domingo, agosto 19, 2007

En la ruta, de viaje con mi Moleskine

Hace unos meses acompañé a Clavel al Fondo de Cultura Económica en la avenida Francisco Solano, allí descubrí, en Caracas, los diarios, los cuadernos y las agendas Moleskine, de inmediato compré tres, uno se lo obsequié a mi amiga, otro lo pedí para un regalo especial y el último lo preservé; tenerlo era mejor, más elegante y trascendente, que poseer un palm pilot, me dije e hice en broma un encomio a Clavel: “toma a ver si esta belleza te aleja de la nociva manía de escribir en blogs”. Ella lo tomó y negó con su cabeza, no, no, lo aceptaba pero continuaría escribiendo su blog.
Era una broma.
Hace poco le pedí el teléfono de Eugenio Montejo a Alexis Romero, él fue detrás de una especie de escribanía que tiene entre los libros de Templo Interno, la librería que lleva adelante, y sacó una libreta Moleskine, yo había estado leyendo los títulos de unos libros que deseaba comprar sobre ciudades y me preguntaba si todo aquello no formaba parte de una extraña sincronía, libro, ciudades, viajes, Moleskine. Alexis sacó una pluma fuente y anotó sobre un papel meticulosamente recortado el teléfono del poeta, viví con extrañamiento el ritual, un ritual casi perdido, un ritual sensual; librería, viajes, poetas, Moleskine, pluma fuente. Un momento para conservar, un instante grato.
Hasta ayer en la noche no había desentrañado el mensaje, la sentencia que recibiera del ritual, de la sincronía, el sutil mandato desprendido de mi broma a Clavel hace unos meses en El Fondo de Cultura Económica. Vivo la vida con lentitud y digiero con pereza.
No me gusta saber mucho de los asuntos de los autores que leo. De hecho, he recomendado a la gente que hace talleres conmigo, que traten de enterarse lo menos posible de la vida de un autor: deléitense en la obra. Cuando comencé a leer, hace unos cuantos años, la obra de los autores era su vida, no me atañía hacer un esfuerzo por conocer más allá del relato y de su estética. Luego fui accediendo a la privacidad de mis autores leídos a través de los diarios, cartas y documentos al margen que las editoriales se encargaban de exhumar en un trabajo productivo y forense. Por otra parte, nunca he creído en las entrevistas, las leo como otra ficción, hay autores de autores en las entrevistas, uno de ellos es Gabriel García Márquez, él se versiona con genialidad cada vez que confronta un diálogo con un periodista, una y otra vez se versiona. De hecho, su autobiografía es una autofabulación menos interesante que la que he encontrado tantas veces en Cien años de soledad. Para serle fiel a la idea, me interesa mucho más la obra de Juan Carlos Onetti que cualquier revelación sobre su vida, porque la vida de Onetti, es para mi desde hace rato, su obra. Los chismes son mascaradas colaterales.
La reflexión anterior viene a propósito de un dilema por resolver. Con modestia y honestidad, toda la posible, he concluido que me interesa mucho más la relación con mis pocos lectores a través de mis libros y no a través de la sobreexposición, es preferible que se lean mis opiniones en la obra que he llegado a publicar y en la que, de escribirse, trataré de publicar, y no a través de unas máscaras, un espectáculo o en la falsa privacidad entre revelada o sugerida en un blog.
He tenido muchos blogs de entretenimiento y ejercicios, en ellos he emprendido algunas aventuras, infaustas y afortunadas, siempre encontré una justificación: soltar la mano, joder un rato, el pretexto para escribir cada día con disciplina. ¡Por favor! Mientras estuve en ellos, pude divertirme, mover emociones y hacer alguna catarsis; creer que me comunicaba con millones de usuarios hiperkinéticos que por lo general no se quedan ni un minuto en una página, pero en verdad era una de esas maneras de tenderme a mi mismo una emboscada, un asalto con atuendos de camuflaje, cuya finalidad era distanciarme del foco, de mis objetivos y de las prioridades. Debo aclarar, sólo hablo por mi, y lo escrito es más una explicación para aquellos pocos que terminaban de leer mis parrafadas y no una provocación o una invitación al debate. Creo firmemente en los criterios individuales. No me he prohibido los ejercicios literarios, ni los juegos, sólo que les daré sentido o sufriré las carencias de los mismos en otros ámbitos; busco para ellos el solaz de la intimidad.
Así que este espacio continuará con fines más prácticos y promocionales, algunas actividades concretas, información sobre talleres, clínicas, viajes que tengan que ver con mis conferencias; y en cierto momento, cuando no sienta estar lloviendo sobre mojado, para colgar una opinión sobre lo que sucede en el mundo o en mi desgraciado país. Tras esto, voy a cultivar la disciplina de escribir en mis cuadernos, en hojas en blanco, en ver a mi desagradable y querida letra dibujar abstracciones con significados. Mantendré correspondencia privada con mis amigos, y con aquellos a quienes tenga que darle información, por ejemplo, del coaching literario.Tomo para mi el consejo que le diera a Clavel, trabajaré y coleccionaré Moleskines, cuadernos y plumas, creyones y bolígrafos; emprenderé de nuevo la aventura por distintos derroteros.