jueves, septiembre 07, 2006

El receso

“es a ti a quien corresponde, según creo, volver mañana a la vida”



A usted le toca elegir.
¿A mi?
Si, a usted.
No quiero elegir, las alternativas no me convencen.
Gracias.
¿Por qué?
Por su elección.
¿Ah sí?
Usted ha elegido no elegir. Usted cree que se libera de las consecuencias de una elección, pero ya ve, no se libera.
No manipule. Dije que no hay alternativas…
Y usted no optó por ninguna. Es una opción.
Sigue manipulando.
No, verá, ayer me encontré a un amigo en el bar de Lito, estuvimos hablando sobre los asuntos que van saliendo cuando se ha bebido dos o tres cervezas. Se habla de sexo, de política y de filosofía.
Yo hablo de cine o discuto sobre el último libro de un autor australiano.
No se ponga pesado, igual su película o el libro del autor australiano lo llevan a consideraciones mundanas.
Me sigue manipulando.
Déjeme continuar. Profundizábamos e íbamos a terrenos que le son más cómodos, definitivamente a usted, llegamos al tema de la libertad.
La libertad que yo reivindico al negarme a escoger una de sus alternativas.
Fíjese, le decía a mi amigo en el bar de Lito, que hay una contradicción, al elegir te vuelves esclavo de tu elección, y él, mi amigo, comenzó a ladear la cabeza como un loro. Me respondió, depende, asumes las consecuencias, es todo. ¿Entonces? le pregunté y pedí otra ronda. La gente habla de la libertad, la voz de mi amigo comenzaba a sonar cavernosa: y no se da cuenta de que no sabe de qué se trata, los románticos nos han confundido, nos han sembrado la cabeza de verrugas y de una necesidad imperiosa de trascender, creo que nos han lanzado a refrendar unos cuantos desatinos, desde la limpieza étnica hasta la redención social. El mito de la libertad hace creer que hay que vivir fuera de la norma, y ¿Cuál es la norma fuera de la norma? Se preguntó a sí mismo y luego se respondió: instituir una norma fuera de la norma para defender la liberación de la norma antigua y exterminar a los que no quieran vivir libres. Como verá la conversación se volvía gruesa y me exigía incorporarle más textura: así que la libertad no tiene que ver ni con la regla ni con la norma.

No me joda usted, está fabulando como un adelantado de la nueva era.
Es probable, recuerde que estaba en el bar de Lito, allí se pueden tocar los extremos. Imagínese que mi amigo dijo, apurando el trago, que la situación ideal es poder elegir entre matices.
Yo elegí el matiz.
¿Usted cree? Yo pensaría que ha elegido ponerse por encima de la elección. ¿Sabe? Mi amigo, con quien bebo en el bar de Lito es muy rebuscado, él ya nos estaría atormentando con el discurso de la plusvalía moral, le estaría diciendo que usted busca usufructuar de la plusvalía moral que hace sentir a los románticos y a los adolescentes por encima de todas las cosas. Superiores, pues.

Usted y su amigo en el bar de Lito... No existe el bar de Lito ¿No se da cuenta?
¿De qué? ¿de litio?
Oiga, esto me cansa. Mejor hablamos de otras cosas.
El tema era éste.
Cambiemos de tema.
Elija uno antes de que pase la hora del estiramiento y nos devuelvan a dormir.
Me abstengo,
Bueno yo elijo por usted. A ver, hablemos del monton de cosas que se mete la gente dentro del culo.