miércoles, diciembre 27, 2006

Entrevista a Juan Carlos Méndez Guédez y con él y el otro Juan Carlos, en Madrid


foto, Mariana Centeno
UN "GUARO TRIUNFA EN ESPAÑA Venezuela sigue viviendo dentro de mí

"Y recuerda que te espero" es el nuevo libro de cuentos del barquisimetano Juan Carlos Méndez Guédez, residente en la península ibérica, que saldrá en el primer trimestre de 2007


E.A. MORENO-URIBE mailto:emoreno

Caracas. Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores escritores criollos, gracias a la calidad de sus obras y no por las roscas ni las mafias. Insurgió en la década de los 90 y logró internacionalizarse, pero tuvo que "exiliarse", cambiar de paisajes y subir la dura cuesta del éxito en España.Desde Madrid, Juan Carlos Méndez Guédez (Barquisimeto, 1967), hace un balance de su periplo y anuncia nuevos títulos para enriquecer la biblioteca de los autores de la lengua hispana.


-¿Por qué España para escribir y vivir? ¿Hasta cuando ese exilio dorado?


-España fue una revelación vital. Vine a estudiar un doctorado que ya culminé y descubrí en ese momento que este país me facilitaba horas y horas de sosiego para escribir. Esa fue la motivación para irme quedando. Reconocer que el centro de mi existencia era la escritura y que aquí podía vivir plenamente ese espacio. Pero además está el clima emotivo que me genera este lugar y en concreto Madrid, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy fuera, sueño que camino por Madrid, sueño que estoy frente a mi computadora escribiendo y que al fondo están los ciruelos rojos y los sauces llorones que tengo cerca de casa. Para mí la vida en Madrid es una fiesta sosegada. Por eso no vislumbro en lo inmediato mudarme de aquí.


Y eso que no puedo hablar de un exilio dorado, porque en algunas ocasiones ha habido duros momentos, circunstancias complicadas, economías llenas de agujeros, facturas, trabajos insólitos y mal pagados. Pero aquí he sido muy feliz, y esa felicidad se impone siempre. Toma en cuenta algo, esta es la ciudad y el país de m ihija. Sólo ese detalle lo convierte en un lugar especial dentro de mi afecto. Luego no creo que el exilio me limite para escribir sobre Venezuela.


En parte porque nunca me planteo escribir sobre algo. Los temas aparecen, te asaltan. Y Venezuela irrumpe con naturalidad y persistencia sin que yo me lo proponga. Justo al lado de donde escribo coloqué estos versos de Luis Cernu! da que m e acompañan siempre al pensar en el país que dejé atrás: "Una mano divina/ Tu tierra alzó en mi cuerpo/ Y allí la voz dispuso/ Que hablase tu silencio.//Contigo solo estaba,/En ti sola creyendo;/ Pensar tu nombre ahora/ Envenena mis sueños.//Amargos son los días/ De la vida, viviendo/ Sólo una larga espera/ A fuerza de recuerdos"."


Hay un país que sigue viviendo dentro de mí, una desesperación y una nostalgia llamada Venezuela, y sobre eso también escribo. En mis textos hay esa doble mirada, la del que sigue estando aunque esté lejos, y la del que vive a plenitud el diálogo con una nueva realidad, con nuevos sabores, olores, climas".


-¿Vives de la escritura? ¿Te preocupa aquello del compromiso del artista o del intelectual con su país o con la tierra donde vive? -


No vivo de laescritura. Desayuno gracias a ella. Un cuento publicado en una revista puede significar los cruasanes o las tostadas de un año. Ya es algo, ¿no?...y me dedico también a la gestión cultural...En la actualidad cierro un libro de cuentos que tal vez se titule: Y recuerda que te espero, por un verso de Guillaume Apollinaire que me gusta mucho. Son 13 historias en las que procuro una cierta transparencia expresiva. Me interesa que los lectores queden atrapados en mis historias, que las sientan suyas. Para mí es fundamental lograr esa complicidad. De algún modo, transformo mi experiencia imaginaria del mundo con la intención de que los lectores perciban que lo relatado en mis cuentos y mis novelas les pertenece a ellos por igual, o incluso más. Estos cuentos tienen una especie de vínculo que fue surgiendo a medida que los agrupé. Son historias sobre aquello que nunca se alcanza en la existencia. Mis personajes ríen, sufren, lloran y se divierten al pensar en todo aquello que deseaban y que no han podido obtener: el talento, un padre, la fama, un trabajo, una casa, el cuerpo de alguien, la tranquilidad económica. Es un poco explorar no en el dolor de lo que perdió, sino en el de lo que jamás se tuvo entre las m! anos. Pe ro una exploración que a veces puede ser risueña, que a veces puede ser tierna.


