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domingo, junio 10, 2007

Confrontación IDEOLÓGICA ¿un choque de trenes entre dos fanatismos?

Hace años luchamos por activar el referéndum revocatorio presidencial, nos acogíamos a la constitución, no había agenda golpista: “cuando es igual o mayor número de electores o electoras que eligieron al funcionario o funcionaria, siempre que haya concurrido al referéndum un número de electores o electoras igual o superior al veinticinco por ciento de los electores o electoras inscritos o inscritas, se considerará revocado de su mandato….” Entonces, cambiaron las reglas del juego, el monarca militar ordenó violar la constitución y convertir el mandato constitucional en un plebiscito entre el Sí y el No; recordemos que la sala electoral falló, pidió que se cumpliera lo ordenado en la constitución; la presidencia se ponía al margen de la ley y la oposición al no obedecer la ley refrendada por lo que quedaba de independiente del tribunal supremo, también lo hizo. Según algunos analistas había que quedarse, agarrar la oportunidad aunque fuera fallo e ir a un plebiscito que legitimó al monarca militar. Lo correcto hubiera sido pararse de la mesa de negociaciones y ausentarse, hasta que se cumpliera lo contemplado en el artículo 72 del librito que tanto se nos enrostra y con el que se han limpiado el rabo hasta el cansancio. Todos sabemos lo que pasó luego.

El movimiento estudiantil de mayo pidió la palabra en el congreso, exigió un desagravio por las descalificaciones de las que habían sido objeto por parte de la diputada Amaral y de entrada, los diputados Tascón y Varela, con posiciones tomadas negaron la réplica. Ellos querían un match de boxeo, mover las emociones en una sopera ideológica, convirtieron El Palacio Legislativo en una arena donde se batirían los gladiadores de la revolución en contra de los niñitos oligarcas, el arbitro les daba tridentes y mallas a unos e intervino con sus macanas desde el podio para asegurarse que no se escapara el golpe del anticipado efectismo, pero algo les salió mal, los líderes del movimiento estudiantil ejercieron su derecho a réplica, escucharon las razones ideológicas de la funcionario estudiante que intervino y sin aspavientos, expresaron la desnaturalización del escenario y se retiraron. Ellos estaban claros, sabían que el adversario violaba las normas y que abusaba del poder; ellos le dijeron al país, en este escenario no hay libertad, la libertad para la discusión se ejerce en las asambleas, y todo el poder ha vuelto a las asambleas, el poder originario del que tanto cacarean: Cuando los poderes están secuestrados, cuando no hay contrapeso y en nombre del pueblo se arman linchamientos y un solo hombre es el que juzga, legisla y ejecuta ( el líder INDISCUTIBLE según el liderazgo estudiantil gobiernero) los destinos del ciudadano se discuten en la calle. Es el verdadero parlamentarismo de calle, no la opera bufa y complaciente que montan de vez en cuando, señora Flores. Entiéndase de una vez, NO SE FUE A UN DEBATE IDEOLÓGICO, ni a contrastar fanatismos, mucho menos a escuchar la retórica vacía de los que en nombre de la lucha de clases expresan resentimientos, entre otros, sexistas y racistas; se fue a ejercer un derecho a la réplica y en su propio terreno se fue a despojarle el triste ropaje parlamentario a una asamblea cada vez menos parlamentaria. Por eso la rabia y la impotencia expresada por la señora Flores.

Entonces, pasado el tiempo y para tratar de medir las consecuencias del acto, nos preguntamos:

¿Qué hubiese pasado si cuando desnaturalizaron al referéndum revocatorio cambiándolo por un plebiscito, hace años, la oposición se levanta y le da la espalda una imposición impía, dictatorial e ilegitima? Eso no se sabrá nunca; de algo estoy seguro, no hubiésemos legitimado al monarca militar.

jueves, junio 07, 2007

En la asamblea



La exigencia del movimiento estudiantil a la Asamblea Nacional unicolor era una: el derecho a réplica; el objetivo fue entregar un documento donde se respondía a las agresiones, a la represión, a la segregación, a deplorar los llamados a la violencia hechos desde el perifoneo mayor del monarca militar. Era puntualizar la defensa de los derechos civiles, negarse al uso de la franela y la guayabera roja para disfrutar de garantías constitucionales y no pertenecer a un partido único ni repetir, como vimos y escuchamos a los oradores oficiales, un pensamiento único y excluyente empeñoso en la confrontación de dos Venezuela. El objetivo fue cumplido, como dijo Jon Goicochea; lúcido, no pisó la celada mediática, escucharon amablemente una de las alucuciones y se retiraron, se negaron a participar en el circo armado por los bufones del proceso; los estudiantes no tenían por qué quedarse a escuchar la cartilla del poder, de un parlamento que no parlamenta; obedece, tampoco era obligada la clase de politología, de materialismo histórico y científico que pretendieron darles. Mientras unos exigían elegir otros ya habían decidido que la elección tal como la planteó quien expuso el documento del movimiento estudiantil, era una trampa oligarca y burguesa, nunca un acto que privilegia a la libertad.

La Asamblea Nacional es el espacio natural de los legisladores, un lugar para legislar y no para delegar sus funciones al monarca militar. Los estudiantes tienen sus espacios naturales para discutir, hubiese sido una deslealtad para con los cientos de miles de estudiantes que han protagonizado la resistencia por los derechos civiles en estos días, quedarse en un cenáculo hablando de lucha de clases, del lider "indiscutible" del proceso, del partido de la revolución o del sexo de los ángeles que llevan la espada de Bolívar por América Latina. Los asuntos del movimiento estudiantil se debaten en sus espacios naturales: las asambleas de estudiantes, no en un circo donde una animadora trémula y genuflexa al monarca, orquesta las voces de una coral que repite el monótono ritmo de las ciencias políticas, estudiados, probablemente, en una vetusta cátedra en la Universidad de La Habana.






Una coda nada más, y para los estudiosos de la revolución sovietica ¿Recuerdan cuando Lenin boicoteó a La Duma ( La Asamblea) al grito de todo el poder a Los Soviet? Bueno, ahora el grito pertinente debería ser: todo el poder a las asambleas estudiantiles. Cilia debería leerse los 100 días que conmovieron al mundo. Los movimientos reivindicativos y políticos no están al servicio del poder, es ley.









viernes, abril 27, 2007

El Piquirico

“Y entonces, tocaron el Piquirico” Boves el Urogallo
IC



En Junio de 1814 José Tomás Boves, el taita, caudillo asturiano, a la cabeza de un ejército de criollos, zambos, negros y pardos, sitia a Valencia. En el sitio de Valencia captura a dos hermanos que se contaban en las filas patriotas, y a las afueras de la ciudad los obliga a ser actores de una tragedia particular.

