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miércoles, julio 18, 2007

Las aventuras de Placer


a Lemur por su pronta recuperación



Estamos hablando de lo imposible. Tengo en mis manos trozos de revistas, páginas sueltas y oxidadas de las verdaderas historias de los superhéroes, defensores del orbe, de la vida sana y del buen vestir; si alguna vez se desplumó el gallo con lascivia insidiosa sólo fue posible frente a los sostenes de copa de La chica Maravilla, nadie es capaz de asegurarlo, por eso me siento colmado de retribuciones al poder ver al sesgo las piernas, las pantaletas azules, estrelladas y merlinescas de las mujeres defensoras del último imperio, la pax de la civilización que terminó legándonos al olvido, el orden imposible y desbordado a pesar de los esfuerzo de paladines (entre ellos el redimido superboy o el presbítero y peregrino superpantostado)

A continuación voy a copiar una nota, no puedo establecer si epistolar o ensayística, porque hemos perdido los parámetros académicos para clasificar o colgar etiquetas a los trabajos intelectuales de una civilización devorada por sus contradicciones menos relevantes, las de clase:

“ (...)Soy Placer, Superplacer, pertenezco a la última generación de héroes que combatió a las pandillas en las calles de Caracas, utilizo el término pandilla en un intento por globalizar el concepto, tengo la certeza de la próxima desaparición de una parte del planeta, y de nosotros como garantes de un modo de vida; me gustaría haber aprendido algún tipo de jerga universal, el esperanto de los malhechores, el aguara de la Iglesia Mormona, el cuti de las esposas desesperadas o la blaslabia de los gobernantes latinos, de los creadores de la multipolaridad (sic) y del futuro de los pobres; pero no tuve tiempo para los detalles trascendentes, el mundo giraba y no debía dejar de girar. En aquellos días las parrandas de malandros hacían orgías en donde los agarrara la aventura, eran cortesanos alegres como los chicos del viejo Robin de Sherwood; ellos armaban caballero a una figura de poder, antiguo déspota del desorden y se juntaban en torno a él a promover el caos y partir lanzas, por ejemplo, en un estadio de fútbol, un centro de acopio de comida o en las verbenas conmemorativas de fechas gloriosas y deleznables. Era pertinente el bate de béisbol para acariciar la dentadura de un bello discrepante, el pica hielo para ablandar el abdomen de los metrosexuales hijos de papá y el legendario Smith and Wesson para los disociados pedigüeños de libertad y derechos civiles. Decía el más sabio de los alcaldes, alardeando de su tono gorrión: -me han elegido para acabar con la indigencia y no reparo en métodos.

En búsqueda de la multipolaridad(sic) el mundo se polarizaba y los superhéroes, igual que los escritores, los artistas plásticos, los cineastas y danzarines de música autóctona, no escapaban a ello, nos vimos enfrentados y en más de una oportunidad probamos las descalificaciones audaces de nuestros antiguos compañeros. No eran los tiempos de la Bonachona Rosa, paladina de fatua mirada y verbo superficial, maestra del maquillaje y artera reprobadora, ella usaba métodos de reparo, el ridículo y la censura para desmoralizar a sus amantes hasta convertirlos en mendigos y en pusilánimes, pero siempre en nombre del amor (una causa noble a fin de cuentas) y de Afrodita, la robot nipona que regalaba sus senos a quienes la adversaban y se acostaba con los bastardos y los intocables de las islas Urales o de un barrio en Macarao. Vivíamos el blanco y el negro, el oeste contra el este, latinos contra gringos, militares contra civiles, la dialéctica forzando sus contradicciones al caletre de los manuales reinterpretados de un alemán resentido que murió con pústulas en el culo y un mal humor capaz de continuar inspirando a sus seguidores hasta las postrimerías del mundo. La situación era insostenible, habíamos librado todo tipo de contienda, las refriegas fueron cruentas y la espada no dejó de hacer su trabajo al lado del fuego, entonces tuve tiempos para el amor, pero es otra historia, mis aventuras eróticas con la mujer elástica: cuántas maromas, cuántas osadías y orgasmos.

Los pueblos oprimidos dejaron de hablar, y los desheredados de la tierra, el pobre de siempre, los esclavos de las minas de alquitrán, los balleneros del capitán Ahabb, los recolectores de drogas en los muelles de Hong Kong, los practicantes del sexo oral en los baños públicos, las mamadoras de la trastienda del sastre del Tolón, los sumisos a sus obsesiones, los jibaros de las esquinas en La Mohedano, las obreras textiles, las ociosas ocupadas en las tardes sin sentido de sus vidas redondas como la tierra, las anoréxicas modelos sobre sus eternas pasarelas, las víctimas de los extremismos de género, los adictos a los carbohidratos, las figuras de Hollywood y los pocos enamorados verdaderos fueron despojados de sus voces y con sus voces y la voz de un héroe del pasado guerrero, de poca estatura y grandes patillas, se expresó la voz mesiánica de un supertenientillo que nos condujo a librar de manera impostergable el Armagedón.

Acá es entonces cuando comienza el cuento. Dispuestos a decidir de una vez por todas el destino irresoluble, nos aprestábamos a hacer armas con nuestras mejores superfacultades y de esa manera, cual legión de ángeles, convertir la última batalla, en la última batalla. Cada cual tenía su misión devastadora, todo verde y azul, toda diversidad y diferencia, cualquier punto de vista debería ser incinerado para hacer prevalecer nuestra diferencia de los otros; el regimiento estaba listo, pero recibimos una carta de nuestra mejor superfigura; en ella manifestaba su retiro de la lucha y nos encomiaba a hacer lo mismo; debimos enfrentar la desolación, recordamos a Bonachona Rosa y a sus artes inmaduras, alabamos a Nuestra Señora de La Patada, imploramos el perdón a las indiferencias de Las Santas Damas Calculadoras y entonces yo recibí la encomienda de leerle al resto de mis compañeros una carta distractora y edificante dirigida al amable desertor: en momentos cruciales los hombres y mujeres dudamos, no sé si escribirte como al superhéroe o como al gris funcionario de una trasnacional que opera furtivamente en una de las empresas básicas del glorioso estado revolucionario. Si tuviese tiempo, buscaría en los cánones y zanjaría el problema; sin embargo y a pesar de tu libérrima decisión debo insistirle a mis compañeros en la posibilidad muy cierta de que hayas sucumbido al maleficio de una piedra debilitadora. Inteligencia ha descartado a la Kriptonita y al crack, éstas solo afectan a la estirpe de Superman. Reconocemos tu gesto y hemos gritado al unísono deplorándolo, lucharemos en contra de Oni-dex, le doblaremos el brazo en una embestida que cantarán trovadores y rufianes en los siglos futuros y le haremos firmar nuestros pasaportes. Danzaremos y clamaremos por los cazadores primordiales, ellos nos han legado sus habilidades, hemos pasado parte de la existencia pescando con la lanza goteante en mares y ríos, comprendimos en una noche de lobos y cucarachas que la edad espléndida en la que se debe penetrar al salmón con el agudo filo del hierro es a cierta edad que no revelaremos a los profanos. Estamos en nuestros mejores momentos para demostrar que el mundo es una rabia irresoluta y un amor indispuesto, no cejaremos en el combate hasta sacarle el espantoso aullido a la bestia, estamos embrutecidos por los torrenteros de nuestras incursiones y por las quebradas primordiales de la sublime montaña: ay de aquella que ponga a prueba nuestra ira o nuestra indiferencia, hemos dejado el consumo de infusiones alucinógenas y sólo llevamos en las alforjas de diseño, té descafeinado y chicle con Splenda, la orden es la batalla y la batalla es el hombre y la caza, aquí estaremos para cuando botes la piedra y decidas restituirte en los fragores de las cetrería, levantamos nuestros bellos espíritus, nos forramos con el uniforme y gritamos la gloria, no sin antes decirte que las mujeres ya no se conmueven con labia, labia no es lengua invencible amigo, y si no muestras la lengua no entras, debe ser una lengua rosada, húmeda e inquieta como los dedos de un león marino(… )

Es momento de interrumpir la copia y la lectura, debo guardar silencio porque comprendo que ante sucesos trascendentes e improbables de la historia primitiva de la anterior humanidad, debemos asignarnos la piadosa y estoica prueba de la ignorancia obligada. Dios es grande.

