sábado, septiembre 17, 2005

Israel Centeno: Criatura literaria, militante de la ciudadanía


® Entrevista por Yoyiana Ahumada


Los resentidos adquieren la frialdad a fuerza de una sorda pasión”. (Israel Centeno El Complot.)


Con voracidad le sigue el pulso a la creación nacional: Juan Carlos Méndez Guédez, Ana Teresa Torres, Ednodio Quintero “yo los leo a todos, sé de todos, aunque no vaya a los bautizos de sus libros”. Tributario de Ramos Sucre, Salvador Garmendia, Pancho Massiani, se reconoce en una tradición literaria, la de la escritura urbana.

Lejos del escritor vedette, transita silencioso por los entresijos del star sistem literario –pese a ser vicepresidente del Pen Club- Israel Centeno está considerado como uno de los escritores más sólidos de su generación: oficiante de la poesía, el relato y la novela, y recientemente de una web, elmeollo, siente un gran respeto por la página en blanco. Quizá por eso no cesa en la búsqueda de una voz, la suya y escribe con todos los riesgos estéticos y reales –recuérdese que por su novela El Complot, fue amenazado no sólo él y su familia, sino agredido por los talibanes del oficialismo- que consideró su novela una apología al magnicidio.

La crítica ha dicho que es un escritor esperpéntico, no sólo por la fascinación que siente por la literatura gótica, a la que define como divertimento ante realidades cotidianas y cercanas: “me producen horror esas historias como Boquerón de Humberto Mata, con esos seres que viven al borde del río Guaire.

¿A qué le teme?

-A mí mismo. El escritor nunca termina de hacerse. Mientras estoy escribiendo la obra, creo que estoy haciéndolo muy bien y luego que la cierro y se edita, me siento insatisfecho. Ese es mi temor, no lograr lo que quiero escribir, escribir en grande. Claro que esa es una ambición presuntuosa, querer escribir gran literatura.

Todas las noches del mundo, de lunes a domingo, Israel Centeno, un habitante de la generación del 58, se sienta ante su computadora y pergeña una historia, una imagen, un personaje que darán origen a un libro. “Cuando estoy trabajando me someto a una disciplina rigurosa, desarrollo grandes neurosis, digo como Truman Capote: Yo tengo el don, uso el látigo, es la única manera de escribir”.

Yo escribo todos los días algo sobre cualquier cosa, tomo notas. El acto de escribir está acá –toca su sien-. Cuando estás pensando, cuando tienes una historia, y luego cuando estás leyendo. No se puede escribir siendo improvisado. En este momento estoy escribiendo historias de una calle, le tomo fotos de día, de noche, veo a la gente, ojalá tuviera una filmadora. Siempre se hace un trabajo de biblioteca, de campo, y en ese trabajo previo vas a encontrar una historia y las vas anotando al margen, todo trabajo que no se hace con una investigación previa puede perder verosimilitud y si pierde verosimilitud, pierde efectividad. Tienes que escribir con una gran propiedad, sino, se acabó.

¿Qué viene primero, la imagen, un personaje, una obsesión?

Decía Sábato que todos vivimos movidos por dos o tres obsesiones y que si revisas la obra de un autor, las vas a descubrir y vas a encontrar un monotema, pero hay muchos detonantes. Yo vi El Complot en una imagen y ahorita quiero escribir una novela y sé que lo voy a hacer porque ya la vi. Yo necesito ver, no estoy buscando una ermita para que me baje la imagen. Hay que buscarla. Hay que trabajarla, empezar a jugar con las palabras, con cualquier cosa que pueda ser un buen detonante, un buen libro y quizá ver con asombro y extrañeza tu realidad común, es muy raro que tengamos contacto permanente con los héroes, es buscar dentro de lo cotidiano aquellas pequeñas cosas que puedan ser, entre comillas, heroicas.

