miércoles, abril 29, 2009

La rueca

El gato se paseaba por el alfeizar de la ventana, su cola oscilaba a las emanaciones de luz, era la oscura mirada de la bruja de “El Ramal”.

- Desde hace rato comenzó a mojarse la trama – apenas susurró la joven y dejo salir del puño de sus manos diez dedos perfilados y magníficos

El gato era parte de la urdimbre. El gato fue el marido de Luciérnaga, su mejor amiga. La mejor amiga era incauta y espontánea. La bruja de “El Ramal” no tiene amigas, forcemos la expresión, tenía cómplices, siempre formaban parte de la urdimbre.

- La urdimbre cruza el tejido, y las cosas comienzan a tener nombre en ese lugar donde escribes, son confesiones y te comprometen

Ronroneaba el negro gato de ojos verdes. Saltó en la oscuridad sobre el espaldar de una poltrona vieja, allí se quedó mirando con odio a la mujer, recuerda, era tarde en la noche, las copas de vinos tintineaban al tropezar, su sonrisa era franca, pícara, entrometida, celebraba las ocurrencias de la bruja y Luciérnaga colgada de su brazo escondía la cabeza en su pecho, entonces apareció el tipo, muy oportuno, siempre aparecen esos amantes tontos, fáciles de alimentar con esperanzas, las piezas viciadas del rompecabezas

- Yo sé de eso, me la paso mezclando las piezas de los rompecabezas y en el centro del desorden aparece la recamara

No recuerda cómo, pero hablaron del tipo, es mayor, dijo la bruja y engañaba a sus amigos, se guardaba los detalles y la vulgaridades de sus apareos porque la bruja tenía un contrato nupcial pero no podía permitirse no despojar a Luciérnaga, miraba a Ernesto sin disimular sus intenciones, apenas la enmascaraba la travesura, decía, ese tipo, ese tipo y comenzaba a sugerir algunas aventuras indecentes con el otro y Ernesto celebraba y levantaba la copa de vino, ella ganaba, era capaz de todo cuando sugería e iluminaba su mirada con destellos de ira voluptuosa

- Nadie se glorifica sin la humillación ¿Verdad Ernesto? – el gato ronroneaba en la oscuridad, sus ojos de serpiente dejaban entrever un paisaje de cavernas y gemas – lo humillé en el salón de pull, frente a todos ustedes, frente a mis muertos, allí quedó el tipo, inútil como una lluvia en el desierto

Hubo eso, desolación y amargura, luego la merma

- Él lo comprendió tarde, fue un tonto, creyó poder ganarme armando rompecabezas, jugué con su mente mientras él creyó estar jugando con la mía

Luciérnaga en otro tiempo, en una estación distinta, en la dolorosa, en la soledad, pasaba sus manos por su vientre, se iría de viaje, llevaría lejos a Ernesto, dejaría a la bruja, sus confidencias fueron siempre urdimbres, rompió con el tipo en el justo momento en el que le daba un beso a Ernesto

-De eso se trataba, de hacer un falso vuelo nupcial

- Pero no asesinaste al zángano

-¿Tú crees? Anda, pregúntale sobre los tipos de muertes y las sutilezas

El gato alcanzó una de las repisas de la biblioteca, por unas rendijas cerca del marco de las ventanas clausuradas, entraba o corría una brisa nocturna, todo comenzó a estar fresco. Opresiva la serena y despótica en “El Ramal”

- La trama ha comenzado a ser cruzada por la urdimbre – no era la misma, había envejecido, su belleza se confundía con expresiones de horror – la revelación no me alcanzará, ni a ti gato, dicen que el agua siempre termina venciendo al fuego y no es así, en las entrañas de la tierra hay un océano de fuego, un océano de fuego debajo de los abismos de agua, que duerman los otros, tu estate en vigilia, no te vaya a acontecer la tragedia de Luciérnaga

Dejó de sonreír, comenzaba a sentir crujir los soportes de la vida, no era joven ni fuerte, había engordado y casi no salía a volar por las noches, le sobrevenía el vértigo al momento justo de encajar una pieza

-Comienza a podrirse todo – el gato lanzó una de sus zarpas al vacío