Organiza una fiesta brava, toro y matador van a ser representados por los hermanos. Lo terrible es que cada uno asume su rol hasta el final. Un hermano le da muerte al otro. El matador luego es sacrificado por las huestes del caudillo.

De inmediato Boves propone un acuerdo al jefe patriota que defendía la plaza, Juan Escalona, y jura cumplir con religiosidad las estipulaciones convenidas. Desmoralizados, entregados al sino o confiando en las promesas del taita, los defensores entregan la ciudad. Como deferencia, el vencedor, en un gesto magnánimo, invita a la sociedad valenciana a una fiesta. Muchos supusieron que faltar a ella podía ser interpretado como un desaire a una reconciliación necesaria. Otros asistieron porque contemplaron la posibilidad de salvar sus vidas y bienes mostrándose adulantes. Los demás creyeron que al cambiar la bandera tricolor por la bandera de España y declararse realistas, estarían al resguardo de los estragos del asturiano.

De esta manera, comenzó el ágape. El caudillo socarrón fungió como maestro de ceremonias. Guardó las mejores formas, mandó a tocar aires y valses de la época, dio muestras de gentileza y se permitió galantear a las damas reunidas. No pasaron muchas horas, cuando de improviso y sin transición, la banda fue sustituida por un conjunto de música vernácula que al grito del taita, tocó El Piquirico. Al golpe de este joropo, fueron lanceados los hombres, violadas las mujeres y la ciudad fue entregada al saco. Se exhibió sin pudor el único y verdadero rostro del guerrero.

II

Voy a intentar un ejercicio y me permitiré las arbitrariedades que brinda el juego.
Fracasa un modelo político, el parecer común es que todo va a ser devorado por el caos, pero surge el taita entre los olores de la niebla y la pólvora de un golpe militar. Es la señal, la encarnación de los nuevos tiempos. El dice haber nacido para asumir la misión de demoler a las cúpulas podridas de los partidos políticos, no hay tiempo que perder, la corrupción gangrena las extremidades de la patria. Seduce a los medios de comunicación, su carisma es incuestionable. Convoca el interés de los hombres de las finanzas, de empresarios que piensan que sería bueno encontrar derroteros inéditos, conmueve la sensibilidad de una sociedad civil apática y frívola y se gana, con su verbo redentor, a un pueblo resentido por prácticas excluyentes.

De teniente coronel y fracasado golpista deviene en exitoso candidato presidencial, rompe los esquemas, es un encantador de serpientes, un pedagogo. El gran comunicador llega al poder sobre los hombros del soberano.

Medios de comunicación, empresarios, excluidos, clase media, financistas, asisten entre la euforia y la esperanza, a su mesa. El taita arma la fiesta.

Casi por unanimidad se celebra un toque del Piquirico a los partidos políticos. Casi por unanimidad se celebra el desmontaje (Piquirico constituyente) del ancien régime, el salvador de la patria se relegitima y festeja su nueva constitución al golpe del Piquirico. Le ha tomado gusto al ritmo del joropo y lo convierte en música de fondo de una gesta inacabable y destructora de todas las instituciones republicanas. Le toca el Piquirico a los medios de comunicación, le toca el Piquirico a los empresarios, a los compañeros de armas que una vez lo acompañaron en su aventura golpista, a los aliados políticos. Le toca el Piquirico a los sindicatos, a las gobernaciones y alcaldías, a la clase media, a las organizaciones civiles, a los educadores, a los militares. Hace tocar a ritmo redoblado el joropo levantisco a los trabajadores de la empresa petrolera.

Todo el pueblo baila al ritmo del Piquirico: violencia e inseguridad, economía informal, desempleo, caída del poder adquisitivo, quiebra de los hospitales, pérdida de seguridad social, aumento significativo de la pobreza. Y ahora, se escuchan las notas del Piquirico en los articulados de la constitución que una vez creyó hecha a su medida..El taita organiza a sus falanges de lanceros, endurece el verbo y engorda la retórica revolucionaria. Es una brizna de paja, pura paja, en el viento.
El caudillo ha quedado solo. Pero aun se reserva un espectáculo macabro: pretende poner a los hermanos frente a los ojos del mundo a ejecutar, asumiendo el rol de toro y matador, una siniestra fiesta brava.

viernes, abril 13, 2007

Estudiantes de UCAB de Guayana ponen límite al totalitarismo

"Comunicado de los estudiantes de comunicación social de la UCAB Guayana en razón de las represiones contra la libertad de expresión y el ejercicio libre del periodismo, a propósito de la detención de Carlos Gómez, estudiante del 10º semestre de Periodismo." *

(La necesidad manifestada por los estudiantes de comunicación social de la UCAB Guayana y su compromiso para contener (detener) a las insanas emanaciones hegemónicas del proceso totalitario, son un insentivo, un reclamo, una exigencia para que cada quién, desde su entorno, ponga límites al totalitarismo.)


I




II




*Cortesía de Nelketa

jueves, abril 12, 2007

La hegemonía revolucionaria y la verdad oficial.

