Fue al dispensador, arrojó el resto de su cena y lavó el plato.. Dejó caer el agua tibia sobre la losa y las manos. Recorrió con su lengua la parte inferior del labio dos veces, lamió la leche y los restos de una fresa deshidratada; sobre sí filtraba la luz fría en la cocina, se sintió parte de una naturaleza muerta; los pasos de la vecina, sin rostro, siempre agitada, bulliciosa, elocuente en el placer o el dolor; una queja, el gemido, la comunicación entre extraños por los ductos del aire, por las tuberías, los intersticios del edificio, un laberinto sin precisiones, un sueño en la realidad solitaria a mitad de la vida, en medio de la nada. Recobró el sentido de la soledad y volvió sobre la mesa de trabajo, comenzó a dibujar circunferencias y elípticas en torno a un punto, esta es la teoría del caos, gran asunto, pensó y recordó entonces uno de sus periplos, viajaba su primera madurez por esas calles bulliciosas de Caracas a finales del siglo pasado, había estado cenando carne blanca con aceite de oliva y pimentón y se daba besos con Luisiana, besos de aceite de oliva y pimentón morrón, desde otro lugar del trazo, en el tiempo, puede resultar asquerosamente excitante, la ignición necesaria para unas pajas sin culpas, pajas bestiales de adolescente en la segunda madurez, justo antes de dar la tercera vuelta al pliegue y hundirse desde atrás en el pelo de la mujer más flaca del mundo, en el hueso del perro maluco de la preciosa infiel de los martes; de eso va el tema, de volver sobre tí cuando quiera, por más que te vistas ya has sido – no has estado, has sido desnuda ante mí – es sencillo el asunto, gires de nuevo y caigas en cualquier punto, el calor, la carne que presiona, se contrae, aprieta, duele y da su golpe mortal; lo recuerda justo al tratar de no cruzar otra raya, manchar inútilmente el papel y sin embargo te ve a contra luz con toda el hambre de la tierra, tragando sables y escupiendo fuego, pasado el tiempo detiene su trabajo, comprende que hacer esa novela sobre ti no le costará mucho, rayar una y otra vez las pantallas, los lienzos, la arena; reencontrarse con el brillo de los ojos de Luisiana justo antes de ser penetrada, sentir su aura sobre el glande, la corona húmeda de la reina exangüe, ella quien se ha ido por nada a la nada hacia la esclavitud habitual, porque a pesar de toda su rebeldía seguirá en el puño, entre los dedos que sostienen el bolígrafo , obstinado por las torsiones del tiempo que no existe; Luisiana, donde permaneces atemorizada por las consecuencias de haber sostenido la mirada más allá del segundo necesario. Es hora de recoger el desorden, de buscar un lugar para estos diccionarios, ordenar los libros en la biblioteca, de retirarse porque en el trazo siguiente se escuchará el pistoletazo irresponsable y una bala cruzará dos o tres pisos y terminará encarnada en el espaldar de una cama ajena; se detendrá el juego hasta que se tienda y disponga de nuevo la mesa para trabajar en los tonos menos escandalosos de la historia, esos capítulos, los siguientes donde te conviertes en cautiva de aquel bonito señor.
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lunes, marzo 14, 2011
miércoles, octubre 13, 2010
En busqueda del tiempo corrido -esbozo
Me gustaría llevar un cuaderno de notas, la carrera es serena, sostengo el ritmo durante el recorrido, a nadie se le ocurre tomar notas mientras brinca brotes de raíces entre árboles o va a campo traviesa por esas pequeñas explanadas; el asunto es el cuento, la novela que escribo, la idea ronda en esos momentos que luego serán estos instantes frente al teclado y las ideas habrán perdido el esplendor de los follajes, el halago de la brisa rota por mi cuerpo y la luz, con ella vienen los mejores cuadros, las escenas perfectas y hasta el sonido de la voz del personaje; es un ejercicio, no he avanzado mucho, sé que me dice, cruza el canal y lo cruzo, y camino desde Gales hasta Londres, es necesario repite y sostengo la determinación, no debes repetirlo, estaré en Oxford Street para entonces y escucharemos los coros, tú en un lugar de la avenida y yo en el otro, confundido entre la multitud, haremos lo posible por reconocernos, sé que llevas el cabello corto y tienes facciones muy grandes, tu piel es blanca y los ojos tan negros como azules, volará entonces el cuervo y comenzará el juego, porque no serás la única entre la multitud, creo que le dije en una nota y se ofendió, ese es tu asunto, me responde, reconocerme y comprendo, ahora o después lo hice, la reconocería, no es un ejercicio literario, es una constatación de la fatalidad, lo haría en un erial de trigo, en un molino de centeno, la reconocería porque es imposible que no sepa cómo se han sembrado las pecas en su pecho, la reconocería por el olor a tabaco de los pantanos de Asia, claro que me atrevo, estoy a punto de hacerlo, de tomar el tren y cruzar