miércoles, octubre 14, 2009

Lola en privado


Qué podríamos escribir sobre Lola. Muchas cosas. Por ejemplo a Lola le gusta gritar y dibuja onomatopeyas sobre papelitos de colores pero sería inapropiado ordenarlas acá, por eso hemos decidido desclasificar la mayoría de sus ruidos en un blog revelador y cerrado. ¿Por qué cerrado? La idea nos las sugirió alguien al pensar en la comisión Warren, aunque parezca una desproporción del tamaño de un tarro de Nutella, tiene un sentido. Toda Lola es Nutella o desproporción, aunque la balanza le dé el peso correcto y no seremos nosotros quienes carguemos las consecuencias de una mirada superficial de estas propiedades. Tampoco perderemos tiempo en desclasificar el sentido, porque estaríamos haciendo dos desclasificaciones. En realidad éste continuará siendo el blog de él, se quiere decir con el aserto, el mío; y el Blog, en donde diremos toda la verdad sobre Lola, será el blog sobre Lola y llegará por invitación siguiendo las pautas del Google Wave.

Quién es Lola, se preguntarán, y habrá más de una persona dada por aludida. Y otras aludidas, intentando no darse por aludidas. Es fácil responderse esta pregunta no dándose por aludida. Y muy fácil si entienden la filosofía de Augute Dupin en La Carta robada.

Por qué Lola. Sólo diremos, porque sí. Se han especulado mucho sobre ella, se abusa del metalenguaje, como cierto Calvino, al decir, Lola camina sobre las palmas de sus manos o come palitos de zanahoria, es adicta al dulce y muy oral (cuando pudiera ser el polo opuesto). Lola es una abeja reina, dictaminan por allí sus abejas obreras. Desclasificar es un juego de abalorios, una frase hecha, pero se la toma en serio al tratar su perplejidad mientras mira a una estría abrirse paso en el tiempo. Otra fórmula retórica. Lola no es un símbolo, los símbolos obsesionan, puede ser abstracta y no responde nunca (a nadie) si sueña o aparece.

¿Una locura? Siempre incita a la locura, luego castiga a sus orates.

Contaremos cosas. Insistimos en el término desclasificar porque es importante para establecer algo parecido a un estereotipo. Nuestra cliente es la prioridad y será librada de las presiones de la canalla desalmada; sin embargo, se pondrán al tapete y sin ambages sus gustos y disgustos, hablaremos de Mario Hernández, de la peletería, no es talabartera, no partan de un juicio ligero al dar por supuestos su colección de cueros. No se atrevería a mirar un traje de baño en una de las “boutiques” de Gabriela Chacón, acelera en la avenida Orinoco, esas lentejuelas la fastidian, evitaría la compañía de un hombre con una guayabera Giovanni Scutaro y presumiría lo suficiente de la palidez minimalista, aunque le sigan gustando los marcos de caoba. Un detalle. En los desclasificados, diremos, contaremos la verdad sobre esto. Los valores de la moda se relativizan, se sustentan y racionalizan en ciertas situaciones. No es una mujer de mundo (el mundo es un pañuelo, es su frase favorita) no agregaríamos la imagen de su mente, la del pañuelo lleno de pega loca si no fuese porque es la única prenda que estamos dispuestos a soltar para mostrarnos generosos con los lectores de esta mini crónica sociópata. Sus canciones, grupos musicales favoritos, fotos, compañeros y compañeras de rumba serán fidedignos; advertimos, aunque un capcioso se atreviese a pensarlo, ella no pertenece la tribu chic de Titina; por eso, en la caja de ese, su blog, cuidadosamente editado se relatarán las aventuras, amarguras, alegrías, desafíos y amores, de esta criatura a quien en algún momento hemos amado sin importarnos las represalias del mundo del comics.

…Hasta la muerte todo es vida, dijo Sancho.