"La cosa estaba más confirmada que desmentido oficial"
Julio Cortazar

William Izarra lo afirmaba en serio, es un hombre a quien hay que creerle. La prioridad de la revolución es tener la hegemonía de los medios. Asaltar el poder es asaltar los medios. Ayer 11 de abril, pudimos probar mucho del brebaje. Por ejemplo, en los canales del Estado, los que ha comprado y de los que se ha apropiado, sólo se habló desde un punto de vista: la verdad oficial. Tergiversaron los hechos a su gusto, e incluso en la prensa escrita, fue muy poco lo que se pudo encontrar, en comparación a otros años, sobre otros puntos de vista. Volvemos sobre Cien años de Soledad. Acá no hubo muertos. El 11 no hubo renuncia. A pesar de la exigencia de renuncia registrada universalemnte por los medios y transmitida al país por el entonces comandante del Estado Mayor, un hombre leal a Hugo El Eterno, no hubo exigencia de renuncia, sino un golpe de Estado. El acto sangriento de febrero del 92 no fue un golpe de Estado, fue una rebelión que expresaba el sentimiento del pueblo, en cambio, según los voceros de la hegemonía revolucionaria, la negativa del ejército a salir a aplicar el plan Ávila en abril del 2002, o sea, a masacrar a una manifestación popular, multitudinaria y desarmada, fue un acto de alta traición a Hugo, El Eterno.
-Sí hubo muertos y hay impunidad-, decían los voceros de El Eterno en los canales de televisión, y si hay impunidad es porque no se ha castigado de manera satisfactoria a la policía al servicio del imperio y de la oposición cipaya, no se les ha condenado por los tres muertos que se les imputan, los únicos que interesan, los únicos que murieron aquel día. Paradójicamente, los únicos muertos que existen, son los muertos que contabiliza la verdad del imponderable. Los otros dieciséis no fueron. No espere justicia quien no es. Ustedes pueden ver al relator, en cadena de radio y televisión, rehacer la historia.

A pesar de que existe una gruesa documentación sobre los sucesos, a pesar de que hay fotos y videos en los que se precisan a más de 90 pistoleros disparando contra una manifestación desarmada, ante la impavidez y complicidad de la Guardia Nacional que sólo actuó para proteger a los pistoleros y hacer atinados disparos al aire de los pulmones de uno que otro desmedido opositor, a pesar de los los exordios de diputados, funcionarios del tren ejecutivo y alcaldes para que se derramase sangre, para que se bajase de los cerros con palos y cuchillos y con pistolas a liquidar a la contrarrevolución que marchaba hacia el Palacio de Gobierno, a pesar de testimonios, de argumentos sustentados, los repetidores del Magnífico reiteran: eso no ocurrió.
-Se necesita una comisión que esclarezca aún más los hechos- dice el diputado Luis Tascón. Una comisión leal a la revolución que confirme sus hechos, que fortalezca la verdad oficial, porque con la verdad oficial fortalecida, ellos podrán continuar su implacable persecución y venganza en contra de aquellos que se atrevieron a exigirle la renuncia al Eterno.
La revolución no descansa, no reposa, no cesa, perseguirá y castigará a sus detractores por siempre. La verdad oficial es el Dios de la Venganza. El día de ayer estuvo lleno de su bulla, de distorsiones. Al principio dijeron que celebraban, luego corrigieron, conmemoraban a los pistoleros de puente Llaguno, que según la verdad impartida por la hegemonía mediática del Eterno, son héroes que se defendían de la agresión oligárquica de un millón de personas.

Y no cesan de humillar. Los canales de televisión y las radios aun independientes de los designios del Inefable, fueron asaltadas por la cadena Presidencial, por la voz del Eterno mismo quien repitió, una y cien veces, no sólo sus mentiras, sino sus amenazas; exhibió el músculo de su ira, la promesa de castigo y de su mandato para siempre jamás. Humilló de nuevo a quienes marcharon el 11 de abril, los descalificó, recurrió a la sapiencia del loquero vicepresidente, para diagnosticar locura a los manifestantes: los puso fuera: ellos no murieron, enloquecieron. No hubo muertos, los muertos sólo pueden ser de nosotros, los muertos son revolucionarios, los demás no fueron, no son ni serán. Continúa su venganza, su maquinaria demoledora de cualquier otra verdad que no sea la verdad Eterna consustanciada con el Eterno.

Sin embargo, ayer, quienes a pesar de las listas del miedo implementadas por el cínico diputado Tascón, de la inseguridad, de las consecuencias posibles y reales que padece quien se opone al criterio oficial, salió la gente, poca, no fueron muchos, los necesarios, para manifestar su dolor, exponer su punto de vista documentado y sobre todo para exigir justicia, no venganza – acto que envilece- y perseverar, a pesar del tsunami oportunista y de las diversas miradas de la coacción, para que se establezca la verdad: no la del Eterno y su fiscal, ni la de la oposición. Sólo la verdad avalada por una comisión imparcial.

Verdad, no propaganda. Respeto y memoria, no tergiversación y descalificación. Será un tránsito accidentado, no fácil, pero la verdad oficial, un día se vendrá abajo como el maquillaje maloliente de un rey sifilítico y mostrará sus chancros.
Según el Eclesiastés no hay nada Eterno bajo el sol

Hugo, el Eterno, es empeñoso y lo niega. Sus loritos hegemones asaltan los medios y al temor humano y repiten, después de un 11 viene el 13. Yo les recomendaría darse una vuelta por esta aseveración tomada al azar: a la verdad fraudulenta del dictador Marcos Pérez Jiménez y a las artimañas de Laureano Vallenilla les amaneció un primero de enero, y luego un veintitrés.
Qué se le va a hacer, se mancharon las manos de sangre, al lavárselas las verán siempre, como las miraron aquella madrugada del 4 de febrero del 92 y se las han venido viendo desde entonces, tal como recuerda el ministro comisario aquel: rojas rojitas.

miércoles, abril 11, 2007

11-4-2007

"Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.
Ata duro a este hombre: no le atarás el alma."

Miguel Hernández






Víctimas del 11 A ( Justicia quiere el hombre justo, venganza el hombre vil, la verdad sólo es patrimonio de la verdad)



Hay quienes luchan toda la vida (...) en el acto de conmemoración de la gran marcha del 11 de abril del 2002 y de la cobarde emboscada, hubiese querido ver algunas caras, muchas de ellas, que entusiastas, en los momentos en los que asomaba el triunfo político, se disputaban el protagonismo y las tarimas. Son hoy las mismas que aconsejan prudencia y se rasgan las vestiduras al proclamar la defensa de los espacios. Sus espacios. Sus reconciliaciones. sus convivencias. ¿Impunidad? ¿Mentira? ...¿Dónde?


Capriles Radonski ¿ Con quién estás tu compañero? ¿Por qué tus funcionarios borran prestos los grafitis comemorativos al 11 A? ¿Acaso temes otra retaliación de los ocupacionistas cubanos?



Al pie del sultán enamorado.

