viernes, mayo 23, 2008

La igualada - en clave ranchera

Y te dice el duende, vas a caer y de inmediato te ves dando vueltas en una crema espesa dentro de un recipiente de barro, la paleta te busca, golpea duro tus brazos, en la barriga, en el corazón, te homogeniza con barridas firmes en la espesura, - y en la cabeza te vuelve a pegar. ¡No me pegues carajos! gritas con el cieno viscoso hasta la barbilla: ¡esto es una verdadera mierda! protestas sin lucidez; entonces, la verdad ilumina al remolino estriado que te subsume, un rayo sucio de verdad, es cierto, y se abre como una mano de muchos dedos para oscurecerte el entendimiento. Cuando estás a punto de gritar de nuevo, recibes del chef pastelero el paletazo de gracia; así que no podrás lamentarte por la torta puesta.
-Y olía mal
-Sin embargo me atreví a acercarme
-Olía mal, te acercaste y me hiciste daño - reclama y agrega: no olvido, no perdono ni espero que me agradezcas nada
- ¿Es otra de tus cancioncitas?
-no, es una sentencia
- Vaya, entonces tenemos un dictamen muy original ¿de un Dios? Mira que eres pretenciosa
-La muerte puede dar ese dictamen sin que la conviertas en una balada – protesta
- ¿Me estás queriendo decir que eres la muerte?
- …
-Por Dios, desaparece ¿tiene sentido, no? No. Es cierto, es cierto: eres nada o (¿la muerte?)