a Dover ¿por qué tengo que ir caminando hasta Londres? El cuervo, es el misterio, el trato, el juego, cruzar la floresta de Adriano y conquistar el Támesis desde las tierras húmedas, tu cuerpo, luego pasado el ajetreo entre la multitud, las tímidas y osadas observaciones, tomo tu hombro, lo llevas desnudo en la noche de otoño, no podía ser otro el pomo nevado y hago que te des vuelta para confrontar tu boca, la misma de mis rebuscadas elaboraciones; es tu aliento, no podía ser otro te diré entonces, en el otro presente que tendremos para entregarnos los premios merecidos, prometidos o fatales, es una casa en el bloque norte cerca de un viejo cementerio, lejos de las vías de los trenes, del tráfico de los aviones, en ese lugar te despojarás del albornoz y veré el espejo de luna, la casa a donde he vuelto; las pisadas golpean la arena húmeda del circuito, es la última ronda al parque, me he lesionado un pie pero lo tengo todo resuelto.
domingo, octubre 03, 2010
Lola busca su tiempo perdido.
Fueron tiempos extraños, nadie puede decir con claridad, esto fue, esto ha sido, nadie puede hablar en torno al tema, fueron tiempos de búsqueda, le digo a Lola, ella sabe perfectamente el significado de tiempos de búsqueda, ella puede con eso, con mis tiempos de búsqueda, total ha perdido tanto como yo, le digo a Félix, y él hace la expresión de siempre, enarcar una de su cejas, es hora de pedir la otra, nos dejamos estar frente a la pulida barra del pub, los tiempos son otros, otra Era, el momento: le cuento sobre Lola, fue un malentendido, un juego de amor y confusión, no buscaba otra cosa, apartarte del mundo, estaba escribiendo el asunto para dejarte titilar en la pantalla, a la vez estaba en eso, escribiendo la historia del juego, llevé un registro de la aventura, la nuestra Lola, hice un detallado inventario y lo puse a un lado de la tabla, lo puedes leer cuando quieras, o cuando lo editen, es un libro e irá al cementerio con otros libros ¿has leído en el cementerio? Bajo un árbol enfermo, y sabemos de qué hablamos cuando decimos: se nos van los días, llega el otoño y vestimos como de invierno ¿me cuentas? No puedo contarte por mensajes de texto, hacerlo mínimo y nervioso, más nervioso, no puedo escribirte un correo electrónico y decirte, este es el cuento, está es la novela, y verás entonces, fuiste una mujer más libre, a pesar de todo, recuerdas, lo decías siempre, es a pesar de todo, esto, lo nuestro, lo tenemos en contra, no es la historia de amor bonita, el tiempo y las eras, estabas atada al mástil mayor, el que está entre tus piernas dijiste y me agarraste, dejabas tu mano correr sobre el pantalón o te lanzabas a morderlo ¿recuerdas? te ponías de esplada antes de perder la cabeza entre almohadas, levantabas las caderas, el culo y ordenabas, cógeme, lo arruinó la broma, le dije a Félix, no creo que pueda tomarme la cuarta pinta de Lager, no soy el de aquel tiempo, estoy completamente ebrio, el matrimonio, los hijos, la lealtad, vuelve a morder sobre el pantalón y a retar con sus pezones endurecidos¿crees que es broma? pregunta Lola, soy tan libre como tú, me reta y puedes poner cada una de estas cosas en tus cuadernos de anotaciones y convertirlas en libros, pon, Lola saliva cuando lo ve, pon la medida, sólo toda tu leche del mundo me hará feliz, dije atontada, entonces me bañaste la boca, con toda tu leche del mundo, dice, ponlo en docenas de libros que irán a los cementerios, se sentía valiente, los leeré en el banco, bajo el espino ¿cómo lo hacía? era una locura y le gustaba sentirse valeinte, con el coraje ¿y lo arruinaste por eso? Pregunta Félix, se enjuga los labios a pesar de toda la cerveza que nos hemos tomado, sigue con sed, lo arruine por los celos, el juego, celaba a Lola con la rabia mezquina de los enamorados y me inventé el juego del espejo y terminé perdiendo, el tiempo pasó y el cielo de invierno, el cielo despejado de invierno en Londres es azul profundo, no se parece a ningun otro en ninguna otra ciudad de la tierra, es un cielo de cierre y clausura luminosa, ha pasado tanto tiempo, ha pasado de todo, no recuerdo qué le dije a Félix entonces en el bar de Brixton, estaba muy ebrio, Lola, eras libre, en una ocasión preguntaste y no te quitaste el anillo para afirmarlo ¿ soy una mujer madura? No, contesté, no dejarás que lo haga ¿verdad? ¿No me entregarás al verdugo? vaya melodrama, eres presa, eres reo y debes ir como una loca por las calles, a millón sobre el auto, siempre me gustó correr, afirma, es diferente, ahora revientas el velocímetro por otras razones, de esto se trata la madurez, eres aquella mujer pasado el tiempo pero llevas las sortijas en los tobillos y en las muñecas ¿tiempo? Es muy frío este invierno, el primero de mi exilio, el cielo azul cae como una noche, telonero, telonero apenas oscurezca, se dejarán oír los búhos y le darás apertura al concierto.