jueves, julio 12, 2007

Los diálogos de Taylor


Se agota, la indiferencia, la sed, dame un café expreso, una gaseosa, no me devuelvas la mirada loca, no es lo mismo a no me devuelvas la mirada, loca. Vino nervioso, compungido, muy expuesto, ese es su tema, se agota, una luz sucia filtra por la persiana, la luz de las mañanas lluviosas, volvamos sobre tus recuerdos, sugiere y se lleva la taza de café a los labios, apena los moja, pone la taza sobre el plato y el plato sobre el velador, allí la nata flotará, se enfriará. No hablaré mucho, no importa, insisto, si estás muerto y se agota no pasa nada, estás muerto ¿sabes lo que es la muerte? No te pongas pesado, no retomes preguntas que han dejado otros en el consultorio, las dejaron pero no fueron respondidas, tienes tela de araña en el rincón sobre la biblioteca, tu biblioteca es pobre, hay pocos libros especializados, la muerte es lo que cesa y se descompone, todo el mundo cesa y permanentemente se descompone, no, no es así, es cesar, desaparecer de un mundo, de un sistema de ideas, de un pensamiento, de un recuerdo, del deseo de alguien ¿Quieres que te pida un té, un café? No, dame tu mano, sería incorrecto, estás llena de convenciones, aunque me des tu mano ya no me darás tu mano, eres insoportable, dime algo ¿puedes soltarte? En el vacío ¿lo conoces? No vamos a hablar de asuntos inexpresables, hablemos de música, la prosa sin música carece de sentimiento, mira, te repiten en los talleres de cuentistas, haz visible la historia, es lo importante y es un error, hay prosas visibles e igual son malas, hazla sensible, dale musicalidad, es primitivo y efectivo ¿vamos a hablar de eso? Hoy tengo ganas de perder la hora, es tu hora, ha dejado de llover y se escuchan las gotas rezagadas, caen sobre un toldo y un pájaro de cautiverio canta, la humedad estremece, es un presagio, una onda expansiva ¿Y si te echo las cartas? No. ¿Sólo una tendida? Es poco ortodoxo, pero es una forma de terapia, no, aparecerá la mujer en los arcanos menores, la he matado, está muerta y vendrá sosteniendo un sol de oro ¿ella no es la de copas? Qué sabes tú, en verdad no está muerta, ayer la amé más que nunca, estuve a punto de cometer una estupidez ¿otra? ¿Se te puede ocurrir algo más genial que la suplantación? Para ¿cómo dijiste? ¿Llamar su atención o protegerse ambos de una amenaza real? No dije eso, lo dices tu, dame té, ya se fue la muchacha, puedo llamar y pedir que suban un café, no concluyas por mi, la pregunta es por qué hiciste lo que hiciste ¿hice qué? Nada, no te quejes, la gente te tiene miedo, y yo he ofrecido un tendido de cartas, yo he pedido tu mano, puedo acariciarla, leer sus líneas, ayer me hice una paja y creí que ella, donde quiera que estuviera sentiría los golpes de mi eyaculación sobre una almohada, fue como disparar con un silenciador o a las nubes, me quedé bajo la ducha más ridículo que siempre, encienden el motor de algo, pudo haber sido sobre la piel del mundo, su piel ¿no me dijiste muerta? Si, muerta, pero qué es muerta, a veces siento el calor y la humedad de su cuerpo, los fantasmas, los muertos no mueren de verdad hasta que muere quien los recuerda, o el recuerdo, debería darme un golpe en la cabeza. Eso se puede arreglar ¿el golpe en la cabeza? Dos descargas, electroshock. No seas dramática, tienes una bonita sonrisa, he tenido una fantasía, acostarme con mi sicoanalista, eso es muy niuyorkino, no evadas ¿llevas puesta ropa interior? Roja, el rojo sobre el blanco, la blanca piel debajo del rojo, la blanca piel depilada y húmeda, blanca como la leche, mi leche sobre tu piel, agua espesa, cebada hirviente, mi piel sobre tu piel una sombra, ya casi termina la hora, no evadas, pierdes el tiempo, no porque ya te hablé sobre lo que he aprendido, mi depresión ha sido didáctica, las horas frente al televisor, uno escucha cosas que no están en los parlamentos de las películas que ves ¿a ver? La belleza, la idea. El amor. Son instantes. Prototipos, la vida es un instante, luego pasamos (entrecomilla con los dedos) la existencia muertos hasta el otro instante, hay quienes viven cazando los momentos menos aburridos y buscan transgredir a toda costa y se hunden en el estiércol. Ya. Ya. Ven acá, una tendida, mira, el tiempo no existe ¿cómo mides el instante? Esto es muy elaborado, muy pensado, poco fluido. Mira el cinco de copas y la mujer de oros, y el cuatro de espadas y el dos de bastos, son combinaciones, la gente se forma ideas, creen que la naturaleza es el verde prado de una floresta, allí hay animales muertos y se descomponen, avispas negras y bestias carroñeras, la naturaleza actúa y no tiene moral ¿puedes tener un juicio moral, ético o filosófico sobre ella? Por Dios, echa las cartas, ayer la amé más que nunca, un millón de veces sobre la misma vez, es un instante, lo que atrapas es lo que vale, la instantánea es la inmortalidad, nos estamos masturbando sin pasión, no vamos a acabar nunca ¿buscas la epifanía? Sigue intentando, irrítate. Quiero vaciarme, me dijiste que tuviera algo en mi corazón, si tienes algo en tu corazón estarás conforme, no desearás nada. Mentira. Es como decir ocupa tu mente o tu alma, es como decir, llénate, te cuento, traté de poner cosas dentro y más deseaba, es un asunto de conformidad ¿has tenido sexo con tus pacientes? Ellos dejan mucha porquería dentro de ti, si tienes sexo con ellos puedes vaciarte un poco, vengarte, la vida es un maldito juego de tenis, pum para allá, pum para acá, sobre la arcilla o el diván, ya no la veré más ¿No la habías matado? Ha puesto mi lunar dentro de su corazón caprichoso y presume. La vida tuvo un sentido. Oh. Oh. Exclama un jurado fantástico, ha ganado, a su manera es feliz, tiene una realización concreta, la vida es una mentira, la de ella, la mía, ambos presumimos, más ella que yo: que la haya matado o no la haya matado es irrelevante. Desvarías, vamos, se acaba la hora ¿si vacío mi corazón mato al deseo? no. Equivocado, haz un ejercicio de imaginación. No puedo. ¿Te gusta el sexo oral? El sicoanálisis. ¿Lo practicas con tus pacientes? Suspira, ve la taza, es un fastidio. La mañana culmina, comienza a llover de nuevo, Taylor, sólo si te agotas, es la clave.

martes, julio 10, 2007

Who killed Bambi?





Fumaba y tomaba té, té negro y fumaba, Coronel conoció a Betania y ninguno fue feliz, así le echaron el cuento a Israel. Una mañana de invierno, habíamos pasado la noche jugando ajedrez en casa de Lanz, salimos a caminar por Camdem Town, a mirar a las barcas pastar, así decía Ron, las barcas pastan en el Union Canal, buena letra. Donatella tenía las tetas más jugosas de principios de los ochenta y a Coronel también le gustaba Donatella, dijo mientras le tiraba trozos de pan a las barcas, son tan blancas y calientes, son tan rosados sus pezones, suspiraba y daba asco. Pasamos el día entre Camden y Adelaide, fue un día gris y cayó escarcha sobre las hombreras de nuestros sacos, dormimos sobre los bancos y no pensábamos en el futuro, comenzábamos a dejar de ser de izquierda, sólo éramos postergados situacionistas, nadie lo supo hasta estudiar sobre las tendencias sociales y filosóficas de los Sex Pisxtols. No crucé el Atlántico para matar a Bambi, dice Cruz, bosteza y abraza a Lanz, Lanz le habla de Borges, filmaré esa película, nos invita al cine: esta noche en La Pantalla sobre la colina a un late night, dos películas… "la causa universal actúa como un torrente, lo arrastra todo ¡Qué seres tan vulgares estos hombrecitos….!"

