jueves, junio 07, 2007

En la asamblea



La exigencia del movimiento estudiantil a la Asamblea Nacional unicolor era una: el derecho a réplica; el objetivo fue entregar un documento donde se respondía a las agresiones, a la represión, a la segregación, a deplorar los llamados a la violencia hechos desde el perifoneo mayor del monarca militar. Era puntualizar la defensa de los derechos civiles, negarse al uso de la franela y la guayabera roja para disfrutar de garantías constitucionales y no pertenecer a un partido único ni repetir, como vimos y escuchamos a los oradores oficiales, un pensamiento único y excluyente empeñoso en la confrontación de dos Venezuela. El objetivo fue cumplido, como dijo Jon Goicochea; lúcido, no pisó la celada mediática, escucharon amablemente una de las alucuciones y se retiraron, se negaron a participar en el circo armado por los bufones del proceso; los estudiantes no tenían por qué quedarse a escuchar la cartilla del poder, de un parlamento que no parlamenta; obedece, tampoco era obligada la clase de politología, de materialismo histórico y científico que pretendieron darles. Mientras unos exigían elegir otros ya habían decidido que la elección tal como la planteó quien expuso el documento del movimiento estudiantil, era una trampa oligarca y burguesa, nunca un acto que privilegia a la libertad.

La Asamblea Nacional es el espacio natural de los legisladores, un lugar para legislar y no para delegar sus funciones al monarca militar. Los estudiantes tienen sus espacios naturales para discutir, hubiese sido una deslealtad para con los cientos de miles de estudiantes que han protagonizado la resistencia por los derechos civiles en estos días, quedarse en un cenáculo hablando de lucha de clases, del lider "indiscutible" del proceso, del partido de la revolución o del sexo de los ángeles que llevan la espada de Bolívar por América Latina. Los asuntos del movimiento estudiantil se debaten en sus espacios naturales: las asambleas de estudiantes, no en un circo donde una animadora trémula y genuflexa al monarca, orquesta las voces de una coral que repite el monótono ritmo de las ciencias políticas, estudiados, probablemente, en una vetusta cátedra en la Universidad de La Habana.






Una coda nada más, y para los estudiosos de la revolución sovietica ¿Recuerdan cuando Lenin boicoteó a La Duma ( La Asamblea) al grito de todo el poder a Los Soviet? Bueno, ahora el grito pertinente debería ser: todo el poder a las asambleas estudiantiles. Cilia debería leerse los 100 días que conmovieron al mundo. Los movimientos reivindicativos y políticos no están al servicio del poder, es ley.