lunes, noviembre 15, 2010

De cómo Bud olvidó a Mary Ann


Luego de arriar el ganado al pueblo de Frico, Bud emprendió el regreso a casa, tenía que hacer un largo camino, durmió cobijado por las noches secas del invierno, con el fuego bajo y el sordo acecho de los animales de caza; las agujas de pinos como lecho y todas las constelaciones de nuestro señor sobre su cabeza, sí, eso le dijo a Pancho, he  cruzado ríos y caminos y todos terminan siendo el mismo y, por eso no me asombro cuando la gente dice todo eso que dice de mí, soy diestro y siniestro Pancho, como tú, como todos estos endemoniados coyotes, serpientes y lagartos de polvo; Los compañeros se habían encontrado en la encrucijada de los tres túmulos, donde fueron ahorcados los últimos cuatreros de la banda del Yuca Ponte, incluyendo al Yuca Ponte; atravesarían la explanada estéril del suroeste, un océano quebradizo e inconmensurables habitado por escorpiones y cascabeles y dos o tres arbustos, islas caprichosas de espinos y tristezas; siempre jugó con el recuerdo, al irse hacia las tierras del norte le dijo a Mary Ann, te recordaré por siempre y Pancho, ladino, le devolvió el cometario, eso se parece a olvidar por nunca; de eso se trataba, aunque olvidase a la niña tonta de Mary Ann lo haría por nunca, pensó Bud, una forma de siempre, cosas parecidas; llevaban cecina y unas cantimploras de agua en las alforjas, deberían navegar de noche y esconderse como las alimañas de día; es como nunca recordar el siempre, navegar de noche cabalgando el olvido; nadie se debe confiar, movió la cabeza Pancho sobre su montura bajo el firmamento inconmovible, al menos demasiado, todo finalmente se olvida, incluso la blonda cabellera de Mary Ann, las yeguas de cuadra no deben confiarse demasiado en sus colas reomolonas y ancas sin peladura  ¿ y así hablan los vaqueros? Se pregunta quien escribe de memoria la historia de estos dos arrieros, tiene algo de absurdo e inauditos, una espontánea vena poética, se responde el tipo al golpear las teclas y de inmediato trata de coger de nuevo el hilo sobre regreso de Bud a los brazos de. Siempre a esta hora escucho el silbido de un tren, es un viejo silbido de locomotora, pregunto y me dicen, no hay vía férrea cerca, debes estar soñando, sabes, la impresión de los primeros días; esta madrugada sonó a intervalos de una hora, lo estuve escuchando hasta La salida del sol; ahora no comprendo mucho, pero tiene que ver el asunto de nunca y  siempre, una polaridad enfrentada en el espacio de estos lugares, un cuento de amor que algún día se contará sin dejar nada por decir, el largo relato del tira y encoje, de la histeria compartida, está documentado en esos indicios, el silbido de un tren, la soledad en las altas horas de la madrugada; esas extrañas apariciones y la necesidad de revelar por revancha algo tan inútil como una tonta historia muy pretendida sobre. Al entrar en el pueblo, Bud se dirigió a la posada, pidió un cuarto, una botella de aguardiente y tiró por la cintura a una rubia avejentada y rechoncha, Pancho estaría en el sureste, bajaría a las tierras húmedas y pantanosas del Mississippi, ambos erraban y bebían para recordar nunca y esa, lectores erráticos, fue la verdad de estas monturas poco heroicas.