domingo, agosto 10, 2008

Dos pequeños monólogos de Sam Shepard

¿Podrías darme una pequeña parte de ti? Sólo estoy pidiendo la parte más diminuta, sólo lo bastante para desplazarme de aquí a allí.

Podrías darme algo, cualquier cosa, aceptaré lo que sea. ¿Podrías poner tu mano en mi cabeza? ¿Podrías rozarme el brazo? ¿Podrías acercarte lo bastante para que yo pudiera sentir que fueras a abrazarme? ¿Podrías tocarme con tu voz? ¿Soplar tu aliento en mi dirección? ¿Te importa que te mire a la cara? ¿Te importa que camine detrás de ti? ¿Me dejarías seguirte a distancia? Si tuviera algo de valor te lo daría. Si hay algo de mí que quieras, tómalo. Pero no pienses que soy de esta manera con todos. Casi nunca soy así. De hecho, normalmente es al revés. Hay muchas personas que les encantaría tener una conversación conmigo, incluso hay quienes me preguntan si pueden caminar detrás de mí. Así que no pienses que estoy completamente solo, porque no lo estoy. De hecho, eres tú quien podría usar un poco de compañía. ¿Cómo has podido pensar que tienes algo que darme? Tengo todo lo que necesito, y lo que no tengo, sé donde conseguirlo, cuando yo quiera, en el medio de la noche, en medio de la tarde, a las cinco de la mañana. De hecho, ahora mismo, estoy perdiendo mi tiempo, simplemente hablando contigo.





Voy a matarla, ¿sabes? Pienso hacerlo. La mataré a ella y luego te mataré a tí. Sistemáticamente. Con cuchillos muy afilados. Con dos cuchillos distintos. Uno para ella y el otro para tí. Para que la sangre no se mezcle. Aunque a ella voy a torturarla antes. A tí no. A tí te mataré de repente. En mitad de un beso, probablemente. Justo cuando creas que ya todo ha pasado. Justo en el momento en que pienses que has conseguido engatusarme. Entonces morirás.