domingo, octubre 12, 2008

Hannibal a Clarice, el silencio de los chivos












No podía dormir y recordé el viejo truco de contar chivos, un chivito, dos chivitos, tres chivitos, cuatro chivitos y entre chivos y chivitos le imploraba a nuestros ángeles tutelares y a todos nuestros demonios, intervengan dioses, los chivos, chivitos de las dunas y de los mares interiores, no harán nada bueno por ellos, es muy difícil dar la pezuña a torcer, tu sabes, esos brazos amados, esas manos, los dedos cuidados con escrúpulos, las cutículas perfectas, el cóctel de errores y malentendidos, verdades a medias y rabias o la venganza inexplicable de los astros; en sus elipsis se atraen, fatalmente, si, la ley de Newton, atracción, gravedad, una pluma pesa mi amor, una espora, el polen pesa mi amor, el polen y las abejas, las luciérnagas luchan por no caer y caen, negamos, negamos tanto, lo evidente, lo fatal y seremos un soplo en el corazón, un suspiro al final ¿dónde queda el latido? ¿dónde queda la única verdad del asunto? ante los ojos de los ciegos, y para qué, no sé, intervengan ustedes, no ha dependido nunca de nosotros, sabes, la pluma, las esporas, los bichos nocturnos hacen más ligeras las noches largas, se puede estar temiendo a la muerte y estar muerto, es una ironía estéril por obvia o patética, dos chivitos, tres chivos y el olor de mi desvelo, una de esas tardes, sabes, esa tarde y todas las otras noches y las cremas y los encantos, encerrados, ropa interior, sudor, piel, besos, ahogo, tengo dos o tres conclusiones y luego me queda una sola, no puedo, me rebasa, nadie es libre, recuerdo el cuento de una libertina, ella quería contar una historia, la más libertina de todas, la más retorcida y se hizo esclava de la pasión por contar y sólo en el retiro, en la ermita, en las abstinencia, una vida ascética, monástica le fue posible, eso y perdió su encanto y eso, tu sabes, no se puede decir soy feliz y pretender encontrar a alguien, si, no lo encuentras, no te creen, no se cree, soy libre, es mentira, si fusemos auténticos un segundo, ese fogonazo daría un maldito sentido de vida, un pobre y maldito sentido de vida, nada más o nada menos, el mundo es apariencia dijo la pluma pesada, el de la yesca y la pólvora, el tiro, el tiro, una milésima de algo intenso, la vida, no, no duermo, su sentido, uno dice esto y lo otro y desea creer en la lógica, el sentido común, los valores familiares, la razón, es esto y lo otro y hasta puedes jurar en vano, y aparece entonces lo cierto y te paralizas y lo arruinas, un absurdo, el sentido es un absurdo, la vida, tu vida, la mía, el sentido, deseo morirme para salirle a ella, entonces, ¿cómo lo impedirá? Es capaz que de puro chivo encuentre a un exorcista, una cosquilla y un rezo, las luces se prenderán y apagarán y un rezo, esta fuerza es tan grande que me la llevo y le saldré, haré oooooo, haré uuuuuu; el abrazo fantasma de las comiquitas valdrá más que cien abrazos muertos o el abrazo de los espantos, del aparecido a la vuelta y de pronto, fue un rapto y sí, aunque chille el orgullo a mitad de la noche, al menos, al menos, por favor; entra la brisa, dos chivitos, tres chivos, la ventana abierta, al asalto, las cortinas de maderas suenan, suenan, entra, anda, sin puertas, sin cerrojos, sin llaves lanzadas y olvidadas al fondo de los océanos o de los cofres, un barco de filibustero, fantasma, es una manera de rogar, de rendir las armas, es una manera, siempre y nada elegante, definitiva y contundente de quebrarse