Vivimos en Londres en los años muertos, en los años de la recesión, en los años de la de la inserción de la A de la anarquía en el alfabeto, Israel me contó que soñó con La Tatcher, la vi, se reía, estuvo riéndose toda la noche, era su cara inmensa y su cabeza bien peinada, su dientes pulcros, una obscenidad al lado de su marido, dos cabezas, dos globos, dos caricaturas en el Sun, tengo una merengada en el cerebro, cerveza negra, sidra, el Black Sabbath y la Fania, Donatella se irá de nuestras vidas y envejecerá en un pueblo de Italia, hablará el dialecto de sus padres y olvidará su bautizo de semen una noche en Stockwell, ¿Quién te crees tu para recordarnos? Londres es mi ciudad nos diría una mujer más tarde, no deben volver a ella. Volaban los bares con dinamita o C-4 y los terroristas secuestraban embajadas y los escuadrones especiales liquidaban a los terroristas, nada de eso sucedía para los dormilones, se puede llevar una vida por los corredores, dormir en los bancos de los parques y matar a Bambi, eran los años muertos, Bob cantaba en los bares en el sur, en Brixton y cuando vimos La gran estafa en La pantalla de... ya Sid Vicius le había quitado la vida a Nancy y se había muerto empapado de heroína, no sé por qué Máximo le decía El Pato sobre la colina, era La pantalla... así aparecerá en una novela que escribe Israel, la leí, cuántas maromas hace para evitarnos, su Londres es irreconocible, no tomaría café ni té ni fumaría con él, es un farsante y ha perdido mi respeto ¿Cómo aparecerá? No sé si reconoceríamos la melodía de Sid & Nancy - Love Kill, pero sabríamos de qué se trata, en la casa que habitamos vivía un polaco chiflado, se comunicaba desde el sótano, cada noche, con una red de espionaje en Berlín oriental, tenía una tarjeta de presentación: Kazimierz agente de espionaje y decía saber de qué se trataban nuestras vidas, todas las vidas se tratan de lo mismo, se volverán conservadores y creerán haber sobrevivido a los infiernos una vez recuerden los infiernos, reía y desaparecía por los corredores sin luz de la casa que habitábamos. Vamos, eran los años de transición, ningún ícono que mear, ninguna revolución que hacer, de vuelta sobre los bancos de los parques para dormir, destruir en sueños, destruir a los ídolos sin convertir al sueño en el ídolo destructor de ídolos. Qué locura, qué aburrimiento. Hay una ecuación, te ve y te mide, te pesa, sabe el alto el medio y el bajo, primero debes hacerle entender que eres distinto, luego que es imposible pero sucede, es un milagro, tu mundo y mi mundo nos son los mismos mundos sobre el mundo, dice, luego te da golpes, pequeños, tímidos, se retrae e inventa un espacio, larga la invisible seda, el dulce aliento, besa y se entrega con la zarpa abierta, se retira y golpea de nuevo, esta vez da un golpe preciso, doloroso, el golpe de la ausencia, estoy, no estoy, estoy, no estoy, así hasta convencerte de que has ideado una jugada original (risitas), será tu jugada (más risas), con esto la jodes, eres genial, armas la escena, somos bestias cazadoras con sentido escénico, eso es una frase, es redonda, siempre debes creer, actúas para alguien, alguien te mira, te mira Dios y San Pedro, te ven los ángeles de la corte celestial y Lucifer, sus demonios, ellos te miran desde el palco contrario, armas la ejecución de tu acto infeliz, entras en el juego del círculo vicioso, lo entiendes, una vez lo emprendas será muy difícil liberarte, lo más relevante de todo es que será imposible que el otro se libere, es criminal lo que has hecho, te dirán, te acusarán, te perderán las consideraciones, te juzgarán y te procesarán ¿Quién ha ganado?
Te hicieron creer que tu juego era autónomo, de eso se habló en Londres en aquellos años muertos, de la autonomía individual, de la libertad absoluta, pincharse las venas, transgredir las costumbres, romper el cristal del mundo y morir de amor. El amor no te hace libre ni el odio, los sentimientos tiranizan y la falta de sentimientos destruye sistemáticamente a los hombres, los condena a los campos de concentración, a los hornos, es preferible perder la libertad a convertirse en genocida, eran las grandes discusiones mientras nos solazábamos en los bancos de los parques, el extremo lleva a la punta de la soga y la soga ahorca al rebaño cuando suspende en el aire al individuo. Esa mañana salimos a caminar, era una mañana de invierno y algunos decidieron rendir sus armas, algunos filmarían sus películas, otros se burlarían de la futura Princesa de Gales y los más tremendos se masturbarían sobre las páginas amarillistas del Sun, Betania negó sus labios de corazón a Coronel, El amor mata, no recuerdo la letra ni la música, y tu ¿qué recuerdas de todo aquello? La guitarra distorsionante y estimulante de Jones, la tensión entre la batería y los instrumentos de cuerda, la entrevista de Ronnie Biggs (el tipo del gran robo del tren de Londres) con Sex Pistols, la orgía en Brasil, todos fuimos, tardíamente y en aquellos años muertos, los asesinos de Bambi, no queda otro ídolo por destruir, Israel le ha contado la historia (con su estilo muy cuestionable de contar las cosas) a su sobrino y a su hija menor y nosotros levantamos el vuelo ¿el amor mata al amor o a Sid & Nancy?) Miramos todo en perspectiva, nos reservamos nuestras conclusiones, somos los muertos.



miércoles, julio 04, 2007

El sueño de Taylor

Tuvo un sueño, dice, es extraño, no fue una pesadilla, es difícil comprender su alarma, está mal, el sueño fue simple, él lo reconoce angustioso y sencillo; sin embargo "fue" opresivo. Estaba en un evento, era un sitio lleno de vitrales y espejos, precisa y advierte el lugar, sin colores, ha tenido sueños a color, y el color estaba en otra parte, fuera, en los espacios superiores, había mucha gente y todo era gris, blanco y negro, artístico, a veces clásico y sensual y él está allí, es parte, aparece una mujer pálida, tiene el trasluz de la cera, blanca, no sucia, se acerca y es Eugenia Morín, lo desconcierta, nunca pensó en Eugenia Morín, no lo atrae, siempre, a pesar de la palidez y de la blancura de su piel, ha sentido escrúpulos higiénicos, pero la toma por el talle y giran, hacen un pase de baile en medio de la gente y lo celebran con sonrisas displicentes, la mujer deja de parecerse a Eugenia Morín, ha dejado de ser Eugenia Morín, continúa siendo pálida y blanca, transparente, de cera, es una mujer hermosa. Hazme saber de ti, le reclama y desde entonces él comienza a despertar, sale de un sueño, no despierta por completo, entiende, se va, quiero despedirme de mi esposa, exige, su corazón golpea con fuerza, es su enemigo, está en su cama y no se despide, pudo haber sido, los años - significado - algo, nada, está en su cama, la ve abajo, amarilla en la oscuridad, se desliza halado por guayas como un apéndice de un teleférico, escucha las poleas y es tirado hacia la cima de un lugar cubierto por grises, nieblas, pelambres, bosques de inviernos, estoy desvelado, llega a decir, pero sigue ascendiendo y despierta, siente a su lado una figura clara y delgada, Eugenia Morín ahora se llama Sol, y es pálida, trasparente, es de cera, habla de nuevo y le dice, hazme saber de ti, lo mira y no encuentra nada en él, está vacío, sólo te puedo decir cosas del pasado, del pasado inmediato, conjuga el pasado, pudo haber sido, o era imposible, siempre lo fue, qué estupidez, articula un pensamiento consciente, el corazón da golpes muy fuertes a su pecho y la saliva es amarga, espesa, abajo frente a la ventana, fuera debe estar la luna, no está, hubo luna llena estos días, ha vivido exaltado y padecido la desazón o la resaca posterior, la busca, no está allí la luna, es la hora del silencio citadino, el silencio de las tuberías, son las 3:35, repite un nombre, se dispara una alarma ¿ te duele una pierna? Tómate una pastilla para dormir, piensa en una película, Closer, despertar en Londres, si me cogiera, si la cogiera, si habitara un drama, vuelve sobre la posibilidad: me atrapa y me quita el aire, no me deja volver, damos el paso, clásico y sensual, corre entre los velos, es Natalie Portman, Julia Robert, el final distinto, una secuencia, el desnudo de Eugenia Morín.

sábado, junio 30, 2007

La canción de la fogata, diario apócrifo de Taylor




"El 16 de junio de 1904, Joyce conoció a Nora Barnacle. La cosa, al parecer, llegó a más: en esa primera cita, Nora lo masturbó."


"El Ulises carece de intriga. Joyce mismo se burla de ello haciendo aparecer de vez en cuando al misterioso “Impermeable” (MacIntosh), detrás del cual se ha conjeturado que se esconde el mismo Joyce. Sin embargo, algo late durante todo la odisea de Bloom: su Penélope."

"EL HOMBRE DEL MACINTOSH: No crean ni una palabra de lo que diga. Ese hombre el Leopold M´Intohs, el famoso incendiario. Su verdadero nombre es Higgins. "



Danza con la existencia, es un ritual de imposibilidades.

Al final del camino quién puede decir ¿he ganado? la sombra es seña de vida y el vacío su lecho eterno, haga ud lo que haga, será nada o una firuleta "dibujada" en el no tiempo, en el no espacio (inútil). Ud no tiene la maña, no podrá convertirse en el hombre del impermeable del capitulo seis del Ulises; un fantasma entre los sicomoros de un cementerio, el señor MacIntosh.

Joyce a través de los sauces, entreverado en los covertizos de la sepulcral realidad dublinesa, con un café amargo entre manos, en el exilio, fuera de la cama de Molly -¿Nora?- (lejos, imposibilitado), contaminante como el viejo rey fantasma de Dinamarca, es invisible; comprende, al final del periplo y al gozo del viaje, el arte de verse a sí mismo desviviendo la vida. El destino es irrelevante, un pretexto. La existencia es una locura ritual.

Moraleja, supera las invenciones, las historias melodramáticas y las caricias a las pantallas de un nuevo adminículo, el Iphone, por ejemplo.

El Fuck Friend es un estilo, una derrota menos dolorosa.

miércoles, junio 27, 2007

Diario apócrifo de Taylor (Revelación de Esteban, el santo)

Vi entonces a Perceval ahorcajado sobre su rocín buscar aventuras; estaba cubierto de nieve, los gansos volaban cegados por la tierra blanca, detrás de ellos y entre las ramas sarmentosas de los espinos, va un halcón, le da caza a un ave rezagada, la hiere en el cuello y no la cincha; la presa cae y el animal de cetrería sesga su peripecia con las garras abiertas en un suspenso inexplicable y mortal. Perceval hunde su lanza en el barro y observa a la vida extenderse sobre el nevado de la campiña, el ganso reemprende su vuelo, su muerte ha sido una ilusión o un instante, el segundo ciego de todas las criaturas. La escena recuerda una imagen acariciada por el caballero; la sangre y la nieve juntas lo hacen añorar el rostro de la amada. Y la transparencia del agua sobre el lodo inmortalizaría su inútil exposición fantasmal entre los vivos; fue lobo o vampiro, fue la pena, el complejo y la humillación del judío errante; sus garras abiertas al vacío. Vi los olores de la vida y de la muerte, una sabiduría imposible y cotidiana, el aroma fresco de los sauces, las ramas secas y la cellisca, la belleza es todo, todo es el horror y las conciliaciones diarias.

martes, junio 26, 2007

Diario apócrifo del capitán Taylor

Un ojo calienta a los mares y a los ríos, los enfurece y los convierte en aire; en junio las noches son húmedas. En las noches y en los días hay zozobras imposibles de salvar.

lunes, junio 25, 2007

Una variación sobre arañas

Las arañas. Ellas saliban sus tejidos, mantienen hasta ocho partes de su cuerpo en labores; una araña construye el lecho y la otra lanza sus telas hacia adelante o hacia los costados; inventa, ambas recelan, pero una cederá y se acostará en el lecho improvisado y neutral de la otra, aceptará el capullo, se dejará hacer cosas de arañas, la perspicaz escapará y largará sus tendidos protectores, sus tramas; allí caerán las moscas de la mañana, los insectos del día, las luciérnagas de la noche; la otra no insistirá, añora el lecho humedecido para la ocasión, vulgar, no diferenciado; sabe cómo pierden fluidez y viscosidad las telas abandonadas; tiene miedo a ser devorada; su orgullo le impide reconsiderar el mandato de los instintos ¿Morir envenenada por una arañita tramposa? Jamás.






