
miércoles, julio 18, 2007
Las aventuras de Placer

jueves, julio 12, 2007
Los diálogos de Taylor

martes, julio 10, 2007
Who killed Bambi?



miércoles, julio 04, 2007
El sueño de Taylor
sábado, junio 30, 2007
La canción de la fogata, diario apócrifo de Taylor
"El 16 de junio de 1904, Joyce conoció a Nora Barnacle. La cosa, al parecer, llegó a más: en esa primera cita, Nora lo masturbó."
"El Ulises carece de intriga. Joyce mismo se burla de ello haciendo aparecer de vez en cuando al misterioso “Impermeable” (MacIntosh), detrás del cual se ha conjeturado que se esconde el mismo Joyce. Sin embargo, algo late durante todo la odisea de Bloom: su Penélope."
"EL HOMBRE DEL MACINTOSH: No crean ni una palabra de lo que diga. Ese hombre el Leopold M´Intohs, el famoso incendiario. Su verdadero nombre es Higgins. "
Danza con la existencia, es un ritual de imposibilidades.
Al final del camino quién puede decir ¿he ganado? la sombra es seña de vida y el vacío su lecho eterno, haga ud lo que haga, será nada o una firuleta "dibujada" en el no tiempo, en el no espacio (inútil). Ud no tiene la maña, no podrá convertirse en el hombre del impermeable del capitulo seis del Ulises; un fantasma entre los sicomoros de un cementerio, el señor MacIntosh.
Joyce a través de los sauces, entreverado en los covertizos de la sepulcral realidad dublinesa, con un café amargo entre manos, en el exilio, fuera de la cama de Molly -¿Nora?- (lejos, imposibilitado), contaminante como el viejo rey fantasma de Dinamarca, es invisible; comprende, al final del periplo y al gozo del viaje, el arte de verse a sí mismo desviviendo la vida. El destino es irrelevante, un pretexto. La existencia es una locura ritual.
Moraleja, supera las invenciones, las historias melodramáticas y las caricias a las pantallas de un nuevo adminículo, el Iphone, por ejemplo.
El Fuck Friend es un estilo, una derrota menos dolorosa.
miércoles, junio 27, 2007
Diario apócrifo de Taylor (Revelación de Esteban, el santo)
martes, junio 26, 2007
Diario apócrifo del capitán Taylor
lunes, junio 25, 2007
Una variación sobre arañas
El silencio es como el negro, en él están contenidos todos los sonidos; un paso en el silencio, la respiración, el murmullo de un ave espantada en la sombra, el amor y sus ausencias. Las ausencias son como el negro; he hecho de mi blog una botella partida, de muchos picos; un capricho particular, mi expresión más descuidada y errática; polimorfo, heterogéneo y he ido cerrando mis máscaras, las travesuras o las maldades, los meandros posibles; nunca he creído en la honestidad y en el altruismo de un creador, pienso como uno de los heterónimos de Pessoa: sólo lo hace, crea, recrea, el daño es la contraparte, lo colateral; soy un hombre viejo y me debo circunspección; así va esto, no busco el diálogo ni el debate; me es suficiente el interior, el cotidiano con el entorno, el mundo no mejorará un ápice por un cometario entre millones, ni la vida dejará de ser la irracional expresión de un Dios. Detesto la multitud, es la negación de la palabra, la bulla o el tormento, deploro los púlpitos y a los predicadores, a veces me escandalizan los más escandalizados, estas conclusiones no me hacen menos ciudadano, menos político, menos beligerante; pero no me llamo a engaños, mi espacio es una voluntad expresada, es mínimo, nadie vino a triunfar, el triunfo es contingente y relativo; a veces logramos exlamar ¡no! como el hombre rebelde de Albert Camus y debería bastar porque comenzamos a ser diferentes y rebeldes. Ayer el día estuvo azul nubloso, pocas nubes y siempre blanco el azul; el día presagiaba la tormenta de la madrugada inmediata, alguien me dijo: se aprende a leer el tiempo; lo hice y supe, tendremos un día bueno para caminar, puedo rehacer mi itinerario por el cerro: aun no han abierto el acceso por Los Naranjitos a Papelón e hice el camino por el cortafuegos hasta la pica de Loma del Cuño y desde allí hasta las antenas, todo un periplo; me gustan los periplos, las soledades y sus incertidumbres; pensar mientras camino, pensar con la cabeza llena de hormonas y de espiritualidad ebria; he estado leyendo tragedia y he vuelto sobre el suicidio de Ayax, la contraposición de su delirio a su lucidez, clave de un buen drama, Hamlet de Shakespeare; sólo los hombres libres encaran los dilemas, a veces la resolución es drástica; Ayax el rebelde, el loco, el lúcido, reconoce la deshonra; su orgullo se ha roto, el equilibrio es imposible y actúa en consecuencia; sino puedo procurar la muerte de los que me humillan, me niego a someterme a sus voluntades, es el suicidio vindicador, el triunfo compensador del narcisismo humillado; el tema. A Oscar Wilde no lo calla la Inglaterra victoriana, me niego a pensar en su derrota, Oscar Wilde, entre el delirio y la lucidez ( podemos precisar su ánima en La balada de la cárcel de Riding y en De profundis), ha tomado la decisión libre de quitarse la vida o la palabra, y entre sus grandes citas (ha sido leído más como un hombre de grandes citas y no como un autor de grandes obras), se lee: cuando no conocía la vida, escribía; ahora que conozco su significado, no tengo nada más que escribir. Al igual que Ayax es humillado y exige la reparación en la desmesura de la tragedia y en la dolorosa lucidez; ya pasaron los tiempos del desvarío; resta el silencio, el suicidio; Oscar Wilde se muere antes de morir y en París, se muere, se calla a sí mismo; el silencio es como el negro, el negro es como la soledad, la soledad es como el amor, los caminos son muchos y son los medios del destino, de cualquier destino; el camino no es culpable de los extravíos, ni la ausencia de caminos es ausencia de destino; o la cobardía el bombardeo de los pretextos; es una nota pensar con la cabeza inundada de hormonas y escribir mal en una libreta Moleskine; por ejemplo, en una parada, ayer bajo un árbol barbado, mientras miraba a dos arañas tirar, construí un despropósito, el amor puede darse vuelta y descubrirse tan feo como un monstruo grabado en una catedral, las ilusiones son las expectativas de una víctima; la victima termina inculpada, es inevitable el crimen de la víctima; no tiene sentido escribir a mano, no entiendo mi letra; no tiene sentido llegar hasta el final de mis desbarres, sobre todo el de estos últimos días, son infelices y no dicen sino pendejadas, ustedes entenderán, en un mundo, en una comunidad de millones de escribidores, todos los dicientes imbuidos en la certeza de agregar y en un país beligerante e inteligente; no decir nada, sustraer, puede ser ofensivo. Se ha perdido el sentido de arriesgar la máxima pretensión del arte, la sustracción o una tontería; decir: me usaste y me gustó; me gustó tanto e hice trampa para ser usado de nuevo. Retomo el sentido del límite, de él dependió siempre no ir más allá, al delito.
