miércoles, diciembre 06, 2006

Nadie nos engañó, SEGUIMOS EN LA LUCHA

imagen y concepto de gisela romero




El despecho tiene una dinámica, es básico. Desesperanza, abatimiento, rabia, apego a la ilusión, odio. Siempre se termina concluyendo que se nos ha engañado. Esta no es la circunstancia que vivimos, por eso no estoy de acuerdo con quienes hablan de luto o de cerrarnos en el luto, de masticar cada uno de estos sentimientos antes nombrados, e ir evolucionando hacia un estado de ánimo más activo.

Nadie nos engañó. Quienes participamos en la jornada electoral y esperábamos construir con ella un movimiento opositor que llegara a todas partes del país, y que lo pusiese en un dilema y además hiciera llegar un programa, una estructura de lucha en contra del militarismo, del autoritarismo, de un sistema que se encamina hacia el pensamiento único, hacia el partido único, hacia el liderazgo único, debemos darnos por satisfechos. Nadie nos engañó. Sabíamos que la voluntad del caudillo y el dinero del Estado venezolano han venido imponiendo el triunfo de candidaturas a lo largo y ancho del continente, han pagado deudas de otros países, le dan calefacción a los pobres del Bronx, construyen puentes en el lejano sur, le disputaron el poder casi ganándoselo a Alan García y además mantienen, a pesar del retiro de Fidel, la dictadura de los Castro en Cuba. Esa voluntad y ese poder usó todos sus recursos, todas sus fuerzas para que los resultados que hoy leemos en la prensa o escuchamos a través de cualquier otro medio de comunicación, fuesen éstos y no otros. Sin embargo, el plan quinquenal, como toda zafra obligada, no produjo sus diez millones de votos, y a medida que pasan los días es cada vez más difícil ocultar que el comandante no ganó con el margen que hoy le exhibe al mundo, que ese margen es estrecho.

Nunca nos engañaron. Sabíamos que íbamos a participar en unas elecciones organizadas por un árbitro electoral compuesto, tanto su directiva como sus ejecutivos medios, por militantes del MVR y que iban a recibir incluso la orden directa de Miraflores –porque esa orden estaba dada- de que no se aceptaría otro resultado que el 68%. Sabíamos, se nos advirtió hasta el cansancio, y nosotros lo teníamos muy claro, que el registro electoral permanente –quizás allí estén los dos o tres millones que dan ese 68%- no había sido auditado, que había crecido desordenadamente, sin contraloría, que había personas inscritas en distintos centros, fallecidos, recién nacionalizados, o votantes que sencillamente no existen. Ese registro nunca se auditó, nunca lo exigimos, ni nos planteamos retirarnos de la contienda porque existiese este elemento perverso.

El fraude estaba armado, por eso se habló que para ir a unas elecciones realmente transparentes, había que exigir que se cumplieran diez condiciones que nunca se iban a cumplir, porque no era la voluntad del hombre que gobierna ni de las instituciones que hoy le obedecen. Decidimos participar porque había que dar esa pelea, porque era la oportunidad para recorrer el país. Muchos dicen que el 3 de diciembre se legitimó el gobierno de Chávez. Mi consideración ve las cosas desde otro punto de vista: el 3 de diciembre se legitimó una oposición y un programa de lucha que está aquí, tangible y que los venezolanos, esos cuatro millones y medio reales, no inventados por las argucias del REP, ni por el beneficio de todo el Estado y su Fuerza Armada en labores de partido político, literalmente se atrevieron a decir “aquí estamos”, nos censamos ante el mundo y el mundo ahora sabe que frente a las perspectivas de hacer realidad el autoritarismo reaccionario y militarista que hoy nos propone una entelequia llamada socialismo del siglo XXI, un espacio para el gobierno eterno, hay una oposición que apuesta por todo lo contrario, por una sociedad abierta, moderna y democrática, donde puedan alternarse gobiernos socialdemócratas, socialcristianos, socialistas y en su parlamento todas esas fuerzas políticas no sólo convivan y debatan, sino que impongan a veces sus agendas y controlen al señor que se sienta en la silla del Poder Ejecutivo.

Nunca se nos engañó. Íbamos a este baile, no sólo a ganar la silla de Miraflores, sino a poner al venezolano en un dilema en el debate electoral . Ese dilema continúa y ahora la oposición está mucho más viva y legítima que nunca.

