jueves, diciembre 04, 2008

El Jabalí


Siendo actor antagonista de la ópera bufa nacional, y atosigado por las cadenas de radio y televisión busqué asilo en la lectura de William Shakespeare, tenía la esperanza de poder descifrar algunas claves de los personajes dramáticos, ahora parodiados, del vernáculo devenir revolucionario. Ayer El supremo dejó escuchar el crujido de su inflexión en el instante que marcaba, públicamente, distancia del pensamiento de Bolívar. Ya no se siente inspirado por él, lo considera desfasado y por eso el monarca revisionista declara que en todo caso el pueblo es su tirano y él es la víctima obediente de su tiranía.

Nada más parecido a Ricardo III, el jabalí.

A continuación y sin más preámbulos los invito a contrastar las frases de Hugo Rey y un fragmento de la tragedia shakespeareana.

Hugo rey: “Yo no soy el que lo está planteando, es el pueblo. Si alguien me preguntara qué prefiero yo, diría que prefiero irme dentro de cuatro años, por muchas razones humanas y personales. Pero no me pertenezco, no tengo derecho a disponer de mi vida libremente. Y ante esta falta de libertad, yo prefiero dejar la decisión acerca del futuro de mi vida, al pueblo.” Cf: tercera cadena de radio y televisión del 3 de diciembre de 2008).


Ricardo III, Acto tercero, escena VII:

(Obedeciendo a Buckingham, quien le sugiere: " no os dejéis ganar fácilmente por nuestra petición; haced la doncella; contestad siempre que no, pero aceptad”)



Alcalde: Hacedlo así, mi buen señor: los ciudadanos os suplican.

Buckingham: No rehuséis, poderoso señor, el afecto que se os ofrece.

Catesby: ¡Ah, hacedles felices, otorgad su legítima pretensión!

Gloucester (Ricardo III): ¡Ay! ¿Por qué queréis acumular sobre mí esos cuidados? Soy indigno de rango y majestad; os suplico que no me lo toméis a mal: no puedo ni quiero ceder ante vosotros.

Buckingham: Si lo rehusáis porque sois reacio, en cariño y afecto, a deponer a ese niño, el hijo de vuestro hermano -ya que conocemos muy bien vuestra ternura de corazón, y vuestro escrúpulo amable, bondadoso, delicado, que hemos notado que tenéis con vuestra parentela, y, desde luego, igualmente con todos los rangos -sin embargo, aceptéis o no nuestra pretensión, el hijo de vuestro hermano jamás reinará como Rey nuestro, sino que pondremos a algún otro en el trono, para deshonra y caída de vuestra casa: y con esta decisión, os dejamos. Vamos ciudadanos: ¡demonios!, no quiero rogar más.

Gloucester (Ricardo III): Oh, no juréis, lord Buckingham.

(Se van Buckingham, el Alcalde y los Concejales)

Catesby: Llamadles otra vez, dulce Príncipe, aceptad su pretensión: si os negáis, todo el país lo lamentará.

Gloucester (Ricardo III): ¿Me queréis obligar a un mundo de preocupaciones? Bueno, vuelve a llamarles. No estoy hecho de piedra, sino accesible a vuestras amables súplicas, aunque contra mi conciencia y mi alma.
(Vuelven a entrar Buckingham y los demás)
Primo Buckingham; hombres graves y prudentes: puesto que me queréis sujetar la fortuna a la espalda para que soporte su carga, quiera o no quiera, debo tener paciencia para aguantar el peso: pero si el negro escándalo o el reproche de turbio rostro van unidos a las consecuencias de vuestra imposición, el hecho de que me hayáis obligado me absolverá de todas las manchas impuras y suciedades: pues bien sabe Dios, y vosotros podéis verlo en parte, qué lejos estoy de desearlo.