miércoles, diciembre 05, 2007

Corrido nerudiano en Nuevo México



por santo domingo a xuan, sonia y vicente

El pueblo es frío como un hogar sin leño mojado y musgoso es el pueblo de heladas recientes el pueblo de las cuatro casas y una tienda fantasma donde un toro de carne avejentada pasea el ruedo de una iglesia con los cascos sobre el patio al rodeo y a medio camino de Santa Fe un joven grita al franquear al toro ya lo mide ya lo pesa y apenas lo toca con la palma de la mano el predicador y santo talla de madera más o menos dibuja verónicas al vuelo toro de cojones pequeños de verga lancinante en la herida tarde ¿y la verdad? Se escuchan los hierros sonar y las armas cargar y se escucha el solo de cuerdas o el cajón fúnebre de un bajo así toro recitan aquellos infames versos de Neruda en noches como esta la tuve entre mis brazos, la besé tantas veces bajo el cielo infinito tan solo tantas veces y luego el frío porque el viento pasa toro en el invierno más crudo del desierto allí trama algo ruin con los dedos mutilados de la hilandera de la historia señora puta esa la de los ausentes en el pueblo de amable saludo dos tres indios obesos viejos bienencarados juegan con sus piernas y tratan de dar patada a los bolos de las zarzas que cruzan las calles de tierra y se transforman en bolos nevados hasta que suenan las trompetas del invierno ido cómo se llamará el más gordo este señor de crines canas él contó de cómo se ceban a los cochinos a los forasteros y se adornan las columnatas de la iglesia de Palo Seco el dia del duelo si antes lo hubo lo habrá después dialéctica pura y una boda sumadas a dos muertes de perros tiesos y orillados sobre las grietas de las calzadas no son más porque las conté y son dos o tres las calzadas del pueblo ritual impecable frente a la plaza los de siempre sobre el mismo retrete enmierdecido no eran otros sino los cantaores del poema que entonan pensar que no la tengo pensar que la he perdido mi alma no se contenta con haberla perdido anda toro imbécil ve hijo de mil corridas y leches sacude ese cuerpo abotagado de testosteronas y haz relucir los cuernos y las paletas concebidas para las estocadas fatales que no son una sino las de siempre miles y la de siempre una la muerte más una dos el frío del pueblo triste suda cubierto por la helada sólo se suda esa calentura al fondo de un océano de arena allá donde crecen casinos al pie de grandes montañas y al fondo de otros tantos pueblos y estados. Una mujer en El Álamo, en Santa Fe o en la puta madre que la parió, ha encontrado a quien hacerle cuernitos con la mano, sonríe junto a su chivotoro expiatorio y se siente feliz. Estos serán los últimos versos que yo le escribo.