jueves, septiembre 02, 2010

Las pajas de la señora de Tal - Proustíada




 El gato saltó del muro colindante entre los edificios Las Vegas y Orinoco hacia la raíz del poste y de dos tres zarpazos cobró la vida de otro gato, pardo por la noche y pequeño por la edad.  Eso fue lo que pensé, pardo por la noche:  todos los gatos son pardos, y este gato que ha saltado es un pardo mayor muy hábil que no caza roedores, es un gato de casa, un gato castrado, de eso nos hemos ido enterando en el barrio, el gato pardo que ha dejado sembrada de cadáveres las aceras de la Avenida París, es  un gordo y aburrido gato, el gato de la señora de Tal de Las Vegas, imagínate, me dijo Lola,  ese gato maullador, pianista y hasta delicado en sus costumbres resultó ser Hannibal, ha limpiado toda la urbanización  el maldito, luego vuelve a la casa de la señora de Tal y come gatarina, ronronea y se refriega entre las piernas de la dueña: vaya con el gato y la señora de Tal, es una mujer alta y madura, su pelo negro como el vuelo de un cuervo en una noche particular y presagiosa del bloque norte de Londres; una cuarentona divina la señora de Tal y  sus vecinos, quienes la han espiado, la ven acariciarse sobre la Otomana, se acaricia con arte me dijo Beto, se acaricia con desprecio hacia quienes la miramos, se toma a sí misma con tanta ambición, si, ambición esa es la palabra,  concluimos tras el ventanal de Beto, cuando la vimos tendida sobre la Otomana dejando correr sus dedos, arpistas, pianistas; tamborilera la señora de Tal, solitaria y con su gato ¿ y el señor de Tal? Es el comisario Tal, un criminalista conocido vale, es el hombre que está detrás del caso del asesinato de los indigentes, ah, ahora comprendo, ahora comprendo ¿Qué? ¿ la soledad de la señora de Tal  y la costumbre de tocarse al aire frente al vecindario? No,no no, ululamos como Piorot o Fuché: las mañas del gato. Dijimos. O dije, no sé.