El silencio es como el negro, en él están contenidos todos los sonidos; un paso en el silencio, la respiración, el murmullo de un ave espantada en la sombra, el amor y sus ausencias. Las ausencias son como el negro; he hecho de mi blog una botella partida, de muchos picos; un capricho particular, mi expresión más descuidada y errática; polimorfo, heterogéneo y he ido cerrando mis máscaras, las travesuras o las maldades, los meandros posibles; nunca he creído en la honestidad y en el altruismo de un creador, pienso como uno de los heterónimos de Pessoa: sólo lo hace, crea, recrea, el daño es la contraparte, lo colateral; soy un hombre viejo y me debo circunspección; así va esto, no busco el diálogo ni el debate; me es suficiente el interior, el cotidiano con el entorno, el mundo no mejorará un ápice por un cometario entre millones, ni la vida dejará de ser la irracional expresión de un Dios. Detesto la multitud, es la negación de la palabra, la bulla o el tormento, deploro los púlpitos y a los predicadores, a veces me escandalizan los más escandalizados, estas conclusiones no me hacen menos ciudadano, menos político, menos beligerante; pero no me llamo a engaños, mi espacio es una voluntad expresada, es mínimo, nadie vino a triunfar, el triunfo es contingente y relativo; a veces logramos exlamar ¡no! como el hombre rebelde de Albert Camus y debería bastar porque comenzamos a ser diferentes y rebeldes. Ayer el día estuvo azul nubloso, pocas nubes y siempre blanco el azul; el día presagiaba la tormenta de la madrugada inmediata, alguien me dijo: se aprende a leer el tiempo; lo hice y supe, tendremos un día bueno para caminar, puedo rehacer mi itinerario por el cerro: aun no han abierto el acceso por Los Naranjitos a Papelón e hice el camino por el cortafuegos hasta la pica de Loma del Cuño y desde allí hasta las antenas, todo un periplo; me gustan los periplos, las soledades y sus incertidumbres; pensar mientras camino, pensar con la cabeza llena de hormonas y de espiritualidad ebria; he estado leyendo tragedia y he vuelto sobre el suicidio de Ayax, la contraposición de su delirio a su lucidez, clave de un buen drama, Hamlet de Shakespeare; sólo los hombres libres encaran los dilemas, a veces la resolución es drástica; Ayax el rebelde, el loco, el lúcido, reconoce la deshonra; su orgullo se ha roto, el equilibrio es imposible y actúa en consecuencia; sino puedo procurar la muerte de los que me humillan, me niego a someterme a sus voluntades, es el suicidio vindicador, el triunfo compensador del narcisismo humillado; el tema. A Oscar Wilde no lo calla la Inglaterra victoriana, me niego a pensar en su derrota, Oscar Wilde, entre el delirio y la lucidez ( podemos precisar su ánima en La balada de la cárcel de Riding y en De profundis), ha tomado la decisión libre de quitarse la vida o la palabra, y entre sus grandes citas (ha sido leído más como un hombre de grandes citas y no como un autor de grandes obras), se lee: cuando no conocía la vida, escribía; ahora que conozco su significado, no tengo nada más que escribir. Al igual que Ayax es humillado y exige la reparación en la desmesura de la tragedia y en la dolorosa lucidez; ya pasaron los tiempos del desvarío; resta el silencio, el suicidio; Oscar Wilde se muere antes de morir y en París, se muere, se calla a sí mismo; el silencio es como el negro, el negro es como la soledad, la soledad es como el amor, los caminos son muchos y son los medios del destino, de cualquier destino; el camino no es culpable de los extravíos, ni la ausencia de caminos es ausencia de destino; o la cobardía el bombardeo de los pretextos; es una nota pensar con la cabeza inundada de hormonas y escribir mal en una libreta Moleskine; por ejemplo, en una parada, ayer bajo un árbol barbado, mientras miraba a dos arañas tirar, construí un despropósito, el amor puede darse vuelta y descubrirse tan feo como un monstruo grabado en una catedral, las ilusiones son las expectativas de una víctima; la victima termina inculpada, es inevitable el crimen de la víctima; no tiene sentido escribir a mano, no entiendo mi letra; no tiene sentido llegar hasta el final de mis desbarres, sobre todo el de estos últimos días, son infelices y no dicen sino pendejadas, ustedes entenderán, en un mundo, en una comunidad de millones de escribidores, todos los dicientes imbuidos en la certeza de agregar y en un país beligerante e inteligente; no decir nada, sustraer, puede ser ofensivo. Se ha perdido el sentido de arriesgar la máxima pretensión del arte, la sustracción o una tontería; decir: me usaste y me gustó; me gustó tanto e hice trampa para ser usado de nuevo. Retomo el sentido del límite, de él dependió siempre no ir más allá, al delito.

viernes, junio 22, 2007

Menos que un gato

Mis historias pudieron tener su comienzo en San Agustín, no he escrito nada sobre San Agustín; hace poco recordé las noches en la casa del pasaje dos, oscuras, pálidas y amarillas; en las noches ladraban los perros; aullaban y eran presagios; las trompetas en Marín colaban parsimoniosas junto a las voces de los viejos marihuaneros; los gatos caminaban sobre las cornisas; dos o tres eran los fantasmas o aparecidos que en verdad me quitaban el sueño; a uno de ellos lo vi correr desde el pasaje hacia el zaguán de la casa de José María; la mamá de José María era muy vieja y daba miedo; su casa, lúgubre, un fantasma. En Catia las noches fueron diferentes, no las he recordado mucho; ebrias, eufóricas; repletas de sueños estúpidos, el futuro, irse al Brasil o a Nicaragua, navegar en un barco mercante y desembarcar en Helsinki, conquistar mujeres en Ámsterdam; morder la vida a grandes dentelladas y hacer revoluciones; ebrias fueron las noches. En El Marques fui violento, anduve buscando pleitos por las calles y me enamoré de Jimena en una fiesta; la mamá de Jimena era una mujer de mente abierta, hacía fiestas y tenía amantes que hablaban en las radios; a mi me gustaba Jimena, oler su pelo y bailar muy pegado a ella, el mundo quedaba afuera y nos contábamos cosas muy tontas; ahora no las recuerdo; las conversaciones se mueren como se muere la gente. La gente se muere; a veces las encontramos en el supermercado o en un centro comercial y están muertas, son como los aparecidos frente a la casa de José María pero no dan miedo ni asombran. Jimena se fue y yo me largué; ambos morimos y andamos por allí, la he visto cuando subo al cerro por el puesto de La Julia; estamos muertos. Hoy no quería levantarme de la cama, el día está agradable, me duelen los brazos, como si hubiese nadado en la nada; ya he vivido cuatro o cinco vidas, eso creo; nadie se da cuenta, sólo permanece, viviremos para siempre, cuatro o cinco veces; en el recuerdo se vence al exilio y las vidas establecen un diálogo y encontramos solución de continuidad, he tenido vida en Madrid, en Barcelona, en Londres; he tenido muchas y todas han terminado siendo esta que se ha vuelto una locura, me extraña y me hastía, debería ser más optimista; optimista somos todos, de una u otra forma; cada quien en sus refriegas y con sus tiempos; incluso los más tristes, los que han perdido el gusto y el tacto. El tiempo corre, grita el conejo de Alicia y mira el reloj, hoy baja la gracia y me hace comprender por qué siempre anda apurado. Cometemos errores graves cuando nos abandona una vida, las vidas humillan cuando se van sin explicaciones (Las vidas no dan explicaciones), el ardid es suicida; la inmolación genial, al final se sacan cuentas y seguimos en cero, todos pierden o nadie gana; nadie sabe cuándo comienzan las historias, San Agustín fue un invento, Palermo, Garibaldi o Coayacan; Ulises no fue el único tramposo, ni Ayax el suicida heroico; dentro de un rato iré a comer paella por Bello Monte; tomaré dos o tres copas de oporto, un tequila si me animo; vendrán las ganas, son mareas; ayer fue el día más largo del año, me acosté sobre el piso, abrí las ventanas, estaba en un cuarto que fue mío hace tiempo; me gusta ver declinar la tarde el día más largo del año; oscurece, lo hace con elegancia, el día más largo del año es la vida digna, los recuerdos se diluyen en un azul muy oscuro, en tinta china