Se mueve de la poesía al relato, de ahí a la novela. ¿Cómo entra y sale de uno a otro género?
Antes de escribir prosa, escribo un poema o dos poemas, porque con ellos nacen muchas imágenes, muchas metáforas que a lo mejor voy a utilizar y además me sueltan la mano para la prosa. Hay novelas que son en sí poéticas y están en prosa. Yo leo El Pozo de Juan Carlos Onetti y me siento ante un trabajo poético. Crimen y Castigo de Dostoyevski es para mí un gran poema porque trasciende lo cotidiano. Todos los clásicos son poesía, porque soportan el paso del tiempo.

Los personajes de la novela El Complot militan en la fila de los perdedores, son apenas sobrevivientes.

Ahora estoy trabajando la línea de los personajes perdedores. Tengo un libro de cuentos, donde está el ganador del XVIII concurso de cuentos de El Nacional. Tiene que ver mucho con mi generación, porque si yo me pongo a pensar que Hugo Chávez Frías es el representante de mi generación, eso me produce un sentimiento de derrota y de fracaso. El país se agotó. Prende un discurso de antimodernizador que nos lleva al siglo XIX y quizás al XVIII. El pragmatismo lo agota, aquí había que modernizar un Estado, darle paso a las nuevas generaciones. Más bien fortalecer al país, hacer un país que tuviera un amplio sentido de justicia social, pero eso sólo es posible si tenemos un Estado moderno, no yéndonos al siglo XIX.

¿Qué importancia tuvo para usted el proyecto de la izquierda?

Mi familia fue comunista. Mi mamá luchó contra Pérez Jiménez. Luego estuvo en la acera de enfrente cuando la lucha armada, cuando la gente se le alza a Rómulo Betancourt y a Raúl Leoni. Vivimos todo ese proceso de manera muy cercana. Más adelante yo me involucro en política. Yo no entro en la izquierda moderada, sino en la izquierda radical. Creí en la lucha armada hasta 1975, creí en esos modelos de sociedades cerradas. Mi pensamiento ha evolucionado bastante: sigo creyendo en algunas cosas fundamentales, no soy nacionalista a ultranza, no soy militarista, no creo en los caudillos militares, ni en la casta militar. Creo que el bienestar social y la modernidad solamente nos lo puede dar un gobierno de civiles y hecho por los civiles. Sigo creyendo que hay que tener un sentido de justicia social pero no como un precepto populista, que tanto daño le ha hecho al país.

¿Qué aporte le significó la mentira teatral a su oficio literario? Usted estudió dirección teatral. ¿Qué le aportó el teatro a su trabajo de escritura?

Haber leído todo Shakespeare, todo el siglo de oro español: Calderón de la Barca, quien tenía un uso no sólo particular sino ingenioso del lenguaje. Henrik Ibsen que me gusta mucho con sus obras Casa de Muñecas y Peer Gynt. Yo me fui convirtiendo en un gran lector de teatro: leo a Shakespeare como prosa, siempre lo leo, siempre vuelvo a él, ése es mi autor. Cuando leo la tragedia griega lo hago como si estuviera leyendo dictámenes.

Truman Capote dice que los escritores debemos utilizar todas las herramientas que nos dan los géneros. El escribió una noveleta Ataúdes tallados a mano, donde hay diálogos teatrales, cinematográficos, el discurso en tercera persona del novelista, y hasta ciertos amagos del ensayista. Creo que dependiendo de cuál vaya a ser tu proyecto, vas a utilizar todas aquellas herramientas de expresión que te da la escritura. Novelar no es nada más prosar, a veces tienes que utilizar una cantidad de elementos que te da el teatro o el cine. Es mi estilo. Sin embargo, busco crear ese equilibrio, generando una atmósfera con una prosa muy lírica, a veces sobreadjetivando, para saldar mi deuda, la que estoy creando cuando toco algunos aspectos muy duros de la realidad. ¿Suavizar? No, no creo que haya que suavizar nada. Eso sería como hacer concesiones al lector, es como alternar el baño de agua caliente y agua fría cuando estás en la regadera, y haces esos cambios. Me gusta hacer eso con mi trabajo de lenguaje.

