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martes, febrero 12, 2008

Febrero 14



¿Cuántos pétalos tiene una margarita? Ése era el tipo de pregunta que Dimas no formularía jamás, se acomodaba en el sillón de mimbre y miraba desde el corredor de la casa crecer la mala hierba en el solar. Solar, pensaba, y le sonreía al sueño, me gusta descubrirme en sueños, soñar que soy Dimas o Gilberto y que vivo en una casa abandonada en el campo, la casa de cuatro corredores largos, sombríos y húmedos, con naranjos y cerezos al frente y a los costados y un corral para animales al fondo. Muy típico, el verano o el invierno, el sueño y tú con el vuelo del vestido sincopando la danza de la desolación respondes, es como un trébol de cuatro hojas. A Virginia la hace feliz saber que Dimas o Gilberto han formulado la pregunta vedada, pero las margaritas tienen cinco o seis pétalos, se recuesta sobre la barandilla, pliega el torso de cara al abandono, las briznas hacen remolinos, las hojas secas y el polvo levantan el velo, ella sueña con la escena, el hombre sentado en un sillón de mimbre, en el corredor, cerca de una alberca donde chapotea un niño. ¿Es nuestro? En ese momento te despiertas, es tarde y tienes fuerza aún para acariciar una almohada, el silbido de la respiración crispa la media noche, Laura mira por la ventana. Si no me encontrase en esta situación, ambos estaríamos recostados sobre el marco, miraríamos las luces amarillas y muertas iluminar el trazo aceitoso de la avenida, escucharíamos los ruidos que van y vienen junto a los perros y los errabundos buscadores de aluminio y basura, fumaríamos o beberíamos algo, te comentaría el sueño, la casa de campo, la alberca, el niño y no podría decirte nada porque lo conozco, decirte es hablar de Gilberto y en tu estado sería una crueldad, hay cosas que se deben hacer. Nos pudimos ahorrar el amor y estos años si te hubieras atrevido a preguntar cuántos pétalos tiene una margarita.

miércoles, diciembre 05, 2007

Corrido nerudiano en Nuevo México



por santo domingo a xuan, sonia y vicente

El pueblo es frío como un hogar sin leño mojado y musgoso es el pueblo de heladas recientes el pueblo de las cuatro casas y una tienda fantasma donde un toro de carne avejentada pasea el ruedo de una iglesia con los cascos sobre el patio al rodeo y a medio camino de Santa Fe un joven grita al franquear al toro ya lo mide ya lo pesa y apenas lo toca con la palma de la mano el predicador y santo talla de madera más o menos dibuja verónicas al vuelo toro de cojones pequeños de verga lancinante en la herida tarde ¿y la verdad? Se escuchan los hierros sonar y las armas cargar y se escucha el solo de cuerdas o el cajón fúnebre de un bajo así toro recitan aquellos infames versos de Neruda en noches como esta la tuve entre mis brazos, la besé tantas veces bajo el cielo infinito tan solo tantas veces y luego el frío porque el viento pasa toro en el invierno más crudo del desierto allí trama algo ruin con los dedos mutilados de la hilandera de la historia señora puta esa la de los ausentes en el pueblo de amable saludo dos tres indios obesos viejos bienencarados juegan con sus piernas y tratan de dar patada a los bolos de las zarzas que cruzan las calles de tierra y se transforman en bolos nevados hasta que suenan las trompetas del invierno ido cómo se llamará el más gordo este señor de crines canas él contó de cómo se ceban a los cochinos a los forasteros y se adornan las columnatas de la iglesia de Palo Seco el dia del duelo si antes lo hubo lo habrá después dialéctica pura y una boda sumadas a dos muertes de perros tiesos y orillados sobre las grietas de las calzadas no son más porque las conté y son dos o tres las calzadas del pueblo ritual impecable frente a la plaza los de siempre sobre el mismo retrete enmierdecido no eran otros sino los cantaores del poema que entonan pensar que no la tengo pensar que la he perdido mi alma no se contenta con haberla perdido anda toro imbécil ve hijo de mil corridas y leches sacude ese cuerpo abotagado de testosteronas y haz relucir los cuernos y las paletas concebidas para las estocadas fatales que no son una sino las de siempre miles y la de siempre una la muerte más una dos el frío del pueblo triste suda cubierto por la helada sólo se suda esa calentura al fondo de un océano de arena allá donde crecen casinos al pie de grandes montañas y al fondo de otros tantos pueblos y estados. Una mujer en El Álamo, en Santa Fe o en la puta madre que la parió, ha encontrado a quien hacerle cuernitos con la mano, sonríe junto a su chivotoro expiatorio y se siente feliz. Estos serán los últimos versos que yo le escribo.