viernes, junio 22, 2007
Menos que un gato
miércoles, junio 13, 2007
Performance

La vida pudo haber sido distinta, nunca; no pudo, no existe el atenuante, la especulación es ociosa. En estas noches soñaba; caminaba por las calles de Londres o de Caracas; hace años y no ahora a pesar de ir al lado de Álvaro; hace años que no veo a Álvaro y él vive en Londres, caminábamos como siempre; en mi sueño él había cambiado; fue una paseo en el presente andado hace tiempo. Han cambiado muchas cosas; entonces el mundo estaba dividido en dos bloques muy definidos (dos poderes detestables), Bob Marley cantaba con su banda en un pub de Brixton y en el lugar donde filmaron los conciertos de Nueve Orgasmos vimos películas de Sex Pistols. No tenía nada claro sobre mi vida, ni siquiera vivirla, me levantaba y vagaba por los parques o me iba a una academia de pintura a ver a las jóvenes de Adelaide hacer bosquejos de anatomía en carboncillo; al día su óbolo, su oración; caminábamos y cuestionábamos al poder, más tarde haríamos lo mismo en Caracas, eran largas caminatas, comíamos ponqués de cannabis, el cielo se cruzaba de relámpagos sobre las estructuras victorianas, sobre las casas de ladrillos rojos de Belzeizes Park; los parroquianos iban con aires de Boris Karloff, sombríos; nos reíamos de esas tonterías, del sepia, del blanco y negro, de la azulada tormenta de la noche londinense; desembocábamos al oeste, llegábamos hasta más allá de Kensington; los comercios hindúes dejaban escapar el irritante olor de sus especias, el sauna del curry; los negros de Trinidad vivían en Portobelo y en Portobelo vivieron mis amigos antes de conocerlos, vivió mi tío cuando tuvo que vivir en Londres, fue el espacio de las primeras comunas en los sesenta. Álvaro me contó que en la casa en la que ellos estuvieron, Mick Jagger filmó una película sobre gánsters ingleses; no es lo mismo, son gansters distintos, creo que me insistió: un hombre duro del Soho se esconde en una comuna y allí vive experiencias al límite con Mick, los hongos, el sexo y el ácido; era una película de bajo presupuesto: Performance. Los sueños duran poco, dicen que no más de dos o tres minutos, pero yo estuve soñando toda la noche, cada vez que me despertaba y me desperté muchas veces, soñaba lo mismo, andaba con Álvaro, era mi tío, eso me dijo una noche de diciembre hace muchos años: fui a una fiesta y me enamoré de una pelirroja de Zimbawe, el amor no duraba más que unas horas y tuvimos malos entendidos, no nos comunicábamos muy bien, a lo mejor era activista contra el apartheid, yo me empeñaba en verla como una segregacionista blanca, pudo haber sido el amor de mi vida, adoré sus ojos transparentes, las pecas de su cara, sus labios grandes; por Dios, qué sabía yo de segregacionismo, por entonces repetía muchas frases hechas, no supe hablar con ella y no había leído a autores surafricanos, me volví a casa y anduve con un peso doloroso sobre las puntas de los pies, caminaba a rastras y en mi ánimo imperaba la obstinación, todos hacían diligencias para que yo entrara a una academia a estudiar cine, tenía que enseriarme, aprender bien el Inglés, irme a casa de unos amigos de Gales y hacer vida de campo, el plan era perfecto; y no sé dónde comenzó el quiebre, pude haberlo conversado en estos sueños; los sueños son despóticos, dictan el libreto y nadie puede saltarse una línea, y en las líneas del sueño no estaba contemplado hablar de los desaciertos ni de los resentimientos; ambos deseábamos hablar, comentarnos cosas, pero Alvaro sólo me dijo en el sueño: me enfermé por haber tomado una pócima química; pensé en la alquimia y vi su abdomen, tenía el abdomen de quienes han tomado fósforo, eso pensé en sueños; en aquella época todo era más simple, ser de izquierda nos confrontaba con el poder, condenábamos a los soviéticos, a su intervención en Afganistán, al estado opresivo en Alemania del este; era tan aberrante como la dictadura de Pinochet, y la intervención en Vietnam fue oprobiosa; hablábamos mucho de la situación de los mineros en Escocia, la recesión, del Ejército Republicano Irlandés e íbamos a los Jumble Sale con Martin, él sabía buscar bluyines y sacos para el invierno. El Adversario era todo aquello que restringía la voluntad individual y colectiva, cualquier fuerza segregacionista, recordé a la mujer de Zimbawe, la he recordado fuera del sueño luego de tanto tiempo, y me levanté y sentía ganas de