lunes, febrero 11, 2008

Macario y el camarero de Ormuz

Siendo que despertó boca abajo contra el piso de la cubierta, había saltado, tuve que haber saltado, sí tuvo que haber dado el paso que lo elevó sobre el puente en el momento en el que la quilla del barco volaba sobre las olas, siendo que le es imposible contar cuántas veces lo ha hecho saca la lengua y barre las tablas, hay sangre, mugre y salitre, mucho viento y opresión, no se puede decir nada, todo lo que digo se queda en el viento y se va, revolotea. Macario tumbaba su brazo izquierdo, lo dejaba colgar hasta la rodilla, doblaba el cuerpo, caminaba como un marinero o un mecánico de la calle Ucrania, bebía mucho y estaba enamorado de Carola. Carola no es lo mismo que Carolina, Carola suena a la parte de una flor, así decía Macario, es un nombre griego, de patriarca, nunca pensé que Macario envejecería y me contaría la historia de Carola, esa mujer que le dijo mientras la amaba ¿te das cuenta? Te estoy usando. Las mujeres son pagadas de sí mismas, suponen cosas, son locas decía Macario, fue marino mercante y navegó por todos los mares de oriente, tuvo una esclava malasia y un amante en Ormuz, los marinos tienen la mente despejada, en altamar cuando regresas de la guardia a la litera llamas al joven camarero de Ormuz y recuerdas a la esclava malasia o a Carola. Antes de que se lanzara a la aventura despedimos a Macario con una misa profana en la Colonia Tovar, montamos a caballo y nos llevamos a toda la panda de maleantes con sus novias, bebimos agua con anfetaminas hasta enmudecer y nos intercambiamos las sotanas, Guille tenía una sotana púrpura, Richie una verde, Lourdes y Adriana abrían sus piernas sobre las mesas de concreto del parque, había niebla y sol, todo era mágico y triste, Carola se fue con Guille y los demás amarramos a Macario y le prendimos fuego, una quema simbólica decía Richie, para el negro Macario, y Macario se dejó quemar mientras Carola abrazada a un eucalipto pegaba la cara a su corteza y recibía a Guille como recibiría más tarde contra los parales de la litera a Macario el amante de Ormuz. Siendo que no deseo abrir los ojos ni hablar, y que hago votos de silencio, siendo que la extraño como un condenado panadero detrás de un mostrador, siendo que soy como todos los demás, un infeliz, me quedo sobre cubierta, con la lengua pegada al piso a punto de despertar, justo antes de comprender la sabiduría de los simples, las mujeres sencillamente no lo aceptan, te arrancan una promesa y corren, Carola no volverá, se lo dijo a Lourdes, nunca pierdo el control ni voy más de dos veces a la cama con el mismo amante, en el momento en el que se enamoran y aceptan que les diga bobitos, los dejo, a veces la salida es dramática y creo mis pesadumbres, otras, menos afectadas. Simulaciones querida, simulaciones ¿Guille? nunca se entera.