Su novela más reciente, El Complot, ha sido leída como una denuncia del actual régimen que gobierna en el país. ¿Qué piensa de la figura del escritor comprometido?
Yo me comprometo con mis historias, con mis necesidades históricas y a veces escribo cosas que de manera directa no se relacionan con la realidad, como Criaturas de la Noche, -un conjunto de relatos góticos que ocurre en el Avila- y otras cosas como El Complot porque me lo exigió la historia. No soy una persona aparte, yo no dejo de sufrir al país. Tengo una visión de país que se enfrenta a otra y eso ha exigido compromiso de calle, que no del escritor. Ha nacido el ciudadano. El escritor seguirá haciendo lo que debe hacer un escritor, comprometerse con su historia, con su estética y no hacer ningún tipo de concesiones en ese plano.

RIESGO-LITERATURA

Uno tiene que asumir lo que hace, si escribo una literatura que puede ser entendida por un grupo de talibanes de una manera incorrecta y eso me trae represalias, a mí la represalia me viene no tanto por la novela sino porque la escribe alguien que participó. Cuando tú participas y ahora criticas ya no eres un hombre de oposición, sino un traidor. Sin embargo yo no tengo problemas. Yo creo que la mejor manera de escribir es estando siempre en la oposición, teniendo un alto espíritu crítico, poniéndote en el lugar en el que te puso Platón: fuera de la ciudad, para criticarla con toda la propiedad del mundo, pero ese espíritu crítico siempre te va a traer riesgos en lo estético y en lo real.

EROS-TANATOS

Erotismo es vida. En la dinámica política están presentes Tanatos y Eros. A mí me interesa Eros y en esta novela los personajes que están huyendo porque los van a ajusticiar, desarrollan un erotismo extremo porque es una manera de sobrevivir. Además de que a mí me gusta la literatura erótica, la leo, de hecho tengo una novela erótica que se llama La Casa del Dragón. Toda mi prosa es erótica.

ESCRIBIR O NO ESCRIBIR

Es como el amor. Tú cuando te enamoras sientes una gran angustia, un estado especial, pero sientes que puedes perder. Vienen los celos, una cantidad de sentimientos encontrados que no te dejan ser feliz, pero si no lo tienes eres un gran infeliz. La gratificación es muy poca, porque el reconocimiento inmediato no se da y si de da es lo de menos. Es la obra la que debe permanecer en el tiempo. Si es un acto erótico, como todo acto de vida genera ansiedad. Como decía Hamlet, nosotros podríamos ahorrarnos las miserias de la vida usando un estilete, pero no sabemos qué hay más allá de la muerte. El ser no te ahorra sufrimiento, pero para poder ser tiene que haber una actitud erótica muy vital.

RITUALES DE ESCRITURA

Escribo de noche, tomo mucho agua porque tengo veinte años que no fumo, -yo escribía fumando cigarrillos negros- y como barras de chocolate. Termino casi desnudo. Empiezo vestido y termino a veces en interiores, por una cuestión de nervios. Hago un estreap tease con la escritura a la manera de Vargas Llosa, claro que es patético a mi edad y con la barriguita. Pero si estoy sentado no estoy tranquilo, de repente me quité la camisa, de repente lancé el zapato. Es un ejercicio erótico igual que la lectura. No puedo leer sino en la cama. Yo necesito acostarme con los libros que me gustan. Y ya sería erotismo sentado, pero si pudiera ponerme la laptop en la barriga sería una maravilla.


GUIA PARA COMPLOTADORES

HUMANISMO FORZADO

Te obligo a tener sensibilidad social, y si no la tienes, te llevo a un campo para que asumas la colectivización y si no la tienes te expulso de PDVSA y te saco a tus hijos del colegio y te los persigo y te gaseo a tus hijos porque tú eres un oligarca y yo te voy a convertir en humanista por mi voluntad.

MARXISMO ZEN (marxismo pret a porter)

En los ’60 detestaban a Bolívar, hablaban de él como un oligarca y ahora lo convierten a un marxismo bolivariano que, por lo general, son antinómicos. El zen es dejar fluir. Es el marxismo como lo sientas, adaptar las cosas y ponerlas al servicio de la revolución, la guerrilla colombiana y Sendero Luminoso. Pragmatismo puro.