jueves, septiembre 02, 2010
Las pajas de la señora de Tal - Proustíada
El gato saltó del muro colindante entre los edificios Las Vegas y Orinoco hacia la raíz del poste y de dos tres zarpazos cobró la vida de otro gato, pardo por la noche y pequeño por la edad. Eso fue lo que pensé, pardo por la noche: todos los gatos son pardos, y este gato que ha saltado es un pardo mayor muy hábil que no caza roedores, es un gato de casa, un gato castrado, de eso nos hemos ido enterando en el barrio, el gato pardo que ha dejado sembrada de cadáveres las aceras de la Avenida París, es un gordo y aburrido gato, el gato de la señora de Tal de Las Vegas, imagínate, me dijo Lola, ese gato maullador, pianista y hasta delicado en sus costumbres resultó ser Hannibal, ha limpiado toda la urbanización el maldito, luego vuelve a la casa de la señora de Tal y come gatarina, ronronea y se refriega entre las piernas de la dueña: vaya con el gato y la señora de Tal, es una mujer alta y madura, su pelo negro como el vuelo de un cuervo en una noche particular y presagiosa del bloque norte de Londres; una cuarentona divina la señora de Tal y sus vecinos, quienes la han espiado, la ven acariciarse sobre la Otomana, se acaricia con arte me dijo Beto, se acaricia con desprecio hacia quienes la miramos, se toma a sí misma con tanta ambición, si, ambición esa es la palabra, concluimos tras el ventanal de Beto, cuando la vimos tendida sobre la Otomana dejando correr sus dedos, arpistas, pianistas; tamborilera la señora de Tal, solitaria y con su gato ¿ y el señor de Tal? Es el comisario Tal, un criminalista conocido vale, es el hombre que está detrás del caso del asesinato de los indigentes, ah, ahora comprendo, ahora comprendo ¿Qué? ¿ la soledad de la señora de Tal y la costumbre de tocarse al aire frente al vecindario? No,no no, ululamos como Piorot o Fuché: las mañas del gato. Dijimos. O dije, no sé.
viernes, agosto 13, 2010
A Proust moment / Un instante Proust
A Proust moment
by Israel Centeno
Christiane was getting lost in the crowd, she crossed the Anatole France bridge with a book of leather cover, she wished start the walk since the dock where couples lie naked over towels in that particular summer afternoon, shameless North African men, smeared in oils, Asians and men from Normandy, Marcel, if you would’ve been here to see it, faggots over the piers wearing thongs, waxed, bronzed faggots given to the August sun, naked and you, in mascarade, condemned, hiding yourself from years ago, over the wheezing of the asthma you went to watch over the children’s brothel the loving cadence of the reversed, to make yourself feel less weird, how was it that you call yourself? Varied, reversed, different? Christiane stopped and tried to recreate Proust’s opinion of a house elegance “pink and elegant” in the coppery houses of the good times, the good times of the embarrassment, of the unbearable and sensual heat. Gabriel, she was thinking of Gabriel, in his imperfect body, full of scars, in the angel of her smile when she talked of a Sunday, people wait for Sundays as if he is going to actually raise from the dead, people wait for Sundays as a new start, housewives in captivity, company men in bondage, the working class, the academic in bondage and Gabriel, or the angel of Christiane, flew against the light over the summer sky, between the stained-glass windows and the gargoyles, under the high sun yet over the Sena river, he didn’t draw his trail, he didn’t draw sentimental waves over the river, he went to Paris to write about you, Marcel, about your concepts of beauty, those who were built in the Garden of the Plants, at your grandmother’s house, and in the guilty visits to the children’s brothel, Marcel and to forget Gabriel, to see him in the crowd, exposed to the times without strict morality or aesthetic concepts, steam times, of men holding hands , times without children , and those things Gabriel, without you, this August times of hot air with the Moor and the Turkish, the Algerian and the Teutonic, with the plastic glasses filled of fanta’s soda, times of the ending era, times of closure. Christiane kept the romantic idea about Paris, and that is why, despite of the electric sky of the end of the world, she walked with certain flirtation and showed her beauty carrying the old book under her arm, and waited, in spite of August’s drowsiness, for the cold and moist breeze, a little gust in the moment in which the sun turns the city into a lifeless monument, past Christiane, past Christiane, the different hour from all the others, different from Gabriel’s eagerly awaited Sundays, a new hour in which the old hours wouldn’t survive and the sense of life reveals itself in the honey bread that Marcel bought when he went to his grandmother’s house, for the way of San Agustín, after passing the School of Medicine.
