domingo, agosto 20, 2006

Solaz de las sombras


Estoy en un hotel frente a la Iglesia de Santa Inés, esperaré a que oscurezca; mientras, me solazaré en los patios interiores de la casa grande y vieja.
Anticipé mi viaje, al menos hasta Cumaná.
No entiendo cómo puede llamarse país una entidad que se desintegra en la miseria y la improvisación. Las cosas continúan descomponiéndose en ésta ciudad donde la desesperanza va siendo un dictado endémico.

Más tarde, cuando oscurezca, iré al Castillo, subiré por la ladera de las trinitarias. Espero verme envuelto en su fragancia, sobre el mar apenas, frente a Cariaco, ceñido por un aroma que remezca hasta el vértigo. Necesito de este sentimiento, del cielo franco y del desierto. Por supuesto, sí, del mar y de todos mis ancestros. Ellos me revelarán dónde queda Hampstead. Yo lo he perdido. Si fuese cursi, diría que por tonto o por cobarde. Pero la vida no es tan fácil como para reducirla a dos expresiones
vulgares.