sábado, septiembre 16, 2006

Que me coman las hormigas

no deseo poner reparos, haré lo que disponga el día, ya ha rayado su luz, al menos hay más silencio en la calle, un día de barbería en Chacao, me relaja escuchar el aleteo de las tijeras, el encuentro de los metales, el Tai Chi de Giovanni, mi barbero, recuerdo un bello poema de José Luis Ochoa, un poema triste y hermoso como este día, es el único, el que va pintando hacia la noche, ahora deseo afeitar mi cabeza al rape, son mis recuerdos los que me animan a mantener un corte por la vida, cuando pequeño mi tío me llevaba a la barbería, siempre me he afeitado en esas barberías donde cierras los ojos y dejas que las conversaciones lleguen a ti desde el eco de las paredes, desde los espejos, desde las repisas y las vitrinas, hay un tinitneo agradable en las barberías de italianos, Franco me sentaba sobre una tablita tendida a través de un posa brazos barroco con forma de balaustrada, mi tío pedía un corte de caballero, eso consistía en cortarlo todo y dejar casi sobre la frente, un pequeño copete brillante y negro, hasta Filiberto que tenía el cabello muy claro, salía de la barbería con el copete oscurecido por la brillantina y ondulado por la mano de Franco, el barbero, donde me afeito ahora, continua dándole filo a las navajas sobre una lengua de cuero y moja mi cabello con la pera de plata, es un arte hacer sonar la bomba, sacarle música y luego es un goce recibir del fuelle un rocío que hablande los pensamientos, en esa gracia han muerto mafiosos y filósofos, poetas y fruteros, nada les ha importado, así suenan y seducen las tijeras de Las Moiras, me dan ganas de hablarle a Giovanni sobre esas señoras que cortan hilos, pero esas cosas no le interesan a mi barbero, él me habla de política, de fútbol o de béisbol y es lo único que sigue allí, como si nos hubiésemos quedado en los años sesenta, a veces espero que Aida pase frente a la barbería, me haga sus guiños de amorcito o me sople un beso, cómo no voy a sentir ganas de marcharme de allí a vagar como un perro, a encontrar una plaza o la sombra de una acacia o una hondonada de bambú donde echarme sobre mis espaldas y dejar que el día disponga, que sea azul o que llueva, que las hojas caigan, vayan sepultándome, que pudran y dejen oler la sabia de sus árboles, siempre fui enemigo de las hormigas, que vengan a mí, que me aplasten, soy detritus, un perro de espalda que no quiere moverse hasta que pase el día.
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En la barbería
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Hoy
como todos los meses
desde hace dies años
visito al barbero
que cuida
el paso de mis canas
no hablamos de política
deportes
o el estado
del tiempo.
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Entre nosotros
el sonido de las tijeras
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y las miradas a través de los espejos.
Desde entonces conoce
la fragilidad de mis cabellos
y el significado de la palabra
adios
y silencio
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José Luis Ochoa (Eclepsidra 1994)