Un instante Proust
Christiane se confundía entre la multitud, cruzaba el puente Anatole France con un libro empastado en cuero, deseaba hacer el camino desde los muelles donde las parejas se tienden desnudas sobre toallas en esa particular tarde de verano, hombres norafricanos impúdicos, embadurnados en aceites, asiáticos y hombres de Normandía, Marcel, si hubieses vivido para verlo, maricones sobre los embarcaderos con trajes de baños de pierna alta, depilados, broncíneos maricones dados al sol de agosto, desnudos y tu, enmascarado, condenado, a escondida hace tantos años, sobre los silbidos del asma ibas a observar en los parvularios las cadencias amorosas de los invertidos para sentirte menos raro ¿cómo te llamabas a ti mismo? ¿Variado, invertido, distinto? Se detenía Christiane y trataba de recrear el criterio de elegancia de Proust en las casas “elegantes y rosadas” en las casas cobrizas del buen tiempo, del tiempo de bochorno, del calor insoportable y sensual. Gabriel, pensaba en Gabriel, en su cuerpo imperfecto, lleno de cicatrices, en el ángel de su sonrisa cuando hablaba del domingo, la gente espera los domingos como si fuese a resucitar en verdad, la gente espera los domingos como un corte de cuenta, las amas de casa en cautiverio, los hombres de empresa en cautiverio, los obreros, los académicos en cautiverio y Gabriel o el ángel Christiane volaba a contraluz por el cielo de verano entre los vitrales y las gárgola, bajo el sol alto, aún sobre el Sena, no dibujaba su estela, ni hacía ondas sentimentales sobre el río, había ido a París a escribir sobre ti, Marcel, sobre tus conceptos de belleza, aquellos elaborados en El Jardín de las Plantas, la casa de tu abuela y las visitas culpables a los parvularios, Marcel y a olvidar a Gabriel, a verlo entre la multitud, expuesto a los tiempos sin conceptos estrictos de moralidad ni estética, tiempos de vapores, de hombres tomados de las manos, de mujeres tomadas de las manos, de hombres y mujeres tomados de la mano, tiempos sin niños, y esas cosas Gabriel, sin ti, estos tiempos de aire caliente de agosto con los moros y los turcos, los argelinos y los teutones, con las sodas de las fantas en los vasos de plásticos, tiempos del cierre de era, tiempos del cierre. Christiane conservaba la idea romántica de París, y por eso, a pesar del cielo eléctrico del fin del mundo, caminaba con cierta coquetería y exhibía su belleza portando el viejo libro bajo el brazo y esperaba a pesar del sopor de agosto, a la brisa fría y húmeda, una pequeña ráfaga en el instante en el que el sol convierte a la ciudad en un monumento exánime, pasado Christiane, pasado Christiane, la hora distinta a las demás, distinta a los domingos esperados de Gabriel, una hora nueva en la que no subsistiesen las horas antiguas y el sentido de la vida se revela entonces en el pan de miel que compraba Marcel cuando iba a la casa de su abuela, por los lados de San Agustín, luego de pasar La escuela de medicina.