hablarle a alguien de mi sueño, no pude sino medio escribirlo en un correo electrónico, estaba movido, me desperté; el sueño no me dio la oportunidad para decirle a mi amigo, fueron buenos tiempos y debemos vernos de nuevo para hablar, estuve en Londres hace casi dos años y busqué la casa donde vivían, quería mostrarle a mi hija dónde fui feliz, y nadie me supo dar razón de ustedes, mis amigos; convirtieron los squoters en condominios, y se veían tan iluminados como siempre, cuando eran squoters; sin Franz, sin Lanz, iluminados, el 20, el 24, el 28 de Fleet Road, sin Gilbert el gato. No pude decir en el sueño: le dejé escrita una carta a Pauline, los esperé en vano en el Instituto Cervantes. Los eventos pasan y poco se puede corregir, hoy he comenzado a escribir un diario a mano, y continué obsesionado con mi vida inglesa; ahora son las cinco de la tarde, me he pasado el día esperando una llamada del centro que otorga pasaportes de emergencia, debo viajar a Albuquerque y responder a un compromiso, no llaman, sólo queda el día de mañana; veo al diario junto a mí, tomo los lentes, me revienta pasarme las tardes en casa: recuerdo una tarde de invierno, lavaba mi ropa al final de Fleet Road, donde comienza Hampstead, tomaba té o café aguado y caliente con Álvaro, era invierno y estábamos prolijos, recién bañados, estábamos bendecidos por la luz oblicua bajo el cielo transparente, felices por nada; irónicos, a él le debo la vena insoportable de la ironía, y libres; sin proponernoslo elaboramos una hipótesis, lo hicimos, estuvimos seguros o de acuerdo: los sueños son opresivos, en ellos perdemos por completo el control. No pude hablarle al amigo. También me es difícil aceptar la tiranía del pragmatismo; es tarde, no me han llamado, espero aún por el pasaporte; leo El viento de la luna y me provoca responder a cualquier pregunta, como lo hace al final el coronel de la novela de García Márquez: ¡Mierda!
Mis ejércitos soñados, derrotados sin haber existido,
Mis cohortes aún por existir, deshechas por Dios
Fernando Pessoa
miércoles, junio 06, 2007
miércoles, mayo 30, 2007
Cura de sueño
No se mide el tiempo en el sueño, al menos no en este sueño, se tiene una certeza maleable, ideas diluidas, como ésta que durará sólo el tiempo de su inútil expresión; no la expresa un movimiento, la vida; si me muevo pierdo, si parpadeo seré acusado de violento por los operadores de mi sopor y seré castigado con pequeñas descargas, pellizcos e insultos de profundidad en mi inconsciente adolorido.
Articulo las frases.
En un mal sueño se articulan frases lógicas, los operadores tomarán una vía en una de mis arterias y pondrán dos centímetros cúbicos de escapolamina; el sueño es humo sanguinolento, el humo mojado por la lluvia, polvo de humo; la gente grita. No es gente, es humo rojo y urticante, una manipulación de mis percepciones, no hay mundo ni personas en él, nada se mueve. Sueño. Hago un esfuerzo por sentir el cuerpo; dolor, molestia, placer; de mover el dedo de una de mis manos, procuro respirar, hacer un sonido profundo, vulgar y determinante; las imágenes pasan como fantasmas, son transparentes y fugaces; si atrapo, si alzo las manos y las atrapo, si las abrazo, los operadores me acusarían de estar haciendo esfuerzos por despertar y me castigarán con improperios y acusaciones; al menos despertaría, el tiempo suficiente para arrepentirme y dar patadas; establecería un paréntesis entre un sueño y otro, volvería a dormir como antes y mis expresiones serían una huella de vida, una patada sobre la tierra seca o al pavimento mojado. Ahora no tengo la percepción exacta de mi cuerpo, sé que estoy tendido boca arriba, me ahoga y copa una ansiedad inmanifiesta; dura lo necesario para cerrar la frase lógica y figurar uno de los rostros de la pesadilla; la pesadilla se instala en la realidad y la realidad se enuncia en la determinación de tomar el control de mis decisiones, encontrar los puentes, los caminos, el atajo, el lugar donde se juntan los nervios, las conexiones imprescindibles para generar un movimiento. Los operadores deben hacer su trabajo; llevarme a un hemiciclo de charlatanes y mostrar en una mesa de disección sus resultados, desvirtuar los reflejos crispados en mi piel, aprobar las leyes del sueño y procurarse el goce sádico de condenarme; luego de encontrar recreo en los espasmos violentos dirán, eso no expresa un movimiento verdadero y me enterrarán vivo.
