sábado, mayo 17, 2008

la heroína es mala

Leonardo Terán, el optimista, ha dejado una nota que transcribo sin alterar nada.



Me ha tocado escribir estas líneas de porquería. A medida que envejecí sentí crujir muchas veces los brocales de esas ventanas tras la que me ocultaba como el fisgón de las siestas, es el verdadero drama, comencé a creer que deseaba reconciliarme con el polvo y la carne, dos máscaras de la vanidad o con una idea, cualquier idea impía o piadosa, al final no importa. Demostrar a mi mismo o a alguien, pretender demostrar al mundo algunos logros: mirá hasta donde soy capaz de vivir y de orinar o marcar la huella inmemorial, pura mierda y de la pestífera. Poco importa, al comienzo creemos que todo está siendo escrito en un libro de fuego y por eso nos esmeramos y tenemos ambiciones o pretensiones; la humildad es una ambición y la ambición es un cagajón de dromedario o una ciénaga de cagajones tristes y de dromedarios, no te puedes mover porque te hundes y te mea un avestruz. Me he enamorado muchas veces y no he sabido separar a la musa de la amada hasta el instante en el que la musa deja pequeña y estúpida a la pobre y gentil amada; la devuelve al lugar exacto, a la ridiculez humana con sus variantes, una más inane que la otra.

No conviertas en heroina a tu amada, no lo hagas, es un consejo inútil, pero un consejo al fin. Estas conclusiones me hacen reflexionar y ahora no soy ni más ni menos infeliz. O feliz ¿Quién puede ser un juez y determinar la felicidad propia o la de otros?

Ha muerto una persona querida y entonces vuelvo a sentir estas mierdas, la existencia carece de peso o medida, carece de existencia en sí misma. Es todo, fin.