miércoles, enero 22, 2014

Elipsis





Durán se echa un trago a pico de botella, carga la petaca con Jameson y la retorna a  la estantería, las ventanas del bar están sucias de aguanieve seca y hielo,  a una de ellas se le desdibuja el nombre, aún no han llegado los tres mariquitos de Squirrell, se les debe haber congelado el culo, se lo estan pensando, murmura y busca en su bolsillo, ha dejado de fumar pero le queda el reflejo, Al hacer sonar desde su Iphone algo de los Red Hot Chilli Pepper, güevonadas, demasiado cliché y no completamos el párrafo, se cagaron, no van a venir, mejor dejamos la vaina como estaban ayer, mientras te cuento el cuento
¿De qué, del Gallo Pelón?
No chico, de la jeva aquella, la del dedito en Santa Fe.  
¿Nuevo México?
Pato, de Caracas.
No me interesa -responde Durán.  
Pana, el dedito. Dice él
Eso lo sabe todo el mundo, le responde el otro y se acerca a la ventana. Fuera canta un cuervo.
Otro cliché y desaparezco.
Pero las ráfagas de viento helado cortan la nieve gruesa de la calle. Dame otro trago y no se lo cargues a Keyla.
Las ramas secas de los árboles desguarnecidos trepidan sobre la Pensilvania Avenue, los cables cuelgan bajo el silbido del temporal de invierno, parecen trazos negros de carbón acerado pendientes de rieles invisibles, el frío le saca cellisca a la noche, hay témpanos en las cornisas blancas de la casa mortuoria, el graznido de las aves y la electricidad rasguñan las aceras,
¿Recuerdas la mata de mango donde se estacionaba un auto detrás del otro? Siempre de noche, a las diez y media, Caracas siempre es cálida y entonces las vainas no estaban como ahora, se podía repetir la rutina, cada jueves ella y esos tipos no van a venir, ha dejado de sonar la música, se les debe haber congelado el coraje, ayer parecían seguros, retadores, pusieron todas las cartas allí sobre la barra y no arrugamos, claro que lo haremos, lo hacemos aquí en Pittsburgh y en Viena, es cuestión de voluntad.
Si no vienen no pasa nada, este invierno da para rato y volveremos a retar y a ganar la apuesta, si para ellos es alta, podemos provocar nuevas situaciones y vivir del tema.
Abren la puerta del bar y salen a la calle, el alumbrado público está desdibujado por la arenisca de hielo, ambos van revestidos de trapos entre los carros cubiertos de nieve,
¡Epa Al!
Qué.
Cuéntame el cuento del Gallo Pelón
¿El de la jeva de Santa Fe?
Si, mañana.