domingo, diciembre 09, 2007

¡Pare de sufir!

León Trotsky dijo que las revoluciones son estados de inspiración. Algo así como una gracia o una epifanía. Actos de fe que las hacen viejas apenas nacen. Los venezolanos vivimos una oración fuerte al espíritu santo.

El líder indiscutido de la revolución conoce su fuerza devastadora. Su fuerza es proporcional a su capacidad de sustraer propiedad a las palabras. No las trivializa, ni las vuelve ligeras; las expolia, las expropia. Nombra y vacía. Nombra y aniquila.

Cada uno de sus enunciados se resta valor a sí mismo.

Basta percutir la expresión; entonces mierda deja de ser mierda y revolución, revolución. La palabra es ultimada. Las frases y las palabras pierden imagen. Exclusión, inclusión, socialismo, traición, libertad, golpe, fascismo, imperialismo, lealtad, medios, democracia, capitalismo, dictadura, felicidad, oligarquía, pueblo, izquierda, derecha: na da.

Nada.

El líder despoja de ánima a la voz y un mundo estéril replica el eco, repite lo que ha muerto al salir de su boca.