miércoles, octubre 13, 2010

En busqueda del tiempo corrido -esbozo



 Me gustaría llevar un cuaderno de notas, la carrera es serena, sostengo el ritmo durante el recorrido, a nadie se le ocurre tomar notas mientras brinca brotes de raíces entre árboles o va a campo traviesa por esas pequeñas explanadas; el asunto es el cuento, la novela que escribo, la idea ronda en esos momentos  que luego serán estos instantes frente al teclado y las ideas habrán perdido el esplendor de los follajes, el halago de la brisa rota por mi cuerpo y la luz, con ella vienen los mejores cuadros, las escenas perfectas y hasta el sonido de la voz del personaje; es un ejercicio, no he avanzado mucho, sé que me dice, cruza el canal y lo cruzo, y camino desde Gales hasta Londres, es necesario repite y sostengo la determinación, no debes repetirlo, estaré en Oxford Street para entonces y escucharemos los coros, tú en un lugar de la avenida y yo en el otro, confundido entre la multitud, haremos lo posible por reconocernos, sé que llevas el cabello corto y tienes facciones muy grandes, tu piel es blanca y los ojos tan negros como azules, volará entonces el cuervo y comenzará el juego, porque no serás la única entre la multitud, creo que le dije en una nota y se ofendió, ese es tu asunto, me responde, reconocerme y comprendo, ahora o después lo hice, la reconocería, no es un ejercicio literario, es una constatación de la fatalidad, lo haría en un erial de trigo, en un molino de centeno, la reconocería porque es imposible que no sepa cómo se han sembrado las pecas en su pecho, la reconocería por el olor a tabaco de los pantanos de Asia, claro que me atrevo, estoy a punto de hacerlo, de tomar el tren y cruzar a Dover ¿por qué tengo que ir caminando hasta Londres? El  cuervo, es el misterio, el trato, el juego, cruzar la floresta de Adriano y conquistar el Támesis desde las tierras húmedas, tu cuerpo, luego pasado el ajetreo entre la multitud, las tímidas y osadas observaciones,  tomo tu hombro, lo llevas desnudo en la noche de otoño, no podía ser otro el pomo nevado y hago que te des vuelta para confrontar tu boca, la misma de mis rebuscadas elaboraciones; es tu aliento, no podía ser otro te diré entonces, en el otro presente que tendremos para entregarnos los premios merecidos, prometidos o fatales, es una casa en el bloque norte cerca de un viejo cementerio,  lejos de las vías de los trenes, del tráfico de los aviones, en ese lugar te despojarás del albornoz y veré el espejo de luna, la casa a donde he vuelto; las pisadas golpean la arena húmeda del circuito, es la última ronda al parque, me he lesionado un pie pero lo tengo todo resuelto.