida habíamos enfrentado la dictadura y habíamos caído presos, habíamos manifestado.

Y marcan un precedente porque si algo ha pasado en Venezuela es que no ha habido una literatura comprometida. Literatura comprometida si acaso fue la que hicieron los adecos...
La nuestra no era una literatura comprometida como la planteaba Sartre o la exigía el partido, sino más bien un compromiso personal que algunos intentaron llevar al terreno de la creación, como Sanoja en la poesía. En realidad nuestra exigencia fundamental era la calidad literaria de los textos y ésa ya es una posición...

Que puede ser disidente.

Nosotros no lo sabíamos en ese momento, pero eso es lo que define al escritor. Yo escribí un libro que se llama Defensa e Ilustración de la Pereza en que digo que el verdadero escritor es el periodista, el que nosotros conocemos como escritor debía llamarse más bien tachador. Un día me invitaron a un foro sobre la relación entre la literatura y el periodismo con Manuel Vincent y él dijo que el escritor nace desde el momento en que un periodista recibe un cable, lo lee y agarra una pluma y comienza a corregir, a mí lo que me impresionó de tu libro, Israel, es que en él se nota al tachador.

¿Tiene cabida una revista literaria en el momento que vive el país?

Mi respuesta debe ser sí, pero en cualquier momento, no en este momento en particular. Sin embargo, yo pienso que eso no surge por pura voluntad, tienen que darse una serie de condiciones, nada hace uno con hacer una revista para que la lea la tribu. Se dará el momento en que pueda suceder aquí lo que sucedió en Francia durante la resistencia, en que se sacaban los panfletos clandestinos conjuntamente con una revista literaria clandestina. Lo digo como historiador que ha visto el proceso que la literatura venezolana ha tenido desde El Cojo Ilustrado, cuando comienza una preocupación por este tema y luego con la aparición y posterior extinción del Papel Literario, su existencia es algo que exige el desarrollo intelectual del país.

¿Tiene una relación erótica con la literatura?

Claro. Tan es así que soy un gran lector de novelas eróticas pornográficas y de novelas policíacas, me debo haber leído más de diez mil novelas policíacas, me gusta lo que llaman los franceses la novela negra, la novela de gangsters. Mi mayor satisfacción es cuando saco la mano y ¡pam!, tomo un libro y descubro una buena historia. A veces me sale un libro de ensayos y me atrapa. Hay un libro que no me canso de leer, lo he leído como cinco veces, lo he recomendado, y me lo han robado otras tantas veces, se llama Defensa Apasionada del Idioma Español, de Alex Grijelmo.

¿Cuál es la diferencia entre su aproximación hacia la literatura y su aproximación hacia la historia?

En el resultado hay una diferencia, pero en la actitud ante el hecho escriturario es lo mismo, si concibes la historia no solamente como una ciencia sino también como un acto de creación. Sin embargo, hay un compromiso desde dos ángulos diferentes con la verdad, el historiador la busca, el narrador, por el contrario, tiene el deber de mentir. Decir una buena mentira, tanto como para que la crean.

Así es, ahora el historiador tiene huecos insalvables que tiene que rellenar con la imaginación, tratándose de apegarse lo más posible a la verdad, pero hay momentos en que tiene que pegar un salto.

¿Está de acuerdo con Borges cuando dice que la historia es la antigua variedad de la novela histórica?

Yo a Borges por principio no le creo nada de lo que dice, entre otras razones porque él mismo lo aconseja.Como cuando vino a Venezuela a ver toros coleados estando ciego.


Con respecto a aquel ensayo que escribió usted en que hace un análisis de la Internacional Comunista y de sus procesos en Latinoamérica, después de la caída del comunismo tenemos estos grupos antiglobalizadores que parecieran nostálgicos, , qué opina usted de esto, ¿ha caído la URSS pero vive la Internacional?

Yo creo que en el movimiento antiglobalizador hay una confesión de derrota mucho mayor de la que ellos mismos se imaginan. Antiglobalización es anticapitalismo. El fenómeno de la globalización no es reciente ni producto de USA. En el manifiesto comunista de 1948 Marx señala que la burguesía no tiene patria, que se internacionaliza. Es una confesión de derrota porque se asustan de darle el nombre que deberían darle. Como en ese movimiento hay de todo, la vieja inclinación contra todo tipo empezó con el capitalismo, contra el poder y hay dentro de eso una buena cantidad de confusión y oportunismo, es decir, los movimientos socialistas, anarquistas, anticapitalistas, toda su vida se han opuesto al nacionalismo, al militarismo y por supuesto al poder onnímodo del Estado y entonces hay una contradicción terminológica, porque por un lado tienen esas ideas y por el otro lado se meten debajo del capote de un militar como en el caso venezolano, o de un líder carismático como en el caso de Cuba. Caballero al combate

¿Qué le dejó su experiencia en la militancia comunista?

Me dejó muchas cosas. Yo no me siento en lo absoluto avergonzado, fue una militancia que yo abracé totalmente. Tampoco cambié una iglesia por otra, he reflexionado y le debo muchas cosas a la formación que tuve en ese momento, fue un canal de lucha contra la dictadura, contra el militarismo, contra el nacionalismo que es una de las cosas que yo más detesto y aparte de eso me dejó una disciplina que es una de las cosas más importantes entre gente tan desordenada.
El partido comunista enseñaba a no apoyar militares, a no ser nacionalista, incluso critica la figura de Bolívar.