miércoles, junio 13, 2007

Performance



La vida pudo haber sido distinta, nunca; no pudo, no existe el atenuante, la especulación es ociosa. En estas noches soñaba; caminaba por las calles de Londres o de Caracas; hace años y no ahora a pesar de ir al lado de Álvaro; hace años que no veo a Álvaro y él vive en Londres, caminábamos como siempre; en mi sueño él había cambiado; fue una paseo en el presente andado hace tiempo. Han cambiado muchas cosas; entonces el mundo estaba dividido en dos bloques muy definidos (dos poderes detestables), Bob Marley cantaba con su banda en un pub de Brixton y en el lugar donde filmaron los conciertos de Nueve Orgasmos vimos películas de Sex Pistols. No tenía nada claro sobre mi vida, ni siquiera vivirla, me levantaba y vagaba por los parques o me iba a una academia de pintura a ver a las jóvenes de Adelaide hacer bosquejos de anatomía en carboncillo; al día su óbolo, su oración; caminábamos y cuestionábamos al poder, más tarde haríamos lo mismo en Caracas, eran largas caminatas, comíamos ponqués de cannabis, el cielo se cruzaba de relámpagos sobre las estructuras victorianas, sobre las casas de ladrillos rojos de Belzeizes Park; los parroquianos iban con aires de Boris Karloff, sombríos; nos reíamos de esas tonterías, del sepia, del blanco y negro, de la azulada tormenta de la noche londinense; desembocábamos al oeste, llegábamos hasta más allá de Kensington; los comercios hindúes dejaban escapar el irritante olor de sus especias, el sauna del curry; los negros de Trinidad vivían en Portobelo y en Portobelo vivieron mis amigos antes de conocerlos, vivió mi tío cuando tuvo que vivir en Londres, fue el espacio de las primeras comunas en los sesenta. Álvaro me contó que en la casa en la que ellos estuvieron, Mick Jagger filmó una película sobre gánsters ingleses; no es lo mismo, son gansters distintos, creo que me insistió: un hombre duro del Soho se esconde en una comuna y allí vive experiencias al límite con Mick, los hongos, el sexo y el ácido; era una película de bajo presupuesto: Performance. Los sueños duran poco, dicen que no más de dos o tres minutos, pero yo estuve soñando toda la noche, cada vez que me despertaba y me desperté muchas veces, soñaba lo mismo, andaba con Álvaro, era mi tío, eso me dijo una noche de diciembre hace muchos años: fui a una fiesta y me enamoré de una pelirroja de Zimbawe, el amor no duraba más que unas horas y tuvimos malos entendidos, no nos comunicábamos muy bien, a lo mejor era activista contra el apartheid, yo me empeñaba en verla como una segregacionista blanca, pudo haber sido el amor de mi vida, adoré sus ojos transparentes, las pecas de su cara, sus labios grandes; por Dios, qué sabía yo de segregacionismo, por entonces repetía muchas frases hechas, no supe hablar con ella y no había leído a autores surafricanos, me volví a casa y anduve con un peso doloroso sobre las puntas de los pies, caminaba a rastras y en mi ánimo imperaba la obstinación, todos hacían diligencias para que yo entrara a una academia a estudiar cine, tenía que enseriarme, aprender bien el Inglés, irme a casa de unos amigos de Gales y hacer vida de campo, el plan era perfecto; y no sé dónde comenzó el quiebre, pude haberlo conversado en estos sueños; los sueños son despóticos, dictan el libreto y nadie puede saltarse una línea, y en las líneas del sueño no estaba contemplado hablar de los desaciertos ni de los resentimientos; ambos deseábamos hablar, comentarnos cosas, pero Alvaro sólo me dijo en el sueño: me enfermé por haber tomado una pócima química; pensé en la alquimia y vi su abdomen, tenía el abdomen de quienes han tomado fósforo, eso pensé en sueños; en aquella época todo era más simple, ser de izquierda nos confrontaba con el poder, condenábamos a los soviéticos, a su intervención en Afganistán, al estado opresivo en Alemania del este; era tan aberrante como la dictadura de Pinochet, y la intervención en Vietnam fue oprobiosa; hablábamos mucho de la situación de los mineros en Escocia, la recesión, del Ejército Republicano Irlandés e íbamos a los Jumble Sale con Martin, él sabía buscar bluyines y sacos para el invierno. El Adversario era todo aquello que restringía la voluntad individual y colectiva, cualquier fuerza segregacionista, recordé a la mujer de Zimbawe, la he recordado fuera del sueño luego de tanto tiempo, y me levanté y sentía ganas de hablarle a alguien de mi sueño, no pude sino medio escribirlo en un correo electrónico, estaba movido, me desperté; el sueño no me dio la oportunidad para decirle a mi amigo, fueron buenos tiempos y debemos vernos de nuevo para hablar, estuve en Londres hace casi dos años y busqué la casa donde vivían, quería mostrarle a mi hija dónde fui feliz, y nadie me supo dar razón de ustedes, mis amigos; convirtieron los squoters en condominios, y se veían tan iluminados como siempre, cuando eran squoters; sin Franz, sin Lanz, iluminados, el 20, el 24, el 28 de Fleet Road, sin Gilbert el gato. No pude decir en el sueño: le dejé escrita una carta a Pauline, los esperé en vano en el Instituto Cervantes. Los eventos pasan y poco se puede corregir, hoy he comenzado a escribir un diario a mano, y continué obsesionado con mi vida inglesa; ahora son las cinco de la tarde, me he pasado el día esperando una llamada del centro que otorga pasaportes de emergencia, debo viajar a Albuquerque y responder a un compromiso, no llaman, sólo queda el día de mañana; veo al diario junto a mí, tomo los lentes, me revienta pasarme las tardes en casa: recuerdo una tarde de invierno, lavaba mi ropa al final de Fleet Road, donde comienza Hampstead, tomaba té o café aguado y caliente con Álvaro, era invierno y estábamos prolijos, recién bañados, estábamos bendecidos por la luz oblicua bajo el cielo transparente, felices por nada; irónicos, a él le debo la vena insoportable de la ironía, y libres; sin proponernoslo elaboramos una hipótesis, lo hicimos, estuvimos seguros o de acuerdo: los sueños son opresivos, en ellos perdemos por completo el control. No pude hablarle al amigo. También me es difícil aceptar la tiranía del pragmatismo; es tarde, no me han llamado, espero aún por el pasaporte; leo El viento de la luna y me provoca responder a cualquier pregunta, como lo hace al final el coronel de la novela de García Márquez: ¡Mierda!










Mis ejércitos soñados, derrotados sin haber existido,


Mis cohortes aún por existir, deshechas por Dios


Fernando Pessoa

miércoles, mayo 30, 2007

Cura de sueño

He aceptado dormir, ofrecen empapar mi cuerpo en tintura de amapolas, no tolero verme en el espejo, tocar mi piel, aceptar las consecuencias de la vida; otros las asumirán por mí, otros vivirán por mí las expresiones de alegría, de dolor; asumirán la desesperación de la existencia, el temor al vacío, el horror a la vejez. Me han vendido el sueño. He aceptado el sueño.

No se mide el tiempo en el sueño, al menos no en este sueño, se tiene una certeza maleable, ideas diluidas, como ésta que durará sólo el tiempo de su inútil expresión; no la expresa un movimiento, la vida; si me muevo pierdo, si parpadeo seré acusado de violento por los operadores de mi sopor y seré castigado con pequeñas descargas, pellizcos e insultos de profundidad en mi inconsciente adolorido.

Articulo las frases.

En un mal sueño se articulan frases lógicas, los operadores tomarán una vía en una de mis arterias y pondrán dos centímetros cúbicos de escapolamina; el sueño es humo sanguinolento, el humo mojado por la lluvia, polvo de humo; la gente grita. No es gente, es humo rojo y urticante, una manipulación de mis percepciones, no hay mundo ni personas en él, nada se mueve. Sueño. Hago un esfuerzo por sentir el cuerpo; dolor, molestia, placer; de mover el dedo de una de mis manos, procuro respirar, hacer un sonido profundo, vulgar y determinante; las imágenes pasan como fantasmas, son transparentes y fugaces; si atrapo, si alzo las manos y las atrapo, si las abrazo, los operadores me acusarían de estar haciendo esfuerzos por despertar y me castigarán con improperios y acusaciones; al menos despertaría, el tiempo suficiente para arrepentirme y dar patadas; establecería un paréntesis entre un sueño y otro, volvería a dormir como antes y mis expresiones serían una huella de vida, una patada sobre la tierra seca o al pavimento mojado. Ahora no tengo la percepción exacta de mi cuerpo, sé que estoy tendido boca arriba, me ahoga y copa una ansiedad inmanifiesta; dura lo necesario para cerrar la frase lógica y figurar uno de los rostros de la pesadilla; la pesadilla se instala en la realidad y la realidad se enuncia en la determinación de tomar el control de mis decisiones, encontrar los puentes, los caminos, el atajo, el lugar donde se juntan los nervios, las conexiones imprescindibles para generar un movimiento. Los operadores deben hacer su trabajo; llevarme a un hemiciclo de charlatanes y mostrar en una mesa de disección sus resultados, desvirtuar los reflejos crispados en mi piel, aprobar las leyes del sueño y procurarse el goce sádico de condenarme; luego de encontrar recreo en los espasmos violentos dirán, eso no expresa un movimiento verdadero y me enterrarán vivo.