Un hombre paralizado por la catalepsia recuerda al amor como último recurso; debo insurgir, dar un grito de horror, reordenar mi fuerzas eróticas, las más joviales, los recursos del cazador, el poder del recuerdo, de la conquista, poseer el cuerpo deseado; ella se acerca a mi, nada la avergüenza, es descarada, atrapada por los espejos se mira de soslayo, es pícara, vital y adorable, ha arriesgado su vida y la desborda, ríe; sus tibios pezones rozan mi boca, mi pecho, me besa con desenfado, me abraza y la siento abrirse húmeda, dejarse entrar hasta sus confines, me ha devorado y me hace el amor alegremente, sin drama, ha dejado las suspicacias para mejores tiempos, ahora disfruta la furia de nuestros cuerpos; bastaría el recuerdo, el olor a vainilla, su frágil voz, ululante y secreta, bastaría la imagen de su boca activa, provocadora, imprecante, a la espera del látigo de semen, del golpe cálido y repetido sobre su pecho; tibio se derrama, tibio baja; bastaría ese momento, el cruce del relámpago y la descarga eléctrica en el tallo del cerebro para dilatar mis arterias, hacerlas tronar con sangre, punzar el impacto y producir un sismo en mi piel, levantar una erección determinante; los operadores han colocado agujas en todo mi cuerpo, parecen soldados o tropas antimotines, bombardean con sustancias irritantes y cuelgan un ancla en mi pene, las manos no acopian la fuerza para mover sus dedos, para tocarme, he debido tocarme pero se escapa la ilusión, el recuerdo y no sé exactamente por qué he debido tocarme si tengo sondas para orinar, todo está resuelto; el hormigueo se dispersa, me infecta y paraliza; desdibuja la mirada, la frase: sólo te vi y lo supe, te amaría para siempre.
Las adormideras triunfan, no sé si descanso o me fatigo, si estoy sobre una cama, los deseos de pararme, me abandonan; las ganas de caminar por las veredas de eucalipto y recibir en mi cara el viento, se disipan; trepar hasta la cima ya no es un sentido, ni comer naranjas en un refugio cerca de la quebrada de Chacaito. Acepté dormir, no moverme, acepté la sutura sobre mis párpados; mis párpados son cortinas pesadas, telones de teatros viejos. Cubren mis ojos, imagino ser una paraulata y apenas me muevo sobre el travesaño de una jaula, ciega y sin sonido, una paraulata aterradora, distorsionada en el sueño aceptado. A veces, cuando la voluntad de vivir dictaba un sentido, cuestioné al miedo, sentir miedo es natural, paralizarse, dejarse dormir es una opción, se pueden evitar los dolores deparados por la existencia; volverse indiferente como las hojas de los árboles, y abandonar la expresión es inhumano. Acepté dormir, abandoné la gestualidad, las emociones; me han suprimido la conciencia de riesgo, no puedo ser violento ni atentar contra la paz de los pueblos, la patria es una condena, no arriesgaré ser traidor ni desleal, me liberé de las opciones, de la humanidad contradictoria y trágica; integrado a lo absoluto, me he tendido en un lecho de hojas podridas, han empapado mi cuerpo con jugo de amapolas, los operadores han ganado, soy el sueño del déspota.
