martes, abril 29, 2008

Verano

Son diez mil pasos, eso dicen, diez mil trancadas al galope digo yo, es el vuelo a pecho con la cabeza tirada hacia adelante, al remate grita Dalila; una vuelta entre los sicomoros y las acacias, dos vueltas bajo los caobos y los apamates; las chicharras están que revientan, claman como profetas y mi cuerpo se empegosta envuelto por un turbión de polen; me agrede cada mañana, lo alivio devolviéndole las agresiones - es un toma y dame-; si me vas a joder encuentra obstáculos cabrón; un combate desleal; tiro diez mil zancadas más. La tabla periódica de química baja a chorros por mi piel , entonces los bronquios a punto de colapsar se expanden al máximo y me importa una mierda que la relojería se vuelva loca y haga cucú; la llovizna de luz entre el bosquecillo de las esculturas es amarilla y purpura; los culitos húmedos de las maratonistas que se preparan para ir a Nueva York despiden un aroma a vainilla y a corteza de cardón; el mareo y el goce, a pesar de la sal que expelen las corredoras, es más de montaña que de mar, de lugar basáltico y paramero, sin oxígeno y lleno de presagios; enredadas entre sí sobre la tierra seca por el verano se abrazan o estrangulan las raíces de los árboles más viejos y así mi fatiga se desprende a campo traviesa, un paso más y despierto.