jueves, noviembre 16, 2006

Me interesa la opinión, a la luz de los clásicos marxistas, de mi querido Alí Rodríguez Araque

He dormido poco, debe ser la extenuante erosión de la memoria lo que me impide conciliar el sueño, o las neurosis calcinantes que en la madrugada se hacen insoportables y desdibujan al pensamiento objetivo y lo convierten en una vigilia de pesadillas. A esas horas se invierte el precepto de Paolo Coelho y casi se tiembla al concluir lo lógico y natural: “todo el universo conspira contra ti.” Se padece el ardor corrosivo de una lucidez amarga, el sonido de las agujas de tejer de Las Moiras y los ruidos en las ruecas que producen cambios de giros de Fortuna.

Puse aparte los asuntos que me podrían estar causando dolor, dejé de pensar en la casi imposible comunicación humana, en los puentes que caen cuando dos amantes lo cruzan, demasiado poético, cursi o tonto, y me aboqué a algo que buscaba su resolución desde que me tomé el trabajo de escribir se me olvidó que te olvidé, el post anterior. Me quedé con algunas frases de Karl Marx dando vueltas en la cabeza, claro y el asunto de la imposibilidad de la comunicación franca con la gente que quieres, de las trampas del afecto, del conocimiento real y traté de arrancarle a mi insomnio algo más provechoso.

Entonces sucedió el evento de gracia: el fracaso de aquella militancia purista de los años setenta y ochenta se reducía casi a las mismas causas del fracaso del socialismo real, la diferenciación clasista, su incapacidad de comprender que La Dictadura del Proletariado o El Estado Proletario, creaba necesariamente una nueva oligarquía y la conducción oligárquica de El Partido en la construcción del socialismo. Todo el error radicó en haber interpretado literalmente esta frase de Karl Marx: … hacer el juego llamado de los predicadores, juego vano y deshonesto, en el que, de una parte, debe participar un profeta inspirado, y de otra se admite solamente a unos asnos que le escuchan con la boca abierta... La grandeza de Hugo Chávez y de Mario Silva, de Juan Barreto, de José Vicente Rangel o de Jorge Rodríguez –pasando por otros panfletarios e ideólogos de la revolución bolivariana-, ha sido reinterpretar este postulado perverso a la luz de las enseñanzas del pensador neofascista Norberto Ceressole: la expresión de Marx es excluyente, exclamarían a coro; a partir de la sabia conclusión y con coraje intelectual decidieron reinventarla; de eso se trataba: establecer la comunicación sin intercesores del profeta inspirado con la masa, del líder con el ejercito y el pueblo, hablarle al desclasado que escucha con la boca abierta y extiende la mano para recibir en metálico o en especies las dádivas del discurso predicador. De eso se trata el socialismo del siglo XXI, mover un paradigma, innovar. Voilá: luego del fracaso de La Dictadura del Proletariado, solo es posible la dictadura del lumpen Proletariado, el que tenga ojos que vea: en el Comité Central del partido único por venir, deben estar representados los asnos de la tierra y necesariamente debe ser dirigido por EL Profeta inspirado. Por no comprender el punto se arruinaron las revoluciones anteriores y aquellos camaraditas de los sesenta, setenta y ochenta no tocaron la música que conmovió al mundo. Decir que la ignorancia jamás ha ayudado a nadie sería blasfemar en contra de las misiones sociales diseñadas junto al inefable en Cuba, insistir con Marx en que la ignorancia no ha ayudado a nadie y mucho menos el punto de vista de Lumpen-proletariado, sería restarle mérito a los resultados objetivos del proceso bolivariano ¿ Verdad Alí Rodríguez? ¿Qué dirías tú sobre estas reflexiones que se contradicen con tu quisquillosa formación ortodoxa? ¿Qué dirás sobre la Dictadura del Lumpen Proletariado que se impone como constructora del socialismo, tú que si te has leído y estudiado al detalle El Capital? ¿Qué dirá un hombre élite como tú, o los amigos más cercanos, los que alardeaban de su solidez ideológica? Nada, debes tener episodios de insomnio y tomar algunas pastillas para conjurarlos, y más que nada debes evitar leer o escuchar algunos panfletos, no enterarte de que hombres como Miguel Márquez ejecutan proyectos culturales, debes desentenderte con la elegancia que te caracteriza de la verborrea del líder; y comprender casi con lástima que en este campamento militar, la única revolución posible era la del teniente coronel Chávez, El Profeta.