sábado, diciembre 21, 2013

E pur si muove




©icen



Viene a mi el regreso, muchos años después de la fiesta en casa de Quique, aquel matiné, negra, desgracia la mía, me lo creí entonces, a pesar de toda la mierda que alimenta la cabeza de un adolescente, errático,  con una bombona de anís granulado, complejo y rabia, eso no lo pude precisar entonces negra, había decidido ir sin armas a la fiesta, coño, uno se salva de cada asunto, y ves en perspectiva tu historia personal y dices, nunca pasó nada interesante para ponerlo en letras de oro,  pero sientes mucho escalofrío con la basura, todo el discurso que había comprado de vincularse a las masas, tenía un origen sencillo, la incapacidad profunda de poder vincularme a nada en particular, está delineada su boca,  roja y encantadora, recuerdo que uno de los Rondón, les decían los Rondones, irrumpió en la escena pegajosa de la fiesta, quedaría mejor poner rumba en un supuesto relato para el consumo de esos vampiros que leen historias de malandros y se reivindican, eso hacía mi padrastro,  veía con desmesura y disfrute las películas de mafiosos, lo hacían sentir Vito Corleone, secretario militar de distrito de Caracas, mierda de confusión, crear un secretariado para un comando operativo de tres personas, sin embargo, era ética, no el barullo burocrático sino el orden de las cosas, el orden de la cosa militar en Caracas, El Padrino, ese tema, pero el flaco Rondón era alto y se veía sumamente ridículo en un vaporón de los setenta bailando twist, buscando a su neutonyón al borde un barranco en Vista al Mar,  tres liceos reventaban la sala de la casa de Quique, el lugar más sifrino del lejano Oeste, habían ido sus primos de Caricuao, eran dos, uno retaco y el otro muy gordo, decían que el gordo le había ganado a Landera en una competencia de hamburguesas con aguacates y huevos luego de un draculeo sangriento por el Este, al pie de El Cubo Negro, meterse esa altozano pero, y sobre todo, ganarle a Landera, el  carne de pincho de El Osiris, lo convirtieron en una leyenda, así en aquella fiesta, eran un lunar en el batuque, eso me dijo Germandolardo, los dos son una costra, hay que arañarles el caraotillero a ver si defienden lo quemado,  entendí sin mucha algebra que se iba a armar un descarrilerón , tú estabas allí,  negra, con la camisa empapada de sudor,  me llevé la mano a la cintura, detrás de la chaqueta de bluyín, ah vaina, no me traje el perol, maldije, andar montado y tener una caja de cigarros de más, me convertían en la nada indestructible, pero me sonreíste, recuerdo la sala de la casa de Quique, un rancho frisado y pintado de azul, oscuro y con el mejor equipo cuadrafónico del sector troncal, desde El Amparo a Boquerón,  estuve recordando esa sonrisa un montón de años después,  me ericé, tenías el pelo largo, recogido a los lados, sobre tus orejas, los rulos oscuros y empapados de sudor, esos rulos se vendrían  a mi cuarto y construirían mi felicidad, hablamos sobre ser felices, un baile pegado, una desviación burguesa, pasar las tardes contigo cargando y descargando mi cacerina, es peligroso colocarle las trece balas, Rondón le escupe el vaso al primo de Quique, y el gordo como si nada se lanza el trago fondo blanco y luego, le devuelve la mano cargada con un punzón que nadie supo de dónde carajo venía, el camión de mierda era un portafolio de sorpresas,  se cerró el círculo en torno a ellos y tú me tomaste de la mano,  el desenlace que nos llegue por diferido, malogrado por lo que le ponga éste o aquél a la historia, la historia se escribe así, con las magulladuras y los parchos de un bocón,  ahora muchos años después de la fiesta, Quique me trae a Bello Monte, tienes que verla con uniforme, me dice y se agarra la entrepierna, y es cierto, vienes alta y delgada tirando de un carry on desde la sombra de una trinitaria, tu cuerpo es un dibujo lleno de gracia, tienes la misma sonrisa y tu pelo, negra, cae de otra manera, no sé si fuiste eso que le contamos a los demás como el primer amor, pasamos muchas tardes y noches juntos, te enseñé a montar y a desmontar una 47 y rompimos, eso fue todo, pero fue algo doloroso,  el Flaco Rondón estuvo preso seis años, lo estuviste visitando en la cárcel y  le tuviste un carajito, yo me hice corredor de La Bolsa de Caracas,  esa es parte de la historia y tú continúas siendo una azafata, y harás el vuelo Caracas Londres y punto.