Yo me inicié en la vida política en 1948 combatiendo un gobierno militar, hoy, cincuenta años más tarde, estoy combatiendo a un militar.

¿Por qué una Quinta República?



Aquí no ha habido sino una sola República, porque no ha habido monarquía. Después de roto el nexo colonial, en Francia se usaba el término por esa razón, porque de la República se volvía a la monarquía y viceversa y entonces, como un ardid propagandístico, se utilizó lo de la Quinta República, pero De Gaulle era De Gaulle, era el hombre que había refundado la Cuarta República una vez liberada de la ocupación alemana, detrás de De Gaulle estaba el 18 de junio de 1940 diciéndole que no aceptaba la rendición. Con Chávez, por el contrario, el 4 de febrero hubo una rendición.

En el Congreso de Angostura Bolívar critica de una manera muy puntual a la Constitución de 1811, porque es una Constitución liberal y propone una República gobernada por militares.
Rufino Blanco Fombona la define como estratocracia militar. Bolívar es un hombre de la Ilustración, veía las cosas desde el punto de vista de un aristócrata, de un déspota ilustrado, influido por la idea de Montesquieu de que existe la democracia, la monarquía y el despotismo. Lo que diferencia a la monarquía del despotismo es que existen cuerpos intermedios y hay leyes que ni el monarca más absoluto puede violar, pero Bolívar veía que la democracia plena era la anarquía total. Aborrecía el despotismo, y decía que no teníamos ese cuerpo intermedio que garantice que no vamos hacia un despotismo y ese cuerpo intermedio era la nobleza. Ellos hicieron la guerra. Aquí nadie se ha atrevido a criticar la actitud de Bolívar hacia la primera república, sin embargo, esto se dio en toda América Latina y Bolívar lo teorizó.
Nuestra desgracia es que todo presidente quiere ser Bolívar.

Hay algo peor que eso, yo lo he repetido muchas veces: Nosotros tenemos una particularidad, somos el único pueblo en el mundo en el que todo venezolano nace limitado, porque nadie puede ser más grande que Simón Bolívar.

Cuando se asume la personalidad de Bolívar se asumen sus delirios.

Como Chávez que nos hace asumir El Delirio Sobre el Chimborazo, que es algo tan cursi que es imposible que lo haya escrito Bolívar. Vamos a salir los historiadores a darle su justo lugar, a reivindicarlo.

Háblenos de su nuevo libro sobre Rómulo Betancourt.

Es del mismo estilo del Gómez, tirano liberal. En este libro digo que el historiador no es juez, ni relegado, ni observador asexuado, que he tratado de descubrir al personaje y a su época en historien (en tanto que historiador), lo cual quiere decir que debemos contemplar al hombre y a su tiempo, en su contexto ideológico, contemplando la acción con sus propios propósitos y no con los nuestros, su proyecto con su organización y no con lo que nosotros hubiésemos propuesto desear. No se trata entonces de condenar o de absolver, sino de buscar las razones para explicar la prolongada influencia de Rómulo Betancourt en el siglo XX venezolano, las razones para que después de su paso por la historia los venezolanos seamos diferentes, para bien o para mal. Seguramente ambas cosas.

¿Esta polarización no se estará dando con Chávez?

Es diferente, Rómulo Betancourt era un político, un estadista, Chávez es un aventurero con suerte. Yo no me atrevería a decir que no significa nada en la historia de Venezuela, de lo que sí estoy seguro es de que no significa nada en la historia intelectual del país. Un hombre que hace encadenar las televisoras para decir que su nieto tiene el pipí tan grande como el suyo. Betancourt hablaba y uno podía salir muriéndose por lo que él decía, pero eran ideas contrarias a las de uno, y se armaban las discusiones. La gente que ve a Chávez es público de Sábado Sensacional, no van a oírlo, van a verlo.

¿Dicen que la historia es un péndulo que se repite constantemente incluso en el caso venezolano. Como historiador Usted podría predecir lo que va a pasar en el país?

Tú me estas confundiendo a mí con Dios. Hasta ahora lo único evidentemente pendular es el reloj de pared. Tal vez es un poco exagerado decirte lo que voy a decir, pero Hegel sostenía que la historia no da lecciones salvo una y es que la historia no da lecciones. Pero la historia es la memoria colectiva de la humanidad y tú sin memoria te vuelves loco, como en aquel episodio de Cien Años de Soledad, en el que el pueblo perdió la memoria y tenían que estarle poniendo papelitos a todo.

En su libro El Orgullo de Leer relata cómo en la historia venezolana ha habido actos de imaginación que han sido determinantes para el destino del país, como el mito de El Dorado y la creación de la República después de 1812 cuando Venezuela no existía. ¿Puede un acto de imaginación como aquél sacarnos de esta crisis?Dios te oiga. Puede ser un acto de imaginación colectiva, en donde el pueblo se desdibuje y nazca entonces el ciudadano.

Dios te oiga. Puede ser un acto de imaginación colectiva, en donde el pueblo se desdibuje y nazca entonces el ciudadano.