jueves, agosto 12, 2010
Mcdonalds en París, pastiche/ Proustiada
Con qué naturalidad nacen esos primeros besos del amor, Cecil recordó haber leído ¿dónde exactamente? Por una de las entradas del metro de La Rue de la Convention se cuela esa ráfaga helada de mal humor, el silencio del recuerdo, es un descaro recordar ciertas cosas en París, un beso, recordar un beso en París es un tópico, parejas besándose y castaños, encinas, mierda con los castaños y las palomas en otoño: cada beso llama a otro beso. Recuerda la punta del labio recorrer los suyos, buscar los diminutos diamantes, los cristales de sal. Con qué naturalidad nacen los primeros besos del amor, es Proust, por mil demonios, Proust y las papas fritas, había leído a Proust, comido papas fritas y besado a un hombre tan mortal como cualquier Marcel, apretando los labios uno contra el otro, dejando el suficiente espacio para el juego ¿tocar o acariciarte arrebolado por las hojas de Convention, frente a la lavandería, blanca y solitaria, semejante a una morgue, una lluvia de besos a la intemperie, decía, Marcel o Proust, o Marcel Proust, con sabor a Kétchup, y cortar los besos que se dan en una hora como se cortan las flores de un campo del mes de mayo, demonios, me tiene cogida, entiéndelo, sí, en Convention, estos cristales de sodio en los labios, los restos de Kétchup, si hubiese comido una crepe de nutella, es lo adecuado para una chica como yo en París, lo ocurrente es venir de haber visto La Vida del Moises de Boticcceli y parar por una crepe; allí el destino: un Mcdonalds ¡Señorita, señorita, a usted le debe faltar un tornillo! Sí, el canto de la tuerca me falta, empezaba a entender, toda la inquietud viene del fondo de la dulzura, pasa la lengua y el diminuto cristal de sal se adhiere a ella, es el profundo dolor desde el fondo de la dulzura, o aquel te amo dicho por encargo y a través del señor del aparcadero, todo eso lo haré en París o en Caracas como un fragmento de la Séfora de Botticceli, de este Sandro di Marino, Swan, Botticelli. Recuerdo la hora exhausta, la hora del hambre, la hora insaciable después del amor y es un cristal de sal en mis labios, el acre sangriento de la salsa de tomate, el deseo truncado porque sólo nos tendremos una vez más y aún así, continuaremos con el ignoto dolor de la dulzura en ese trazo loco de tus besos que como ballena canta y llama a otros besos.
martes, agosto 10, 2010
the Rue Rivoli /proustiada
By Israel Centeno
those are things and I cannot say them just like that, because after years we believe to have completed the cycles or have placed correctly every piece of the puzzle. I have learned to live without you, it isn’t something new, a milestone in the stories of this kind, it is common, however one desires to believe; it is impossible to do, live, without you, or without the person that one thinks and swears, or just swears and those things and those things that tell you: you can’t live, you can’t breathe, you can’t heal but we’ve been capable to transcend the ice age and the big cataclysms, to live all life with shortage, she, she? Do you understand? All nights I tell you, goodnight girl and an iceberg comes loose, and go through like a knife in the hull of a blue pear, that transatlantic fruit that will succumb the destiny, because if: that universe full of traces where we converge or not exists and things happen as years go by and we are here as always “assembling and disarming ” despite of every prediction, said in the slang , and I tell you later, later, about that man that sees himself hanging from a streetlamp of the Rue Rivoli, years before, years later, that doesn’t matter and you were there, and I was there, that doesn’t matter, it was a dream, that life of us, the law and a sense, three drops of adrenaline. Enough.
son cosas y no puedo decirlas así, porque luego de años creemos haber completado los ciclos o hecho calzar cada fragmento del rompecabeza. He aprendido a vivir sin ti, no es una novedad, un hito en las historias de este tipo, es común, aún así, uno desea creer: es imposible hacerlo, vivir, sin ti, o sin la persona que uno piensa y jura, o jura y esas cosas y esas cosas te dicen: no puedes vivir, no puedes respirar, no puedes sanar pero hemos sido capaces de trascender la era del hielo y los grandes cataclismos, de vivir toda la vida en la carencia, ¿ella, ella? ¿entiendes? Todas las noches te digo, buenas noches chica y un iceberg se desprende y atraviesa como un cuchillo el casco de una pera azul, ese fruto trasatlántico que sucumbirá al destino, porque si: existe ese universo lleno de trazos donde convergemos porque si o porque no y las cosas pasan como pasan los años y aquí estamos como siempre “armando y desarmando” a pesar de todo pronóstico, dicho en el argot, y luego te cuento, luego, sobre ese hombre que se ve colgado así mismo en un farol de la Rue Rivoli, años antes, años después, eso no importa y estabas tú, y estaba yo, eso no importa, era un sueño, esa vida nuestra, la ley y un sentido, tres gotas de adrenalina. Suficiente.
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