martes, junio 12, 2007

Y llegó el ocaso

Una vez dijo ella, luego de ver por la ventana del cuarto donde estábamos, que se vaya todo al carajo. Fui feliz.

Es un error creer que todo vale a no ser que se posea el coraje para hacerlo valer todo.
Es deplorable y cobarde.


Detesto afeitarme, detesto envejecer; evadir ambas acciones es inútil; podría dejarme crecer la barba y sería un hombre barbado como voy siendo un hombre viejo; viejo y barbado, me niego, al menos barbado; ahora he bebido dos copas de tequila reposada, muy fría; tenía tiempo que no sentía la extraña y agradable sensación del dopaje, quiero morir entonces, leer a Fernando Pessoa, sentir envidia del ajeno disfrute amoroso, la bestial consagración de los placeres. Tantas convenciones; si al menos pudiéramos hacer lo deseado en una tercera parte; si nuestro deseo fuese del tamaño de un grano de mostaza le diríamos a la mujer amada ¡Ámame para siempre!... y no lo haría: derrumbaría su goce sobre nosotros, abjuración, lujuria y avaricia, negación, abandono; sería ella, concedería el mar, los borbollones y sus babas, el hervidero de mil orgasmos en la punta de un beso o en la cabeza de un alfiler bermejo; sentido de vida, ser acabado, tirado, cogido, bañado, muerto en las nupcias y en el adulterio ; el último vuelo del zángano manifiesta la bondad divina, el medio y el fin. No me gusta dormir la siesta, despierto de mal humor y pensando mal de la vida; la vida no es bien intencionada; yo siempre he jugado a crear mundos alternos mientras vivo hacia la muerte y no explicaré a nadie el propósito de aquella frase de Gustav Flauber, Madame Bovary c´ets moi; diré sólo: la frase me embruja, me seduce, me derrota y reivindica en la ficción, en todas sus posibilidades, en la realidad negada, amada e imposible, dibujada y recreada hasta lo insano, nostalgia por la belleza, la renuncia obligada a ese lugar y momento en el que pudimos haber sido felices; estupideces que no dicen nada en tiempos turbulentos, rezo junto a Pessoa: señor llegó la noche y el alma es vil/!Tanta fue la tormenta y la voluntad¡ Nos quedan hoy, en el silencio hostil/ el mar universal y la saudade