FASCISMO DE IZQUIERDA

¿Qué diferencia hay entre un Gulag y un campo de concentración? Stalin mató a veinte millones de personas. Allí está la gran culpa histórica del intelectual europeo, porque siempre y cuando la dictadura y la represión fueran hechas desde la izquierda se hacían la vista gorda o las llegaban a justificar. No ha habido una condena contundente todavía ante lo que sucedió en Cambodia. Si los americanos invadían Vietnam era malo, pero si los rusos invadían Afganistán… Y Fidel Castro era intocable y desde el caso Padilla ya se sabía… pero nos costaba reconocer, porque hay una izquierda a la que le gusta el verde oliva, le gusta el caudillo, hasta le gusta el padrecito (Stalin).


ISRAEL CENTENO

Nació en Caracas en 1958. Cuando cumplió 22 años se fue a España donde estudió actuación y dirección teatral en la Escola D’Actors de Barcelona. Cuando regresó a nuestro país en 1983 realizó talleres de narrativa dirigidos por Oswaldo Trejo y José Napoleón Oropeza en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. En 1988 estudió guión cinematográfico en la Escuela de Cine de Caracas, bajo la tutela del cineasta venezolano Thaelman Urgelles. En 1980 es miembro fundador del Grupo Literario Eclepsidra después de participar en un taller de poesía en Monte Avila dirigido por Rafael Arráiz Lucca. Un año después publica su primera novela Calletania, galardonada con el Premio de Narrativa del Consejo Nacional de la Cultura. Sobre este primer intento literario, el escritor Salvador Garmendia comentó: “Obra de iniciación tal vez aceleradamente breve, parece todavía el desprendimiento de algo, pero un algo que sigue estando allí, sonando más allá de las páginas y en el cual nos imaginamos involucrados por uno y muchos puntos sueltos. Se trata, eso sí, de un golpe certero, de esos que dejan marca y prolongan su vibración por mucho rato. Todavía en la tarde nos tocamos la parte magullada y decimos ese muchacho pega duro.(…) Logra Centeno desenvolver una escritura narrativa capaz, perseguidora, acezante, dueña de sus secretos, hábil para mover sus piezas en el momento apropiado, desenfadada en el humor y el comentario irreverente y sobre todo inteligente y suspicaz.” (El diario de Caracas, 2/8/1992). En 1993 comienza a trabajar en la Fundación del Libro donde forma parte del equipo que organizó siete ferias internacionales y más de treinta ferias regionales. Además ha publicado El rabo del diablo y otros cuentos (1993), Hilo de Cometa y otras iniciaciones (1996) Premio Bienal de Narrativa Lucila Palacios de Guayana en 1997, la novela Exilio en Bowery (1997 y 2000), los cuentos de Criaturas de la Noche (2000) y El Complot (2002).
En 1997 realiza el curso piloto de postgrado en gestión cultural, organizado por la Universidad Católica Andrés Bello. Ese mismo año viaja a Colombia y a España invitado para participar en eventos literarios en representación de Venezuela.
Ya mucho antes Centeno había sentenciado, en la entrevista que le hiciera la periodista Blanca Pantin, con motivo de su libro Calletania, que el ambiente natural para recrear sus imaginarios era Caracas. “En Caracas está representado el país. Ya no se puede escribir literatura fuera de Caracas, cuando estás fuera la relación con ella te toca, quieras o no quieras.”
Así que este escritor de la urbe se alzó nuevamente al ganar el concurso de cuentos del diario El Nacional 2003, con el relato “Según pasan los años”. El jurado, conformado por José Napoleón Oropeza, Alberto Barrera Tyszka y Oscar Marcano lo escogió por “su ajustada realización temática y formal, por la poesía en la creación de atmósferas envolventes y la justeza y precisión de su lenguaje. (El Nacional 3/08/2003). Entre los otros reconocimientos que ha recibido destacan: Premio de Cuentos Lola de Fuenmayor 1986, Premio de Poesía Federico García Lorca del Instituto de Cooperación Española de la Embajada de España 1987, mención honorífica del Premio Municipal de Literatura 1993, Actualmente Centeno se desempeña como profesor titular de ICREA, director de la editorial Memorias de Altagracia y director de la página web de arte y literatura
http://www.elmeollo.net/