Creo que otras apreciaciones de índole sociológica, que si modernidad, posmodernidad, atraso y barbarie, tienen cabida para el ejercicio retórico. En este momento, a mi parecer, podemos dar lectura a lo que comenzó hace cuatro meses y no ha terminado en el momento en que ejercimos el voto, sino que continúa, una lectura positiva, una lectura que nos compromete y nos reafirma en nuestros propósitos: reconocer como lo hizo Rosales la noche del 3 de diciembre, que habíamos perdido una jornada electoral, jugada en las condiciones antes dichas, no sólo fue un acto de coraje, sino de asertividad política. Manuel Rosales dijo ese día su “por ahora” y de inmediato Leopoldo López acotó “seguimos en la lucha”. Yo hago mía esta consigna y la celebro.

También quisiera hacer otras consideraciones en torno a la claridad con las que se podrían ver las cosas y que esa claridad nunca pudo habernos permitido el engaño. El teniente coronel no nos ha engañado. Siempre ha dicho “para allá vamos” y para allá empuja. Los que votaron por Hugo Chávez no se sorprendan, es la hora de que cada quien, como bien lo dice el teniente coronel, asuma su responsabilidad. Cuando comience la construcción del socialismo que él ha concebido y promete, cuando el Estado autoritario se convierta en una realidad asfixiante, no se sientan engañados, porque él lo dijo. Cuando ejército y pueblo se confundan en un solo partido y todos seamos una masa que se llame ejército y pueblo al servicio de la ideología del caudillo, no digan “ay no, yo no creía que llegaríamos a tanto.” Cuando se desdibuje nuestra identidad individual, y nos convirtamos en un amorfo colectivo, creo que ya nadie podrá preguntarse nada, porque no tendrá la capacidad para hacerlo. Todo el mundo sabía, al votar por Chávez, que su única oferta era más militarismo y un partido único. Esto que el señor ha dado en llamar Socialismo del Siglo XXI.

Él lo ha dicho, “soy bolivariano leninista” ¿qué más se puede agregar?

Tampoco podría llamarse engañado aquel que se quedó en su casa o que se fue de viaje y no fue a censarse en las urnas electorales, como parte del país que no desea y le hará oposición al proyecto del teniente coronel. De alguna manera refrendó con su ausencia, el proceso que comenzará a partir del 1 de enero de 2007. Así que, muchachos de las universidades, no se desgarren las vestiduras ni echen ceniza sobre vuestras cabezas cuando les digan que se acabó la autonomía. Porque a muchos de ustedes aún estando inscritos y teniendo la edad para votar, les dio sencillamente ladilla, porque se creyeron por encima de las circunstancias y del país, porque suponen que son tan invalorables que en cualquier parte del mundo les abrirán las puertas con regocijo, o sencillamente porque se quedaron depilándose frente a un espejo, y ustedes ya saben lo que pasó con Narciso y su imagen reflejada.

Tampoco deben extrañarse aquellos que se hicieron eco de una conseja que nació en el comando Miranda: “Rosales no me gusta. Ay no, es que ese candidato opositor es tan mediocre, míralo, da su discurso con chuleta, no tiene nada que decirle al país.” De alguna manera esa mentira dicha una y mil veces desmotivó a algunos que prefirieron quedarse en casa o irse a agotar la existencia de la última promoción de Digitel en el Sambil. Y sostengo que es una mentira, porque al país se le estaba diciendo: aquí hay dos caminos. Así como Chávez siempre dice la verdad, Manuel Rosales decía “acá está este país” y transmitía un mensaje claro y sin ruido al decirlo: Hay gente que quiere vivir en un sistema que garantice las libertades y los derechos de todos.
Manuel Rosales no sólo tenia mucho que decirle al país sino que ahora, luego del proceso que lo ha legitimado, ha salido a la calle a decir “acá está este programa de lucha”. Es decir que sigue teniendo mucho, pero mucho que decirle al país. Entonces, señores que buscaban contenido y carisma en el candidato, mañana no digan que se les engañó.

Hoy tenemos un país de desengañados. Cada quien sabe para dónde va y qué debe hacer y en qué filas debe inscribir su voluntad política. A pesar de todo somos tercos, y a partir del 3 de diciembre, tenemos la libertad para continuar optando y para intentar resolver nuestros dilemas. Uno de ellos es, aceptamos el modelo autoritario que nos propone el comandante presidente o nos convertimos en una estaca en el zapato, en un pellizco ulcerante en el culo. Esta vez el gobierno no pudo meternos en un callejón sin salida donde se desvirtuaran y desgastaran nuestras luchas, eso ya es una victoria.

Para concluir este post que me comprometí a escribir, vuelvo al presupuesto inicial. No estamos despechados, no hemos perdido, nadie nos ha engañado. Reitero mi apego a la consigna que el día 4 de diciembre comenzó a decirse en toda Venezuela: aquí estamos, seguimos en la lucha.