Un hombre paralizado por la catalepsia recuerda al amor como último recurso; debo insurgir, dar un grito de horror, reordenar mi fuerzas eróticas, las más joviales, los recursos del cazador, el poder del recuerdo, de la conquista, poseer el cuerpo deseado; ella se acerca a mi, nada la avergüenza, es descarada, atrapada por los espejos se mira de soslayo, es pícara, vital y adorable, ha arriesgado su vida y la desborda, ríe; sus tibios pezones rozan mi boca, mi pecho, me besa con desenfado, me abraza y la siento abrirse húmeda, dejarse entrar hasta sus confines, me ha devorado y me hace el amor alegremente, sin drama, ha dejado las suspicacias para mejores tiempos, ahora disfruta la furia de nuestros cuerpos; bastaría el recuerdo, el olor a vainilla, su frágil voz, ululante y secreta, bastaría la imagen de su boca activa, provocadora, imprecante, a la espera del látigo de semen, del golpe cálido y repetido sobre su pecho; tibio se derrama, tibio baja; bastaría ese momento, el cruce del relámpago y la descarga eléctrica en el tallo del cerebro para dilatar mis arterias, hacerlas tronar con sangre, punzar el impacto y producir un sismo en mi piel, levantar una erección determinante; los operadores han colocado agujas en todo mi cuerpo, parecen soldados o tropas antimotines, bombardean con sustancias irritantes y cuelgan un ancla en mi pene, las manos no acopian la fuerza para mover sus dedos, para tocarme, he debido tocarme pero se escapa la ilusión, el recuerdo y no sé exactamente por qué he debido tocarme si tengo sondas para orinar, todo está resuelto; el hormigueo se dispersa, me infecta y paraliza; desdibuja la mirada, la frase: sólo te vi y lo supe, te amaría para siempre.

Las adormideras triunfan, no sé si descanso o me fatigo, si estoy sobre una cama, los deseos de pararme, me abandonan; las ganas de caminar por las veredas de eucalipto y recibir en mi cara el viento, se disipan; trepar hasta la cima ya no es un sentido, ni comer naranjas en un refugio cerca de la quebrada de Chacaito. Acepté dormir, no moverme, acepté la sutura sobre mis párpados; mis párpados son cortinas pesadas, telones de teatros viejos. Cubren mis ojos, imagino ser una paraulata y apenas me muevo sobre el travesaño de una jaula, ciega y sin sonido, una paraulata aterradora, distorsionada en el sueño aceptado. A veces, cuando la voluntad de vivir dictaba un sentido, cuestioné al miedo, sentir miedo es natural, paralizarse, dejarse dormir es una opción, se pueden evitar los dolores deparados por la existencia; volverse indiferente como las hojas de los árboles, y abandonar la expresión es inhumano. Acepté dormir, abandoné la gestualidad, las emociones; me han suprimido la conciencia de riesgo, no puedo ser violento ni atentar contra la paz de los pueblos, la patria es una condena, no arriesgaré ser traidor ni desleal, me liberé de las opciones, de la humanidad contradictoria y trágica; integrado a lo absoluto, me he tendido en un lecho de hojas podridas, han empapado mi cuerpo con jugo de amapolas, los operadores han ganado, soy el sueño del déspota.

En algún lugar, fuera, cuelan café y baten leche cremosa, hornean el pan; existen las panaderías; la gente celebra sus inconsecuencias, los desacuerdos; no es necesario hacer un mundo perfecto, la libertad se expresa en las diferencias. Los operadores persisten y venden sueños.

lunes, mayo 28, 2007

Rapto a Nohely

Sólo pudimos afirmar conocerla, luego de aceptar la cuenta y tener un primer contacto profesional. Nos presentamos en la época de los desfiles de Tropicana; a veces la precedía Astrid Carolina, eso fue antes de ser la top, de convertirse en la figura del cierre; la flanqueaban Rosalinda o la Perpetuo; unos estudios nos indicaban que los desfiles en traje de baño carecían de sensualidad, eran uniformes y aburridos; una superposición plana de estilos hegemonizaba los rostros; sonrisas similares, miradas igualadas en la ejecución de una rutina: dejarla caer antes de girar al final de la rampa, nunca antes y erguir el mentón; y, la marcha sin contorsiones, exenta de sugerencias, teníamos el aburrimiento idóneo para el horario estelar. Comenzamos a bromear con una sentencia, este es el mejor ejemplo de lo aburrido que puede ser un modelo único. Ella pudo haber pasado sin pena ni gloria, al menos para los que nos interesamos en abrir un protocolo de investigación; otra más, pasemos la página; uno de sus zapatos le quedaba grande y la hizo trastabillar; rompió el encanto del tedio e hizo evidente la diferencia; desde entonces nos dimos cuenta que había abierto una hendija, producido una fractura, resquebrajaba un poco la homogeneidad, la belleza en cadena, el serial de piernas y los predecibles bustos respingones.
Lo despampanante se quedó sin trapo, el asunto fue impensado, sutil, pero nadie quedó libre de una sensación grata de liviandad, la sensación del vuelo, de los aeropuertos y de las estaciones espaciales; ingresó al protocolo, de inmediato nos hicimos cargo de ella. Trabajamos su imagen en las telenovelas, indujimos otro quiebre imprecisable de los patrones, necesitábamos una diva misteriosa, ausente, despojada de sí; hicimos énfasis en trabajar su sonrisa, tenía el don natural de reír como la Gioconda; reírse como la Gioconda es reírse del mundo, concluimos, había que reforzar el aire de emperatriz y matizar su torpeza con el apuntador. Pusimos trabajadores de campo en la planta; luminitos, sonidistas, camarógrafas, personal de utilería, el escritor que le ingeniara diálogos y dos o tres maquilladores; estaba cercada, cubierta, copada. Nos habíamos convertido en sus amantes discretos y celosos; nada se nos escapaba de ella y estábamos allí para eso; conocíamos con la precisión de los cirujanos plásticos dónde deberíamos intervenir su cuerpo para retocar y hacer más dura una flacidez indeseable, una inconsistencia, por ejemplo el rumor que causa el oleaje inesperado de la piel de naranja; a veces le anotábamos en una pizarra porcelanizada la necesidad de aligerar el recargo del celery en su aliento, no más Blody Mary; el trabajo se hacía grato cuando resaltábamos sus virtudes; la sonrisa irónica, la mirada ausente, mezquina e impenetrable, el dibujo carnoso y sensual de sus labios; fatales y mortalmente fríos; una vez reafirmada su personalidad debimos arriesgarla a una aventura fuera de la pantalla, una pasión desbocada con un estudiante de la escuela de letras; arriesgamos al borde. Paramos en varias oportunidades la noticia en las salas de redacción de los diarios y revistas más escandalosas, cuando sus excesos se hicieron impertinentes; tuvimos que limitar de nuevo, dar un giro, apartar a nuestro seductor, encargarle una tarea o suprimirlo; a ella la obligamos a trastabillar, otra vez, actuamos con decisión y prudencia, nuestra mano puso a las amigas en su camino, ellas se encargaron de malear su corazón, una semana en París y el ajuste de cuentas con un viejo amor atenuaron hasta la insensibilidad la pasión por el joven de la escuela de letras. Él pudo haberse suicidado, muerto de amor, le comentaron sus amigas entre risas. ¿No te halaga? Es un halago, dijo; le dieron a probar la sangre caliente de un corazón roto y su mirada brilló con frialdad, se acostumbró a exigir ofrendas, no olvidaría jamás al pequeño escritor. Ya dictaba la vida dentro de ella, una mujer debe tener un esposo y una familia, ser feliz como la reina en un tablero de ajedrez. La reina se come a todas las fichas o a su corte, una reina causa dolor, cruza la cara de sus amantes de cicatrices y de odio, instituye el celo entre las piezas en el serrallo y disfruta su voracidad. Supo mentir, ocultar sus traiciones; se castigaba en la intimidad, pero no dudaba en declarar su felicidad incuestionable y las bendiciones de su vida; la dicha familiar no se contradecía con la dicha junto a su hombre, a sus amores y a su esposo; considerábamos todo en orden, ya no nos alarmábamos ¿Cuál de ellos era el más ridículo o desdichado? No era asunto nuestro, habíamos cumplido con las pautas del trabajo, sacamos de su cabeza la ansiedad, la angustia de sentirse vieja o deplorable aún sabiendo que estaba en el mejor momento de su vida; como lo acordamos, la saturamos de instintos y le dimos pocos contrapesos racionales, los necesarios para mantenerse joven; aprendió a ser mezquina, avara, a no rendirse ante nadie; a liberarse del dolor al deshacerse de una fijación y de ser marcada con hierro; entonces, se libraría de la vejez, al menos hasta la vejez verdadera; han pasado los años y tenemos resultados, no abusó del botox ni se deformó con polímeros y silicona; podemos celebrar nuestra conspiración, tuvo un final feliz, eso podemos decir; a ella se la ve en las antesalas de los teatros donde aún se presenta en papeles estelares, altiva e irónica; intocada por el tiempo; no estamos orgullosos, pero sí complacidos. Sólo un observador acucioso puede contrastar su belleza al precisar pocas manchas en sus manos y en su pecho, a veces se le notan, en la parte alta de su pómulo izquierdo, unos glóbulos sobre la piel, imperceptible para la mirada profano, nada que un discreto maquillaje no pueda solucionar. Ella fue nuestro primer logro, es inteligente, ocupa su tiempo en grupos de lecturas donde sirve de árbitro encantador de acalorados debates, es nuestro único experimento de esta naturaleza frívola. A veces, en las horas ociosas nos recreamos siguiendo sus contingencias, notamos sin alarmarnos que ha estado decayendo, tiene problemas de colágeno y su estima vuelve a ser la de la joven que se sentía despreciable a pesar de sus dotes; nada podemos hacer con sus complejos, la cuenta desde hace años nos ha dejado de pertenecer: Ahora olvidamos en cualquier lugar los informes que registran sus inconsecuencias y delatan sus miserias; ya no tememos a las derivaciones de una filtración, a la curiosidad inoportuna de un fisgón en busca de noticias.