Lo mejor de nosotros es muchas veces lo que nunca pudimos ser, y aunque parezca mentira, eso puede convertirse en motivo de celebración, de recapitulación irónica. Volviendo al tema de mi libro te diré que recupera algunos de los cuentos que escribí entre el 2001 y el 2006. Hice una selección que publicará la editorial madrileña Páginas de Espuma.


Acabo de firmar el contrato y quedaron muchos relatos fuera. Algunos no creo que los publique y otros quizás terminen en algún otro proyecto. También estoy cerrando una narraciónenlaque reconstruyode manera ficcional y con algunos pequeños guiños a la novela de aventuras y la folletinesca, la odisea de los españoles que escapaban en veleros inservibles de la dictadura militar de Franco para llegar a Venezuela y reconstruir sus vidas. Es una historia ubicada en 1948 y tenía muchas ganas de contarla porque hasta ahora sólo lo han hecho algunos autores españoles, y yo deseaba referirla desde mi mirada, desde la nostálgica mirada de alguien que se sorprende de pensar que en aquellos años Venezuela era un paraíso de salvación para algunas personas desesperadas.


Con respecto al compromiso del intelectual con su país y con la tierra en la que vive, Juan Carlos asegura que no cree que sea demasiado diferente del compromiso de cualquier ciudadano. "Mis dos países viven en mí y me preocupan siempre. Pero no veo que eso deba inevitablemente irrumpir en la obra, o convertirte en vocero de una determinada idea. Rara vez me planteo este dilema a la hora de escribir. Para mí, el modo de comprender el mundo es aproximarme a la sinuosidad de una anécdota. Luego es posible que mis personajes transiten por una calle de Caracas, o Barquisimeto, o Madrid, pero eso ocurre de manera natural, sin responder a un proyecto predeterminado".


-¿Se ha suavizado el tratamiento para los sudacas?


-Yo no creo que el tratamiento que nos dan a los sudacas sea la mitad de du! ro de lo que oye uno a veces en Venezuela.Hace poco leí que algunas personas identificadas con el gobierno justificaban las invasiones a ciertos edificios de Caracas porque pertenecían a extranjeros. Un pensamiento tan reaccionario como ése aquí sería impensable. Hablo desde mi experiencia. Siempre hay gente bruta, inculta, xenófobos desquiciados. Pero yo lo que he conseguido en España es generosidad, mucha amistad, alegría y una solidaridad infinita. Madrid, ahora mismo, me ha regalado amigos y vecinos que son una familia, mi otra familia. Aquí mi esposa y yo nunca nos sentimos solos, ni desamparados. Aquí puedo escribir, aquí publico, aquí trabajo, aquí duermo y me río y lloro y me sigo riendo. Eso intenté reflejar en Una tarde con campanas, la novela que me publicó la editorial Alianza en el 2003, dibujar ese modo en que un país te abraza y te recibe. España me abraza todos los días.


-¿Qué opinas de la situación social y política de España? ¿Hay puntos de comparación con la venezolana?


-No creo que haya puntos de comparación. España es ahora mismo una democracia consolidada, con separación de poderes, elecciones limpias, ciudades en buen estado, seguridad pública, hospitales impecables. Existen una izquierda y una derecha esencialmente democráticas que se combaten de manera civilizada y que tienen líderes a los que uno contempla como personas que trabajan para nosotros, no como caudillos que pueden creerse dueños del país y de las personas que en él habitan.El único día que en esta ciudad son visibles los militares es en el desfile del 12 de octubre.


El resto del tiempo están haciendo el trabajo que les corresponde: cuidar las fronteras, y garantizar la soberanía.Algo que caracterizaba el franquismo es que las ciudades se veían llenas de militares. Eso es una imagen triste. Un país habitado por uniformes es un país humillado, un país sometido, porque un civil siempre está en desventaja frente a esa persona que lleva un arma y que se siente de! stinada emplear con alegre irresponsabilidad la palabra patria.


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