jueves, noviembre 22, 2007

Hilo de Cometa / Saide en Artes y Letras


El Heraldo de Aragón publica hoy en su suplemento Artes & Letras esta reseña ("El amor en tiempo de violencia") que firma el crítico y escritor José Giménez Corbatón:



Con la publicación de Hilo de cometa, del venezolano Israel Centeno (Caracas, 1958), la editorial Periférica permite al lector español completar su conocimiento del volumen que mereció el Premio Bienal de Guayana en 1994, del que formaba parte la novela corta Iniciaciones, que ya editó el sello cacereño en 2006. Además, se incluye ahora el inédito Retrato de George Dyer, cuyo título alude al cuadro homónimo de Francis Bacon.
Dije entonces, al reseñar Iniciaciones (Artes & Letras 169, 14/12/06), que Centeno no es un escritor que pueda satisfacer a lectores poco exigentes, y no me refiero a quienes frecuentan los libros de usar y tirar que abundan cada vez más en las mesas de novedades de librerías y grandes almacenes. Centeno no narra de un modo convencional. Nos brinda palabras e imágenes que sugieren más que cuentan, pero que acaban contando más que cualquier narración convencional, pues son fruto de voces interiores complejas, observadoras, sensibles, y nada comunes.
En Hilo de cometa es la de un adolescente que se inicia a la vida con el peso de un padre víctima de la tortura y del crimen político, y que sabe recrear el ambiente propio de cierta burguesía venezolana enfrentándolo a unos referentes que beben en la tradición del cine clásico americano y de algunos de sus actores-personajes más conocidos, con el James Dean de “Rebelde sin causa” a la cabeza.
Retrato de George Dyer es una narración más clásica, aunque las elipsis temporales, los sobrentendidos, los diálogos breves, directos a lo que quieren decir -algunos muy divertidos-, y la riqueza de léxico le confieren modernidad. Trata además un tema tabú, el del incesto, también en el marco de la iniciación a la vida, y se mueve en el mundo de los exiliados americanos en Europa. Israel Centeno es un autor que quien se interese en las corrientes más novedosas de la literatura latinoamericana ha de seguir con atención.
Saide es la primera novela que llega a España del escritor colombiano Octavio Escolar Giraldo (Manizales, 1962). Escobar Giraldo tiene al menos otras tres publicadas en su país, algunas premiadas, además de dos libros de cuentos. Es un buen lector de novela negra americana, y ha aprendido a contar historias a partir de esas lecturas, en particular de Horace McCoy (encabeza su libro con una cita de ¿Acaso no matan a los caballos?), o de Raymond Chandler.
El narrador, un periodista radiofónico que ha perdido algunos trabajos por lanzar “al aire comentarios que resultaron impertinentes”, y que se ve abocado a emplearse en una agencia privada de mensajería, sigue la pista de Saide, una turbadora y hermosa joven a la que apenas ha conocido, pero que le ha dejado una honda huella. La búsqueda le lleva hasta un médico, el doctor Díaz-Plata, cuya figura constituye, al final de la novela, el retrato de un villano inolvidable.
Mientras el médico va desvelando sus secretos -y los secretos de la enigmática Saide-, el narrador rememora, mediante flashbacks, algunos detalles de su propia peripecia con la muchacha, y con el entorno en que ella se ha venido moviendo. La novela –como manda el género- tiene buenos diálogos y descripciones ajustadas, casi secas. El trasfondo es el de la violencia estructural, permanente en la sociedad colombiana, que llega a impregnar cualquier manifestación de la vida cotidiana. Lo asombroso es que esa violencia es vertida en las páginas de la novela con una naturalidad que no requiere casi hacerla explícita: se adivina más que se vislumbra, lo que la hace doblemente inquietante.
Si aquí es el narcotráfico y los helicópteros americanos en conjunción con los militares autóctonos los que sirven de obsesivo marco, en la novela de Centeno que he comentado al principio de esta reseña se trataba de la violencia directamente política, la que provoca la mera lucha por el control del poder.

En resumen, dos escritores que, sin renunciar a la elaboración de narraciones muy cuidadas, de buen calado estético, denuncian sin ambages la dura realidad de su entorno.