viernes, mayo 23, 2008

Tango evita tango evón

Pedí dos, epa dos, fueron dos y me lancé, me retaron y lo hice, fue como si se tratara de zumbar dados sobre un tapete marrón, no verde, dados negros sobre un tapete marrón, puedes leerlo, pudo ser un verso y si te empeñas, un verso de Vallejo, pero sólo eso, luego fueron cuatro y cinco, los dados negros y no caían al azar, me he acostumbrado a andar invisible por allí, a ser la sombra de mi sombra o un celaje en un local lleno de luces tristes y amarillas, estaba empapado, así se empapan las parturientas y los bailarines en las azoteas de los bloques de Lomas de Urdaneta, te lo dije, no solo una, dos, tres y alguien escuchó el ruedo de metales que sonaba desde una terraza, las trombas de Cortijo y su combo, la voz de Maelo, este mundo sabe a pupú, a mierda, epa, dos, si viene la carajita aquella con la gravedad en su aliento a hablarme de esto y aquello, a sacar su lengua, empapado yo como una parturienta, derramado en mi camisa, se la lameré y trataré de tocale el toto, no soy nada valiente ni osado, me obstina el asunto, le digo, ni siquiera sabes tartamudear un maldito estereotipo, me saca la piedra de las cavernas de mis riñones, de la vejiga me la saca, esa intensidad es una mueca, una parodia, no es nada, a veces deseo volarme la tapa de los sesos de un solo pase de polvo y acetona o gasolina, qué ladilla, ni la reversibilidad de la existencia explica el eterno retorno, la misma vaina siempre y ya estoy viejo para hacer cosas terribles, no hay nada más hipócrita que lo políticamente correcto, se lo dije a la tonta, se lo dije a la viva, se lo dije a esa noche en el momento en el que caía un malogrado mendigo sobre nosotros, dale al palmo, gritaba, uno, le daba al piso con sus zapatillas de chulo, dos, reordena las fichas sobre el tablero, zapatea en la pista y tumba a los otros bailarines con zancadillas subrepticias, huele a mi pasado e infecta, dice, es cosa muerta y cosa viva, estas son las noches sin mucha novedades, nadie se engaña ni se enternece, no da más la liga ni la luz de su sonrisa, vuelve a pedir agua dulce y vodka, más agua, una cisterna cenagosa, vuela un plato corta en dos un cuerpo ¿eso era todo? Sí, se acabaron las sorpresas y nadie, ni el más alocado pesimista, vence las infinitas caras del aburrimiento.