jueves, abril 12, 2007

La hegemonía revolucionaria y la verdad oficial.

"La cosa estaba más confirmada que desmentido oficial"
Julio Cortazar

William Izarra lo afirmaba en serio, es un hombre a quien hay que creerle. La prioridad de la revolución es tener la hegemonía de los medios. Asaltar el poder es asaltar los medios. Ayer 11 de abril, pudimos probar mucho del brebaje. Por ejemplo, en los canales del Estado, los que ha comprado y de los que se ha apropiado, sólo se habló desde un punto de vista: la verdad oficial. Tergiversaron los hechos a su gusto, e incluso en la prensa escrita, fue muy poco lo que se pudo encontrar, en comparación a otros años, sobre otros puntos de vista. Volvemos sobre Cien años de Soledad. Acá no hubo muertos. El 11 no hubo renuncia. A pesar de la exigencia de renuncia registrada universalemnte por los medios y transmitida al país por el entonces comandante del Estado Mayor, un hombre leal a Hugo El Eterno, no hubo exigencia de renuncia, sino un golpe de Estado. El acto sangriento de febrero del 92 no fue un golpe de Estado, fue una rebelión que expresaba el sentimiento del pueblo, en cambio, según los voceros de la hegemonía revolucionaria, la negativa del ejército a salir a aplicar el plan Ávila en abril del 2002, o sea, a masacrar a una manifestación popular, multitudinaria y desarmada, fue un acto de alta traición a Hugo, El Eterno.
-Sí hubo muertos y hay impunidad-, decían los voceros de El Eterno en los canales de televisión, y si hay impunidad es porque no se ha castigado de manera satisfactoria a la policía al servicio del imperio y de la oposición cipaya, no se les ha condenado por los tres muertos que se les imputan, los únicos que interesan, los únicos que murieron aquel día. Paradójicamente, los únicos muertos que existen, son los muertos que contabiliza la verdad del imponderable. Los otros dieciséis no fueron. No espere justicia quien no es. Ustedes pueden ver al relator, en cadena de radio y televisión, rehacer la historia.

A pesar de que existe una gruesa documentación sobre los sucesos, a pesar de que hay fotos y videos en los que se precisan a más de 90 pistoleros disparando contra una manifestación desarmada, ante la impavidez y complicidad de la Guardia Nacional que sólo actuó para proteger a los pistoleros y hacer atinados disparos al aire de los pulmones de uno que otro desmedido opositor, a pesar de los los exordios de diputados, funcionarios del tren ejecutivo y alcaldes para que se derramase sangre, para que se bajase de los cerros con palos y cuchillos y con pistolas a liquidar a la contrarrevolución que marchaba hacia el Palacio de Gobierno, a pesar de testimonios, de argumentos sustentados, los repetidores del Magnífico reiteran: eso no ocurrió.
-Se necesita una comisión que esclarezca aún más los hechos- dice el diputado Luis Tascón. Una comisión leal a la revolución que confirme sus hechos, que fortalezca la verdad oficial, porque con la verdad oficial fortalecida, ellos podrán continuar su implacable persecución y venganza en contra de aquellos que se atrevieron a exigirle la renuncia al Eterno.
La revolución no descansa, no reposa, no cesa, perseguirá y castigará a sus detractores por siempre. La verdad oficial es el Dios de la Venganza. El día de ayer estuvo lleno de su bulla, de distorsiones. Al principio dijeron que celebraban, luego corrigieron, conmemoraban a los pistoleros de puente Llaguno, que según la verdad impartida por la hegemonía mediática del Eterno, son héroes que se defendían de la agresión oligárquica de un millón de personas.

Y no cesan de humillar. Los canales de televisión y las radios aun independientes de los designios del Inefable, fueron asaltadas por la cadena Presidencial, por la voz del Eterno mismo quien repitió, una y cien veces, no sólo sus mentiras, sino sus amenazas; exhibió el músculo de su ira, la promesa de castigo y de su mandato para siempre jamás. Humilló de nuevo a quienes marcharon el 11 de abril, los descalificó, recurrió a la sapiencia del loquero vicepresidente, para diagnosticar locura a los manifestantes: los puso fuera: ellos no murieron, enloquecieron. No hubo muertos, los muertos sólo pueden ser de nosotros, los muertos son revolucionarios, los demás no fueron, no son ni serán. Continúa su venganza, su maquinaria demoledora de cualquier otra verdad que no sea la verdad Eterna consustanciada con el Eterno.

Sin embargo, ayer, quienes a pesar de las listas del miedo implementadas por el cínico diputado Tascón, de la inseguridad, de las consecuencias posibles y reales que padece quien se opone al criterio oficial, salió la gente, poca, no fueron muchos, los necesarios, para manifestar su dolor, exponer su punto de vista documentado y sobre todo para exigir justicia, no venganza – acto que envilece- y perseverar, a pesar del tsunami oportunista y de las diversas miradas de la coacción, para que se establezca la verdad: no la del Eterno y su fiscal, ni la de la oposición. Sólo la verdad avalada por una comisión imparcial.

Verdad, no propaganda. Respeto y memoria, no tergiversación y descalificación. Será un tránsito accidentado, no fácil, pero la verdad oficial, un día se vendrá abajo como el maquillaje maloliente de un rey sifilítico y mostrará sus chancros.
Según el Eclesiastés no hay nada Eterno bajo el sol

Hugo, el Eterno, es empeñoso y lo niega. Sus loritos hegemones asaltan los medios y al temor humano y repiten, después de un 11 viene el 13. Yo les recomendaría darse una vuelta por esta aseveración tomada al azar: a la verdad fraudulenta del dictador Marcos Pérez Jiménez y a las artimañas de Laureano Vallenilla les amaneció un primero de enero, y luego un veintitrés.
Qué se le va a hacer, se mancharon las manos de sangre, al lavárselas las verán siempre, como las miraron aquella madrugada del 4 de febrero del 92 y se las han venido viendo desde entonces, tal como recuerda el ministro comisario aquel: rojas rojitas.