Memoria individual: memoria colectiva






Verdad oficial

Estuve allí, delante mío cayó Malvina Pesate como si hubiese recibido una pedrada en el rostro; estaba herida. Una bala entró por su pómulo y se alojó cerca de la columna; Tuvo suerte, no murió ese día. Estuve allí, y desde la esquina de Korda Modas vi a la gente replegarse y a unos hombres de civil disparar sus armas, bajaban como batallones desde puente Llaguno; mi hermano tuvo que meterse debajo de un kiosco de periódicos, otros buscaron, inútilmente, refugio en el marco de los negocios cerrados, juntaron sus cuerpos contra las santamarías. ¡Están disparando cerca del Fermín Toro! se escuchó gritar; la Guardia Nacional vaciaba las cacerinas de sus pistolas y de sus fales ¡hay francotiradores que hacen muertos de lado y lado! se decía. Estuve allí. Asumo aquel día, es mi nombre, mi apellido. Nadie jugará con mi memoria, no permitiré que me confundan. Salimos la mañana del 11 abril del 2002 con el propósito de llegar al palacio de gobierno, una marcha de cientos de miles, una marcha parecida a la que procuró la renuncia del presidente argentino de La Rùa, es verdad, íbamos pidiendo la renuncia de Hugo Chávez, sin armas, íbamos pidiendo su renuncia y fuimos emboscados. Hoy, a cinco años de los hechos, no hay condena, nadie paga, pareciera que el Estado "revolucionario" y cierta oposición se hubiesen propuesto forzar la desmemoria, la distorsión, la apatía, el olvido. Para algunos, el gobierno consolidado sobre eventos criminales, es legítimo. Y negocian con la memoria y hablan de legalidad, de logros parciales del proceso, se alínean y conviven, dicen que ven las cosas en perspectiva. Ceden al chantaje, al músculo poderoso, sedicioso, proxeneta y corruptor de “El proceso”. Estuve allí, y conmigo cientos de miles, nosotros sabemos qué pasó ese día, y nos tomamos en serio la consigna Prohibido Olvidar. La impunidad no pacifica ni a las conciencias ni a las sociedades. La impunidad fractura y vuelve remota cualquier posibilidad de reconciliación. No puede haber reconciliación si no se promueve la verdad, no puede haber paz si pretendemos olvidar o banalizar los hechos. Sin una comisión independiente que busque establecer la verdad y sin tribunales que condenen a quienes invocaron sangre, a quienes dispararon y promovieron la emboscada del 11 de abril, continuará la herida franca, el dolor estoico, la necesidad imperiosa de justicia. Juegan con la dignidad de las personas aquellos que imponen y se hacen eco de la verdad oficial y convierten a los asesinos en héroes; aquellos que ven, en perspectiva, limpias de sangre las manos del déspota y hoy con osadía oportunista le celebran sus chistes, sus ocurrencias líricas, sus dotes de estratega. Han rendido su memoria. Estuve allí, Hugo Chávez, y junto a mi, cientos de miles. Cinco años después no olvidamos.



Verdad Oficial
(fragmento de Cien años de soledad)

Cuando José Arcadio Segundo despertó estaba bocarriba en las tinieblas. Se dio cuenta de que iba en un tren interminable y silencioso, y de que tenía el cabello apelmazado por la sangre seca y le dolían todos los huesos. Sintió un sueño insoportable. Dispuesto a dormir muchas horas, a salvo del terror y el horror, se acomodó del lado que menos le dolía, y solo entonces descubrió que estaba acostado sobre los muertos. No había un espacio libre en el vagón, salvo el corredor central. Debían de haber pasado varias horas después de la masacre, porque los cadáveres tenían la misma temperatura del yeso en otoño, y su misma consistencia de espuma petrificada, y quinies los habían puesto en el vagón tuvieron tiempo de arrumarlos en el orden y el sentido en que se transportaban los racimos de banano. Tratando de fugarse de la pesadilla, José Arcadio Segundo se arrastró de un vagón a otro, en la dirección en que avanzaba el tren, y en los relámpagos que estallaban por entre los listones de madera al pasar por los pueblos dormidos veía los muertos hombres, los muertos mujeres, los muertos niños, que iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo. Solamente reconoció a una mujer que vendía refrescos en la plaza y al coronel Gavilán, que todavía llevaba enrollado en la mano el cinturón con l hebilla de plata moreliana con que trató de abrirse camino a través del pánico. Cuando llegó al primer vagón dio un salto en la oscuridad, y se quedó tendido en la zanja hasta que el tren acabó de pasar. Era el mas largo que había visto nunca, con casi doscientos vagones de carga, y una locomotora en cada extremo y una tercera en el centro. No llevaba ninguna luz, ni siquiera las rojas y verdes lámparas de posición, y se deslizaba a una velocidad nocturna y sigilosa. Encima de los vagones se veían los bultos oscuros de los soldados con las ametralladoras emplazadas.
Después de medianoche se precipitó un aguacero torrencial. José Arcadio Segundo ignoraba dónde había saltado, pero sabía que caminando en sentido contrario al del tren llegaría a Macondo. Al cabo de más de tres horas de marcha, empapado hasta los huesos, con un dolor de cabeza terrible, divisó las primeras casas a la luz del amanecer. Atraído por el olor del café, entró en una cocina donde una mujer con un niño en brazos estaba inclinada sobre el fogón.
- Buenos - dijo exhausto -. Soy José Arcadio Segundo Buendía.
Pronunció el nombre completo, letra por letra, para convencerse de que estaba vivo. Hizo bien, porque la mujer había pensado que era una aparición al ver en la puerta la figura escuálida, sombría, con la cabeza y la ropa sucias de sangre, y tocada por la solemnidad de la muerte. Lo conocía. Llevó una manta para que se arropara mientras se secaba la ropa en el fogón, le calentó agua para que se lavara la herida que era sólo un desgarramiento de la piel, y le dio un pañ limpio para que se vendara la cabeza. Luego le sirvió un pocillo de café, sin azúcar, como le habían dicho que lo tomaban los Buendía, y abrió la ropa cerca del fuego.
José Arcadio Segundo no habló mientras no terminó de tomar el café.
- Debían ser como tres mil - murmuró.
- Que?
- Los muertos - aclaró él-. Debían ser todos los que estaban en la estación.
La mujer lo midió con una mirada de lástima. "Aquí no ha habido muertos - dijo -. Desde los tiempos de tu tío, el coronel no ha pasado nada en Macondo." En tres cocinas donde se detuvo José Arcadio Segundo antes de llegar a la casa le dijeron lo mismo: "No hubo muertos." Pasó por la plazoleta de la estación, y vio las mesas de fritangas amontanadas una encima de otra, y tampoco allí encontró rastro alguno de la masacre. Las calles estaban desiertas bajo la lluvia tenaz y las casas cerradas, sin vertigios de vida interior. La única noticia humana era el primer toque para misa.