En algún lugar, fuera, cuelan café y baten leche cremosa, hornean el pan; existen las panaderías; la gente celebra sus inconsecuencias, los desacuerdos; no es necesario hacer un mundo perfecto, la libertad se expresa en las diferencias. Los operadores persisten y venden sueños.
lunes, mayo 28, 2007
Rapto a Nohely
“caminaba a oscuras por mi departamento, era abatido por el pertinaz insomnio que me aqueja y por las alucinaciones que me atormentan. Sentía la necesidad de acabar con todo. Saqué papel y lápiz de mi escritorio. En la calle las sirenas y las alarmas, el ruido ensordecedor de la gente que hace sonar sus cacerolas me impedían avanzar en mi grito definitivo. Los gases urticantes impregnaban la atmósfera. Escribía con torpeza y mala letra, trataba de completar tu nombre. Puta, irremediablemente tuyo".
viernes, mayo 25, 2007
El síndrome Montecristo
Queramos o no, acudimos a Miguel; sobrevuela las circunstancias y se reserva el punto de vista; él manipula los antagonismos y no repite sus sentencias; por ejemplo, le dijo a Joaquín: la abulia puede ser efectiva, la cosificación libera, pero a veces no puedes ni debes liberarte de un trastorno o de la burla, la impunidad no existe; eres incapaz de ser indiferente ¿Qué hacer? Ajusta los grillos y pierde la vergüenza; le dije entonces, poniendo de manifiesto mi frivolidad: escuché una frase en Dr House, me hubiese gustado escribirla, esa frase siempre ha sido mía, nunca la pronuncié pero me pertenece: mi
orgullo es más fuerte que mis instintos; él mueve la cabeza con lentitud, parece un ave doméstica: ¿sabes? es buena frase; una frase buena reivindica a una persona que sufre, la gente feliz no necesita frases buenas; sólo es buena, no es posible; llega un momento en el que los instintos sobrepasan cualquier límite, hasta los más razonados. Miguel se despertó amable y de buen humor, ha estado en el quiosco revisando la prensa, le ha dado por leer obituarios; lo veo como un padre, un confesor, alguien a quien le puedo contar mis cosas; a veces no tenemos interlocutores y desesperamos; mantengo mi vida de bajo perfil; no soy un hombre a quien se le ve el aura, o se le descubren los secretos en el iris de los ojos, la mentira me protege, decir la verdad me ha acarreado unos cuantos zarpazos; sólo a él confieso mis cosas, estoy vuelto añicos, sufro Miguel, no me concentro y pienso que la vida se ha cumplido para mí, nada me promete; la incertidumbre ha logrado hundirme; levanta el culo y haz algo, responde y se ríe a carcajadas mientras pasa el resaltador sobre una nota de pésame en la página necrológica de un diario, me hace sentir un puto más regodeado en un tema puto; miente, oculta y administra tus miserias, subvierte las circunstancia y retoma el control; no seas marico muchacho torpe, debes saber apagar la luz; Miguel se percata de mi ruina, no se apiada, todos podemos disolvernos, dejar de existir y golpear con la ausencia, a veces el valor está allí, en la oscuridad, en el vacío, cuando vivimos sin la luz y dejamos de buscar argumentos; emplea toda su presión: no puedes cosificar sino sufres, si no muestras y exhibes el dolor: te odio, veo tu mano tejer y deploro las ilusiones compartidas, deploro la inocencia, la belleza, quiero un mundo para destruir, un paisaje para someterlo a la aridez; la deshonestidad no es exclusiva de la deshonesta, no priva en la hipócrita; antes de que los abismos se separaran, las indignidad preexistía y tu hiciste de tu historia de amor un cuento malo, usaste los silencios, las omisiones; y, aquella palabrita dicha una y otra vez: tu no sabes nada, una y otra vez te hizo saber más de la cuenta porque la ignorancia es reveladora, las posibilidades, todas, permutan y son reales ¿algo más suculento? Miguel me invita a tomar un café; no voy a escribir esto, es basura autocompasiva, pienso, pero él parece enterarse de mis pensamientos, y dice, para eso sirven los blogs, los siquiatras se arruinan cada vez más, y tu poder radica en la capacidad de ordenar un mundo verdadero en la ficción, no te lo guardes, hazlo saber, grita; serás implacable cuando seas capaz de reordenar las cosas en el lugar donde muestras el culo, no tendrás piedad. Escribe con el rigor insano de la pasión. No pueden patear tu vida y quedar indemnes como si fueran personajes poderosos e inefables de una miniserie; mantén la herida viva, el odio es un aliciente, es la felicidad heredada de las desdichas y te pertenece; sólo guarda una hendija en el tiempo para la indiferencia; es lo natural.