jueves, enero 18, 2007

En el centro de la tormenta/ La Vanguardia. Barcelona, España










El centro de la tormenta



Israel Centeno Iniciaciones PERIFÉRICA 96 PÁGINAS 11 EUROS



J. A. MASOLIVER RÓDENAS



Confieso que esta endogámica tendencia a limitar la literatura latinoamericana posterior al boom a una serie de nombres (Pitol, Piglia, Aira, Bolaño, Villoro, Fresán, Pauls, Bellatín y pocos más) empieza a resultarme tediosa si no irritante. Estas figuras centrales en ningún momento deben servirnos para ignorar la rica diversidad de propuestas que se da en toda América Latina. Hay que celebrar pues que el último premio Herralde nos haya descubierto a un novelista que goza de prestigio en Venezuela, Alberto Barrera Tyszka, y sobre todo hay que elogiar el papel que juegan las pequeñas editoriales a la hora de descubrir a escritores olvidados o desconocidos por nosotros. En muy poco espacio de tiempo la barcelonesa Candaya ha publicado tres escritores venezolanos, Ednodio Quintero, Victoria de Stefano y el poeta José Barroeta, así como al poeta mexicano Pedro Serrano, tarea ahora secundada por la cacereña Periférica, que se propone recuperar a autores "ya prestigiosos en sus países de origen, pero nunca publicados o distribuidos en España".

Prestigioso en su país lo es Israel Centeno (Caracas, 1958), editor, poeta y narrador contemporáneo de Barrera Tyszka y con el que parece compartir un principio estético: "Simbología es la cara opuesta a ideología". Lo que no implica ignorancia de la realidad venezolana. En 1996 aparecieron reunidas en un solo volumen dos novelas breves, Hilo de cometa y otras iniciaciones, que Periférica ha decidido publicar por separado. Iniciaciones representa así la iniciación a la vida, la educación sentimental que vive cada uno de los personajes de la novela, y también a la escritura oscura y a la vez transparente de Israel Centeno, del que seguirán otras obras suyas.

Oscuridad y transparencia que se da ya en la estructura de la novela. Nítidamente dividida en una serie de capítulos centrados en un personaje concreto, se va creando una compleja cadena de relaciones, de encuentros y desencuentros entre los protagonistas. Estamos en un mundo muy cerrado. Casi todo ocurre en "aquella casa", en un hato o hacienda del llano venezolano no especificado y dominado por la presencia de la quebrada, de "los días alucinados en la quebrada", donde parece reflejarse simbólicamente la intensa carga erótica que se vive en la casa. El propietario, el tío Ramón, representa "a las fuerzas oscuras del pueblo". Por eso se sentirá atraída por él Amelia, que vivió su infancia en la Caracas de los años cuarenta y pertenece a la elite intelectual conservadora enemiga del sufragio universal, la que condenó la caída del dictador Medina Angarita que llevó a la reformista Acción Democrática de Rómulo Betancourt al poder y ahora apoya a la junta que derrocó a Rómulo Gallegos.

Amelia, como tantos personajes de la novela, opta por huír de un país que le produce hastío y viaja a Europa. Tras una serie de experiencias, lectora de Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, decide regresar a Venezuela, pero no a Caracas sino "al centro de la tormenta", identificándose con la barbarie y oponiéndose a la civilización representada, en la novela de Gallegos, por Santos Luzardo. Por eso rechazará también al hermano de Ramón, Carlos, por el que al final se sentirá atraída. De esta unión nacerá Andrés. La hermana de Andrés, e hija legítima del matrimonio, se llamará, significativamente, Bárbara. Partiendo pues de la lucha entre civilización y barbarie, es decir, retomando la disyuntiva de Rómulo Gallegos, nos sumergimos en un mundo de una intensísima carga erótica marcada por la violencia, por el incesto, por las transgresiones sexuales y por las contradicciones en el terreno político y social y en la atracción o rechazo de Venezuela frente a Europa o de Caracas frente a la barbarie del llano, y por las de tipo moral. No hay elevación espiritual aquí, todo surge de las baudelairianas sentinas, pero sí hay una elevación simbólica, expresión de un mundo de fuerzas misteriosas e incontrolables, las de la tierra y las de la pasión.

Tercer día de Cuaresma

  Memento Mori Israel Centeno Si solo das cuenta del afán y los éxitos, darás cuenta del costo. No hay victoria sin precio, ni altar sin fue...