jueves, marzo 22, 2007

Bolívar The Liberator ( El retorno del Jedi)

Simón Bolívar y Antonio José de Sucre: la creación de Bolivia; visto y actuado por un reparto de pequeños dramaturgos que se forma en una escuela independiente de los lineamientos políticos e ideológicos del Estado:


Hoy, si estuviese en otras condiciones, hubiese tenido la oportunidad de ir a ver una representación dramatizada que hace mi sobrino junto a sus compañeros de clase sobre la creación de Bolivia. Tomo sólo unos fragmentos que me han dado luz; ahora entiendo con más claridad el por qué de la internacionalización de la revolución bolivariana y la urgencia que tiene el gobierno del teniente coronel por ideologizar y confiscar para el Estado la educación de sus ciudadanos:


La creación de Bolivia

Algún ciudadano que camina por las calles de La Paz (Alto Perú):
“Bolivia nació en medio de una agria disputa entre Simón Bolívar y José Antonio Sucre El nacimiento de Bolivia ocurrió, entre otras cosas, porque Sucre fue capaz de defender sus criterios y puntos de vistas, haciéndolos valer frente a las disposiciones y designios del Libertador Simón Bolívar. "

Simón Bolívar: Excelentísimo Mariscal Sucre, le encomiendo la tarea de pacificar el alto Perú, incluidas sus provincias La Paz, Chuquisaca, Cochabamba, Oruro, Santa Cruz … y además tener a vuestro bien decidir el destino de dichas provincias, oprimidas bajo el dominio de la monarquía española y también bajo las demandas del gobierno de Río de la Plata.

Sucre: Mi general, usted debe entender por qué no es tan sencillo cumplir esta misión, pues según el “utis pussidetis” las provincias del Alto Perú forman parte de Río de la Plata, debido a que esto habían estado antiguamente bajo la administración de este virreinato.

Simón Bolívar: Sucre le ordeno liberar El Alto Perú de la dominación española, e inmediatamente garantizar la sujeción e incorporación a las órdenes del gobierno que presido en El Perú.


II

Casimiro Olañeta (abogado de Chuquiscalla y El Mariscal Sucre se reúnen a tomer té y a hablar sobre los acontecimientos que ocurren el 9 de febrero de 1825): Mariscal Sucre, debemos convocar de inmediato a todas las provincias altoperuanas para reunirnos en un congreso, y de tal manera poder decidir el glorioso destino de la nación.
Antonio José de Sucre: mi estimado Casimiro, debemos hacerlo lo más pronto posible.

Se convoca el congreso, estando presentes Casimiro Olañeta y José Antonio Sucre. El Mariscal Sucre lee un documento donde se sanciona el reglamento que regirá el proceso eleccionario. El documento establece lo siguiente: “Señores miembros presentes del congreso del Alto Perú, declaro solemnemente la posesión autónoma de ejercer sus derechos en forma libre a las provincias altoperuanas, para que, libres de la opresión española, ejerzan a plenitud su soberanía y organicen su propio gobierno. El ejercito libertador que presido en nombre de mi general en jefe, Simón Bolívar, no está aquí para gobernar El Alto Perú, nuestro único propósito es garantizar el orden y evitar la anarquía durante la realización de las elecciones y mientras se reúne la asamblea, única instancia legítimamente autorizada para resolver el destino y organización de las provincias altoperuanas. También os digo que el ejercito libertador estará aquí hasta que el gobierno del Alto Perú, a través del congreso, discuta y acuerde el trato y relaciones que mantendrá con la provincias altoperuanas. Mientras tanto, el ejército Libertador permanecerá aquí comprometiéndose a respetar las decisiones que tome la asamblea.”

Autoridad de Río de la Plata dice: En nombre de la máxima autoridad que me confiere el gobierno de Río de la Plata, se decreta lo siguiente: “Aceptamos que sean los representantes del Alto Perú legítimamente electos, quienes reunidos en Asamblea resuelvan lo más conveniente para su felicidad. Sin embargo, dejamos saber a los representantes del Alto Perú, que tienen la oportunidad de incorporarse al Congreso General de las Provincias Unidas de El Río de la Plata.”
Simón Bolívar ( Libertador de Colombia y dictador del Perú, reacciona visiblemente molesto y manifiesta su desacuerdo con las iniciativas de El Mariscal Sucre y le escribe una carta, fechada el 21 de febrero de 1825)
“Usted no tiene que hacer sino lo que yo le ordeno. Usted está a mis órdenes con el ejército que manda. Usted tiene una moderación muy rara. No quiere ejercer la autoridad de general que le corresponde, ejerciendo de hecho el mando del país que sus tropas ocupan, y quiere sin embargo, decidir una operación que es legislativa. Yo sentiría mucho que la comparación fuese odiosa, pero se parece a lo de San Martín en el Perú. Le parecía muy fuerte la autoridad de general Libertador; y por lo mismo se metió a dar un estatuto provisorio, para lo cual no tenía autoridad. Le diré a usted, con la franqueza que usted deberá perdonarme, que usted tiene la manía de la delicadeza. Entienda Mariscal, que se trata de ocupar militarmente al país y esperar órdenes del gobierno. No tiene ninguna otra atribución, mucho menos disponer la convocatoria y otorgarle a los altoperuanos, el derecho a elegir su destino. Esta es una decisión que le corresponde únicamente al congreso del Perú, instancia responsable de resolver lo más conveniente para estos territorios”

Sucre ( No esconde su sorpresa y malestar cuando recibe la carta y en respuesta con fecha del 4 de abril de 1825, el mariscal no se desentiende de su condición de subordinado, sin embargo argumenta y defiende sus motivaciones) “Yo, mi general, en todo momento me he guiado por obedecer y seguir al genio que ha tomado a su cargo nuestra redención…mi determinación ha estado inspirada en la firme resolución de no presentarme a aquellas provincias con un aire aborrecible, sino más bien, hacerlo por el camino más noble y generoso, que fue convocar una asamblea general de las provincias altoperuana”

