viernes, octubre 10, 2008

Cansancio visceral

caerás

conocí al hombre y conocí al perro
conozco al niño


tú no caerás
caerás
¿quién te pegó?
preguntan
¿quién te pega?

en esta hora nona
absoluto y solitario

me encojo de hombros y llevo las manos a la cabeza para tapar mis orejas

ayer me creía quemado por el sol del trópico, la vi, la vi, verla es pensar, ha cambiado y sí, como todos, la humedad y el aire, los vapores, quiero contar una historia, algo que ocurrió, más tarde, señora, me tuvo y fui eso, portador de un sueño insensato ¿lo ves? Hablamos de ilusiones ¿lo ves? Hablamos de la enfermedad ¿lo entiendes? Celebramos su boca, el dibujos de sus labios, las miradas son de vacas, son miradas cansinas, celebramos la boca, sus dientes blancos de caníbal, pidió alcohol y aplaudió esos giros insanos de la relación, las fracturas, eres insano, eres loco, eres ese veneno, lo era y las articulaciones duelen tanto, de repente
cojeas y te arropa la piel lisa de la muerte, el cuento:
conocí a un hombre que nació sin madre
decían que la dejó en el parto
fue criado por la abuela en un caserío
en el vientre de una montaña
un día pasó una columna guerrillera y lo alzó
lo llenó de gloria y lo redimió
le entregó un arma y le dijo, esto es verdad, esto no es verdad
y desde las gargantas de la sierra de Coro se escucharon sus disparos
fueron sus primeros pasos los definitivos
impuso el orden con el rigor de esa verdad y lo circundó la muerte
un día despertó y se vio pendiendo de un árbol vestido por sus entrañas
una danza macabra de caídos celebraba el momento y entonces lo cristianos y los brujos dibujaron en los palos de ceiba una marca, es la marca de un lucero, es un lucero la marca y esa marca es un chivo

los perros andan en manadas por la ciudad
parecen niños
son perros heridos por la historia

nos ha alcanzado la historia

siento su peso,
la piedra del molino atada al cuello, como el hombre del cuento.

los perros cruzan las avenidas, exhiben las peladuras de sus paletas
extienden la pata
muestran sus colmillos
piden
esconden la cola
meten la cabeza entre las patas
mi piel es la prenda que visto, pienso,


caerás
caerás

conocí al hombre y conocí al perro
conozco al niño

supe antes de despertar que las promesas vienen con extraños atavíos
supe de las jaurías que precedieron a la de esa mañana
supe de la prenda y no me sorprendí
decidí pagar la ronda y beber hasta al final
nací en un barrio, elevé mis papagayos al cielo junto a otros niños
cometas de largas colas con crucetas de acero en la punta de sus colas de trapo
se entrelazaban en una lucha tenaz con las otras
mi generación fue entusiasta
la parásita, la sarna y la gusanera aguardaban en las gradas
rostros sonrientes de titiriteros
diestros en el arte de mover la cruz y hacerla cenizas
todos juntos se vienen de pronto con un peso insoportable
la piel se hace cuero muerto, es un tambor
que redobla por las calles y allí estoy
exhibiendo las entrañas



mas en ella, en la mujer que amo, la vida se va se queda se pierde. Su boca no los ojos, es su boca, nadie detendrá esto ¿lo comprendes? Teresa es un nombre, no te pondrías el nombre, la primera vez te vi casi en harapos y caminabas haciendo globos con la boca, explotaban, explotaban, uno, dos, me miraste, uno dos, tres, envejecerás, envejecerás, harás las mismas cosas y las mismas alegrías, penas similares, no te atreves
hubiese sido eso, una rendición, la entrega pero nadie se rinde, nadie camina y
cae
cae
moja sus dedos en manzanilla
moja sus dedos
los mancha
los pinta
y los mete en mi boca

es la plegaria
es la plegaria,
un susurro

si la oscuridad te aborda

dispara,
dispara.

Ciega con la espada

Dispara