Comienza la mañana, recuerdo a Edmundo Dantés en If, debo hacer mil cosas, tomo el café apresurado, seguramente a la hora de los tragos, más tarde, Miguel será otro animal de presa con otras trampas, su imprevisibilidad lo convierte en un cazador invicto.
miércoles, mayo 23, 2007
Detrito
viernes, mayo 11, 2007
El beso de la mujer araña
lunes, mayo 07, 2007
Historia
-Debe tener un secreto, un truco, una maña, susurraban mis detractores.
Derrochaba técnicas y fortaleza. Las bicicletas, los amagos, el paseo por el ring. Sabía sacar de abajo un upper, un gancho sobre el riñón, el misil directo a las suprarrenales del contendiente; luego buscaba otro uppercott, un jab, la recta a la cara, mentón, nariz y entonces, mandaba al otro a dormir sobre la lona. Fankie me dijo:
-ya vendrá uno y lo hará mejor que tú y te hará dormir, te sacará del juego. Preparas tus derrotas con estas vulgares victorias.
Yo debía ser un campeón por siempre. No bastaba la fuerza y la técnica, tenía que aprender a desensibilizarme, a no sentir dolor, a soñar.
-El dolor te hace cobarde -me decía Frankie y me prometió convertirme realmente en un invicto. Consiguió una entrenadora, la mejor, no me dio pausa, me sedujo hasta la locura con su arte de confrontación, sus golpes eran inauditos, inesperados y predecibles. De ser un temible prodigador de ganchos cortos, pasé a lanzar torpes swings que se perdían en la nada. Ella se metía en mi cuerpo y me hacía trastabillar, sólo utilizaba el hoock, o la puñalada corta, a veces en mi mentón, detrás de la oreja, sobre el estómago, y cuando abría la boca de cansancio, me daba el beso mortal con un jab y repeticiones de golpes en la parte inferior de los pectorales, se abrazaba a mi con ternura y castigaba mi espinazo. Me di cuenta de su propósito una vez consumado el trabajo, fue destruyendo el flujo de corriente sensible, golpeó los corredores del dolor hasta abatirlos y no tuvo apuro, ni orgullo, ni pausa; era una profesional; le mostré mis flancos; uno a uno los trabajó, me despojó de los secretos, de mis defensas; quebró mi espina mientras yo esperaba alcanzar la perfección en el arte del combate entre dos; fue apagando mi ilusión verdadera y la confundió con la ilusión del golpe perfecto, de la victoria futura e inmortal. Nunca me concedió el goce presente, y desvirtuó las victorias pasadas. Ahora soy un campeón verdadero; sueño postrado, unido a un respirador: en el cuadrilátero soy el rey porque soy insensible. Ya nada puede dañarme, nadie podrá asestar la mano demoledora, ni tumbarme; ningún esfuerzo será el suficiente. He superado el dolor, he superado la conciencia, respiro apenas y tengo pesadillas donde me reconozco como un temible devastador.
viernes, mayo 04, 2007
Sus víctimas viven el infierno perpetuo entre su boca y un mundo reducido por sus hechizos.