Simón Bolívar Resuelve el impasse con otro decreto firmado el 16 de mayo de 1825, en su condición de Libertador y presidente de la república de Colombia, Libertador de El Perú y encargado del supremo mando de éste país): Mariscal sucre, acepto la convocatoria de la asamblea en los términos resueltos por Usted. Sin Embargo, sus deliberaciones no recibirán ninguna sanción hasta tanto no se reúna el congreso del Perú. Mientras tanto, las provincias altoperuanas estarán bajo su mando, y no reconocerán a otra autoridad que la del gobierno del Perú.

sábado, marzo 17, 2007

El cheque y el Bolívar fuerte, caminan por la américa latina



Bolívar nos dejó un legado a los venezolanos: hacer la patria grande. un legado mesiánico y expansionista; conquistar con la capa y la espada a la américa hispana para darle "la libertad" a sus pueblos. Bolívar, estudiado a la luz de la ortodoxia marxista no puede ser visto sino como un césar, un señorito napoleón hijo de la oligarquía del cacao de una de las colonias menos favorecidas y más prepotentes de aquella España, un hombre que antepuso su gloria a la gloria de los pueblos; el individualista, el romántico, el déspota.
El teniente coronel del siglo XXI se hace del legado de Bolivar y vuelve sobre la tradición caudillesca a pensar en el imperio de los Incas, en la américa liberada por su ostentosa billetera; antes, los ejércitos libraban batallas y las campañas se hacían con divisiones y batallones; hoy, el glorioso ejército venezolano y su comandante en jefe entran a las ciudades al redoble del cheque extendido, al estallido de los obuses (barriles) petroleros, al sonido de la carga a deguello en las bancas donde compran deudas ajenas. Bolivar usó el caudal particular, su hacienda, para acometer las proezas de su voluntarismo mesiánico; Hugo Chávez (¿Dios sol? ¿Nuevo Inca?) le echa mano, sin consulta y sin pudor, a las arcas públicas de su país. El bolivarianismo, sometido a la consideración de cualquier estudio medianamente objetivo, no puede ser visto sino como mesianismo imperialista. El César conquistó a las galias, Bolívar al Perú.
Por eso, tanto a Bush como a Chávez, los asiste el derecho de sentirse hijos del Libertador

lunes, febrero 26, 2007

Se anunció nuevas leyes contra el acaparamiento (sic)

«Vendrán nuevas leyes y normativas para combatir el acaparamiento en el país».
abn


Espero que la oposición, que eres tu; el ciudadano rebasado en sus límites por el poder cenagoso e infecto del teniente coronel presidente vitalicio el rey, contemple leyes implacables en contra del acaparamiento de la voluntad, de los espacios y del poder: es una conducta de los regimenes totalitarios en la cual determina, su refundador, que el modelo totalitario del siglo XXI es igualito al modelo totalitario del siglo XX, y “que debemos desmontar combatiendo a quien utiliza esta práctica perversa”

jueves, febrero 22, 2007

Sonidos de la furia

A mi hermana Lucía, por ser tan bella y valiente.

Siempre le he tenido aprehensión a las alcabalas; tenía temor a cruzar el túnel de La Planicie porque allí en todo momento estaban pidiendo papeles; me daba culillo pasar el puesto de control de la carretera Los Teques Tejerías, allí se las arreglaban para bajarme un rato y denostar un poco; ha transcurrido el tiempo, envejezco y aún siento con malestar cómo se dispara mi adrenalina en esos lugares donde el poder se suele expresar con las diversas muecas de la humillación.



La semana anterior crucé una alcabala, estaban unos oficiales de tránsito terrestre y la Guardia Nacional en el puesto de Luís Hurtado, en la carretera vía a El Junquito. Mi primer impulso fue el de orillarme a coger aire, respirar, dar vuelta; allí estaban ellos, han cambiado los Fal por los Kalisnikov, pero no así la expresión carroñera. Hice un inventario: licencia, sí. Papeles del carro, sí. Cédula, sí. Certificado médico, vencido. Ah vaina, los vi con detenimiento, estaban haciendo circular la pequeña cola que se formaba frente a ellos, repartían algo; pensé: son unos panfletos: ponte el cinturón de seguridad, si conduces no bebas o amárrate a la vida; una campaña para prevenir accidentes; no me detendrían ni se les ocurriría constatar la fecha de vencimiento de mi certificado médico; a cambio, tomaría el panfleto educativo y continuaría mi plan de hacer la ruta de El Jarillo. Bajé el vidrio, extendí la mano y por reflejo la retiré, era un absurdo, estos guardianes de la carretera regalaban unos CDs muy rojos, en la cubierta resaltaba el torso inmenso y sonriente del rey y teniente coronel Hugo Chávez junto a la figura aperada del alcalde Barreto: “Sonidos de Caracas”. En otra circunstancia hubiese cabido la expresión, música para mis oídos; no pasa nada. Devolví el disco y el oficial lo lanzó de vuelta y con violencia al interior de mi auto, tuve reflejos y esquivé el roce cortante del regalo impuesto, pensé en contradevolverlo, en tirarlo más adelante, en deshacerme de él, retomar mis conductas díscolas y mear la mala prosa de Juan Barreto en donde pretende explicar las virtudes del socialismo del siglo veintiuno, cagarme en la cara de los símbolos del totalitarismo, llámense Bolívar, Chávez, Guaicaipuro o la mata que le da el nombre a mi ciudad; entonces, comprendí que debía sacar provecho, comunicar, mostrar la evidencia de cómo se pretende invadir no sólo las tierras y los bienes particulares, los espacios públicos, sino la intimidad y el espíritu del hombre: no habrá lugar donde no llegue, pretende decirnos el monigote autoritario de la carátula del CD; No habrá lugar en el que no me abrogue la representación de tu voluntad, ella será expresada por mi presencia sistémica; tu voz es mi voz y mi voz la voz del pueblo. El pueblo está en todas partes, mi voz es la voz del pueblo. Mi voz es la voz del pueblo. Mi voz es la voz del pueblo. Mi vos sos vos. Mi cuatrito y vos. Mi voz. Mi voz. Vos.

Eco. Asco eco. Náusea.








