Por estos días un pequeño grupo de tres mosqueteros más D'artagnan, en una cantina por la Zona Rosa del DF, comenzó una disputa sobre Jaime Sabines; hablaban de los poetas nombrados en Los Detectives salvajes e incluso, de Sabines; recordé a una mujer y a un juego de mi infancia, ambos al mismo tiempo, una estrella, una tunja, el capote de un viejo Desoto, una tarde noche, panza arriba, a La Ceiba haciéndonos sombra y al trazo incandescente de una estrella fugaz seguido por el silencio y al silencio el grito. Detrás de aquel pasaje, entre la casa de Agustina y Juana, muy parecido a otro pasaje de La Colonia Condesa cerca del estudio de las tres Meigas, irrumpió el grito Zulú de Birongo, de El Manguito, de La Cocinera: "Al que le caiga la chupa" Una, dos, tres veces ¿ Y quién coño de tela madre te crees? Las Meigas reían y eran tres, sí. Lo juro.
"Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y veras qué hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte no alborotes tanto:
muérete y ya. "
Jaime Sabines