“caminaba a oscuras por mi departamento, era abatido por el pertinaz insomnio que me aqueja y por las alucinaciones que me atormentan. Sentía la necesidad de acabar con todo. Saqué papel y lápiz de mi escritorio. En la calle las sirenas y las alarmas, el ruido ensordecedor de la gente que hace sonar sus cacerolas me impedían avanzar en mi grito definitivo. Los gases urticantes impregnaban la atmósfera. Escribía con torpeza y mala letra, trataba de completar tu nombre. Puta, irremediablemente tuyo".

viernes, mayo 25, 2007

El síndrome Montecristo

Queramos o no, acudimos a Miguel; sobrevuela las circunstancias y se reserva el punto de vista; él manipula los antagonismos y no repite sus sentencias; por ejemplo, le dijo a Joaquín: la abulia puede ser efectiva, la cosificación libera, pero a veces no puedes ni debes liberarte de un trastorno o de la burla, la impunidad no existe; eres incapaz de ser indiferente ¿Qué hacer? Ajusta los grillos y pierde la vergüenza; le dije entonces, poniendo de manifiesto mi frivolidad: escuché una frase en Dr House, me hubiese gustado escribirla, esa frase siempre ha sido mía, nunca la pronuncié pero me pertenece: mi
orgullo es más fuerte que mis instintos; él mueve la cabeza con lentitud, parece un ave doméstica: ¿sabes? es buena frase; una frase buena reivindica a una persona que sufre, la gente feliz no necesita frases buenas; sólo es buena, no es posible; llega un momento en el que los instintos sobrepasan cualquier límite, hasta los más razonados. Miguel se despertó amable y de buen humor, ha estado en el quiosco revisando la prensa, le ha dado por leer obituarios; lo veo como un padre, un confesor, alguien a quien le puedo contar mis cosas; a veces no tenemos interlocutores y desesperamos; mantengo mi vida de bajo perfil; no soy un hombre a quien se le ve el aura, o se le descubren los secretos en el iris de los ojos, la mentira me protege, decir la verdad me ha acarreado unos cuantos zarpazos; sólo a él confieso mis cosas, estoy vuelto añicos, sufro Miguel, no me concentro y pienso que la vida se ha cumplido para mí, nada me promete; la incertidumbre ha logrado hundirme; levanta el culo y haz algo, responde y se ríe a carcajadas mientras pasa el resaltador sobre una nota de pésame en la página necrológica de un diario, me hace sentir un puto más regodeado en un tema puto; miente, oculta y administra tus miserias, subvierte las circunstancia y retoma el control; no seas marico muchacho torpe, debes saber apagar la luz; Miguel se percata de mi ruina, no se apiada, todos podemos disolvernos, dejar de existir y golpear con la ausencia, a veces el valor está allí, en la oscuridad, en el vacío, cuando vivimos sin la luz y dejamos de buscar argumentos; emplea toda su presión: no puedes cosificar sino sufres, si no muestras y exhibes el dolor: te odio, veo tu mano tejer y deploro las ilusiones compartidas, deploro la inocencia, la belleza, quiero un mundo para destruir, un paisaje para someterlo a la aridez; la deshonestidad no es exclusiva de la deshonesta, no priva en la hipócrita; antes de que los abismos se separaran, las indignidad preexistía y tu hiciste de tu historia de amor un cuento malo, usaste los silencios, las omisiones; y, aquella palabrita dicha una y otra vez: tu no sabes nada, una y otra vez te hizo saber más de la cuenta porque la ignorancia es reveladora, las posibilidades, todas, permutan y son reales ¿algo más suculento? Miguel me invita a tomar un café; no voy a escribir esto, es basura autocompasiva, pienso, pero él parece enterarse de mis pensamientos, y dice, para eso sirven los blogs, los siquiatras se arruinan cada vez más, y tu poder radica en la capacidad de ordenar un mundo verdadero en la ficción, no te lo guardes, hazlo saber, grita; serás implacable cuando seas capaz de reordenar las cosas en el lugar donde muestras el culo, no tendrás piedad. Escribe con el rigor insano de la pasión. No pueden patear tu vida y quedar indemnes como si fueran personajes poderosos e inefables de una miniserie; mantén la herida viva, el odio es un aliciente, es la felicidad heredada de las desdichas y te pertenece; sólo guarda una hendija en el tiempo para la indiferencia; es lo natural.

Comienza la mañana, recuerdo a Edmundo Dantés en If, debo hacer mil cosas, tomo el café apresurado, seguramente a la hora de los tragos, más tarde, Miguel será otro animal de presa con otras trampas, su imprevisibilidad lo convierte en un cazador invicto.

miércoles, mayo 23, 2007

Detrito

En los botaderos o en los desagües, en un lecho de residuos, allí abandonan a los cuerpos; cubiertos por girones de trapo, picados por aves carroñeras, mordidos por ratas; las miradas cautivantes restan en sus cuencos; las palabras de amor y el deseo ya no languidecen en los labios vulgares, muertos; cubiertos de papeles y sangre seca; se les ha partido el cráneo, el corazón, las articulaciones y los huesos; ha muerto la locura ¿quién ha asesinado a la locura? nombrados en los sueños y en las vigilias; ahora no son: gloria invasiva e impertinente, descaro en los sótanos; hito en el aburrimiento cotidiano; fiebre, vicio, luz a mitad del túnel; el polvo amor; cogerte, cogerte, inmolarse en la miel que le ofrecieron tus dedos, tus brazos, el último beso a tus axilas; en las noches largas de los insidiosos desvelos, permisividad, disolución, lujo y decadencia; tu olor; indulgentes hasta no poder perdonar, deshechos; ilusión , tu vida liviana, etérea; tu vida paralela, análoga, insoportable; al norte en un barrio del norte; se abstuvieron a la espera del reino y se disuelven; diluidos en los remolinos de viento y agua, sobre las alcantarillas o en los sumideros; allí terminan los cuerpos, sin ánimas; sin lugar para otro aliento.

viernes, mayo 11, 2007

El beso de la mujer araña

Trama laboriosa sus hilos concéntricos y transversales; lleva en la parte superior del abdomen dos glándulas perfectas. Escoge, no atrapa al azar. Los primeros zoroástricos escribieron en tablillas de barro sobre la hilandera, buscaban establecer un vínculo entre la predadora ancestral y las brujas de las planicies caucásicas. Los druidas le rendían culto a los pies de árboles negros; en las bocas de sus madrigueras en el río Niger, los yorubas de las primeras dinastías quemaron a las incipientes herejes animistas. Algunas tribus amazónicas aún le ofrendan sacrificios en los manglares de afluentes perdidos en la selva y una secta de incrédulos se intoxica con sus venenos en Rhode Island; gozan al caer en la almizclada intriga de sus telas. La DEA ha infiltrado a estas logias de ateos y busca tipificar el delito como un asunto de narcóticos, sus agentes han sido declarados desparecidos en acción. Con su boca manipula el tejido, lo modula, lo empapa de sustancias y construye el lecho del cortejo. Se protege a sí misma dentro de burbujas de aire que regurgita como goma de mascar o una mentira; no tiene corazón ni sangre caliente, desaparece y deja entendiendo a sus amantes. Es astuta, usa a sus víctimas, las seduce y las convierte en las presas de otra presa deseada, un botín -la victoria-. Su red tiene los atributos de un museo o una sala de disección; en ella terminan expuestos, atrapados, secos, sin vidas, entre los hilos de los laberintos, sus elegidos.