jueves, mayo 03, 2007
Anda jaleo, jaleo
Los déspotas son personas que no se imponen límites, quieren conocerlo todo, para decidir en todo, sobre todo y por todos. Un déspota deplora la especialización. Especialización es individuación; el individuo apalea a los límites de su individualidad, el déspota tiene hambre de masa, de humanidad, de universo)
Actué por reflejos, como todos, solté la bolsa de pan sobre el mostrador y me recliné; me di cuenta que todo el mundo más o menos hacía lo mismo; en Caracas cuando la violencia transpira, la gente, de entrada, se protege de un balazo; luego me acerqué a la puerta y sin entenderlo ya estaba sobre la pareja que forcejeaba
-¿qué pasa? Pregunté –déjala - tenia la boca seca y sentí que las piernas se me irían en cualquier momento, me reservaba un ridículo seguro. El asaltante comenzó a dar vueltas, a girar, con la mujer pegada a su cuerpo, ya el evento tenía el tufo de una situación de rehenes; defino el objeto en la mano del agresor, es un revolver 38, eso creo. Mis rodillas pierden solidez, estoy por irme de bruces pero me lanzo a correr hacia ellos, el atracador luego de girar dos veces junto a su víctima, deja sonar dos tiros; debió congelarse la escena, detenerse el tiempo. Todo sucedía al vértigo. Sentí que estaba empapado, tenía la franela empapada, los otros que intentaban presionar al hombre desde las aceras y verjas, se lanzaron a cubrirse detrás de árboles, carros, macetas; ya era muy tarde para mi; o me iba de bruces o continuaba ejecutando mi rol; el hombre soltó a la mujer y comenzó a correr, ella tenía la cara roja y el celular en su mano, la gente, a esa hora pasa mucha gente por la avenida, le abría paso al ladrón, nadie se atrevía a echarle una garra, a gritar como antes: ¡agárralo, agárralo!. Muchos miraban desde el restaurante chino, "es mejor dejarlo ir, porque mañana regresa y nos da un escarmiento". Fue entonces cuando me di cuenta: ese hombre con un revolver 38 no había secuestrado momentáneamente a una mujer para despojarla de un celular, a pesar de su fuga, tenía de antemano, secuestrada, paralizada, atemorizada a la urbanización, a todo el que miró y no hizo nada; al vigilante, a la policía que nunca apareció, a la asociación de vecinos, al módulo de vigilancia – ahora casa del pueblo-. Me revisé, me toqué por todas partes, buscaba sangre, algo; sudaba. Las cosas volvían a la normalidad, retorné a la panadería, pasé a un lado de la mujer que se montaba en su auto y lo encendía. Recogí la bolsa con el pan y pagué, me temblaban las manos mucho más que de costumbre, me comenzaba a sentir mal ¿por qué actué? Por miedo. No soy un héroe, ni el coraje fue la pauta de mi insensatez. Lo hice por miedo, mis reflejos no me permitieron optar; hay muchas maneras de temer. Un acto instintivo. Atávico. Si la solicitud hubiese sido racional, es probable que yo hubiese esperado mucho, eludido, justificado. Antes de irme uno de los vecinos se me acercó y me dijo,
-Vas a tener que dejar de tomar café por un tiempo en esta panadería, el tipo puede haberse quedado con tu cara, y ese seguro vuelve.
-¿Y no vamos a hacer nada? Largué la pregunta con mucho desgano; el vecino se encogió de hombros.
En estos dos últimos meses por circunstancias distintas he podido escuchar el bramido de la muerte; la salud se nos quebrantará algún día; se comenzará entonces, el transito hacia ningún lugar. Ayer me di por enterado y de forma inmediata y empírica: la primera causa de muerte en Venezuela, es ser herido en cualquier lugar y circunstancia, por un balazo.
domingo, febrero 11, 2007
Tercer día de Cuaresma
Memento Mori Israel Centeno Si solo das cuenta del afán y los éxitos, darás cuenta del costo. No hay victoria sin precio, ni altar sin fue...
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Memento Mori Israel Centeno Si solo das cuenta del afán y los éxitos, darás cuenta del costo. No hay victoria sin precio, ni altar sin fue...
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Oficina del Autor, España Iba a contarles un sueño, esos, los verdaderos, los ciertos, pero lo dejaré para otro día, es algo que me he comid...
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¿Cómo lo expreso en español? Así, me dijo, fue típica la pregunta y la respuesta pudo ser demoledora, tenle misericordia a la dama, responde...