Al carajo, se me fue el día por un sumidero, no supe imponer mi montura a los caballos que cabalgué y apenas si me recreó el vuelo de los parapentes. Ni en el galope ni en el vuelo sentí lo que le es inherente al acto: una sensación inaudita de expansión vital. La estética revolucionaria me había emponzoñado el espíritu. Recuerdo que hace tiempo Zitarrosa o Viglietti, o ambos, cantaban “a desalambrar” y muchos ingenuos queríamos tomar las primeras cizallas redentoras. Hoy he decidido levantar verjas, sembrar avenidas de árboles y setos y pintar en las paredes una consigna paradójica y sencilla: POR TU LIBERTAD PONLE LÍMITE AL TOTALITARISMO. No sé si para los efectos prácticos sirva de algo, pero dará a mi espíritu una satisfacción necesaria, porque al recibir en mi cara y ante mi familia el roce de la portadilla del CD me dieron con un guante. Acepto el reto, pero yo escojo las armas. He comprendido que mi rebelión no sólo es política o ética. Mi rebelión es estética.

Y coño, no me pidan que no hable de política y que haga mi disenso inteligente y divertido .

miércoles, febrero 21, 2007

Una píldora de concreto para la indigestión totalitaria


Un intercambio de cartas virtuales con José Sánchez Lecuna, me ha colocado de nuevo frente al exilio, he visto al mundo tal cual es y me ha disgustado, qué pretensión; pero me ha disgustado aún más haber perdido, en algún momento de la vida, una cotidiana relación con Albert Camus. Me ha disgustado no haber establecido las correlaciones pertinentes y la constatación de lo que ya señalaba el autor de El exilio y el Reino desde la primera mitad del siglo pasado: un mundo descalabrado por la fealdad de la razón histórica y del totalitarismo visible en el irrespeto a los límites y en su búsqueda de la utopía, justificación final de sus desmesuras.


He vuelto sobre mi biblioteca y he sacado los dos grandes tomos del “pie negro”; pienso sumergirme en ellos e ir al reencuentro de los valores que “para los griegos eran preexistentes a toda acción cuyos límites marcaban las maneras precisas” y que el mundo o “la filosofía moderna colocan los valores al final de la acción, que no existen sino que llegan a ser, y no los conoceremos sino al final de la Historia”. Intentaré entender junto a Heráclito, que la desmesura es un incendio y que el incendio aumenta; y que estamos al comienzo de la distopía, del horror, del 1984 de Orwell y es de carne y hueso, se están tomando los cielos por asalto y las furias se han desatado; ellas “sabrán” poner en evidencia la regresión del progreso.

A continuación coloco, y por completo El exilio de Helena:


“El exilio de Helena” de El verano (Albert Camus, 1948) *

El Mediterráneo tiene un sentido trágico solar, que no es el mismo que el de las brumas. Ciertos atardeceres-- en el mar, al pie de las montañas--, cae la noche sobre la curva perfecta de una pequeña bahía y, desde las aguas silenciosas, sube entonces una plenitud angustiada. En esos lugares se puede comprender que si los griegos han tocado la desesperación ha sido siempre a través de la belleza y de lo que ésta tiene de opresivo. En esa dorada desdicha culmina la tragedia. Nuestra época, por el contrario, ha alimentado su desesperación en la fealdad y en las convulsiones. Y por esa razón, Europa sería innoble, si el dolor pudiera serlo alguna vez.

Nosotros hemos exiliado la belleza; los griegos tomaron las armas por ella. Primera diferencia, pero que viene de lejos. El pensamiento griego se ha resguardado siempre en la idea de límite. No ha llevado nada hasta el final --ni lo sagrado ni la razón--, porque no ha negado nada: ni lo sagrado, ni la razón. Lo ha repartido todo, equilibrando la sombra con la luz. Por el contrario, nuestra Europa, lanzada a la conquista de la totalidad, es hija de la desmesura. Niega la belleza, del mismo modo que niega todo lo que no exalta. Y, aunque de diferentes maneras, no exalta más que una sola cosa: el futuro imperio de la razón. En su locura, hace retroceder los límites eternos y, enseguida, oscuras Erinias se abaten sobre ella y la desgarran. Diosa de la mesura, no de la venganza, Némesis vigila. Todos cuantos traspasan el límite reciben su despiadado castigo.

Los griegos, que se interrogaron durante siglos acerca de lo justo, no podrían entender nada de nuestra idea de la justicia. Para ellos, la equidad suponía un límite, mientras que nuestro continente se convulsiona en busca de una justicia que pretende total. Ya en la aurora del pensamiento griego, Heráclito imaginaba que la justicia pone límites al propio universo físico. "El sol no rebasará sus límites, y si lo hace, las Erinias, defensoras de la justicia, darán con él." Nosotros, que hemos desorbitado el universo y el espíritu, nos reímos de esa amenaza. Encendemos en un cielo ebrio los soles que queremos. Pero eso no impide que los límites existan y que nosotros lo sepamos. En nuestros más locos extravíos, soñamos con un equilibrio que hemos dejado atrás y que ingenuamente creemos que volveremos a encontrar al final de nuestros errores. Presunción infantil y que justifica que pueblos niños, herederos de nuestras locuras, conduzcan hoy en día nuestra historia.

Un fragmento, también atribuido a Heráclito, enuncia simplemente: "Presunción, regresión del progreso". Y muchos siglos después, del efesio, Sócrates, ante la amenaza de una condena a muerte, no reconocía más superioridad que ésta: lo que ignoraba, no creía saberlo. La vida y el pensamiento más ejemplares de estos siglos concluyen con una orgullosa confesión de ignorancia. Olvidando eso, hemos olvidado nuestra nobleza. Hemos preferido el poderío que remeda la grandeza: primero, Alejandro, y después los conquistadores romanos que nuestros autores de manuales, por una incomparable bajeza de alma, nos enseñan a admirar. También nosotros hemos conquistado, hemos desplazado los límites, dominado el cielo y la tierra. Nuestra razón ha hecho el vacío. Y, al fin solos, concluimos nuestro imperio en un desierto. ¿Cómo poder imaginarnos, pues, ese equilibrio superior en el que la naturaleza mantenía la historia, la belleza, el bien, y que llevaba la música de los números hasta la tragedia de la sangre? Nosotros volvemos la espalda a la naturaleza, nos avergonzamos de la belleza. Nuestras miserables tragedias arrastran olor de oficina y la sangre que derraman tiene color de tinta de imprenta.