lunes, mayo 07, 2007

Historia

Me convertí en campeón. Al comienzo subía al cuadrilátero y hacía un juego de piernas y de caderas, era la rutina, enrostrarle a mi oponente una confianza imbatible.
-Debe tener un secreto, un truco, una maña, susurraban mis detractores.
Derrochaba técnicas y fortaleza. Las bicicletas, los amagos, el paseo por el ring. Sabía sacar de abajo un upper, un gancho sobre el riñón, el misil directo a las suprarrenales del contendiente; luego buscaba otro uppercott, un jab, la recta a la cara, mentón, nariz y entonces, mandaba al otro a dormir sobre la lona. Fankie me dijo:
-ya vendrá uno y lo hará mejor que tú y te hará dormir, te sacará del juego. Preparas tus derrotas con estas vulgares victorias.
Yo debía ser un campeón por siempre. No bastaba la fuerza y la técnica, tenía que aprender a desensibilizarme, a no sentir dolor, a soñar.
-El dolor te hace cobarde -me decía Frankie y me prometió convertirme realmente en un invicto. Consiguió una entrenadora, la mejor, no me dio pausa, me sedujo hasta la locura con su arte de confrontación, sus golpes eran inauditos, inesperados y predecibles. De ser un temible prodigador de ganchos cortos, pasé a lanzar torpes swings que se perdían en la nada. Ella se metía en mi cuerpo y me hacía trastabillar, sólo utilizaba el hoock, o la puñalada corta, a veces en mi mentón, detrás de la oreja, sobre el estómago, y cuando abría la boca de cansancio, me daba el beso mortal con un jab y repeticiones de golpes en la parte inferior de los pectorales, se abrazaba a mi con ternura y castigaba mi espinazo. Me di cuenta de su propósito una vez consumado el trabajo, fue destruyendo el flujo de corriente sensible, golpeó los corredores del dolor hasta abatirlos y no tuvo apuro, ni orgullo, ni pausa; era una profesional; le mostré mis flancos; uno a uno los trabajó, me despojó de los secretos, de mis defensas; quebró mi espina mientras yo esperaba alcanzar la perfección en el arte del combate entre dos; fue apagando mi ilusión verdadera y la confundió con la ilusión del golpe perfecto, de la victoria futura e inmortal. Nunca me concedió el goce presente, y desvirtuó las victorias pasadas. Ahora soy un campeón verdadero; sueño postrado, unido a un respirador: en el cuadrilátero soy el rey porque soy insensible. Ya nada puede dañarme, nadie podrá asestar la mano demoledora, ni tumbarme; ningún esfuerzo será el suficiente. He superado el dolor, he superado la conciencia, respiro apenas y tengo pesadillas donde me reconozco como un temible devastador.

viernes, mayo 04, 2007

Conozco por mis sueños, no tengo otra referencia, a un animal; busco un correlato en los bestiarios reputados y en la mitología y no encuentro sino oblicuas semejanzas. Tiene la flexibilidad de los felinos y el hambre atávica de los lobos. La he visto alada; en ocasiones repta. No es un dragón ni una de las furias. Se parece a los vientos multiformes del desierto, bestias en estampidas narradas por Heródoto. La sensualidad está en su boca y en sus patas delanteras, sus muslos son flexibles y la mirada fatal. Me sugiere la similitud con Lilith, la primera mujer. No es una locura pensar al estudiar algunos de sus rituales, en las sacerdotisas del templo de Isthar. Es depredadora; manipula los aparejos y despliega los recursos inmemoriales del cerco. Calcula como los insidiosos tramperos de Gobi y despide la exhalación hipnótica de la cobra. Su mandíbula es fuerte y sus lances certeros. Invencible y anoréxica. Atrapa, muerde, mastica, pero es incapaz de tragar.

Sus víctimas viven el infierno perpetuo entre su boca y un mundo reducido por sus hechizos.

jueves, mayo 03, 2007

Anda jaleo, jaleo

"Anda jaleo, jaleo; ya se acabó el alboroto y ahora empieza el tiroteo"
Se me han acumulado las determinaciones, eso pasa y exige otras determinacion. Hay que tomar una al respecto, sin dejar puertas, puentes, garrochas o vías laterales de escapes; una decisión es una decisión. En esas tonterías andaba pensando ayer. Era tarde, tomaba mi café en la panadería, detrás de un ventanal que separa al negocio de la calle. En esos momentos hay que pensar en algo; yo pensaba en la soledad; la he estado merodeando y ella me da más de una vuelta. Saberse solo, es una manera de comprenderse libre.

-( La libertad tiene un precio que no todo el mundo está dispuesto a pagar, creo que intentaba escribir sobre el asunto. La gente relaciona épica con libertad, actos heroicos, batallas, inmolación, gloria. A mi me ha dado por relacionarla con afirmaciones individuales que me diferencian y me obligan a buscar o romper consensos. Me prevengo cuando hablan de libertad en nombre de un pueblo, quien eso hace, se abroga el derecho a interpretar a un colectivo, a “desentrañar” su verdad y someter a su interpretado a sus interpretaciones: eres libre, esta es la libertad, esto soberanía, y en consecuencia actúo y te libero, te igualo, te doy paz.
Los déspotas son personas que no se imponen límites, quieren conocerlo todo, para decidir en todo, sobre todo y por todos. Un déspota deplora la especialización. Especialización es individuación; el individuo apalea a los límites de su individualidad, el déspota tiene hambre de masa, de humanidad, de universo)

Pensaba en la panadería, de cara al ventanal que da a la calle; pensaba en esas cosas vagas e inútiles que llegan a la hora del último café de la tarde; entró una mujer, hablaba por su celular, era una tipa atractiva; la vi como un personaje. Ese es el personaje que me gustaría lograr, atrapar su fuerza, su seguridad. Una mujer avasallante; pidió algo frente al mostrador, recibió una llamada a su teléfono celular, hablaba mientras salía, cruzó entre la gente que como yo, resolvía sus últimos antojos de la jornada en la panadería, y caminó hacia su carro, estaba estacionado a pocos metros; ella, en ese momento, era una figura admirada. Todo cambiaría. Un hombre se le encima, la situación resulta confusa, forcejea con ella; los que miramos el cuadro nos rascamos una oreja o contenemos el bostezo; luego ella grita, el tipo la está asaltando, trata de quitarle el celular, pone toda su mano sobre el rostro de la mujer como si quisiera arrancarle una máscara, tiene algo en la mano.
Actué por reflejos, como todos, solté la bolsa de pan sobre el mostrador y me recliné; me di cuenta que todo el mundo más o menos hacía lo mismo; en Caracas cuando la violencia transpira, la gente, de entrada, se protege de un balazo; luego me acerqué a la puerta y sin entenderlo ya estaba sobre la pareja que forcejeaba
-¿qué pasa? Pregunté –déjala - tenia la boca seca y sentí que las piernas se me irían en cualquier momento, me reservaba un ridículo seguro. El asaltante comenzó a dar vueltas, a girar, con la mujer pegada a su cuerpo, ya el evento tenía el tufo de una situación de rehenes; defino el objeto en la mano del agresor, es un revolver 38, eso creo. Mis rodillas pierden solidez, estoy por irme de bruces pero me lanzo a correr hacia ellos, el atracador luego de girar dos veces junto a su víctima, deja sonar dos tiros; debió congelarse la escena, detenerse el tiempo. Todo sucedía al vértigo. Sentí que estaba empapado, tenía la franela empapada, los otros que intentaban presionar al hombre desde las aceras y verjas, se lanzaron a cubrirse detrás de árboles, carros, macetas; ya era muy tarde para mi; o me iba de bruces o continuaba ejecutando mi rol; el hombre soltó a la mujer y comenzó a correr, ella tenía la cara roja y el celular en su mano, la gente, a esa hora pasa mucha gente por la avenida, le abría paso al ladrón, nadie se atrevía a echarle una garra, a gritar como antes: ¡agárralo, agárralo!. Muchos miraban desde el restaurante chino, "es mejor dejarlo ir, porque mañana regresa y nos da un escarmiento". Fue entonces cuando me di cuenta: ese hombre con un revolver 38 no había secuestrado momentáneamente a una mujer para despojarla de un celular, a pesar de su fuga, tenía de antemano, secuestrada, paralizada, atemorizada a la urbanización, a todo el que miró y no hizo nada; al vigilante, a la policía que nunca apareció, a la asociación de vecinos, al módulo de vigilancia – ahora casa del pueblo-. Me revisé, me toqué por todas partes, buscaba sangre, algo; sudaba. Las cosas volvían a la normalidad, retorné a la panadería, pasé a un lado de la mujer que se montaba en su auto y lo encendía. Recogí la bolsa con el pan y pagué, me temblaban las manos mucho más que de costumbre, me comenzaba a sentir mal ¿por qué actué? Por miedo. No soy un héroe, ni el coraje fue la pauta de mi insensatez. Lo hice por miedo, mis reflejos no me permitieron optar; hay muchas maneras de temer. Un acto instintivo. Atávico. Si la solicitud hubiese sido racional, es probable que yo hubiese esperado mucho, eludido, justificado. Antes de irme uno de los vecinos se me acercó y me dijo,
-Vas a tener que dejar de tomar café por un tiempo en esta panadería, el tipo puede haberse quedado con tu cara, y ese seguro vuelve.
-¿Y no vamos a hacer nada? Largué la pregunta con mucho desgano; el vecino se encogió de hombros.
En estos dos últimos meses por circunstancias distintas he podido escuchar el bramido de la muerte; la salud se nos quebrantará algún día; se comenzará entonces, el transito hacia ningún lugar. Ayer me di por enterado y de forma inmediata y empírica: la primera causa de muerte en Venezuela, es ser herido en cualquier lugar y circunstancia, por un balazo.

Tercer día de Cuaresma

  Memento Mori Israel Centeno Si solo das cuenta del afán y los éxitos, darás cuenta del costo. No hay victoria sin precio, ni altar sin fue...