Por eso es indecoroso proclamar hoy que somos hijos de Grecia. A menos que seamos hijos renegados. Colocando la historia en el trono de Dios, avanzamos hacia la teocracia tal como hacían aquellos a quienes los griegos llamaban bárbaros y combatieron a muerte en las aguas de Salamina. Si se quiere captar bien la diferencia, hay que volverse hacia el filósofo de nuestro ámbito que es verdadero rival de Platón. "Solo la ciudad moderna --se atreve a escribir Hegel-- ofrece al espíritu el terreno en el que puede adquirir conciencia de sí mismo". Vivimos, así pues, en el tiempo de las grandes ciudades. Deliberadamente, el mundo ha sido amputado de aquello que constituye su permanencia: la naturaleza, el mar, la colina, la meditación de los atardeceres. Sólo hay conciencia en las calles, porque sólo en las calles hay historia, ése es el decreto. Y como consecuencia, nuestras obras más significativas dan fe de esa misma elección. Desde Dostoievski, buscar paisajes en la gran literatura europea es inútil. La historia no explica ni el universo natural que había antes de ella ni la belleza que está por encima de ella. Ha decidido ignorarlos.


Mientras que Platón lo contenía todo --el sinsentido, la razón y el mito--, nuestros filósofos no contienen más que el sinsentido o la razón, porque han cerrado los ojos al resto. El topo medita.
Fue el cristianismo el que empezó a sustituir la contemplación del mundo por la tragedia del alma. Pero al menos se refería a una naturaleza espiritual y, a través de ella, conservaba cierta seguridad. Muerto Dios, no quedan más que la historia y el poder. Desde hace mucho tiempo, todos los esfuerzos de nuestros filósofos no han ido dirigidos más que a reemplazar la noción de naturaleza humana por la de situación, y a la antigua armonía por el impulso desordenado del azar o el movimiento implacable de la razón. Mientras que los griegos marcaban a la voluntad los límites de la razón, nosotros hemos puesto, como broche, el impulso de la voluntad en el centro de la razón, que se ha vuelto asesina. Para los griegos, los valores eran preexistentes a toda acción, y marcaban, precisamente, sus límites. La filosofía moderna sitúa sus valores al final de la acción. No están, sino que se hacen, y no los conoceremos del todo más que cuando la historia concluya. Con ellos, desaparecen también los límites, y, como las concepciones difieren acerca de lo que habrán de ser aquellos, y como no hay lucha que, sin el freno de esos mismos valores, no se prolongue indefinidamente, hoy los mesianismos se enfrentan y sus clamores se funden con el choque de los imperios. Según Heráclito, la desmesura es un incendio. El incendio se extiende, Nietzsche ha sido superado. Europa no filosofa a martillazos, sino a cañonazos.

Sin embargo, la naturaleza está siempre ahí. Opone sus cielos tranquilos y sus razones a la locura de los hombres. Hasta que también el átomo se encienda y la historia concluya con el triunfo de la razón y la agonía de la especie. Pero los griegos nunca dijeron que el límite no pudiera franquearse. Dijeron que existía y que quien osaba franquearlo era castigado sin piedad. Nada en la historia de hoy puede contradecirlos.

Tanto el espíritu histórico como el artista quieren rehacer el mundo. Pero el artista, obligado por su naturaleza, conoce sus límites, cosa que el espíritu histórico desconoce. Por eso el fin de este último es la tiranía, mientras que la pasión del primero es la libertad. Todos cuantos luchan hoy por la libertad, combaten en último término por la belleza. No se trata, claro está, de defender la belleza por sí misma. La belleza no puede prescindir del hombre y no daremos a nuestro tiempo su grandeza y su serenidad más que siguiéndolo en su desdicha. Nunca más volveremos a ser solitarios. Pero igualmente cierto es que el hombre tampoco puede prescindir de la belleza, y eso es lo que nuestra época aparenta querer ignorar. Se tensa para alcanzar el absoluto y el imperio, quiere transfigurar el mundo antes de haberlo agotado, ordenarlo antes de haberlo comprendido. Diga lo que diga, deserta de este mundo. Ulises puede elegir con Calipso entre la inmortalidad y la tierra de la patria. Elige la tierra y, con ella, la muerte. Una grandeza tan sencilla nos resulta hoy ajena. Otros dirán que carecemos de humildad. Pero esa palabra, en cualquier caso, es ambigua. Semejantes a esos bufones de Dostoievski que se jactan de todo, suben a las estrellas y acaban por exhibir su miseria en el primer lugar público, a nosotros lo único que nos falta es ese orgullo del hombre que es observancia de sus límites, amor clarividente de su condición.


"Odio mi época", escribía antes de su muerte Saint-Exupéry, por razones que no están demasiado alejadas de las que he expuesto. Pero, por perturbador que sea ese grito viniendo precisamente de alguien como él --que amó a los hombres por lo que tienen de admirable--, no vamos a apropiárnoslo. Y, sin embargo, ¡qué tentador puede resultarnos, en ciertos momentos, darle la espalda a este mundo sombrío y descarnado! Pero esta época es la nuestra, y no podemos vivir odiándonos. Ha caído así de bajo tanto por el exceso de sus virtudes como por la grandeza de sus defectos. Lucharemos por aquella de sus virtudes que viene de antiguo. ¿Qué virtud? Los caballos de Patroclo lloran a su dueño muerto en la batalla. Todo se ha perdido. Pero se reanuda el combate, ahora con Aquiles, y la victoria llega al final, porque la amistad acaba de ser asesinada: la amistad es una virtud.

La ignorancia reconocida, el rechazo del fanatismo, los límites del mundo y del hombre, el rostro amado, la belleza en fin, tal es el terreno en el que volveremos a reunirnos con los griegos. En cierta manera, el sentido de la historia de mañana no es aquel que se cree. Está en la lucha entre la creación y la inquisición. Pese al precio que hayan de pagar los artistas por sus manos vacías, se puede esperar su victoria. Una vez más, la filosofía de las tinieblas se disparará por encima del mar destellante. ¡Oh pensamiento del Mediterráneo!¡La guerra de Troya se libra lejos de los campos de batalla! También esta vez los terribles muros de la ciudad moderna caerán para entregar, "alma serena como la calma de los mares", la belleza de Helena.





*Subrayados míos

Tercer día de Cuaresma

  Memento Mori Israel Centeno Si solo das cuenta del afán y los éxitos, darás cuenta del costo. No hay victoria sin precio, ni altar sin fue...